martes, 31 de diciembre de 2019

Las repeticiones inéditas (feliz 2020)

Es inevitable: toda novedad repetida tiende a convertirse en rutina. Hasta en la vanguardia artística está ocurriendo esto. Recuerdo que hace unos cuantos años defendí en un trabajo universitario que la posmodernidad era la vanguardia rutinaria, que es como decir que la vanguardia ya no va abriendo expectativas, como lo hizo en el siglo pasado en París, sino que confirma previsiones. Ya no abre camino, sino que lo pavimenta. Pues esto pasa con los años nuevos. Lo que la edad nos permite esperar de cada año nuevo es una confirmación de la repetición, del retorno de lo mismo, pero, con los achaques, lo mismo es un poco más pronunciado. Y, sin embargo, hay que engañar a la vida. Hay que engañarla con festejos, música, literatura, trabajo... Últimamente estoy descubriendo en el rito religioso el más sublime arte de engañar a la pretendida gravedad de la vida con la pretendida ingenuidad de, por ejemplo, un villancico. El domingo pasado, al acabar la misa, me puse en la cola de los que íbamos a besarle los pies a la imagen de cartón-piedra de un niño mientras cantábamos: "En tu honor frente al portal tocaré, / con mi tambor". No se me ocurría ni acción más ingenua, ni repetición más nueva, ni manera de darle más densidad a la vida.


sábado, 28 de diciembre de 2019

Diferencias antropológicas

Decía un cínico -y los cínicos no por serlo han de ir siempre ligeros de razones- que tres son las cosas que diferencian al hombre de los animales: beber sin sed, comer sin hambre y el celo permanente. A primera vista, parece que aquí, efectivamente, reconocemos tres notables diferencias específicas (aunque lo del celo permanente dicen que lo compartimos con las hienas), pero para poder afirmarlas cabalmente como tales hay que añadirles una cuarta sin la cual pierdan su peculiar sabor humano: la mala conciencia.  

El día de los inocentes es el día que se inicia el viacrucis de la mala conciencia navideña por los excesos en la comida y la bebida, a pesar de que sabemos muy bien que dentro de nada nos cae encima la noche vieja, el año nuevo y, un poco más adelante los Reyes con su roscón. Así que la mala conciencia no se convertirá en propósito de enmienda hasta el día 8 de enero... con suerte.

Tras aflojarme un agujero más la correa del pantalón he decidido ir andando esta tarde a paso de marcha hasta el puerto de Premiá. No había mucha gente, lo que me ha confirmado en mi tesis sobre los propósitos de enmienda. A la vuelta, el sol, un sol inmenso, de un amarillo oxidado, como yema de huevo, se ha ido poniendo lentamente tras Barcelona, dejando un riel de reflejos metálicos luminosos sobre el mar justo cuando en mis auriculares estaba sonando el concierto para piano y trompeta del amigo Shostakovich, santo patrón de la mala conciencia. Y he sentido que mi cuerpo se debilitaba y perdía peso a medida que mi alma se ensanchaba. Ya dice Santo Tomás por algún sitio que lo que colma al alma no está en el alma. Por eso el alma hay veces que se desvive por un asado de cordero.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Educación de la atención

Cuenta Benito García de los Santos en su Vida de Balmes, publicada en 1848, pocos meses después de la muerte del filósofo de Vic: 

“Un día ]Balmes] leía en Hobbes la siguiente idea: -Si yo hubiera leído tanto como ellos, sería tan ignorante como ellos. Al leer esto,  decía Balmes con su natural viveza: -Salté de la silla creyendo haber descubierto un gran tesoro. Leyó otra vez en Malebranche, que este profundísimo pensador acostumbraba a meditar mucho encerrándose en una habitación por horas enteras. Balmes unió estas dos ideas y desde entonces pasaba tres o cuatro horas diarias paseándose solo en su habitación, cerrados los balcones y sin luz”.

Apago la luz para pensar y no irme por las nubes que recorren remota y perezosamente el cielo:
1. No se puede aprender a pensar si no se sabe soportar la soledad y el silencio.
2. No se puede aprender a pensar si no se insiste en pensar contra nuestras propias ocurrencias y opiniones.
3. Pensar es resistir la inercia de las distracciones, imponiéndoles un relato conceptual que se va desplegando en un diálogo con nosotros mismos.
4. Pensar es difícil, distraerse y opinar es fácil.
 

La fiesta mayor de los ingenuos

lunes, 23 de diciembre de 2019

Vientos de Siltolá


Me llega de la añorada isla de Siltolá un regalo inesperado, este Tratado de la Tribulación, de Pedro Ribadeneira y me lanzo a abrirlo no para calmar mis tribulaciones, sino para gozar de su lectura, pues, como se escribe en el anónimo prólogo, "el mundo sabio le ha reputado siempre [a Ribadeneira] como uno de los primeros maestros en el habla castellana y en el arte de expresar con novedad y viveza los afectos, concebir un alto pensamiento y desarrollarlo a maravilla". Casi nada. Bendita sea la amistad que nos proporciona sorpresas como estas, contribuyendo así a hacer llevaderas las tribulaciones inevitables.

Sabemos desde Lucrecio que una bella escritura puede hablar de penas de forma dulce, actuando como el médico que administra una medicina poniendo una gota de miel en el borde de la copa para engañar al enfermo. Quizás entonces la forma sincera de hablar del mal sea la de una escritura intratable. ¿Pero quién soportaría ese doble tormento?

Natalidad y natividad

Las estadísticas nos dicen que las tasas de nacimientos están cayendo en picado. Cada vez nacen menos niños. Cada vez se verán menos niños por las calles.

Hay aquí, obviamente, un problema demográfico, pero yo intuyo algo más grave, más profundo.

¿Y si nuestro progresivo desapego de la infancia estuviera poniendo de manifiesto que hemos dejado de amar la vida o, al menos, que no la amamos tanto como nos parece?

Nuestros discursos ecologistas, humanistas, pacifistas, veganos... podrían estar movimos por el miedo.

No queremos morir... ni queremos matar, pero, por encima de todo, no queremos dar vida. 

¿Y qué podría significar esto sino que tenemos miedo, un miedo creciente, a nosotros mismos?

El miedo nos impulsa a la huida,  mientras que el amor a la vida es la expresión más diáfana de la afirmación de la propia vida.

Filóstrato habla en la Vida de los sofistas de un tal Filagro, un filósofo menudo, de rostro severo y mirada penetrante que se encolerizaba fácilmente. Cuando uno de sus amigos le preguntó por qué no quería tener hijos, contestó: "Porque no disfruto de mí mismo". 

Me dicen algunos supuestos entendidos que las jóvenes parejas no quieren tener hijos porque es carísimo. No me parece que sea, ni mucho menos, más caro que lo que les resultaba a sus abuelas. Yo sospecho que tiene que ver con la forma de disfrutar de sí mismos.

