miércoles, 31 de octubre de 2007

Los príncipes valientes II


Esta tarde he salido a hacer esta foto. Tenía que ser ésta. Las chimeneas de Sant Adrià y al fondo Barcelona. Era obligado hacer ésta y no otra después de haber leído la magnífica crítica de Juan Antonio Masoliver Ródenas a “Los príncipes valientes” de Javier Pérez Andújar, en el suplemento "Culturas" de La Vanguardia . Y lo que dice Tono Masoliver, va a misa, que por algo es el Fénix de los críticos hispanos. Más de uno espera a ver por dónde rompe Masoliver para seguir después el flujo de la corriente. Por cierto que es vecino de Ocata. O quizás, en su caso, sería más exacto decir de Otaca, que es su Ocata sentimental y lírica, a la que ha dedicado varios poemarios. Para ir al grano, cito dos comentarios de su crítica:

- Es su primera, y extraordinariamente madura, novela”.

- Es una novela “visceralmente vital”.

He mantenido una larga conversación telefónica con Javier esta mañana, pero en vez de tratar cosas sustanciales nos hemos perdido en Joseph Caro, el judío del siglo XVI, que enseñaba qué faltas de ortografía invalidaban un documento de divorcio; del autor musulmán que disertaba acerca del género de flatulencias y de cuáles de ellas invalidaban con su presencia el valor de una plegaria, o de aquel otro que se preguntaba en qué medida tocarse involuntariamente el pene (el propio, recalco) lo volvía a uno mismo impuro. En fin, un desastre de conversación que no ha hecho más que dar rodeos sin sentido, señal evidente de que no íbamos a ninguna parte. Pero ya que íbamos en compañía, hemos pasado un buen rato.

¡HOMBRES! II

Traigo al Café de Ocata este vídeo como una prueba documental de lo que algunos hombres sin educación, sin escrúpulos y sin vergüenza son capaces de hacer por esas calles de Dios. Realmente me cuesta comprender que haya hombres tan veletas, que al mínimo cambio de viento pierden el norte. Pero es bueno saber que el mal existe, aunque los de voluntad férrea nos sepamos también blindados contra los cantos de las sirenas. Si no existieran los descarriados, ¿cómo se nos identificaría a los virtuosos?

Correspondencia con Leyre

El día 29 dirigí el siguiente mail al Monasterio de Leyre, en el corazón de Navarra:

Quisiera, simplemente, rendirle un sincero homenaje a Miguel Gil Imirizaldu, a quien espero que las cardelinas de Leyre le concedan la salud que le concedieron a San Virila. He leído emocionado su libro.

Por cierto, ¿cómo se encuentra de salud corporal?

Hoy he obtenido respuesta:

Estimado Amigo:

En nombre del P. Plácido Miguel Gil, le agradezco mucho su mensaje, a la vez que me alegro de que le haya gustado su libro. Él actualmente se encuentra bastante mermado de salud, prácticamente sin salir de su habitación.

Cuente con nuestras oraciones. Atentamente.

Hay que decir que cuando Miguel Gil Imirizaldu tomó los hábitos, cambió su nombre por el de Plácido, lo cual, vista su biografía, me parece un gesto de heroicidad moral.

martes, 30 de octubre de 2007

El milagro de una tarde de octubre

Suelen presentarse estos cielos como una epifanía, y por eso hay que estar preparado para salir de casa a los primeros síntomas. En cuanto uno oye los pasos del ángel llegando a su puerta.

Sobre Sant Mateu se han ido acumulando unas nubes negras, panzudas, compactas, inyectadas de sangre, a eso de las cinco de la tarde, como una isla amenazante en un cielo hasta entonces apacible. Sobre el mar, el cielo seguía impasible en su manso azul el declinar pausado de una tarde magnífica, con una temperatura dulce y un olor a castañas y boniatos en el ambiente.

Cuando he llegado a la playa había un arco iris sobre Premià de Mar. Nacía en la Serralada Litoral y haciendo un arco perfecto se hundía en el mar.

Han caído cuatro gotas, compactas, pesadas, como pedradas, que me han dejado empapado, pero si ese era el precio que tenía que pagar, valía la pena.

Entonces ha comenzado a ponerse el sol tras Collserola y el espectáculo ha dado comienzo. El mejor espectáculo del mundo, ofertado gratuitamente a cuatro gatos perplejos que mirábamos al cielo, nuestra patria, embobados, sin saber a dónde dirigir la admiración ni a dónde enfocar la cámara.

Un silencio amable ha seguido a la lluvia, así ha ganado protagonismo el rítmico romperse de las olas contra la playa. Mientras tanto, la masa de nubes se descomponía en aguadas de hiel clarificada en mil colores que recorrían el cielo de parte a parte, variando cada minuto a medida que la luz descendía en el horizonte.

La playa se ha quedado vacía. anochecía y ha comenzado a levantarse una brisa fría. Las farolas del paseo se han encendido y en el horizonte se recortaba perfectamente el perfil de Barcelona, Sant Adrià y Badalona.

Yo caminaba sobre mis hombros, tocando el cielo con las yemas de los dedos, absorbiendo con cada inspiración toda la brisa marina, completamente poroso, permeable, etéreo... porque hay días en que está permitido ser cursi de los pies a la cabeza.

Y por unos minutos ha sido completamente evidente que era un habitante privilegiado del mejor de los mundos posibles. La lógica se ha hecho cielo.

Y he vuelto a dedicarle una oración en silencio a mi falta de fe, porque esta tarde, ser ateo en Ocata era un delito.

Ya sólo creo en Lou Reed y en la lucha de clases

I

Sigo recomendando “Incerta glòria”. Un navarro letrado me dice que es una novela magnífica, pero que promete más de lo que ofrece. Joan Sales, en su opinión, es demasiado catalán y demasiado católico como para mantener el soberbio tono existencialista de la primera parte, y en cuanto se ha asustado de sí mismo corre en busca de refugio entre las faldas del nacional-catolicismo catalán. “Podía haber sido –añade- un ruso-catalán y por cobardía, más que por falta de recursos, se queda sólo en catalán”.

Es una puya amarga esta maldad, pero así, de buenas a primeras, no sé que contestarle, aunque me digo a mi mismo que no tiene razón. Que no estoy dispuesto a admitir que pueda tener razón.

II

Este amigo me aconseja la que, según él, es la novela complementaria de "Incerta glòria", Un adolescente en la retaguardia”, del navarro Plácido María Gil Imirizaldu. Le contesto que es, ciertamente, una novela emocionante, pero que me quedo con "Miserias de la guerra", de Baroja. "Un gran testimonio del ínclito gruñón -me dice- pero yo estaba pensando en el nexo entre Gil Imirizaldu y Sales, el de la abadía incendiada".

Sabía alguna cosa Gil Imirizaldu, pocas, que era de Lumbier, a donde las navidades pasadas llevé a mis hijos a ver la Foz de Arbayún, y que en la actualidad hace vida monacal en la abadía benedictina de Leyre.

