Mostrando entradas con la etiqueta Cuaderno de Invierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuaderno de Invierno. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de marzo de 2020

Lo que hay que ser

Un día largo, el de ayer, pero repleto de buenos recuerdos. A las 5 de la tarde volvía a casa en el tren pensando en todo lo que aún tenía que hacer cuando una voz difícil de describir me sacó de mi ensimismamiento. Era la de una anciana metida en años y tan enjuta que se le marcaban todos los huesos del cuerpo. Arrastraba un aire de derrotada, de desahuciada, de arrojada a los márgenes de la vida. Con un bote metálico en la mano iba recorriendo el tren de punta a punta pidiendo limosna mientras contaba las muchas desgracias que se cernían sobre su miserable humanidad. Los pasajeros, la verdad, no le han hecho mucho caso. Cuando uno le ha dado unas monedas, ella levantando la cabeza, altiva, ha dicho bien alto: “Tienes que ser humano y mentir para que te ayuden”.

domingo, 23 de febrero de 2020

Se ha ido el Fari

Se ha ido el Fari. 

Ha cogido sus cuatro bártulos y se ha vuelto para África. Antes de marchar nos pidió un teléfono móvil en desuso para su madre viuda. A sus hermanos les llevaba camisetas del Barça. Hicimos una colecta en el bar y le compramos un móvil nuevo. Nos dio las gracias y se fue. Y ahora echamos en falta lo que se reía cuando Antón le decía: "Fari, cuando cruces la carretera, sonríe, que si no, no se te ve y un día vas a tener un disgusto". Y él sonreía para nosotros mientras descargaba la calderilla de sus bolsillos sobre la barra del bar y hacía montoncitos con las monedas, agradeciendo nuestro interés y nuestras bromas y el vaso de agua de cada día. 

Cada noche a eso de las diez emergía de la oscuridad de la playa y cruzaba la vía del tren y la N-II arrastrando su carro de la compra lleno de abalorios.

Durante el verano aún iba tirando, pero estos dos últimos meses lo único que vendía era pequeños elefantes anticrisis de un plástico vetado y quebradizo, con la trompa levantada, a un euro la unidad.

- Comprar, esto contra crisis. Elefante buena suerte.

Si alguien le replicaba que no estaba en crisis, el Fari hacía de los elefantes amuletos amorosos. ¿Quién no busca un trabajo más alegre o un amor más seguro?

Yo solía acompañarlo por las mesas para animar a los clientes a superar la crisis por un euro. Con irregular fortuna, todo hay que decirlo. Además un cliente que le compró un elefante tuvo un accidente doméstico y apareció una noche con muletas y un humor corrosivo que le hizo mucho daño a nuestra campaña de márqueting.

Más de una vez estuvieron a punto de atropellarlo al cruzar la carretera. Un conductor desalmado arremetió una noche contra el carrito voluntariamente, se lo arrancó de la mano y desparramó toda la carga de pulseras, anillos, collares y elefantes anticrisis por la Nacional II. Era bien triste oír su crujido bajo las ruedas de los coches mientras el Fari se llevaba desconcertado las manos a la cabeza.

- Fari, sonríe cuando cruces, que si no, no se te ve.

Nos dijo que para estar aquí sin hacer nada, prefería estar sin hacer nada en su pueblo de Senegal. Y se fue a refugiarse de la crisis en África. Ahora, cuando hace buena noche en Ocata, sentados en la terraza del bar, miramos a la oscuridad, por donde aparecía el Fari con su carro de la compra repleto de bisutería barata, y nos decimos que quizás el día menos pensado, en cuanto apunte la primavera, lo veamos reaparecer, como los brotes verdes.

viernes, 14 de febrero de 2020

Libros

Me ve escribiendo en la mesa del café y me pregunta qué estoy haciendo.
- Estoy escribiendo un prólogo.
Le explico qué es un prólogo.
Se queda mirándome, perplejo, y finalmente me dice:
- ¡Con lo que cuesta leer un libro, para que además le pongas prólogos de esos!

Le comento la anécdota a un amigo y cuenta lo que le ocurrió a Haro Técglen. En el transcurso de una mudanza se disculpó por la cantidad de libros que había que trasladar. "Peor usted -le contestaron- que tiene que leerlos".

lunes, 10 de febrero de 2020

Diario de una guerra mal recordada

Hace unos años tuve en mis manos el diario de un abogado católico barcelonés. Lo inicia el 1 de enero de 1938, en plena guerra civil y describe con una naturalidad asombrosa, casi costumbrista, tanto los desastres de la guerra como detalles íntimos de su biografía. 