¿Sabemos lo que decimos cuando nos deseamos una feliz Navidad?

domingo, 22 de diciembre de 2019

Desidia

Cada vez que termino un libro, paso unos días desorientado y  desganado, ligeramente apático. A pesar de que tengo bastantes cosas que hacer, no me pongo con ninguna. Leo una página de un libro, lo dejo; cojo otro... Comienzo un artículo, me enmaraño, decido recomenzar más tarde. Mi atención se va, más allá de los cristales, hacia el horizonte. Escucho algo de música, pierdo el tiempo por las redes sociales, intento ver si encuentro una de esas series que tanto les gustan a la gente... Me echo largas siestas... Abro con desgana el frigorífico. Bebo agua. Miro con un sentimiento de culpa la torre de Pisa de los libros por leer, que va creciendo, inestable, mientras me digo que no volveré a comprar otro hasta que no rebaje considerablemente su altura, cosa que sé que no cumpliré. Sé que esta desidia durará tres o cuatro días y que después volveré a las andadas. No tengo fuerzas para oponerme a este estado de ánimo. Todo lo que puedo hacer es esperar a que él se canse de mi.

Pero, en fin, por educación, que no quede:


Interesante


viernes, 20 de diciembre de 2019

jueves, 19 de diciembre de 2019

No me olvido


No me olvido del Café de Ocata, pero no tengo tiempo de pasarme por aquí con un poco de tranquilidad. Hoy he terminado de corregir el libro que tendrá esta portada (con algún retoque) y que, si todo sale bien, saldrá a principios de marzo. Sin tiempo para reponerme, me llegan dos peticiones a las que no me puedo negar. Una, de Correlatos, una revista editada en la UPAEP, una universidad de Puebla. No puedo decir que no por dos razones fundamentales, porque me apetece escribirlo y porque conocí a la directora de la revista en un viaje que hicimos a Huamantla, inolvidable y, como decía mi madre, "el roce hace el cariño". La segunda petición viene de la revista Política Exterior, de donde me solicitan un texto sobre la evolución del conservadurismo y, obviamente, para cosas como esta escribí La imaginación conservadora. Pero, al mismo tiempo, estoy trabajando con unos amigos en un texto pequeño, pero que quiere ser enjundioso, sobre la escuela cristiana y me he comprometido con una actividad en Madrid. Hay alguna cosa más que les ahorro. Que quede claro que no me quejo. Al contrario. Hago lo que me apetece por el placer de hacerlo. Ya no importa ni el CV ni ningún mérito académico. Tengo, además, cuatro cosas a mi favor: me gusta madrugar, no leo la prensa (hace tiempo que descubrí que la única manera de entender lo inmediato es desde la distancia), veo muy poca televisión y el café del Petit Café me sigue inspirando. Me gusta sentirme activo, proyectar, conocer a gente, meterme en proyectos un poco insólitos, defender mis ideas que, sin embargo, no suelen ser exactamente las mismas cuando comienzo a escribir un texto largo con intención de defenderlas y cuando acabo de escribirlo. Los argumentos acaban sublevándose contra mis intenciones. Intento no meterme con nadie, ser irrespetuoso con ciertas ideas, pero respetuoso con todas las personas y habitualmente la cosa me sale bien. Me imagino el infierno como un sofá muy cómodo en el que estoy obligado a permanecer sentado toda la eternidad con un mando a distancia en la mano, frente a un televisor de última generación con mil canales diferentes. 

lunes, 16 de diciembre de 2019

Navidad

Días de mucho movimiento, trenes y hoteles. Pero estando en Tudela me llega lo importante, esta imagen:


Ya tenemos montado el Belén en casa y con él me atrevo a felicitaros la Navidad a todos. Mi mujer está muy satisfecha con el resultado, pero mis nietos se han decepcionado con el proceso. Como me ha confesado Bruno en un aparte, este año ha ido todo peor, porque la abuela fingía que no le gustaba la vaca en el tejado del pesebre. Así que otra tradición rota.  Claro que, por otra parte, ¿qué es la Navidad, sino la comprobación anual del espectacular crecimiento de los más pequeños?

Me vuelvo a casa con un gran recuerdo de Tudela. Pero no puedo quedarme mucho tiempo. Pasado mañana viajo a Madrid, porque he pasado a ser el portavoz de una campaña promovida por la Fundación Alcohol y Sociedad que, sin duda, dará que hablar.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Prometeo teólogo

He estado un par de días en la Facultad de Teología hablando del mito de Prometeo. Creo que nos lo hemos pasado bien, es decir, que hemos profundizado en el mito y en su exégesis y que el esfuerzo dedicado ha sido compensado con creces con el placer del descubrimiento. Han interesado especialmente las imágenes prometeicas de los sarcófagos romanos del siglo II de nuestra era y este poema que Goethe le dedica a Prometeo:

Cubre tu cielo, Zeus
con vapor de nubes
y manifiesta tu poder, como un niño
que descabeza cardos,
sobre encinas y montañas;
pero no te atrevas con mi tierra
y mi cabaña,
que tú no has construido,
ni con mi hogar
cuya llama me envidias.
No conozco bajo el sol
nada más pobre que vosotros,
los dioses.
Alimentáis vuestro poder 
con sacrificios e inciensos
y languideceríais
si criaturas y mendigos
no fuesen necios llenos de esperanzas.
Cuando yo era un niño
no sabía a quién dirigirme,
levantaba hacia el sol
mis ojos extraviados,
como si allá arriba
hubiera alguien dispuesto
a escuchar mi queja,
un corazón que, como el mío,
compadeciera al afligido.
¿Por qué he de honrarte yo?
¿Acaso has aliviado jamás
el dolor del inquieto?
¿Es que a mí no me han hecho hombre
el Tiempo omnipotente
y el Hado eterno,
tan señores míos como tuyos?
¿Quizás suponías
que odiaría la vida
y huiría al desierto
porque no todos mis sueños
maduraban?
Aquí me mantengo firme,
modelando hombres a mi imagen,
una estirpe que sea como yo,
que sufra, llore,
disfrute y se alegre
sin estar pendiente de ti,
como hago yo.
Goethe escribió este poema en 1774 y poco después de lo mostró a Jacobi, que hizo una copia. 

Jacobí conservó su copia como un tesoro secreto hasta que el 4 de julio de 1780, se lo leyó a Lessing.

El 4 de noviembre de 1783 Jacobi le comunicó por carta a Moses Mendelssohn que en el transcurso de su conversación, Lessing le había confesado que compartía la fe de Spinoza. Le adjuntó una copia del poema. Estalla así la llamada "querella del panteísmo".

En 1.785 Jacobi publica sus Cartas sobre la doctrina de Spinoza e intercala entre ellas el poema, aún inédito, sin la autorización de Goethe, que se cogió un buen cabreo.

Estos versos impresionaron profundamente a F. Schlegel, Nietzsche, Turgeniev, Flaubert, Daudet, Goncourt, Gide... y a mis alumnos... que espero que no se hayan hecho panteístas.

Dignidad

En El Subjetivo

lunes, 9 de diciembre de 2019

Río arriba

Termino La razón conservadora, la biografía político-intelectual de Gonzalo Fernández de la Mora escrita por Pedro Carlos González Cuevas (2015). Lo hago con una sensación extraña. Debo pensar sobre el libro, pero, sobre todo, debo analizar las reacciones encontradas que ha despertado en mí su lectura.

A lo largo de estas 469 páginas bien apretadas, he tenido varias veces la sensación de estar ante una literatura que hoy nos resulta casi clandestina: algo que hay que leer vigilando que no te vean los censores. Pero aquí se encuentra la huella de un filósofo interesante, con el que me resulta imposible compartir muchas cosas fundamentales, pero al que es imposible negarle capacidad de estímulo intelectual. Tanto es así que ahora me espera su propia biografía, Río Arriba, y he decidido tomarme en serio su "razonalismo" y su concepto de ideología. Quiero pelearme con él para comprenderme mejor a mí mismo y, además, me gustaría aclarar su relación con las tesis de Kojève (si es que existe). 