III

Hace años escribí una novela, que nunca intentaré publicar, titulada “Ya sólo creo en Lou Reed y en la lucha de clases”. Los protagonistas eran Francine, un robot construido por Descartes, y la música de Lou Reed. A Francine le gustaba llevar a Leyre a sus novios. “A veces –decía en una de sus visitas- me demoro un poco para contemplar la belleza del paisaje que se va desplegando hasta el pantano de Yesa. Estamos atravesando un vergel. La ladera está cubierta de una selva de arbustos, plantas aromáticas y hierbas en flor. El espliego, el mirto, el enebro, las jaras y acantos se alternan con pequeños claros de un pasto tupido de hierbas con flores rosas, blancas y amarillas en el que no faltan ni los tulipanes silvestres, ni los lirios amarillos y violetas o algún jacinto de color púrpura. Pienso que si algún lugar merece ser la patria de una autómata es este, esta pequeña montaña desde cuya cima se descubre la armonía reglada de los campos de cultivo, pequeñas agrupaciones de encinas y pinos, a lo lejos, un pueblecito y más lejos aún, las altas cumbres pirenaicas de perfiles difusos que cierran el valle, envueltas en un leve suspiro de nubes”.

IV

Just a perfect day / you made me forget myself / I thought I was someone else / someone good / Oh, it's such a perfect day / I'm glad I spent it with you / Oh, such a perfect day / You just keep me hanging on / you just keep me hanging on / You're going to reap just what you sow / You're going to reap just what you sow / You're going to reap just what you sow / You're going to reap just what you sow.

V

Plácido María Gil Imirizaldu era seminarista en el Monasterio de El Pueyo, en Barbastro y sobrevivió al asesinato de todos los monjes en el verano del 36. Tenía quince años. ¿Podría ser la abadía incendiada de Incerta glòria El Pueyo de Gil Imirizaldu? ¿Por qué no? Las primeras páginas de su novela son asequibles aqui

VI

He enviado un mail al monasterio de Leyre con una oración laica por don Plácido María Gil Imirizaldu, que tiene nombre de caramelo antiguo: va rebotando en el paladar y desgranando sabores. Imirizaldu es un nombre digno de marinero vasco barojiano.

VII

Recibo casi al mismo tiempo que estoy manteniendo la conversación que abre este post, un libro cuyo autor es alguien a quien aprecio mucho: Víctor Manuel Arbeloa. Se titula “La semana trágica de la iglesia en España (8-14 octubre de 1931)". Para quienes no conozcáis a esta rara avis que es Víctor Manuel, os diré que es sacerdote, licenciado en teología por la Gregoriana y por filosofía en la Complutense. Además fue uno de los responsables de la refundación del PSOE en Navarra y como miembro de este partido asumió el cargo de primer Presidente del Parlamento de Navarra (1979-1983); Senador (1979-1986); Presidente de la Comisión de Autonomías del Senado (1982-86) y del Parlamento Europeo (1986-1994).

Os animo a visitar dos entradas de su blog, esta y esta.

lunes, 29 de octubre de 2007

¡¡¡HOMBRES!!!

Filosofia o ética

I

El maestro de Nietzsche, Burckhardt, solía decir que el verdadero magisterio tiene el deber moral de incubar deslealtades.

II

El magisterio de Parménides sobre Platón incubó la mayor de las deslealtades: la filosofía, o sea, el parricidio intelectual. No hay filósofo relevante que no haya sido, cabalmente, un parricida; a diferencia del que tiene vocación de hijo adoptivo, mero comentador, escoliasta del texto ajeno.

III

En Occidente, la dignificación del parricidio ha engendrado a un bastardo obsesionado estética, más que intelectualmente, con el ejercicio de la transgresión, que es una pose de sofista.

IV

En el caso concreto de la ética lo que hay no es un parricidio, sino un suicidio. El hombre ético o tiene vocación de suicida o no es ético. María Zambrano insistía en que el nacimiento biológico era solamente el comienzo de nuestro nacimiento. La grandeza del hombre es que puede nacer de nuevo al hacerse su biografía, ganándose el ser a través de la vida. Sólo entonces nacemos del todo. ¿Y cómo se nace de nuevo si no se mata al viejo que obstruía el paso?

V

La ilusión de devenir otro es la quimera favorita del hombre ético, y sobre ella cabalga como un pobre loco.

VI

Escribió Stirner en "El único y su propiedad": “Porque no hay nada más serio que el loco cuando se pone a cabalgar en su quimera favorita”.

VII

Existe un trabajo –dice María Zambrano- que es más inexorable que el de ganarse el pan. Es el trabajo para ganarse el ser a través de la vida”.

VIII

Esta idea del segundo nacimiento no es original de Zambrano, sino de William James, que distingue entre aquellos que han nacido de una vez y para siempre y los que están dispuestos a nacer de nuevo.

domingo, 28 de octubre de 2007

Africa

Vía Kuteev

Nada de esto tiene que ver con Cataluña

Esta no tiene nada que ver con este post, pero la prohibición de paso a las vacas me ha enaltecido y he perdido el oremus.

Léase: "PROGRES"

El Reino de los Cielos está entre las vacas

Que el reino de los cielos se encuentre entre las vacas no es algo que diga yo, pobre de mí, que nada sé de reinos ni de cielos. Simplemente me limito a transmitir lo que dice Nietzsche, en el apartado de Así habló Zaratustra titulado El mendigo voluntario. Nunca se habló más alto que en este texto de las vacas ni más bajo del hombre (del hombre cristiano, que es padre del hombre socialista y, por lo tanto, el abuelo del último hombre). Casi todo lo que Leo Strauss sabía de filosofía política se encuentra aquí. Y todo cuanto hemos hablado de "la vaca socrática" no ha sido sino una dubitativa propedéutica para llegar a este punto en el que lejos de alcanzar una perspectiva, conquistaremos -como mucho, depende de la grandeza de nuestra mirada- la perplejidad.

Zaratustra tuvo frío y se sintió solo: por su ánimo cruzaban muchos pensamientos fríos y solitarios, de modo que por este motivo también sus miembros se enfriaron más. Pero mientras continuaba su camino, subiendo, bajando, pasando unas veces al lado de verdes prados, pero también por barrancos salvajes y pedregosos, donde en otro tiempo, sin duda, un impaciente arroyo había tendido su lecho, de pronto sus pensamientos comenzaron a volverse más cálidos y cordiales.

¿Qué me ha sucedido?, se preguntó, Algo caliente y vivo me reconforta, y tiene que hallarse cerca de mí. Ya estoy menos solo; desconocidos hermanos y compañeros de viaje andan vagando a mi alrededor, su cálido aliento llega hasta mi alma.

Mas cuando atisbó a su alrededor buscando a los consoladores de su soledad, ocurrió que eran unas vacas que se hallaban reunidas en una altura; su cercanía y su olor habían caldeado su corazón. Aquellas vacas parecían escuchar con interés a alguien que les hablaba y no prestaban atención al que se acercaba. Y cuando Zaratustra estuvo junto a ellas oyó claramente que una voz de hombre salía de en medio de las vacas; y era manifiesto que todas ellas habían vuelto sus cabezas hacia quien hablaba.

Entonces Zaratustra se lanzó presurosamente en medio de los animales y los apartó, pues temía que le hubiese ocurrido una desgracia a alguien, al cual difícilmente podía servirle de ayuda la compasión de unas vacas. Pero en esto se había engañado; pues he aquí que había allí un hombre sentado en tierra y parecía exhortar a las vacas a que no tuviesen miedo de él, hombre pacífico y predicador de la montaña, en cuyos ojos predicaba la bondad misma.

¿Qué buscas tú aquí?, exclamó Zaratustra con asombro.

