domingo, 7 de octubre de 2007

Pla y Nietzsche

Dejé a G. "El origen de la tragedia". Al devolvérmelo, me preguntó: "¿Tener la sensación de comprender algo de Nietzsche, significa retroceder o avanzar?". Comprendí el error que había cometido dejándole el libro. La pregunta la llevaré clavada por muchos años que pasen.

Josep Pla, "El quadern gris"

17 comentarios:

  1. Jaja jaja, yo tuve la sensación por muchos años, hasta el punto de alejarme de la filosofía ante mi incapacidad de avanzar. Para adentrarse siempre hace falta una llave, el elemento que permita hacer inteligible el todo de cada autor, así como Kojevé dice de Napoleón en el caso de Hegel.
    Poco importa que esa llave sea tan solo de la antecámara, ese paso es suficiente para estar adentro. En mi caso, esa primera llave fue Leo Strauss. No porque él tomara explícitamente las preguntas de Nietzsche, al menos en la ciudad y el hombre y en otros textos, sino por que encontré una misma manera de problematizar las opiniones comunes, con la diferencia que en Strauss siempre arriba a una costa, sin importar lo buena que sea, pues es más importante que empecinarse en el medio de la tormenta, aun cuando se toma fuerza para poder seguir.

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  2. Greogorio, le pido a ver si me puede ayudar. Releyendo al joven Nietzsche me quede sorprendido con la definición que encuentro en el texto del Estado Griego que todo poder es malvado, más comparando con el Nietzsche maduro y qué significa este adjetivo. Luego nos explica el nacimiento del Estado. Aquí, otra frase en principio paradójica, el propio instinto político se vuelve contra Grecia. Termina con la interpretación de la República de Platón. Entre el mundo griego y su actualidad, existe una sola referencia que es al renacimiento. Tengo dudas si Nietzsche sostiene o mantuvo como causa de la ruina del espíritu trágico el Estado Platónico más allá de su imposibilidad. Me hace acordar otro libro, en este caso sobre el renacimiento, que en sus últimas palabras mantiene otra posible interpretación de ésta imposibilidad.

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  3. En mi opinión, Strauss contrae, con plena consciencia de ello, una deuda inmensa con Nietzsche.
    Le está agradecido no sólo por haber mostrado los límites de la moderna creencia en la razón sino por abrir la posibilidad de una nueva reevaluación de la completa tradición del pensamiento occidental y por recuperar la cuestión socrática de la vida buena como la auténtica cuestión.

    Por otra parte -y es esta una cuestión central para comprender a Strauss- interpreta a Aristóteles a la luz de Nietzsche.
    Aristóteles señala que el hombre no es el único animal político, ya que las abejas, por ejemplo, también comparten esta cualidad, pero es el único animal que tiene razón (Política 1253 a 7-10). El hombre es un animal sui generis porque es el animal racional. Para mostrar la íntima conexión entre los caracteres políticos y racionales del hombre, Strauss no vuelve a la bien conocida discusión aristotélica de esta cuestión en el Libro I de la Política, sino a ciertos comentarios de Nietzsche. Esta peculiar aproximación no carece de razón. Strauss quiere re-actualizar la comprensión del hombre implícita en la ciencia práctica de Aristóteles, y Nietzsche le proporciona luz sobre esta cuestión: “El hombre es el único ser capaz de respetarse a sí mismo, porque puede degradarse a sí mismo; es la bestia con mejillas coloradas, el único ser que posee un sentido de la vergüenza. Su dignidad se basa en su conocimiento de lo que debe ser o de cómo debe vivir.” Strauss pone de manifiesto los presupuestos de la ciencia política aristotélica comenzando con la noción moderna de valor humano, la noción de auto-respeto. Como Nietzsche señala, la posibilidad del auto-respeto presupone la del autodesprecio (Más allá del bien y del mal, #78).
    La vergüenza presupone moralidad, un conocimiento de lo que se debe ser. Por lo tanto la dignidad del hombre está esencialmente conectada con su capacidad para la moralidad. Capacidad que es posible porque es un ser racional. Si tiene una dignidad propia, tiene vida política. Como hay una necesaria conexión entre moralidad (como un hombre debe vivir) y ley, existe una conexión necesaria entre la dignidad del hombre y la dignidad del orden político: Lo político es sui generis y no puede ser comprendido como derivado de lo subpolítico.
    La tesis aristotélica de la dignidad del hombre presupone una tesis sobre la naturaleza humana y sobre el conjunto de los seres: La de que el hombre es diferente tanto del resto de animales como de los dioses. Esto, para Strauss, está implícito en el sentido común, en la comprensión ciudadana de las cosas.