Desde mi punto de vista, un conservadurismo sano -es decir, desacomplejado- debiera asumir la tradición, en su conjunto, como algo propio. Un conservador debiera ser exigente con el presente y generoso con el pasado. En este sentido, Fernández de la Mora tendría que ser para él tan propio como un Fernando de los Ríos o un Azaña, por poner sólo dos ejemplos. Todos están ahí, en nuestro pasado. Cada uno de ellos puede ser (eso ya depende de nosotros) un acicate intelectual y un referente, un mojón intelectual ineludible, para encontrarnos bien ubicados históricamente.

Hay en el pasado intelectual de España un gran número de pensadores que dejaron reflexiones inacabadas porque en su tiempo no parecía lo más urgente desarrollarlas, pero que ahora nos ofrecen alternativas de desarrollo sugerentes para añadir voces discordantes con el presente que puedan poner en cuestión a la ortodoxia.

Quizás no haya ejercicio más difícil que el de la honestidad con nuestra historia. Pero en este ejercicio se juzga nuestra sinceridad para con nosotros mismos, porque si no lo enfrentamos será imposible disponer de algún tipo de figura de nuestra ignorancia.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Días de lluvia

Días de lluvia caprichosa. Unas veces, sorda y monótona; otras, violenta, con fuertes ráfagas de viento, que ha llenado las aceras de hojas secas de plátano, embozado las alcantarillas, convertido las calles en torrentes y depositado, en cada papelera, el recuerdo del costillar desarmado de un paraguas roto.

El viento sacude con furia las copas de los árboles, como queriendo desprenderlos de los ultimísimos reductos del verano, para que entren desnudos en el invierno. El cielo, gris, bajo, pesado, nos deja a los que nos hemos acostumbrado a alimentarnos de la luz mediterránea con una sensación de hambre y vacío. El otoño inverna.

Lo mejor es contemplar la intemperie desde la barrera de la ventana de mi estudio, con la calefacción puesta, en zapatillas y con una copa de vino en la mano. Días así son una invitación irresistible a sentarse en el sofá, con una manta de lana sobre las piernas y un buen libro entre las manos. La lectura que se impone, obviamente, es la cadenciosa, como de atardecer.

No conviene salir a la calle. Les haré una confidencia: la veo con ojos de viejo. A mí siempre me había parecido que lo peor de los viejos era su cobardía; ese andar con pies de cristal, con miedo a caerse, a tropezar, a romperse algo. Pues bien, así he comenzado a andar yo. Las aceras resbaladizas, cubiertas de hojas, se me presentan como una incitación al resbalón y voy andando a pasos de paloma, intentando fijarme bien por dónde piso.

Mis lecturas: Balmes, Gil Robles y, ahora, la autobiografía de Gonzalo Fernández de la Mora. Lecturas de otoño avanzado.

martes, 3 de diciembre de 2019

Datos relevantes de PISA 2018

1) Es perceptible un progresivo descenso del porcentaje de alumnos con resultados excelentes (los dos niveles superiores) y un incremento de los alumnos con resultamos muy deficientes (dos niveles inferiores). La tendencia es preocupante, aunque en cada comunidad presenta perfiles propios.

2) Allá donde hay un porcentaje mayor de alumnos excelentes, hay un porcentaje menor de alumnos muy deficienes.

3) Producimos, de manera muy significativa, más deficiencia que excelencia. Esto es poco relevante para los lugares que importan capital humano (principalmente Madrid), pero desastroso para las regiones que lo exportan.

4) Es claramente perceptible que tenemos dos mentalidades educativas que pesan en los resultados mucho más que las leyes. Por una parte, la España minufundista, con (relativamente) buenos resultados y, por otra, la España latifundista (que no sabe cómo levantar cabeza).

5) Nuestros alumnos no están estresados. Para ellos la escuela no es una cárcel ni el aula, un campo de concentración. Es cierto que los neopedagogos se quejan mucho de las vetustas maldades de la escuela, pero nuestros alumnos se encuentran entre los más satisfechos de la OCDE.

6) Hay que estudiar a fondo el fenómeno de la repetición de curso y ver si el dinero que cuesta no podría invertirse más satisfactoriamente de otra manera.

7) Afirmación literal del Informe PISA: "La evidencia muestra que, en general, hay una relación positiva entre la realización de tareas escolares en casa y el rendimiento académico".

8) Las chicas dedican más tiempo a las tareas escolares en casa que los chicos".

9) La OCDE comienza a darse cuenta de que los conocimientos importan, por eso este informe habla del "bienestar cognitivo" y afirma que si no se cuida de él en el presente "será menos probable que los estudiantes disfruten de bienestar como adultos". 

 
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3 datos sobre PISA

1. La comprensión lectora no tiene mayor misterio: obtienen mejores resultados los países cuyos alumnos tienen más conocimientos. Es lógico. Pretender que se puede mejorar la comprensión lectora sin aumentar los conocimientos de los alumnos es un sinsentido.

2. Un alumno de cada diez pertenecientes a los medios más desfavorecidos se sitúa en el nivel alto de resultados. ¿Es poco? Sí, pero es suficiente para deducir que la pobreza no es una fatalidad. Condiciona, claro; pero no determina.

3. Finlandia. Esta ha sido su evolución:





Grievance Studies


lunes, 2 de diciembre de 2019

Las instituciones que obligan a pensar

De la compleja biografía de Maeztu la etapa más interesante, a mi parecer, es la que pasó en Londres, de 1905 a1919, codeándose con Wells, Shaw, Chesterton, Belloc, Lewis, Aldington, Baring... Con algunos de ellos compartió militancia en un famoso "círculo gremialista" y artículos en la revista The New Age, que defendía el socialismo gremialista. Cuando posteriormente habla de los ingleses nunca lo hace de oídas. Por eso es tan instructivo lo que nos cuesta en un artículo de 1927 sobre las ideas pedagógicas de Bertrand Russell:
La diferencia entre Stuart Mill y míster Russell es que el primero sirvió de levadura a dos generaciones, mientras que el segundo, a pesar de su posición social y de su agudeza lógica y matemática, es el excéntrico cuyo talento se reconoce, pero a quien nadie sigue. Nadie cree en su principio del crecimiento libre. El espíritu del hombre no es estrictamente comparable a su cuerpo. Hablar de crecimiento espiritual es hablar por metáforas. Ningún padre ha creído nunca que su hijo se desarrollará mejor si deja rienda suelta a las tendencias de crueldad, de mentira, de vanagloria, de avaricia y de glotonería que todos los niños manifiestan. Recuerdo que una noche fue a conferenciar míster Russell, en Londres, a un Centro gremialista. Habló, como de costumbre, contra el Estado y su funesta intervención en los negocios del espíritu. Habló una hora recogiendo todos los argumentos del liberalismo contra las instituciones oficiales. Uno de los oyentes se acordó de las enormidades que suelen decir los oradores que vociferan en Marble Arch al caer la tarde y que míster Russell era profesor de la Universidad de Cambridge, y preguntó blandamente al conferenciante:
- ¿Cree míster Russell que los discursos de Marble Arch, que son libres, alcanzan un nivel intelectual más alto que las conferencias de Cambridge, más o menos controladas por el gobierno?
Míster Russell dijo: “No”. Es posible de que a estas fechas no se haya enterado de que su No implica el reconocimiento de que el pensamiento humano debe infinitamente más a las instituciones que obligan a pensar que no al mero permiso de pensar. 
Maeztu, “La crisis liberal”, en La Nación, 14-II-1927.