¿Que qué busco yo aquí?, respondió aquél, Lo mismo que tú, ¡aguafiestas!, a saber, la felicidad en la tierra. Mas para lograrlo quisiera aprender de estas vacas. Pues, sin duda lo sabes, hace ya media mañana que les estoy hablando, y justo ahora iban ellas a darme una respuesta. ¿Por qué las perturbas? Mientras no nos convirtamos y nos hagamos como vacas no entraremos en el reino de los cielos. De ellas deberíamos aprender, en efecto, una cosa: el rumiar. Y, en verdad, si el hombre conquistase el mundo entero y no aprendiese esa única cosa, el rumiar: ¡de qué le serviría! No escaparía a su tribulación, - a su gran tribulación: la cual tiene hoy el nombre de náusea. ¿Quién no tiene hoy llenos de náusea el corazón, la boca y los ojos? ¡También tú! ¡También tú! ¡Contempla, en cambio, a estas vacas!

Así habló el predicador de la montaña, y luego volvió su mirada hacia Zaratustra, pues hasta ese momento estuvo amorosamente pendiente de las vacas, mas entonces se transformó.

¿Con quién estoy hablando?, exclamó espantado, y se levantó de un salto del suelo. Éste es el hombre sin náusea, éste es Zaratustra en persona, el vencedor de la gran náusea, éstos son los ojos, ésta es la boca, éste es el corazón de Zaratustra en persona.

Y mientras esto decía, besábale las manos a aquel a quien hablaba, con ojos bañados en lágrimas, y se comportaba exactamente como uno a quien de improviso le cae del cielo un precioso regalo y un tesoro. Mas las vacas contemplaban todo esto y se maravillaban.

No hables de mí, ¡hombre extraño!, ¡hombre encantador!, dijo Zaratustra defendiéndose de su ternura, ¡háblame primero de ti! ¿No eres tú el mendigo voluntario, que en otro tiempo arrojó lejos de sí una gran riqueza, que se avergonzó de su riqueza y de los ricos, y huyó a los pobres para regalarles la abundancia y su corazón? Pero ellos a él no lo aceptaron.

Pero ellos a mí no me aceptaron, dijo el mendigo voluntario, lo sabes bien. Por esto acabé marchándome a los animales y a estas vacas.

Entonces aprendiste, interrumpió Zaratustra al que hablaba, que es más difícil dar bien que tomar bien, y que regalar bien es un arte y la última y más refinada maestría de la bondad.

Especialmente hoy en día, respondió el mendigo voluntario. Hoy en que todo lo bajo se ha vuelto levantisco e intratable, y orgulloso a su manera, a saber: a la manera de la plebe. Pues ha llegado la hora, tú lo sabes bien, de la grande, perversa, larga, lenta rebelión de la plebe y de los esclavos: ¡Rebelión que crece cada vez más! Ahora toda beneficencia y todo pequeño regalo indignan a los de abajo; ¡y los demasiado ricos, que estén en guardia! Quien hoy, semejante a una botella ventruda, gotea por cuellos demasiado estrechos, a esas botellas la gente gusta hoy de romperles el cuello. Codicia lasciva, envidia biliosa, rencor malhumorado, orgullo plebeyo: todo eso me ha saltado a la cara. Ya no es verdad que los pobres sean bienaventurados. El reino de los cielos está entre las vacas.

sábado, 27 de octubre de 2007

Futesas del sol sesgado de noviembre

I

Estaba yo tan feliz esta mañana comprando pescado en el mercado de Ocata cuando a propósito de un comentario que ahora no viene al caso, me he puesto a pensar en las inferencias lógicas. Y es que a mi me suele dar sin ton ni son por estas cosas. Les cuento:

Razonamiento 1:

  • SI dos y dos son cuatro y cuatro y dos son seis y seis y dos son ocho y ocho dieciséis,
  • ENTONCES, dieciséis y ocho, veinticuatro.

Razonamiento 2:

  • SI dos y dos son cuatro y cuatro y dos son seis y seis y dos son ocho y ocho dieciséis,
  • ENTONCES: Mi jaca galopa y corta el viento.

Razonamiento 3:

  • SI dos y dos son cuatro y cuatro y dos son seis y seis y dos son ocho y ocho dieciséis,
  • ENTONCES: Tengo una muñeca vestida de azul.

El razonamiento 1 es formal y materialmente verdadero; el razonamiento 3 es materialmente verdadero, aunque yo no tenga una muñeca vestida de azul, y el razonamiento 2, el pobre, sólo es verdadero si, efectivamente, tengo una jaca que galopa y corta el viento.

Pregunta: ¿Hay alguna relación entre “dieciséis y ocho, veinticuatro” y “tengo una muñeca vestida de azul"? Tengo que consultar con Tumbaíto e Irichc.

II

El País de hoy recoge en la página 10 una… no sé bien cómo llamarla… ¿noticia? De Yolanda Monge en la que se nos cuenta que ha desaparecido “la posible planta nuclear de Siria”. La periodista sugiere que tras ser bombardeada en parte por aviones israelíes el pasado 6 de octubre, las autoridades sirias se han empleado a fondo en desmantelar las instalaciones.

Bueno… En Barcepundit nos habían informado antes y mejor.

Pero lo curioso de todo esto es que yo recibí un mail el día 19 del mes pasado con el siguiente texto:

“POR PRIMERA VEZ TODA LA VERDAD SOBRE EL ATAQUE DE ISRAEL A SIRIA

EL LUGAR QUE SE ATACO:

BASE MILITAR CIENTÍFICA DONDE ARMARON CIENTÍFICOS DE NORCOREA 3 BOMBAS ATÓMICAS QUE FUERON FABRICADAS EN KOREA DEL NORTE, LAS BOMBAS FUERON TRANSPORTADAS A SIRIA EN BARCO, ESTANDO DESARMADAS

EQUIPO DE ATAQUE:

AVIONES ISRAELÍES Y AMERICANOS, UNO DE LOS AVIONES ISRAELÍES RECIBIÓ UN CAÑONAZO PERO LOGRÓ VOLVER Y ATERRIZAR EN ISRAEL, LOS RADARES SIRIOS NO LOGRARON CAPTAR LOS AVIONES AMERICANOS Y POR ESO PARA LOS SIRIOS SOLO ISRAEL ATACO SU PAÍS EN LA OPERACIÓN

LOS DOS AVIONES AMERICANOS LLEVABAN DOS BOMBAS ATÓMICAS INTELIGENTES UNA DE 30 KT Y UNA DE 65 KT POR SI LA PRIMERA NO LOGRABA PENETRAR LOS BUNKERS DE SIRIA

RESULTADO DEL ATAQUE:

LA BASE SIRIA DESAPARECIÓ DEL MAPA, DEJANDO EN SU LUGAR SOLO UN ENORME CRÁTER, LOS PRIMEROS SOLDADOS QUE LLEGARON AL LUGAR ENTRARON EN SHOCK YA QUE BUSCARON LA BASE Y ASÍ DE SIMPLE , NO ESTABA , NO HABÍA NADA...

COMENTARIOS: LOS SIRIOS TODAVÍA EN SHOCK YA QUE LES BOMBARDEARON UNA FABRICA SUPERSECRETA Y MUY PROTEGIDA
LO PEOR PARA ELLOS QUE NO PUEDEN CONTAR QUE LES DESTROZARON PUES SINO SE PONDRÍAN AL DESCUBIERTO CUALES ERAN SUS INTENCIONES MALVADAS TAMPOCO SE ANIMAN A DECIR QUE LOS BOMBARDEARON CON BOMBA ATÓMICA Y ES ASÍ QUE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL NO PUEDEN HABLAR DE ESO PUES NO HAY COMO DEMOSTRALO
TODOS ESTÁN QUE HIERVEN LOS SIRIOS, LOS KOREANOS Y LOS IRANIES CONTRA ISRAEL

AHORA HAY QUE ESPERAR UNA RESPUESTA DEL MISMO TIPO COSA QUE PUEDE ENCENDER EL MUNDO ENTERO”.