    ¡Dios Santo, me he enrollado como una persiana y no estoy seguro de haber contestado a lo que me preguntabas!

    Una cosa más: Para Nietzsche (según interpreto yo) lo que hacen Platón-Sócrates es una teoría de a vergüenza y, en consecuencia, dinamitan el Estado.

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  4. Intento de seguirte. Es cierto que la afirmación de Aristóteles del hombre como hombre político es puesto en todo momento a prueba por Strauss y nunca pierde su dignidad, no la deja caer tan fácilmente. Pero como has dicho, el hombre político no es un dios.
    Respecto a la interpretación de Nietzsche sobre la teoría del estado de Platón-Soctrates, no podemos dejar de preguntarnos qué defecto esencial del instinto político griego pudo hacer posible la aventura de la filosofía política clásica como una empresa que quiso ser razonable. Habría que preguntarse si no es mejor tomar a la República como una farsa y encontrar su teoría del estado en otra parte. Imagino no debo ser el primero en mantener esta hipótesis.
    En otras palabras, no sabemos si el tigre continúo teniendo una expresión triunfal. En todo caso, no por eso dejaremos de seguir apreciando aquello que la filosofía política clásica alcanzo.

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  5. Aro: ¡Qué interesante es todo lo que dices! Estimulante, sin duda.

    1. "¿Qué defecto esencial del instinto político griego pudo hacer posible la aventura de la filosofía política clásica como una empresa que quiso ser razonable?".

    No olvide usted que Sócrates es el padre de la filosofía política clásica de la misma manera que un violador es el padre del hijo de la mujer violada. La razonabilidad de esta empresa no la ve Aristófanes por ningún lado. Otra cosa es que Platón y Jenofonte intenten hacer de la necesidad virtud.

    2) "Habría que preguntarse si no es mejor tomar a la República como una farsa y encontrar su teoría del estado en otra parte".

    Strauss, creo, respondería afirmativamente a su pregunta y apuntaría a "Las Leyes".

    Yo modularía lo de "farsa": preferiría hablar de poesía, pero en el sentido en que todo constructo es poiesis.


    3)"Imagino no debo ser el primero en mantener esta hipótesis".

    Cero que es el primero que la expresa con tanta claridad.

    4) ¿Qué es para usted, exactamente,
    "aquello que la filosofía política clásica alcanzó?".

    Para mi la respuesta es una: Alcanzó a dominar la economía del silencio. Es decir, alcanzó a imaginar a un Sócrates sensato.

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  6. Jaja, jaja, no deja ustede de sorporenderme con semejante imagen poetica. El libro de Aristofanes y Sócrates lo tengo en mi mesa de luz. Pero me suceden dos cosas, creo que todavía me faltan lecturas previas antes de adentrarme en el mismo además de que me obligaría a realizar una lectura muy atenta de la cual no se si tengo el tiempo suficiente.
    Como se dara cuenta, esta posibilidad de leer a Platón la encontre en otra parte, por lo que debería saber si es trasladable sin más.

    Nadie duda el vertigo que se obtiene en la empresa de lograr un nuevo y autentico pensamiento. Uno se siente un niño jugando con plastilinas maleables a su gusto, del cual no saldran nunca dos veces formas iguales. Que decir cuando una multitud de niños se ponen a competir acerca de la figura más bella, deberiamos decir, más poetica. Por suerte estos niños no estuvieron condenados a reproducir un modelo. Esta falta de creatividad de los niños actuales, la decepción de una copia infiel es ciertamente insoportable.
    En este juego, quién es el niño más temible, aquel que ha vencido en el certamen o quien en el aprecio de la belleza desprecia a su creador por haber logrado la más alta figura.
    Todavía no he encontrado quien me convenciera que Sócrates fue un hombre moderado.

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  7. Me tendrá siempre dispuesto a dialogar en torno a Strauss. Su figura no dejará de crecer.

    Le recomiendo que lea con intensidad la introducción de Strauss a "Sócrates y Aristófanes". Encontrará algunas claves relevantes. El resto, puede esperar.