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sábado, 30 de noviembre de 2019

La vaca en el tejado

Andan mis nietos esperando impacientes el regreso de su abuela, que está en Pamplona, porque Ocata ya ha estrenado su decoración navideña y nosotros aún no hemos montado el belén. Este "nosotros" es una licencia familiar, porque, en realidad, la muy delicada operación belenista corre a cargo, exclusivamente, de la abuela y los nietos. No aceptan intrusos.

Para empezar, irán a comprar alguna figurilla más, porque del fondo del cajón en el que se guardan, siempre sale alguna descascarillada. Después trazarán en diagonal, sobre un mueble del comedor, el río de plata, al que le irán añadiendo puentes, patos, la noria, las lavanderas... En un rincón, el castillo con sus soldados; en la llanura, los pastores, los animales de granja -tenemos muchísimos, porque los niños han ido cediendo al belén sus juguetes-; la estrella en la pared; los tres reyes con sus pajes, que se sitúan en un extremo para que puedan ir avanzando un trecho cada semana. Por último, el pesebre. Y es aquí donde se arma la marimorena. 

Cada año mis nietos se empeñan en rematar el conjunto poniendo una vaca enorme sobre el frágil tejado del pesebre y cada año mi mujer protesta airadamente, intentando frenar con argumentos muy lógicos el capricho de los niños, pero como la cuestión, finalmente, ha de dirimirse a votos, ganan inevitablemente ellos... y mi complacencia. Mi mujer, a decir verdad, no acepta la derrota con buen humor, pero, aun refunfuñando, la acepta, y la vaca vigía de nuestro pesebre contempla parsimoniosa, como una vaca nietzscheana el panorama del entorno, rumiando a su manera la buena nueva.

A mí me gusta que vayamos creando y manteniendo nuestras propias tradiciones, que dan vida a la trama de nuestra vida en común. Tengo la esperanza de que, cuando pase el tiempo y cada uno viva su propia vida, el recuerdo de la vaca vigía reverdezca cada navidad y en la memoria de los que queden se ilumine el recuerdo de lo mejor que hemos sido.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Camp Joliu

Vengo de una gran escuela, la Escola Camp Joliu, de L'Arboç, situada entre viñas. La charla ha ido bien, a pesar de que mis acúfenos estaban disparados -como siguen ahora-, como si tuviese el brun-bruumm del motor de un inmenso camión aquí al lado. Creo que los padres -para ellos iba dirigida la charla- se han divertido y han reflexionado alguna cosa de interés. Pero no quería hablar de esto, sino de este fenómeno biológico que me acompaña, acentuándose más pronunciadamente cada año: los padres me parecen más y más jóvenes. Posiblemente andan casi todos de los treinta para arriba, pero es que a mí los de treinta se me antojan adolescentes. Así que, volviendo en el coche, envuelto en la noche, pensaba que yo debo parecerles a ellos cada vez más viejo. Una especie de abuelo cebolleta que les cuenta historias un pelín edificantes, pero no mucho, lo suficiente como para que la risa dejé en el paladar, allá al fondo, una idea digna de ser rumiada.

Recordando un olvido

jueves, 28 de noviembre de 2019

Barceloneando


Barcelona
 
Llego a casa cansado, después de un día largo. Muy cansado. Despernado del mucho andar por Barcelona. A las 10 de la mañana tenía una clase en un curso organizado por el Ateneu Universitari de Sant Pacià en la Facultad de Teología. Buena gente. Con decir que nada más entrar ya me he encontrado con el gran Armando Pego... Tenemos una comida pendiente que andamos posponiendo tontamente. Habrá que ponerle remedio urgentemente. Armando es una de las personas más inteligentes que conozco. Mi clase trataba sobre la iconografía del mito de Prometeo y tendrá una segunda parte el 12 de diciembre. Creo que les han sorprendido las historias aledañas al mito y, sobre todo, la iconografía de los sarcófagos romanos del siglo segundo de nuestra era, especialmente aquellas en que se muestra a Atenea introduciendo una crisálida en la cabeza de los hombres de barro que han sido modelados por Prometeo.

Después he estado yendo de aquí para allá, haciendo varias cosas, hasta que han dado las seis de la tarde, hora en que tenía una entrevista en Catalunya Ràdio con Roger de Gràcia. Creo que ha ido bien, aunque he derramado un vaso de agua sobre la mesa causando un pequeño desastre. Al principio de la entrevista he defendido la importancia de la ironía y el entrevistador me ha preguntado si la izquierda no tiene más capacidad para el humor que la derecha. Yo creo que esperaba una obvia respuesta afirmativa. Me he limitado a contestarle que "la libertad se ha hecho conservadora".

Son las siete de la tarde, acabo de llegar a casa. Estoy, de nuevo, de Rodríguez. Pero qué bien se está en mi sofá, con la calefacción encendida, decidiendo si me ducho ahora o me hago un bocadillo de jamón con pan y tomate acompañado de un gran vaso de buen vino. 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Gracias a todos

El Mas Vell del Masnou 

Día grande, el de ayer. Me acompañaban en la mesa del Braval, en la presentación de Sobre el arte de leer, personas a las que admiro mucho: Pep Masabeu, el alma del Braval, un experto en imposibles; Sergio Vila-Sanjuán, director del suplemento cultural de La Vanguardia, un enorme periodista cultural que siempre se ha mostrado muy genoreso conmigo y con quien me encuentro, una y otra vez, en los sitios menos pensados; el gran Tono Masoliver, sin duda, el crítico literario más prestigioso del país, que sabe ver lo que nadie ve, por ejemplo, que en El cielo prometido, el subtítulo de mi libro sobre Caridad Mercader, se encuentra la huella de ese soneto anónimo que es una de las joyas de la mística española: "No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido..." y, por último, mi estrambótico hermano electivo, Jordi Nadal. 

 Y, en frente, tantas personas queridas... 

Gracias a todos.

Seguimos.

martes, 26 de noviembre de 2019

Sur la chasse

Si tuviera que hacer una antología de textos filosóficos españoles, creo que la comenzaría con el prólogo que Ortega escribe a este libro:

No me he leído el libro, pero sí he repasado varias veces el prólogo, cuyo contenido me reafirma en la tesis de que el mejor Ortega se encuentra donde no se lo busca. Hoy he visto que ha sido traducido y publicado este mismo año en Francia por Editions Atlantica: 

lunes, 25 de noviembre de 2019

Restos de altivas fortalezas

Me he despertado desvelado cuando aún no eran las cuatro de la mañana. Normalmente, cuando esto me pasa, me voy a mi cuarto, cojo un libro y a la media hora me vuelvo a la cama a caer rendido inmediatamente en los cálidos brazos de Morfeo. Hoy no ha sido así. Y la culpa la ha tenido El hombre en desazón, de Gonzalo Fernández de la Mora, que me ha mantenido enganchado a sus páginas. El libro es irregular, pero no te da tiempo a decepcionarte, porque en cuanto el interés baja un poco, el autor te sorprende con una idea provocadora. Es un libro extraño porque, lo que nos muestra no es tanto lo que es el hombre, sino la mirada que sobre el hombre proyecta alguien a quien los años han empujado hacia el escepticismo. Es como una consolación para la vejez que viene a decir: "Tampoco ha sido para tanto".