No quise decir nada en su momento porque no sabía hasta qué punto era fiable esta información. Sigo sin saberlo, pero no deja de ser curioso que hasta el día de hoy El País no se haya dado por enterado.

III

Leo al sensato Rafael Moneo en El País refiriéndose a la ampliación del Museo del Prado, que lleva su firma: “lo extraordinario son los artistas, no la arquitectura”. En estos tiempos que corren, el que un arquitecto capaz emplee su capacidad al servicio del esplendor ajeno me parece casi casi revolucionario.

IV

En la página 24 del ABC (cuanta más prensa diversa leo más se me escapa la realidad política en sí) se cuenta que un juez de Santander ha absuelto a un padre acusado de malos tratos por haberle propinado un tortazo a su hija. El juez considera que el bofetón de toda la vida (lo “de toda la vida” lo digo yo, no Su Señoría) forma parte del derecho a corregir a los hijos que el Código Civil reconoce a todos los padres.

V

En La Vanguardia, Baltasar Porcel rememora el “Catalunya serà bíblica o no serà” del obispo Torras. Y a partir de aquí yo he recordado que Pujol, años más tarde, tradujo al román paladino esta sentencia como “Catalunya serà cristiana o no serà” y, de una cosa a otra, he acabado frente al recuerdo del tontolaba de O*, que postmodernizó en nuestros días a Torras y a Pujol sosteniendo impávido que “Catalunya serà lesbiana o no serà”. Aclaro que el tontolaba (y nunca mejor dicho) de O* es un alto dirigente de la sección de gays, lesbianas y transexuales del partido más nacionalista del tripartito catalán. Hoy estará tan feliz, porque la Generalitat de Catalunya ha ingresado en la Asociación Internacional Gay y Lesbiana (ILGA) y con este gesto, nos ha ingresado a todos los ciudadanos de Cataluña, porque el paso lo ha dado (¿será esta una salida institucional del armario?) como “gobierno nacional”. De hecho es el primer “gobierno nacional” que ingresa en la ILGA esta. Tal como están los tiempos, el despertar de Gregorio Samsa es una trivializad. ¿Quién sabe con que nos despertaremos mañana?

La historia de la filosofia en una imagen

Obra del artista búlgaro Nedko Solakov, lo que demuestra que hay vida después de los tracios.

Zoosofía variada

I

En una curiosa carta a Chanut (1 de noviembre de 1644) dice Descartes que los monos podrían hablar si quisieran, pero prefieren mantenerse en silencio para que nadie los ponga a trabajar.

II

Crisipo había sostenido muchos siglos antes que los perros son perfectamente capaces de razonar, pero sólo para sus adentros, como los hombres mudos.

III

Crisipo ha sido uno de los filósofos que con mayor optimismo ha contemplado la naturaleza. Según Plutarco, creía que “las chinches útilmente nos despiertan y las ratas nos hacen ser cuidadosos en no dejar las cosas en cualquier sitio”. Como buen estoico no solamente creía, como Aristóteles, que la naturaleza no hace nada en vano, sino que iba más allá. Para él la naturaleza siempre hace lo mejor. ¿Para qué existen los gallos? ¡Pues para despertarnos por la mañana! ¿Y por qué entonces nos los comemos? ¡Pues para que el mundo no se llene de gallos altivos!

IV

Y ya que estamos desvariando un poco, cedamos la palabra a mi admirada filósofa Doña Oliva de Sabuco de Nantes de Barrera, que en “El coloquio del conocimiento de sí mismo”, defendió que los celos no son un afecto exclusivo del hombre, sino “común a otros animales, como se ve claro en los gallos y caballos, que se matan unos a otros. A Cratis, pastor, estando durmiendo, le mató un cabrón a grandes cabezadas, por celos que de él tenía, que usaba abominablemente de una cabra. El león, dice Plinio que conoce el adulterio de su compañera en el olfato, y luego la castiga reciamente, por lo que la leona, cuando ha hecho el tal adulterio, si puede hallar río o fuente, se baña y limpia antes que vaya con su compañero (…). Los elefantes sienten celos y amores, como cuenta Eliano, en el Tratado del amor de los elefantes, por lo cual caen en su furia y enfermedad cada año.” Esta doña Oliva es una mina para la zoosofía, tengo que explotarla más.

V

Rousseau en el Discurso sobre el Origen de la Desigualdad: “el estado de reflexión es un estado contra natura y el hombre que medita es un animal depravado”.

viernes, 26 de octubre de 2007

La puta, el jubilado y yo

Conozco a un jubilado de Ocata que alquila cada quince días los servicios de una prostituta con la única intención de desahogar ante ella sus frustraciones de viudo que se siente malquerido por sus hijos. Lo único que le exige es que aparezca bien guapa, con zapatos de aguja, medias negras y minifalda cada jueves por la mañana, a las diez en punto, en la Plaza de Ocata. Él siempre llega antes, bien trajeado y repeinado. Ella, tengo que reconocerlo, tiene unas hermosas piernas, pero su cara, por mucho maquillaje que se ponga, es incapaz de ocultar su edad, que no debe de estar muy lejos de la del jubilado. Y eso es lo que hacen, sentarse a desayunar en una mesa, si hace buen tiempo, o refugiarse en el interior de algún café si el clima no acompaña. Ella se sienta, muy digna, cruzando las piernas. Él deja caer su mano derecha sobre la rodilla de ella mientras con la izquierda va trazando en el aire los gestos que acompañan a sus muchas, muchas, palabras. Ella aparenta escucharlo con intensidad, pero hoy la he descubierto varias veces traicionándolo, porque me miraba a mi y me sonreía. Me ha parecido un gesto de deslealtad tan grande hacia su cliente que he abandonado mi gozosa lectura (Gérald Sfez, “Leo Strauss, foi et raison”) y me he ido, no sin antes dirigirle una mirada severa que me temo que ha mal interpretado.

Postales religiosas

Francisco Mata

Vía: Who Killed Bambi

jueves, 25 de octubre de 2007

Las familias de Pujol y Saramago

Ayer por a tarde Jordi Pujol clausuró un seminario sobre la educación organizado por el centro de estudios que lleva su nombre. Estaba lúcido, como de costumbre, pero además relajado y, sobre todo, especialmente irónico. Se salía del guión (muy astutamente), se daba una vuelta por su memoria, y volvía a recuperar el hilo después de haberse ganado la atención de todos. En fin, que ha actuado como el gran encantador de serpientes que sabe ser, recalcando los acentos sin que apenas se notara el énfasis. De las muchas cosas que ha contado, me voy a ceñir a una anécdota que tiene, como veréis, su jugo.

No digo nada sorprendente si afirmo que Jordi Pujol es un defensor de la familia. Yo también lo soy, por cierto. Se trata de una institución en la que la solidaridad se ejerce entre las generaciones espontáneamente, sin pedir nada a cambio, o al menos sin mercantilizar la solidaridad. En cierto sentido es el gran ámbito de refugio ante la politización creciente de la vida. De ahí que, a mi modo de ver, la crítica a la familia, que se realiza tan alegremente, desemboque (aunque los críticos frecuentemente lo ignoren) en una politización absoluta de las relaciones afectivas. Pocas cosas más politizadas que un matrimonio homosexual. Pero este es otro cantar.

Según confesión del propio Pujol, cuando defendía públicamente a la familia la prensa solía recoger sus palabras como prueba de su derechismo ideológico. Así que decidió sustentar sus argumentos con citas de Saramago y, a partir de ese momento, su defensa pública de la familia sólo era motivo de escándalo cuando, por los motivos que fueran, se olvidaba de estas citas.