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  8. Lo acabo de releer. No me acordaba la intima conexión entre Aristófanes y Nietzsche en la introducción, como tampoco que Strauss intimará tanto con este último.
    A esta altura creo no tener dudas que entre Platón, Nietzsche y Strauss, concuerdan en el pathos de la verdad, Pero, si por indicación de Strauss, es posible interrogar el significado moral de las afirmaciones metafísicas, tal como nos sugieren los dos aforismos de Nietzsche, y obtener o crear algo a partir de ahí, mis pensamientos empiezan a trastabillar.
    Solo es posible ascender a estos conocimientos en compañía o con asistencia divina. Otra cosa es el problema de Sócrates, más aún cuando uno se encuentra muy influenciado por una interpretación parcial que, por ejemplo, no incluye la perspectiva de jenofonte o el total de la obra de Aristófanes. Quizás la envidia que Strauss nossugiere hacia el primero no fue solamente de Aristófanes. Me cuesta entender por qué debería tener envidia y no ser más bien al revés. En todo caso, por qué un griego podría valorar la libertad por encima de todas las demás cosas.

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  9. Dice usetd: "A esta altura creo no tener dudas que entre Platón, Nietzsche y Strauss, concuerdan en el pathos de la verdad".

    Bueno... hay que ir aquí con pies de plomo. Yo no tengo dudas que concuerdan en el pathos DE LA SALUD y concuerdan también en la conciencia de la diferencia entre verdad y salud. La verdad no tiene por qué ser ni buena, ni bella, ni hermosa, ni saludable... y, ni mucho menos, tiene por qué ser saludable políticamente.

    Si "es posible interrogar el significado moral de las afirmaciones metafísicas" es porque es posible interrogarlas sobre su carga de salud.

    "Solo es posible ascender a estos conocimientos en compañía o con asistencia divina": Esto es la sublimación de eros.

    La envidia de Aristófanes respecto a Sócrates se explica al final de "El Banquete": Sócrates (es decir, Platón) es capaz de escribir tragedia y comedia, mientras que aristófanes sólo sabe escribir comedia.

    Sólo el filósofo valora la libertad "por encima de todas las demás cosas". Y filósofos hay muy pocos. Pro fíjese usted que la libertad suprema se da en la decisión, es decir, en la capacidad por decidirse por Atenas o por Jerusalén. La indecisión no es señal de liertad, sino de confusión.

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  10. Decía el pathos de la verdad como lo expone Nietzsche en los cinco prólogos, que bien entendido es definir qué es el pathos de la salud. Igual debo decir que sin Strauss no hubiese llegado a esta conclusión.
    Libertad, que palabra endemoniada. Pero las opciones fundamentales entre Atenas y Jerusalén me dejan un poco perplejo. ¿Qué Atenas? Encuentro muchas dificultades para diferenciarlas, tal como se nos enseña en las últimas frases del nuevo prologo a la obra de Spinoza.
    Quién, no digo yo, sino entre los filósofos, no ha intentado al menos una vez desafiar a los dioses. Otra cosa es que haya salido victorioso.
    Con lo de Aristófanes, usted me sacia una duda, se lo agradezco.

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  11. El problema de la opción entre Atenas y Jerusalén es, en ultima instancia, el problema de la opción entre libertad de pensamiento (y por lo tanto, desarraigo) y salud (y por lo tanto, arraigo).

    Atenas representa la erótica filosófica, que todo lo pone permanentemente en cuestión; que sabe a dónde va, pero no qué encontrará en el lugar al que pretende llegar. Atenas no sabe nada de ética, ni de religión, ni de ninguna clase de sumisión. En Atenas no hay Dios.

    Jerusalén representa el compromiso, el mantenimiento de la fidelidad a la palabra dada; la aceptación acrítica de lo dado; la ética, la religión.

    La opción entre Atenas y Jerusalén no es racional. Es fruto de una decisión que funda, con su gesto, el espacio habitable.