El otro día un joven muy inteligente con el que comí en el puerto del Masnou, se sorprendía porque yo no estuviera alarmado por lo que está pasando en Cataluña. Le contesté diciéndole que el fundador del catalanismo y padre del nacionalismo catalán, Valentí Almirall, acabó militando en el partido de Lerroux y defendiendo a España y que Lerroux no sólo apoyó a Franco, sino que en su exilio portugués leía el Kempis y Los nombres de Cristo. Pasionaria, en su lecho de muerte, cantaba canciones religiosas con el padre Llanos. ¡Cuántos promontorios que sobresalen en la llanura son restos de altivas fortalezas!

sábado, 23 de noviembre de 2019

Santiago de Compostela

Vuelvo de Santiago con las alforjas llenas. 


Ha merecido la pena el viaje. Ha merecido la pena incluso la lluvia... claro que yo sólo ha conocido dos días seguidos de lluvia, mientras que las buenas gentes santiaguesas llevan más de un mes a remojo, sometidas al pertinaz chaparrón cotidiano. Ha merecido la pena el reencuentro con esas piedras que tanta historia callan, con ese cielo rebozado de capas de nubes a través de las cuales, sin embargo, de vez en cuando se abre paso un frágil rayo de sol como una bendición efímera. Ha merecido la pena volver a escarabajear entre las estanterías de las librerías de viejo... En la librería Cuceiro siempre encuentro alguna joya que me permite reafirmarme en la tesis de que el alma de una ciudad se encuentra más presente en sus librerías de viejo que en sus calles. Claro que esto es preocupante, dado que las librerías de viejo están desapareciendo, sustituidas por triviales librerías de segunda mano.

Ha merecido la pena llevar de compañero a Ángel Amor Ruibal. Puse, bien erguido, el tomo I de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma sobre la mesa, para formar los dos un dúo, aunque él hablara con su silencio, como las piedras de Santiago. Esto de la lectura y, en general, esto del lenguaje, tiene sentido en la medida en que nos permite empalabrar el mundo y escabullirnos así del anónimo vacío de sentido y de su oscuridad. Amor es grande porque su esfuerzo por enseñarle a hablar al mundo es heroico. Es un auténtico aventurero del espíritu.

Ha merecido la pena, muy especialmente, el reencuentro con otro Ángel, dulce compañía, y que gracias a su amparo, se haya incrementado el pequeño círculo de mis amistades compostelanas.


Ha merecido la pena el pan y el vino, un par de invitaciones nuevas, caminar bajo la lluvia empapándome de esa humedad sensual, que tiene casi cuerpo; el paseo de esta mañana hasta Santa Susana... y -¡claro!- la visita al Maestro Mateo. Tras pasar un rato a su lado, ayer por la tarde, me dije a mí mismo que ya no me fijaría en ninguna piedra más mientras estuviera en Santiago. Quien visite el Pórtico de la Gloria y no quiera crecer, es que -lo sepa o no- está empeñado en menguar.

jueves, 21 de noviembre de 2019

El miedo al futuro


Leo en Le Figaro que, según un sondeo de Ifop-Asterès, más del 80% de los franceses miran al futuro con recelo y, muchos de ellos, directamente con miedo. Tienen la sensación de que lo que les espera en el día de mañana empeorará sus condiciones de vida presentes. Se han vuelto pesimistas y recelosos. Los términos más usuales entre ellos cuando se refieren al futuro son los de "inquietud" e "incertidumbre".

Ni el mañana personal ni el colectivo les parece tranquilizador. El 50% se siente mal preparado para encarar las revoluciones que todo el mundo asegura que se avecinan. Lo curioso es que la mayoría se encuentra satisfecho con sus condiciones de vida presentes, pero no confían, en absoluto, en que perduren. Están convencidos de que perderán poder de compra y de que sus trabajos serán cada vez más precarios. Socialmente ven fracturas...

Este clima pesimista explicaría el incremento de las demandas de protección de los franceses en todos los dominios y su miedo a las reformas.

Únicamente son optimistas con respecto a la tecnología y este me parece a mí el dato más pesimista de todos, porque veo en él una progresión imparable de la decidida entrega del hombre a sus máquinas, rendido ya a aquel complejo de Prometeo del que hablaba Günther Anders. Cuando nos vemos a nosotros mismos como medida de todas las cosas, sentimos miedo. Sin embargo cuando nos vemos medidos por nuestras máquinas, encontramos un consuelo, una esperanza.

Yo hace tiempo que vengo observando en las escuelas españolas esta inquietud ante el porvenir. Estamos educando a los niños en el miedo. Les describimos un futuro ecológico desolador; les insistimos en que no tienen ni idea de cómo serán sus trabajos, pero que, en todo caso, serán inestables y precarios; los empujamos hacia una ética de la indignación y de la náusea, porque nos sentimos incapaces de ofrecerles una ética del apetito. Y lo peor es que hemos introducido la inseguridad y el miedo en su imagen de las relaciones de pareja y, por lo tanto, de la familia, haciéndoles creer que en cada hombre hay un enemigo potencial. Estamos insinuándoles que no encontrarán cobijo alguno para su humanidad.

El incremento de la sensación de desconfianza es, en sí mismo, un factor objetivo de desconfianza, porque quienes pierden seguridad en sí mismos, en sus propias capacidades para encarar los retos futuros, están siempre en peores condiciones de afrontarlos que los que confían en sí mismos. Pero esta es nuestra situación. No sé si no he cargado yo también un poco las tintas, pero, en cualquier caso, me parece urgente modificar el rumbo de nuestra educación y dotar a las nuevas generaciones de un optimismo razonable en sus propias fuerzas.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

En desazón

Son las 7:00 de la mañana. El despertar del día me pilla con un libro sorprendente entre las manos, El hombre en desazón (gracias, Karl Mill), de un filósofo al que cuando tenía más prejuicios que ahora, no sospechaba que pudiera leer algún día, Gonzalo Fernández de la Mora. 

Ha sido comenzar a leerlo y comenzar a tropezar con afinidades en el tratamiento del hombre como ser iluso. Necesariamente iluso. Esencialmente iluso. 

Me imagino que nunca nos libramos de una buena carga de prejuicios. Probablemente lo que vamos haciendo es ir cambiándolos, pero sí creo que podemos aprender a sospechar sobre qué prejuicios nos mantenemos erguidos cuando miramos hacia el horizonte. Y quizás sea eso lo más lejos que podamos estar de nosotros mismos.

Mañana viajo a Santiago de Compostela, donde estaré hasta el sábado. Voy a dar una charla a los editores gallegos, pero también a ver el restaurado Pórtico de la Gloria y, sobre todo, a rendir un pequeño homenaje a Amor Ruibal, a quien descubrí hace tiempo, pero al que leo con atención desde hace poco. Me llevaré el tomo I de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma para el viaje.

El dogma elemental de los humanos: deberás creer en las ilusiones que proyectas sobre tí mismo. 

Por supuesto, saltarse el dogma tiene sus consecuencias: no encontrar acomodo en la naturaleza. El estado de naturaleza está a nuestro alcance: consiste en vernos a nosotros mismos desnudos de ilusiones y no creer en otro futuro que el que nos imponga en cada caso nuestra bioloogía.