Curioso... ¿o no?

miércoles, 24 de octubre de 2007

Cómo resolver todos los conflictos mundiales

"El problema de judíos y palestinos se resuelve muy fácilmente: que ambos bandos se comporten como buenos cristianos"
Broma de José Antonio Marina, esta mañana,
en un acto de la "Fundació Jordi Pujol"

martes, 23 de octubre de 2007

Más sobre el amor


¿La vaca de Nina es una vaca nietzscheana?

Según doña Nadha, que me ha enviado esta imagen, aquí tenemos a la invicta Niga Hagen "con vaca socrática" Y añade de manera contundente: "Lo juro".

Muy probablemente, doña Nadha, tenga usted razón, pero como estoy liado estos días con "la vaca nietzscheana" no he podido impedir recordar estas desafortunadas palabras del autor de Así habló Zaratustra:

La mujer no es todavía capaz de amistad: gatas continúan siendo siempre las mujeres, y pájaros. O, en el mejor de los casos, vacas.

Que quede claro que las palabras son de Nietzsche. Y estoy convencido de que no se atrevió a decir nada semejante delante de Lou Andreas von Salome:

lunes, 22 de octubre de 2007

La vaca nietzscheana III

Para Juanjo
I


Juanjo, de Efímera, que está el pobre con el pie en alto (os lo digo al oído: si lo visitáis, no le hagáis comentarios malévolos, decidle que tiene un pie precioso, que sus deditos son coquetos, resultones y enternecedores y cosas así) me envía esta fotografía de la vaca socrática y su sombra (evidentemente nietzscheana). En agradecimiento os pido una oración colectiva por su pronto restablecimiento.

II

Codicia lasciva, envidia acerba, rencor amargo, orgullo plebeyo: todo eso me ha asaltado al rostro. No es verdad ya que los pobres sean bienaventurados. El reino de los cielos está hoy entre las vacas.

"¿Y por qué no entre los ricos?" preguntó Zarathustra para tentarle, mientras impedía que las vacas olfatearan familiarmente el pacífico apóstol.

"¿Por qué me tientas?" -pregunto éste a su vez-. Tú mismo lo sabes mejor que yo. Qué me he lanzado entre los más pobres, oh, Zarathustra ¿No ha sido acaso la náusea que sentía en presencia de los más ricos, de esos forzados de la riqueza que, con la mirada fría y devorados por pensamientos de lucro, quieren sacar provecho de cualquier montón de inmundicia; de toda esa chusma cuyo hedor llega hasta los cielos; de esa plebe dorada y falsificada cuyos padres fueron seres con garras, buitres o traperos; de esa canalla complaciente con las mujeres, lúbrica y olvidadiza, en nada diferente de las putas?

¡Plebe arriba, plebe abajo! ¿Qué significan ya hoy "los pobres" y "los ricos"? Yo he olvidado ya esa diferencia, y por eso huí lejos, cada vez más lejos, hasta que he llegado junto a estas vacas.

Nietzsche:

Así habló Zaratustra.

Me ha emocionado este rumano

Padre no hay más que uno

Cuenta Quintiliano, que era de Calahorra, que es una ciudad riojana que se ve desde mi pueblo, y que posiblemente ya en aquellos tiempos hacía unas morcillas tan sabrosas como las que hace en la actualidad, que tres hermanos decidieron matar a su padre. Para no restar agravantes a su conducta, especifica que organizaron minuciosamente el parricidio con bastante antelación. Decidieron que el mejor momento sería la noche, mientras su progenitor dormía confiadamente. Echaron a suerte quién de ellos entraría el primero, etc. Pero en el último momento les faltó valor. El padre se despertó y vio a sus tres hijos rodeando su cama, con puñales en las manos e inmediatamente comprendió lo que ocurría.

¿Qué hizo?

Pues los perdonó. Y, además, decidió defenderlos de la acusación de parricidio que alguien ajeno a la familia había presentado ante el tribunal al enterarse de lo ocurrido.

Quintiliano recoge la arenga del padre, en la que decía:

“¿Hay necesidad de contar los hechos, paso por paso, cuando lo que tenemos delante es una acusación de un delito de parricidio contra unos jóvenes, cuyo padre vive y hasta se pone de parte de sus hijos?"

Por si fuera poco con el argumento anterior, este padre magnánimo dirigió la acusación contra sí mismo:

“Pero si me exigís una inductora confesión de mi culpabilidad, diré que yo he sido un padre riguroso y vigilante avaro de un patrimonio, que tiempo ha podía haber sido administrado por ellos de mejor manera.”

domingo, 21 de octubre de 2007

Life is the joyless quest for joy

Leo Strauss concluye su muy sesgado comentario de Locke en "Natural Right and History" con estas palabras: "Life is the joyless quest for joy". Soy incapaz de dar con una traducción que, siendo fiel a su significado, no destroce la musicalidad de la frase. Llevo buena parte de la tarde intentándolo. Incluso en los Icaria, viendo "Promesas del Este", andaba dándole vueltas.

Postales filosóficas: Heidegger

Con este martillazo en el cincel concluye Karl Löwith su retrato de Martín Heidegger:
"Tenía la cara ascética, dura y afilada, de un sacerdote en su lecho de muerte."
Respecto a la descripción psicológica, resalto dos apuntes:
1. "Era un hombre pequeño y oscuro que hacía desaparecer ante sus oyentes por arte de magia lo que les acababa de mostrar. La técnica de su discurso levantaba una construcción sobre ideas que luego procedía a desmontar para colocar al oyente ante el problema y dejarlo en el vacío. Sus artes de persuasión tuvieron a veces graves consecuencias: atraía con más facilidad a las personalidades más psicopáticas y una estudiante llegó a suicidarse tras tres años de conjeturas."

2. "Si durante la conversación se le obligaba a mostrar una mirada directa su expresión se volvía cerrada e insegura, ya que le estaba vedada toda naturalidad en su contacto con los demás."

Karl Löwith,
Mi vida en Alemania antes y después de 1933.

sábado, 20 de octubre de 2007

Por la memoria histórica


"Carmen" fue (y continúa siendo mientras no lo olvidemos) un grupo norteamericano que inventó en los años 70 nada menos que el "flamenco-glam-rock progresivo". No merecen pasar al olvido. Quienes conozcáis ahora a esta muchachada deberíais ser conscientes de la eterna deuda de gratitud que estáis contrayendo conmigo.

Reliquias en la Iglesia vacía

La momia de Lenin

Más imágenes: Vía Tapirr

Añadido a las 16:49

Veo la imagen de Lenin y me fijo una y otra vez en sus pudendas cubiertas. Quienes no han tenido reparos en fotografiarlo, han sentido el aguijón de la conciencia ante su desnudez completa. En latín las "pudenda" eran los genitales, de donde se derivó "pudendus", vergonzoso, deshonroso, deshonesto. Pasó los mismo en el griego con "aidoia". Lo vergonzoso, lo deshonroso, lo injurioso, lo ruboroso, lo feo, lo torpe, lo indecente, lo infame, lo inoportuno, lo desgraciado... es mostrar el propio sexo. Los comunistas han sido herederos fieles del puritanismo reflejado con sacrosanto respeto en la imaginería del Cristo crucificado. Ahí está la momia de Lenin, que comparo con la imagen de Clara Petacci, colgada cabeza abajo, pero con las faldas sujetas para que en ningún caso muestre sus vergüenzas. Que no sientan vergüenza de sí mismos ni tan siquiera cuando están muertos y, sobre todo, que no sintamos vergüenza de nosotros mismos al descubrir nuestra mirada clavada en sus vergüenzas, sin duda contaminantes.