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  12. En esto me permitiría, y solo a título de hipótesis, disentir un poco, por lo menos a modo de ver si es posible que surja algo nuevo.
    No pongo en duda la tensión existente entre la elección de la vida del filosofo y el creyente, y que en esta capacidad de decidirse se encuentra la libertad. Pero, a diferencia de lo que hace Platón al derivar la justicia de la ciudad de la justicia del alma, una afirmación no se vuelve verdad por que es reconfortable, tampoco es verdad porque se muestra terrorífica. Inmediatamente después en el prefacio, parecería haber una crítica devastadora al proyecto de Nietzsche.
    Interpreto la alternativa fundamental como el límite a todo el pensamiento occidental. Uno no puede pensar fuera de esas dos alternativas. Nietzsche fue quien más se empecinó en crear una nueva filosofía, o interpretación, tan potente como las anteriores. Podía darse este lujo pues su filosofía es intempestiva. Pero si al final, toda su filosofía se mantiene o cae por un acto de voluntad, o de creencia, y este acto es fatal para la filosofía, la muerte de Dios no puede ser otra cosa que la muerte de la razón.
    Me gustaría creer que, Strauss, confrontado con estas alternativas, encontró de alguna manera algún tipo de solución. Quizás no, pues en más de una ocasión nos ha dicho que todo lo que puede darnos la razón concluyó con Hegel.
    Yo todavía no llego a ver cómo es posible una filosofía que no tengo a la justicia por su fundamento. Una cosa así nos daría ciertamente mucha vergüenza.

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  13. Gregorio, acabo de verlo, lo que usted le contestó a Enrri en ¿Presocrático? ¿Qué es eso? Me tendrá callado por un buen tiempo, espero no mucho, jaja jaja. ¿Cree usted que el camino que recorrió Nietzsche lo llevó a la única meta? Puede ahorrarse la respuesta si lo cree conveniente.

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  14. No creo que Nietzsche fuese ni tan siquiera partidario de esa única meta, en la medida en que no me parece que fuera partidario de una uniformidad política mundial. Nietzsche es partidario, en todo caso, de dotar de una única meta a Europa. Y esta sería -entre otras- la tarea del filósofo del futuro.

    Hable usted cuanto quiera. No hay muchas posibilidades de discutir sobre Strauss a corazón abierto.

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  15. Jaja jaja, es que con este texto de Nietzsche usted me ha dejado mudo, pues responde a muchos de los interrogantes que veníamos discutiendo. Cómo se hace para superar a Nietzsche, a despreciarlo debería decir, y en todo caso, que fue lo que Strauss hizo para distanciarse de él. No se preocupe que voy a ir avanzando a pie de plomo.
    Solamente para saciar mis dudas, el cuarto pueblo debo interpretar que es Roma, sino qué pueblo otorgó su sangre y fidelidad a la causa malvada y peligrosa. La segunda duda es por qué atribuirle el dios Apolo a los persas.
    Vuelvo al problema original de la voluntad de poder como malvado. Strauss termina el prefacio diciendo que la voluntad de poder del fuerte o del débil puede ser el piso de cualquier otra doctrina, no es el piso de la doctrina de la voluntad de poder. Debo interpretar que el filósofo creador de valores llega a estar, en última instancia, por encima de la voluntad del poder en el eterno retorno, una vez que ha logrado despreciar, actua con el rebaño en contra del rebaño.
    Esto me ayuda mucho a entender al filósofo, a disociar la idea de la genealogía de la moral cuando todavía no existía el “hombre”, quien está por encima de las dos morales y obviamente, a entender a Strauss, el filósofo, el gentleman y lo vulgar.
    Hay una pregunta hablando de pueblos que es de suma importancia, cómo los judíos, que por definición y hasta la salida de Egipto no se dieron una clase sacerdote, pudieron previamente filosofar. Y al revés, si no es filosofía, por qué instauraron una clase ociosa. Pareciera ser que siempre se necesitan dos para el amor.

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  16. Respecto a los pueblos:

    1: El griego. Oliada, VI, 208 y XI, 784: "«Siempre ser el mejor y estar por encima de los demás».

    2. Los persas. En "Ecce homo" se lee también: «Decir la verdad y disparar bien con flechas, ésa es la virtud persa». No asocie el adiestramiento de la aristocracia persa con Apolo.

    3. El pueblo judío. "Éxodo", 20,12: «Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra que Yahvé, tu Dios, va a darte».

    4. El pueblo alemán.

    La afirmación de la voluntad de poder como fundamento de toda verdad significa, a los ojos de Strauss, la afirmación de una verdad incondicional y, por lo tanto, permite la aproximación entre Nietzsche y Platón.

    No entiendo su último párrafo: Los judíos históricamente serían un pueblo a-filósofo. Para ser filósofo -en la concepción de Strauss- hay que tener presente un concepto que está completamente ausente en la Biblia, el de "physis". El judío auténtico no filosofa, obedece. De ahí la atracción que ejerció sobre Strauss ese judío ateo que fue Maimóndies.

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El amparo de las sombras

Reseña en Libros de Cíbola