Cierro el libro con la sospecha de que la ignorancia voluntaria es la forma más vil del olvido.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Anselmo Lorenzo visita a Karl Marx

Luis Carandell, Las anécdotas de la política:

“El dirigente obrero español Anselmo Lorenzo fue a Londres con ocasión de la conferencia de los sindicatos obreros europeos. Visitó a Karl Marx, que lo recibió muy efusivamente y le habló en español. En la primera conversación que mantuvieron no trataron de cuestiones sindicales. Marx, que era gran lector de los clásicos españoles, prefirió hablar del teatro del Siglo de Oro. Lorenzo, que era tipógrafo y hombre culto, no desdeñó el tema. Y hablaron de Calderón, Lope de vega, Tirso o Moreto. Marx había transmitido a su familia su afición a las letras españolas. Su hija pidió a Anselmo Lorenzo que le leyera un capítulo del Quijote para deleitarse con la musicalidad del castellano.”

Por los pasillos de las Cortes



"En política lo que no es tongo es guerra civil", leo en Por los pasillos de las Cortes (1972), de Joaquín Aguirre Bellver, periodista que fue, entre otras muchas cosas, cronista parlamentario del diario Pueblo. Quisiera no estar de acuerdo. Por cierto, unos días antes Urtain había dejado KO, obviamente, a Peter Weiland. En aquellos días se decía por los pasillos de las Cortes que si un día llegaba la revolución, bastaba para pararla con poner por la tele un combate de Urtain.

En abril de 1970 se discutía en las Cortes sobre educación sexual y Joaquín Aguirre Bellver resume así el debate: "Un muchacho sin educación sexual ve pasar a Sofía Loren, piensa lo que le da la gana y luego silba. Mientras que un muchacho con educación sexual, ve pasar a Sofía Loren, piensa lo que le da la gana y no silba. ¿Está claro? Porque ninguno de ustedes, señores procuradores, va a atentar contra la libertad de pasearse por la calle y pensar lo que cada cual quiera. De donde se infiere que la educación sexual lo que elimina es el silbido". Recientemente pasé todo un día con un grupo de adolescentes madrileños y lo que me vinieron a decir fue esto mismo.
 
Ahora estamos en julio del 70. Se debate la ley de peligrosidad social. Escribe Aguirre: "Esta ley me está produciendo una profunda desazón. Temo a los puritanos. Temo a doña Engracia. Doña Engracia es (segun Herminio, cronista del ABC) una señora que se pasaba del cielo, de puro recta que había sido en vida, y San Pedro tuvo que gritarle: "¡Un taco, doña Engracia, diga un taco, que se va usted a poner en órbita!"

Acabo este libro, ameno e instructivo, porque nos muestra las tripas de aquellas cortes herméticas, corporativas, escleróticas del franquismo, con la sensación de que en nuestra "memoria histórica", lo que no es tongo, es guerra civil.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Requiem

El Cor Scandicus de El Masnou ha cantado -muy bien- en la iglesia del pueblo en Requiem de Gabriel Fauré, en memoria del amigo H., que ingresó en un hospital a hacerse una pequeña operación y ya no volvió a casa. Todo iba bien hasta que una infección hospitalaria se interpuso en su camino.

Recuerdo que de niño las palabras del Requiem y el ritual de las exequias me producían una enorme desazón. Todo aquello era como el eco de una caída irremediable en la nada, la voz que anuncia el silencio definitivo, la primera pala de desmemoría que arrojábamos sobre el difunto. Ahora veo el Requiem como una oración en la que las voces de los vivos se unen al silencio del difunto para conjurarnos todos contra el olvido. El Requiem pide el descanso del difunto en la luz: "Haz Señor, que vaya de la muerte a la vida". Es decir, que no caiga, que se eleve. El cristianismo es una religión de la verticalidad, de las alas, de la luz de la vela, de la ascensión. El cristianismo nos muestra la vida en la tierra como lo que estrictamente es, un entrambos, una dinámica de ascensos y descensos.

Como suele ocurrir últimamente en los funerales, se le ha dirigido al difunto una oración laica en la que se le ha dicho ese inevitable "estés donde estés"... 

Se me antoja que esta es la fórmula de la renuncia a la verticalidad y su sustitución por una horizontalidad a la que se llega sin esfuerzo. "Estés donde estés...".

Vivimos rodeados de frases de origen cristiano que han enloquecido por olvidar de donde vienen. Es lo que me parece que ocurre con la "dignidad" de la que hablaba en el comentario anterior. La dignidad era evidente cuando el cristiano se veía a sí mismo como imagen de Dios. Ya no creemos en Dios, pero queremos seguir creyendo en la dignidad, así que nos convertimos en imagen de la dignidad... de una dignidad que por quererse sublime, sólo puede estar vacía. Cuando hablamos de la dignidad del hombre, en abstracto, estamos hablando de lo que hay de hombre en un hombre que quiere concebirse como digno.

Frente a las frases rituales de nuestros días, la gravedad eseranzada del Requiem: es posible remontar el tiempo y el olvido. Es posible que la luz reconozca en nosotros una familiaridad.

Descanse en paz, H.

La dignidad del enano

Dándole la réplica a Javier Gomá, con ocasión de la presentación de su libro, Dignidad, en el Círculo del Liceo de Barcelona, conté el siguiente caso ocurrido en Francia.
 
Un policía decidió prohibir un curioso espectáculo que tenía lugar en un local público de una ciudad. Consistía en una competición por ver quién lanzaba más lejos, sobre unos colchones, a un enano provisto con un casco. El policía consideró que lanzar como un proyectil a un minusválido era atentatorio contra su dignidad. 

En este punto pude ver como las personas de la primera fila asentían con la cabeza. 

Las cosas son, sin embargo, un poco más complejas, como lo prueba la polémica que se desató en torno a este caso.

¿Si en vez de un enano se tratase de un hombre bala se consideraría también que se estaba atentando contra su dignidad? 

La "Asociación nacional de personas de talla pequeña" difundió un comunicado en el que preguntaba: "¿Las protestas de la opinión pública no serían masivas si a un animal se le infringiera ese tratamiento?"

El enano, a su vez, preguntaba: "¿Acaso un minusválido ha de poder ejercer menos trabajos por culpa de los prejuicios morales de los que no son minusválidos?" El hombre se temía que, al final, se quedase con su dignidad intacta y sin trabajo, que es lo que realmente sucedió.

"Existentia substantiae est substantia", sostenía el escolástico Cayetano. Y yo, apoyándome en él me preguntaba qué es la dignidad humana más allá de su existencia en la dimensión prudencial de las cosas humanas.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Sueño

Parece claro que ha llegado el invierno. Cielo gris, espeso, bajo; una neblina vaporosa en el ambiente; lluvia intermitente; mar alterado; ese frío que se cuela, insidioso, hasta los huesos. Escribo cerca de un radiador con una manta doblada sobre las rodillas. Aquí, a mi lado, varios artículos de Chantal Delsol, me ayudan a pensar en la importancia de dos conceptos olvidados, el de don y el de contra-don, que es el agradecimiento. Quizás sea éste, el don, el concepto más ajeno a todo cuanto supone la socialdemocracia, dada la insistencia de ésta en ocultarlo tras el discurso de los derechos.

Jean Bernard Restout
Sueño, c. 1771. 
Nuseo de Arte de Cleveland

La risa triste

En El Subjetivo

martes, 12 de noviembre de 2019

Si es viernes, toca Tocqueville


4 cosas

I
La dinámica expansiva del capitalismo, lejos de encontrar su justificación en la ideología conservadora, descansa sobre los valores de la nueva izquierda: individualismo radical, rechazo de límites y fronteras, culto de la innovación, ilimitación de derechos, políticas de la identidad...