La vaca nietzscheana II

I

Entra las historias que recogen los Vedas se encuentra la del robo que hicieron unos demonios de las vacas sagradas del dios del trueno, Indra, quien, tras liberarlas, pasará a ser denominado “el libertador de las vacas prisioneras”.

II

Uno de los epítetos de Indra es “Gopati”, que significa “Señor de los pastores de vacas”.

III

Curiosamente la palabra sánscrita “go” significa tanto rayo como vaca.

IV

A su vez Pierre Guiraud resaltó la homonimia existente en el sánscrito entre « gavos », nube, y « gavos », vaca. Sugiere que de aquí habría nacido la leyenda de Caco, el guardián de las vacas del cielo.

V

Nietzsche canta en “De la pobreza del más rico”:

Ya hace diez años...

Ninguna gota me ha llegado,

Ningún viento húmedo, ningún rocío de amor

-una tierra sin lluvias-

A mi sabiduría ruego ahora

que no se vuelva mezquina en esta aridez:

¡derrámate, destila tu propio rocío,

sé lluvia para el amarillento yermo!

Antaño mandé a las nubes

que se alejaran de mis montañas

antaño dije ¡más luz, sombrías!

Hoy las seduzco para que vengan:

¡dad sombra en torno mío con vuestras ubres!

¡quiero ordeñaros,

vacas de alturas!

Sabiduría como cálida leche, dulce rocío de amor

derramo sobre la tierra.

viernes, 19 de octubre de 2007

Tras leer "Los príncipes valientes"

¡Qué novela has escrito, Javier Pérez Andujar! ¡Qué novela has escrito!

Te confieso ahora lo que te quería decir ayer por teléfono y no me atreví: que la he estado leyendo con un nudo en la garganta, porque en cada página he encontrado la reivindicación honesta de la literatura como arte contra la desmemoria, sobre todo contra la desmemoria voluntaria. Y la reivindicación está hecha como sólo merecen reivindicarse estas cosas, con la verdad, rimando cada palabra con su propio sentido.

Ayer, sentado en un banco del camino que une Masnou con Montgat bordeando la playa, con las chimeneas de Sant Adrià al fondo, como mojones fieles, y por lo tanto desnudos, de la historia, tuve que llamarte para decirte cuánto te admiraba, porque has escrito una novela que nos permite reivindicar, a toda una generación (permíteme que me incluya en la tuya, aunque ya esté en el límite de la generación precedente) nuestro desarraigo, sin orgullo, sin sacar pecho, pero con dignidad. Nos has dado un rostro.

Para escribir así uno tiene que traicionar, inevitablemente, a medio mundo. Nuestros padres nos empujaron a desarraigarnos, a salir de casa en busca de fortuna por los pupitres de las escuelas, de los institutos y de las universidades y cuanto más les obedecíamos, más traicionábamos a nuestro origen, más sabíamos que nunca volveríamos a encontrarnos con el elemental acomodo con que en nuestra infancia nos situábamos en el mundo. Y así estábamos, en una tierra de nadie, desclasados y sin patria, intentando buscar refugio, tú en las palabras y yo en el jugo que destilan cuando se las exprime para arrancarles las ideas. Es evidente que tú, finalmente, lo has logrado.

Con "Los príncipes valientes” reivindicas tu desarraigo haciendo de tu reivindicación un refugio en forma de novela que, estoy completamente seguro de ello, pasará a la historia de la literatura española.

Has escrito sin proponértelo “El Jarama” de una Cataluña que no para de gesticular intentando quitarse según qué pasados de encima. Y tú confiesas que el Besós ha existido. ¡Claro que ha existido! Has escrito una novela profundamente catalana en un castellano precioso, en un castellano minucioso de quien sabe mirar y ver. Tu testimonio tendrá mas fuerza, lo sé, que todas la incredulidad de los narcisistas que nunca se atrevieron a mirarse en las aguas del Besós y, además, no deja ni el resquicio de una palabra para el resquemor.

Hoy he vuelto a llamarte para decirte que me he encontrado con M*, el Gran Crítico, y que hemos estado hablando de tu novela y que me ha dicho que es muy original. “Pero no es sólo eso”, le he contestado yo, “es, además, una gran tratado de ética, con una prosa perfecta, sincera y valiente”. Él me ha reconocido que así era y que has firmado la mejor novela de tu generación. Y yo te he llamado para decírtelo y asegurarte que la semana que viene aparece su crítica.

Después, al terminar las últimas páginas he podido deshacer el nudo que tenía atravesado en la garganta y he pensado en Tom Sawyer y en Huckleberry Finn, porque ellos solos modificaron para siempre el curso del Mississippi con una contundencia mucho más indeleble que la que tendrá nunca su corriente. Es lo que han hecho tus "Príncipes valientes" al hacer desembocar al humilde río Besós en la historia de la literatura.

Deborah Kerr


Hay imágenes que condensan buena parte de la educación sentimental de una generación. Esta es una de ellas. Deborah Kerr debería ser condenada a una eternidad infernal por haber infectado la imaginación de millones y millones de adolescentes con el agridulce zumbido de todo tipo de imágenes tan inasibles como -¡ay!- pecaminosas. Pero, por otra parte, si hasta Cristo se hizo carne...
Sostenía la secta gnóstica de los valentinianos que Jesucristo no defecaba porque la pureza de su interior era tal que inmediatamente se consumía por completo todo lo que digería. Pero no hay constancia alguna de que Jesucristo fuera valentiniano. Quizás por ello, y con el amparo de María Magdalena, Deborah Kerr se encuentre en una de las primeras filas del cielo.
Amén.

jueves, 18 de octubre de 2007

La vaca nietzscheana I

En este post es preciso que comience repitiéndome. Es decir, que el comienzo no sea un comienzo, sino algo así como una regurgitación de lo ya escrito. Quiere decir esto que necesito recuperar la cita de La genealogía de la moral del lunes pasado, porque ha llegado el momento de rumiar nietzscheanamente:

"... para practicar de este modo la lectura como arte se necesita ante todo una cosa que es precisamente hoy en día la más olvidada... una cosa para la cual se ha de ser casi vaca y, en todo caso no hombre moderno: el rumiar..."

F. Nietzsche, La genealogía de la moral.

Por este motivo, porque no puedo comenzar con lo nuevo, os propongo rumiar lo que ya han rumiado otros sobre el rumiar nietzscheano:

"He aquí lo que vamos a hacer este año, mi suerte depende por completo de esto. Voy a decirles con toda franqueza lo que quisiera hacer este año. Quisiera, realmente, repetirme. Quisiera rehacer lo que hemos hecho. Pero es necesario que me explique un poco. Quisiera hacer filosofía a la manera de las vacas. Rumiando. Pero los ejercicios de rumiar no son yoga. Rumiar significa a mi modo de ver… Solamente un autor ha sabido rumiar, y es grande entre los grandes, es Nietzsche. Por eso Nietzsche tenía a la vaca como animal sagrado. Decía que las vacas eran vacas del cielo. Ahora bien rumiar, para él, consistía en lanzar un aforismo y leerlo dos veces. Para mi no es al nivel del aforismo, porque el aforismo no es mi asunto, sino la necesidad de rumiar algo. ¿Por qué digo esto? Es necesario para mi propia clarificación. Lo que digo es que deseo completa y verdaderamente repetirme, y reemprender al repetirme".
Deleuze, Presentación del curso 1983-84


Añadido a las 9:45


Encuentro este cartel en Los sueños de la razón, y, con él, la duda de si todo rumiante no es, en contra de las apariencias, inevitable y fatalmente un faccioso.