II 
"Incoherencias de la modernidad tardía: reducimos el pensamiento a neuronas y el cuerpo a química, pero queremos una dignidad inalienable, y las dos cosas son incompatibles. Hace falta una espiritualidad para que la dignidad se establezca de forma incondicional".
- Chantal Del Sol

III 
"Ninguna ética, ninguna religión, ningún proverbio popular, ninguna moraleja de una fábula, ninguna regla de conducta de un pueblo primitivo ha elevado la envidia al rango de virtud. Al contrario, (...) los hombres obligados a vivir en sociedad siempre han tratado de reprimir la envidia tanto como sea posible. ¿Por qué? Porque en cualquier grupo humano, sea el que sea, la envidia es invariablemente un factor de desorden (...). La envidia es, por definición, la negación de los fundamentos de cualquier sociedad".
- Helmut Schoeck

IV 
Acabo con la razón para ser conservador que nos ofrece Pla en el Homenot que dedica a Eugenio d'Ors: “Jo sóc un conservador perquè sempre m’ha semblat absurd que els homes afegeixin les seves facultats intel·lectuals i la seva força material a l’incessant treball de destrucció que realitza constantment i implacablement la naturalesa. No hi ha necessitat, em sembla, de matar prematurament i abans d’hora ningú, si la naturalesa es dedica a aquesta feina d’una manera ordenada i perfecta. Si totes les coses estan destinades a caure, perquè aquesta és la seva llei fatal, el més enraonat, encara, és estintolar-les, si és posible”.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Pienso pasar lista


La aurora no decepciona nunca

La aurora no decepciona nunca, a pesar del eterno retorno de lo mismo sobre las perplejidades humanas. Cada amanecer es el mismo y cada uno recoge a Demócrito riéndose de las miserias del mundo y a Heráclito llorando ante estas mismas miserias.

El país está hoy más fragmentado que ayer y un poquito más cerca de los Balcanes.

Cambó, que estuvo muy influido por Barrès (como lo estuvo Azaña, por otra parte) insistía en que España necesitaba un ideal colectivo. Él se creía dispuesto a dárselo porque sabía que la política es hacer creer. No veo en el horizonte inmediato ningún político tentado por esta noble ambición.

Le comento a un amigo:
- Esta podría ser la hora de Valls.
- No le veo espacio político -me contesta.
- ¿Y si Sánchez supiera aprovecharlo?
- Sánchez lo detesta, esta alternativa es imposible. 

Una parte importante de lo que nos pasa se explica por causas estrictamente psicológicas: los vetos que tienen cruzados entre sí diferentes líderes políticos. ¿Seguiremos siendo rehenes de sus fobias? Quiera Dios que no. Esta es la hora de la generosidad dentro de España y de firmeza en la Unión Europea, porque en España tiene un virus.

Decía Leo Strauss que está más cerca de la sana filosofía la risa de Demócrito que las lágrimas de Heráclito. 

domingo, 10 de noviembre de 2019

Ya he votado

La democracia es posible porque colectivamente aceptamos que en política el consenso es más importante que la verdad o, dicho de ora forma, que lo que está más cerca de la verdad política es el consenso.

Lo que cuenta en democracia es la fuerza de atracción de las autopercepciones honestas de diferentes grupos.

No creo que haya nadie que para votar se ponga delante de las diferentes papeletas enlazando silogismos a la espera de ver hacia qué color político lo conduce su razonamiento. Simplemente votamos porque nos guiamos por intuiciones que nos parecen razonables sobre lo nuestro en nuestro futuro colectivo. 

Siendo tan frágil, imperfecta y sofística; estando tan sometida a la ilusiones más diversas, la democracia es, sin duda, el mejor régimen que hemos sabido crear para hacer posible la pluralidad en la unidad en comunidades complejas que están atravesadas por diferencias legítimas. Lo cual no significa que haya venido aquí para quedarse. Nada impide que pasado mañana nuevas generaciones alcancen un nuevo consenso: el de los hartos de democracia.

Pero lo que quiero resaltar hoy es la dignidad que hay en el gesto de confianza que le damos a ese vecino insoportable del 3º C para que vote como le dé la gana y que su voto cuente como el nuestro. ¡Y vete a saber si vota como nosotros!

sábado, 9 de noviembre de 2019

Se cantaba en Cádiz

Se cantaba en Cádiz en 1812, mientras una asamblea, compuesta en una tercera parte por clérigos, elaboraba una constitución:

Muera el que quiera 
moderación
y viva siempre
la exaltación.

Pensar sintiendo

El viernes me enteré, gracias a Jordi Amat, que lo sabe todo, que el Cambó de Pla fue una obra de encargo que, además, estuvo corregida por el mismo Cambó. Amat me indicó también el lugar en que se conservan los textos originales del escritor y las correcciones del político. En cualquier caso, es una gran obra. La he tenido durante semanas de libro de cabecera. Además de hablar -bien- de Cambó, Pla deja escapar de vez en cuando algunas observaciones interesantes -y con frecuencia maliciosas- sobre otras personas. De Balmes dice: "Es un poco pesado, sobre todo cuando escribe como un predicador barroco". Es exactamente así. A veces Balmes se sube al púlpito de su ego y comienza a echarle un sermón a la historia, y sus palabras van formando bola en el paladar del lector. Claro está que no es sólo eso. Ni tan siquiera lo es en su mayor parte. Por eso Pla añade: "Pero es el catalán del siglo pasado que manejó más ideas y tuvo una curiosidad intelectual más amplia". Este es el Balmes que podemos llamar laico, que observa su realidad circundante con una mirada europea y la expresa con palabras precisas, como cuando nos regala el nombre exacto de un modo de pensar muy nuestro: "pensar sintiendo".

A unas elecciones siempre se va con el voto empapado de sentimiento. Pero en estas, me parece que lo que cuenta es la intensidad de ese sintiendo, que ha devorado el pensar. Si me permiten la frase fácil, añadiré que el pensar se ha convertido en pienso del sentimiento.

Se suponía que el "seny" era una virtud catalana. Algunos dicen -Joan Sales, por ejemplo- que es tan virtud como el famoso punto medio de los griegos, que si lo buscas, no hay manera de encontrarlo. Yo, sin embargo, sigo pensando que está ahí y que, como ha pasado históricamente en Cataluña, tarde o temprano aparecerá alguien diciendo "som gent d'ordre" y provocará un seísmo electoral. Ya hay un grupo relativamente numeroso de personas que anda buscando esa salida desde el catalanismo. Para que tengan éxito necesitan de alguien que personalice el pensar sintiendo colectivo con más pensar y menos sentimiento. En una cena que recientemente hicimos, en un chino, los del Círculo Hermenéutico Estraussiano de les Planes, me atreví a apostar que esa persona aparecerá antes de 4 años.

Y, si no, pues a apechugar. 

Añadido a las 13:23: Acabo de ver en las redes que un importante político anima a "votar con el corazón".
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viernes, 8 de noviembre de 2019

Un encuentro casual

Hojeas desinteresado. Parece que pasas de largo... pero vuelves atrás. Algo insinuado te ha llamado la atención. Miras. Te quedas. Has descubierto que es ahí a donde querías ir.

 Albert Marquet (1875-1947), LA PETITE CHÈVRE, 1912-14. 


 Seguro que B. conoce a Marquet. Espero sus comentarios.

jueves, 7 de noviembre de 2019

La res del rex

Veo poca televisión, porque me aburre. Leo poca prensa, porque me espanta la maraña de palabras en que acabo enredado a medida que paso de una opinión pontificante a otra pontificadora. A cada página que pasas le añades un peso a tus pies.

El 7 de noviembre de 1936 un periódico navarro, La República, protestaba porque en el Registro de la propiedad aún continuaran exigiendo el pago de "derechos reales" cuando ya no había monarquía en España. Como se sabe, los "reales" de los "derechos reales" derivan del latín "res", cosa. Son los derechos sobre la realidad de algo, no hacen ninguna referencia a la realeza, sino a la cosidad.

Veo el jaleo político que nos rodea como una "res" que, objetivamente está ahí, pero que nos empeñamos en amplificar, complicar y enredar por nuestro empeño en convertirla en "Rex". Claro que este empeño es la esencia de la política.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Las miserias del romántico

Me gustan esos pequeños detalles casi mecánicos que tienen las parejas mayores entre sí. Ese momento en que ella se detiene ante él para quitarle un pelo de la solapa o darle unas palmaditas en los hombros para quitar esas motas de caspa que se han depositado ahí indiscretamente. Ese gesto del hombre que tiene su brazo extendido sobre el hombro de ella y alarga el dedo índice para acariciarle la mejilla. La manera como algunas parejas de ancianos caminan agarrados de la mano. Ese juntar las rodilllas de la pareja que está en esa mesa del restaurante, tan intenso, tan vivo. Esa cucharadita de postre que se intercambian como si se regalaran las llaves de Granada. Todo esto me parece grandioso, admirable, enternecedor. Y, sin embargo, pocas cosas me duelen más que ese momento en que mi mujer me coge el vaso de cerveza y se lo lleva a los labios para echarse un trago, porque sé que cada trago está racionado y que si falta uno lo voy a echar tanto de menos...

martes, 5 de noviembre de 2019

Los deberes de la memoria

 Ando atareado intentando preparar una conferencia que debo dar el día 15 en el Club Tocqueville. Me apetece, sin duda, pero el reto exige rigor. Y en eso estoy, intentando rigorizar (debería existir el diccionario de las palabras que deberían excistir) mis convicciones.

Esta mañana me he encontrado entre las páginas de un libro de Juan Marichal, El secreto de España, con estas palabras: “Raymond Aron recordaba un pensamiento común a Nietzsche y a Paul Valéry: “Para las comunidades humanas como para los individuos, el olvido no es menos esencial que la memoria”.

Pienso en el deber de recordar que debemos olvidar. Más aún: en el deber que tengo de recordar que Marichal recuerda lo que recordaba Aron que recordaban Valéry y Nietzsche.

El amparo de las sombras...

... sigue su recorrido, de sorpresa en sorpresa.

lunes, 4 de noviembre de 2019

El miembro fantasma

De repente siento su falta, unas veces como un vacío y otras, como un miembro fantasma. En todo caso, lo que echo de menos es algo que forma parte de mí, que es tan mío como yo soy suyo. Es una prótesis existencial, como el carrito en el que se apoyan los ancianos de la plaza de Ocata para llegar al Petit Cafè, que parece un carrito de la compra en el que la carga son ellos mismos. Si estoy cerca de casa, no lo dudo, vuelvo sobre mis pasos. Si estoy lejos, me maldigo a mí mismo y dudo si dar media vuelta o no. Si sigo adelante, sé que estaré todo el día sintiendo su ausente presencia. Me refiero al móvil, claro. Esta mañana ha vuelto a pasar, pero, por suerte, estaba cerca de casa.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Ese momento...

... en que le das al icono de "enviar" y sale irremediablemente disparado el texto de tu libro para el editor es bien contradictorio. Por una parte, experimentas una agradable sensación de levedad. Ya está. Ya lo has acabado. Respira hondo, mira al horizonte. Hay más cosas en la vida que tus obsesiones. Por otra, ya se sabe que post coitum... Sé muy bien que pasaré unos días descentrado, pero asaltado de vez en cuando por un insidioso bombardeo de flashes:  Aquel capítulo quizás está mal acabado; la referencia a Y debería haberse completado con otra a X; entre el capítulo 3 y el 4 la transición no está bien lograda... y, lo peor de todo, sé que algún amigo bien intencionado cometerá la imperdonable maldad de enviarme un imporantísimo artículo que se me ha pasado por alto. ¡Dios lo confunda!  En fin, el estricto sino del neurótico.

Al amparo de las Geórgicas

Jorge Freire sobre El amparo de las sombras

sábado, 2 de noviembre de 2019

Mañanas de sábado

Las mañanas de sábado son mañanas de compra, que es una tarea gozosa y difícil y, al mismo tiempo, una especie de vicio solitario que me reservo con el celo de una intimidad.

Es difícil porque estamos en una situación vital en la que nunca sé si comeremos mi mujer y yo solos o nos vendrá toda la familia y, entonces habrá que poner ocho platos. Tengo que hacer, pues, equilibrios culinarios estratégicos, aunque, por experiencia contrastada, bien sé  que, cuanta menos compra haga, más poblada estará la mesa. Pero algo singular sucede en estas ocasiones. Aunque aparentemente no tengo nada para poner sobre el mantel, voy rascando de aquí y de allí y acabo produciendo el milagro de la multiplicación de las migajas. Suelen ser éstas comidas de mil platos en las que cada uno encuentra algo que le gusta.

Es gozosa porque soy adicto a mis puestos de compra habituales, en los que ya casi no hace falta que pida, comenzando por la cafetería. El fin de semana comienza para mí con el regalo del aroma de ese café, delicioso, espeso, casi untuoso, heraldo de la sacra normalidad. "Estas acelgas están hoy muy bien", me dice la verdulera, y yo obedezco dócilmente. Si pido salmón en la pescadería y veo que el pescatero me pone mala cara, me dejo orientar por su mirada y compro rape. "Si coge esta paletilla, le hago descuento", me ordena, más que dice, la carnicera, que me trata de "corazón" en cuanto me ve. "¡Corazón! ¿Qué quieres hoy?!" Pero aunque pregunte mi parecer, acabré comprando lo que ella me diga.

Me duele el día que llego a uno de mis puestos como a una etapa progamada de un viaje y me lo encuentro cerrado, por defunción o, lo que es más habitual, por jubilación. Alterar mi rutina de los sábados es un ejercicio para el que ya no tengo cintura. Las rutinas son el exoesqueleto de los jubilados.

Hoy, la mañana era magnífica. He visto asomarse el día por el horizonte marino y parecía que la noche levantaba las persianas y por las rendijas se colaba la luz rosada e incandescente de la amanecida. Un sol radiante y calles vacías, porque la gente ha aprovechado para salir de puente a lugares que, seguramente, no tendran estas espléndidas mañanas, dejando a sus difuntos en su soledad habitual. Para ellos, todas las mañanas son iguales.

Llego a casa. Saco la compra del carro, la voy colocando en su sitio y espero a que mis hijos me llamen para decirme si este fin de semana pasan o no por la Fonda Luri, siempre a su servicio, claro.

Dos entrevistas más

  Este último hijo mío vino a nacer en el peor momento. Llegó a las librerías justo cuando la pandemia las cerró a todas. Pensé, pues...