Ode to a Cow

miércoles, 17 de octubre de 2007

Tenía una deuda con El Barón Rojo



Baroja: Un ogro melancólico

Baroja era un misántropo que no podía dejar de soñar con mejores vidas y como para soñar necesitaba personas que poblasen su imaginación, se vengaba de ellas inmiscuyéndose en sus tramas. Por eso encontramos su mirada en los ojos de sus protagonistas, contemplando indolente el mundo inaprensible con una pizca de ese resquemor marca de la casa, retraído y arisco. Pero con este proceder también se venga de su vida, mucho menos nietzschena de lo que a él le hubiese gustado, y, para nuestra fortuna, nos la lanza a la cara diciendo algo así como: “¡Ea! Entérense ustedes de que yo no soy ni este ni aquel, sino todos ellos.

Al mismo tiempo, al soñar, creía afirmarse como vasco. En sus memorias recoge con evidente agrado estas palabras de Michelet sobre los vascos de la costa: “Nadie más imaginativo que estos hombres, amantes de lo imposible, buscadores del peligro en los abismos y en los sombríos mares de los polos.” Pero no es fácil imaginar a don Pío sometiéndose a la disciplina radical de la aventura ni tan siquiera es fácil imaginarlo haciendo deporte. Aquí radica su principal contradicción. Le gustaba haber nacido junto al mar, pero no junto a cualquier mar, sino junto al cantábrico, y yo aún diría más: junto al mar de Zumaya, circunstancia que siempre tuvo como un augurio de libertad y de cambio. Pero se sentía demasiado empapado de un pesimismo schopenhaueriano como para buscar la aventura en compañía. Era un individualista radical que consideraba que tener muchos amigos era señal de escasa inteligencia. Lo que le gustaba era mirar de manera indolente y soñar con lo entrevisto. Me da la sensación de que con la edad le fue gustando cada vez más soñar y menos escribir sus sueños, de ahí que fuera haciéndose no sé si perezoso o avaricioso con el adjetivo y me temo que le hubiese encantado poder prescindir de la sintaxis, convertir la novela en puro juego de la imaginación, soñar la acción y transmitirla telepáticamente a quienes estuviesen suscritos a su iguala. No digo esto por decir. Baroja comenzó a escribir con plena conciencia del oficio siendo médico en Cestona aprovechando las muchas hojas sobrantes del cuaderno en el que tenía su lista de igualas.

De sus primeros años de vida en San Sebastián, donde nació el día de los inocentes de 1872, confiesa en sus memorias que recordaba, sobre todo, el mar vivido de manera contemplativa. En 1879 su familia se trasladó a Madrid, ciudad de remotas orillas, y, en 1881, a Pamplona ciudad sin mar. Con este traslado, según sus propias palabras, “la ilusión del viaje” se apoderó de él por primera vez en su vida. En Pamplona esa ilusión se afirmó a sí misma como sólo la imaginación de un adolescente puede hacerlo.

En “Inventos, aventuras y mixtificaciones de Silvestre Paradox”, que no es sino su vida fantaseada, cuenta que “Silvestre (…) se subía por las tardes a un árbol carcomido de la Taconera, el árbol del Cuco, y allí se figuraba estar en las islas fantásticas y dominios espléndidos ideados por sus autores favoritos”. La Taconera es un hermoso parque arbolado del noroeste de Pamplona que ocupa una posición privilegiada sobre la vega del río Arga, que discurre a los pies de las murallas de la ciudad. A lo lejos, de izquierda a derecha se divisan sucesivamente la Sierra de Andía, la de Aralar, la Basaburúa, a cuyas espaldas se encuentra los montes de Vera, y la corona nevada de los Pirineos. Ya no está el “árbol del cuco” en la Taconera, pero es fácil imaginar al niño Baroja encaramado a sus ramas y soñando aventuras que alguna vez intentó hacer realidad, como cuando construyó un cajón y se embarcó Arga abajo, estando a punto de acabar en la boca de un molino harinero.

Sabemos que en estos años pamploneses leyó “Werther”, “Robinson”, “La isla misteriosa” y diferentes novelas de Verne; y construyó meticulosamente una verdadera escuadra de buques de madera, de cartón y de papel que botaba en un abrevadero del camino de la Puerta Nueva. A todos les puso nombres notables: Nautilus, Astrolabio, Capitán Cook; etc. En sus memorias recuerda así estos sueños infantiles: “A mi me hubiera gustado parecerme a Robinson Crusoe, y cuando tenía esa aspiración iba muchas veces, al anochecer, al paseo de la Taconera, me subía al árbol del Cuco y fumaba en pipa, lo que me mareaba, y soñaba en una isla desierta, sueño que igualmente me mareaba.

No voy a emplear ni un minuto en razonar lo que sólo necesita ser comprobado: la maestría narrativa de don Pío. Es un novelista tan cabal que no parece costarle ningún esfuerzo hacernos olvidar la realidad que deja fuera de sus novelas. Me limitaré a clasificar su literatura marinera en tres apartados:

  • Los cuentos: “Playa de otoño”, “El amo de la jaula”, “Ángelus”, “Lo desconocido” y “Grito en el mar.” Hallamos en ellos a un escritor lírico que se iría perdiendo con los años.
  • Las novelas de mar: “Las inquietudes de Shanti Andía”, que lleva un título general “El mar”, escrita en 1911, un año antes de instalarse en Itzea, en Vera, y “El laberinto de las sirenas”, de 1923.
  • Novelas de aventureros marinos: “Los pilotos de altura”, terminada en Vera en octubre de 1929 y “La Estrella del capitán Chimista”, concluida en Madrid en enero de 1930.

Normalmente estas cuatro novelas se agrupan bajo el epígrafe de “novelas del mar”, pero esta clasificación nos oculta que el mar se fue retirando en las dos últimas novelas en beneficio exclusivo del personaje aventurero que, además, es marino. En “Las inquietudes de Shanti Andía” el término “mar” aparece el doble de veces que en “El laberinto de las sirenas”. En ésta, a su vez, aparece cuatro veces más que en “Los pilotos de altura”, y, por último, en ésta el mar aparece el doble de veces que en “La estrella del capitán Chimista”. Alguna cosa debe significar esta singular ascesis marinera del aventurero.

En el conjunto de estas cuatro novelas lo que se encuentra no es tanto un auténtico amor al mar como la voluntad de construir narrativamente una gran metáfora del espíritu aristocrático que Baroja encontró en Nietzsche y que, finalmente, logró esbozar en Chimista, el aventurero que consigue a la par afirmar radicalmente su autonomía y embridar su destino. “La vida –escribe Baroja en “Juventud, egolatría”- no es ni buena ni mala, es, como la naturaleza, necesaria”. Dada esta necesidad, la vida, es en el fondo –y esto es muy claro para Embil y especialmente para Chimista- un inmenso fenómeno deportivo.

Hay también, indudablemente, remarcables similitudes en estas cuatro novelas:

Todas ellas evocan el mismo mar, el mar antiguo de la navegación a vela. Baroja las escribe remontando su infancia hacia un pasado aventurero que tenía por irremediablemente perdido. En un artículo de 1939, titulado “El mar en la literatura”, distinguió tres periodos en la historia del mar:

  • El fabuloso o mítico, que se habría desarrollado en el mar Mediterráneo;
  • el antiguo, caracterizado por los barcos de vela, aventuras, sublevaciones, piratas, negreros… y que estaba representado por los escandinavos, los normandos y los vascos;
  • el moderno, el mar de la técnica, la mecanización y la economía. Su conclusión es que “hoy todo hace pensar que el mar y la vida del marino han perdido elementos para la novela de aire costumbrista”. En este mar programado ya no hay lugar tampoco para los vascos. Esto es lo que explica el lamento de Shanti Andía: “Los vascos se retiran del mar.” Sospecho que don Pío no se murió por casualidad el 30 de octubre de 1956, día en que nació la televisión, sino que lo hizo adrede, con pleno conocimiento de lo que se le venía encima. Era, en cualquier caso, muy capaz de ello. Encontramos una precisa descripción de este mar antiguo en “Las inquietudes de Shanti Andía”: “Todavía en el mundo había piratas, todavía había negreros, males todos, ¿quién lo duda?, peligros que obligaban al marino a tomar ante los hechos una actitud gallarda. Todos estos riesgos exaltaban la imaginación, aumentaban el valor, daban el pensamiento de luchar contra el mal y de vencerlo. A la gran barbarie del mar correspondía la barbarie de su servidor el marino; a la brutalidad del elemento salobre, la brutalidad humana. En aquella época, un marino volvía a su rincón con un anillo en la oreja, una pulsera en la muñeca y una cacatúa o una mona en el hombro. Un marino, entonces, era algo extrasocial, casi extrahumano; un marino era un ser para quien la moral ofrecía otros aspectos que para los demás mortales”.

En el transcurso de estas novelas se pone de manifiesto, efectivamente, que la moral es una cuestión de paralelo… excepto para los vascos, porque su carácter no se ve alterado por los avatares de la latitud o la longitud. La moral, para los vascos, es una cuestión étnica.

En las cuatro novelas los protagonistas son vascos a los que Baroja ofrece el don de un fin apacible. Chimista envejece como un lord inglés, rodeado de respeto. Galardi se hace cura y Shanti Andía apenas opone un “sin embargo” melancólico a la renuncia de sus hijos al mar.

En las cuatro hallamos algo que es de mucho agradecer: Nietzsche está presente, pero camina a hurtadillas por el texto, sin necesidad de gesticular. A Baroja no le da por hablar de él como hace en otros lugares de Kant, exponiéndolo como Dios le daba a entender.

Es ilustrativo recoger los verbos que Baroja asocia más frecuentemente con el mar. Su mera lectura ya nos informa sobre el sesgo de su mirada: Agitar, bramar, brillar, contemplar, extender (se), golpear, hervir, luchar, mugir, palpitar, parecer, resplandecer y temblar.

La escritura de don Pío fue, a la par que su personalidad, derivando en ciaboga de la compleja luz del guipuzcoano Zuloaga, claramente perceptible en sus cuentos, a la austera luz del madrileño Solana. Nombro a estos dos pintores porque el propio Baroja confesó que "entre vascos y castellanos” le gustaría tener sus lectores, ya que “los demás españoles me interesan menos." Pero también los nombro para resaltar su distancia con pintores claramente mediterráneos como un Sorolla o un Joaquín Mir.

A Baroja no le gustaba ni el Mar Mediterráneo ni su luz. En “Familia, infancia y juventud” transcribe esta conversación:

- A mi no me gusta nada la luz de las Vascongadas –me decía Sorolla en San Sebastián, de una manera categórica-. El verde es monótono.

- A mi tampoco me gusta nada la luz del Sur –le contesté yo-, ni en general la del Mediterráneo. (…) Me parece una luz blanca, fuerte (…). Todo tiende al blanco, al negro y al gris, es decir, a lo que no son colores.

Aunque la paleta de colores de don Pío está bien surtida, los que más usa para describir el mar son los siguientes: amarillo, azul, blanco, fosforescente, gris, metal fundido o incandescente, negro, perla, plata, rojo, rosa y verde.

Baroja nos ofrece abundantes muestras de su rechazo de lo meridional y mediterráneo. Su estancia juvenil en Valencia no le resultó agradable. La luz del sol del levante le “producía bastante aburrimiento.” “No me gusta nada el Mediodía”, dice Shanti Andía. En “El laberinto de las sirenas” describe el Mediterráneo como “una cloaca mefítica (…) desde todos los puntos de vista”, incluido el moral. La suciedad e inmoralidad de sus hombres es constitucional y no aprendida. A Galardi –"que era un vasco decidido y valiente"- le molesta su “luz blanquecina y difusa” y encuentra en los pueblos mediterráneos demasiados mendigos, jorobados y mujeres gordas.

Mientras el Atlántico es para Baroja “la alta piratería, los grandes naufragios, el bergantín negrero, el marino con un anillo en la oreja y una cacatúa al hombro”, “el Mediterráneo es un mar clásico y al mismo tiempo realista; el Atlántico es un mar romántico y turbulento”; “el Mediterráneo es más constante, más parecido a sí mismo; el Atlántico es la eterna variación, el eterno cambio”; el hombre del Mediterráneo “es las fórmulas hechas; el hombre del Atlántico es el ímpetu aún sin moldearse.”

Como no ama la luz mediterránea es ciego para ver el diálogo que descubrió Josep Maria de Sagarra en sus “Cançons de rem i de vela” (escritas en 1923, el año de “El laberinto de las sirenas”) entre les “vinyes verdes vora el mar” y el “llagut i la gavina”. Y ya que nombro a Sagarra, me imagino que don Pío hubiese podido hallar en estos versos del catalán la explicación del aire mefítico que hallaba del Mediterráneo:

Pixo a l'abim:
al fons la mar blava,
allà el cap de Begur,
aquí el cap de la fava.

Sería ilustrativo comparar la prosa intempestiva de Baroja con el puntillismo exacto, nada mefítico y mucho menos aburrido de un Joaquim Ruyra o de un Josep Pla, pero tampoco es cuestión de fomentar veleidades literarias. Y menos al lado de esta nave que dirigió don Juan de Austria en Lepanto, réplica de otra cuyos planos fueron hechos por un antepasado de Baroja, Antonio Alzate, armador de Barcelona, que dirigió también su construcción aquí mismo, en las drassanes.

Me limito a sospechar que Baroja es a Zuloaga y Solana lo que Sagarra, Ruyra o Pla son a Sorolla y Mir.

Tratándose de Baroja, sería injusto concluir con un final feliz, porque lo evidente es que Euskadi continúa sin saber muy bien qué hacer con él. Tanto es así que en San Sebastián han caído en la ignominia de poner su nombre ni más ni menos que a un polideportivo. Pero esto no es todo. En “Juventud, egolatría” confesaba retadoramente: “Yo he sido siempre un liberal radical, individualista y anarquista. Primero, enemigo de la Iglesia; después, del Estado; mientras estos dos grandes poderes estén en lucha, partidario del Estado contra la Iglesia; el día que el Estado prepondere, enemigo del Estado”. Pues bien los responsables de los transportes urbanos de San Sebastián han puesto a la línea 18 el nombre genérico de “Seminario”. Compruébenlo ustedes cuando visiten esta ciudad. La línea 18-Seminario tiene paradas en Urbieta, Arrasate, Zubieta, Miraconcha, Sanserreka y Pío Baroja.

¡Si supiera que sobre los acantilados de Zumaya hay actualmente un centro de Thalassoterapia, cómo se pondría!

A este hombre no lo dejamos descansar en paz.

¡Que así sea! ¡Esta es su fortuna y nuestra dicha!

Malgrat de Mar

Hoy es El Confidencial el que recoge mi comentario sobre Torrente. Me imagino que estos días, a pesar de que el mundo está patas arriba, de...