Junto a las explosiones de las bombas, el autor se detiene a hablar de una morena que se asoma cada día al balcón o de sus dudas sobre si debe continuar o no su noviazgo. Cree que quiere a su novia, pero la encuentra fea, prematuramente envejecida y vulgar…  Intenta contarle de manera delicada sus sentimientos, pero ella se lo toma a broma. 

Barcelona es un hervidero de sospechas. Se habla de quintacolumnismo. Hay detenciones. Hay mucho miedo a los coches desconocidos que se detienen por la noche ante las puertas de las casas. Una sospecha es una condena a muerte… si es que se sale vivo de la checa. 

Uno de los detenidos es el hermano del autor. Sospecha que está en la checa de la calle Vallmajor. Corre con su cuñada a llevarle ropa limpia sin saber si lo encontrará aún con vida. "Vuelva usted la semana que viene", le dicen. 

¿Cómo dejar a una novia a la que ya no quieres en medio de una guerra civil? 

Como abogado tiene que defender a detenidos en los que son evidentes las huellas de malos tratos. El fiscal pide para su hermano pena de muerte. Lo defiende él y consigue 30 años de internamiento. 

Aumentan los acusados de espionaje. Hay un fiscal de rasgos sádicos. Se burla de una mujer de más de sesenta años diciéndole que por las noches se sube a una escoba y se va a dormir con Franco, pero que lo que a ella le gustan son los "curitas". 

Compra 25 gramos de tabaco por 40 pesetas. Una fortuna. Tiene mala conciencia, pero sabe que lo volverá a hacer. 

Le gusta estar con su cuñada. Se siente a su lado mejor que con su novia. 

El fiscal impertinente se dirige a una mujer acusada de haber robado en la fábrica en la que trabaja: "¿Pero mujer, si querías tener algo en la mano, por qué no te buscas un novio?” 

En enero del 39 se hunde aparatosamente Cataluña y en esos días es su novia quien lo deja a él. Sorprendentemente ahora echa en falta a “esa chica que era tan mía”. Siguen las bombas, pero la gente parece acostumbrada. 

Lunes 23 de enero: Barcelona, una ciudad muerta. Martes 24: llegan noticias de que ha caído Sant Boi. Hay mucha gente que carga con todo lo que puede y abandona la ciudad precipitadamente. Miércoles 25: Saqueo de las tiendas. Jueves 26: Barcelona liberada. “Toda la vida recordaré con emoción este día”. 

Se apunta como voluntario en el ejército de Franco y viaja a Castellón. El 18 de marzo viendo a su alrededor el comportamiento de las tropas a cuyo lado combate, se pregunta: "¿Y con gente así es posible hacer una nueva España?" 

domingo, 9 de febrero de 2020

Voramar

Hace unos años la Fortuna nos llevó a mi mujer y a mí hasta el hotel Voramar de Benicàssim, donde pasamos tres días inolvidables. En aquel momento yo andaba recopilando material sobre las Brigadas Internacionales y resultó que este hotel había sido un hospital de las Brigadas. Aquí traían a los heridos en el frente de Teruel. Nos gustó mucho la terraza y nos prometimos volver, pero el tiempo iba pasando y el Voramar parecía condenado a incrementar el montón de deseos indefinidamente postergados.


Pero ayer estuve en Castellón. Participaba en un debate, en el hermoso Casino Antiguo, con Ferran Riera, un monstruo de generosidad. Ferran es tan grande que a su lado todos somos enanos y eso está muy bien, porque en lugar de degradarnos, nos impulsa a mirar hacia arriba, hacia lo alto, a donde no llegan las moscas, sino las águilas. 

Había dado por supuesto que me alojarían en un hotel de esta ciudad, pero me dijeron que no, que tenía habitación reservada en un hotel de Benicàssim, ciudad a la que iríamos a cenar.


El día en Castellón fue largo y entretenido. La temperatura animaba a pasear perezosa y caprichosamente por la ciudad, siguiendo los caprichos del momento y el azar amigo se encargó del resto: al poco tiempo di con una librería de viejo. En realidad, en Castellón, según pude comprobar después, lo que hay es tiendas de libros de segunda mano. Ya he dicho por aquí que se sabe mucho de una ciudad por lo que revelan de las misma sus libros usados.

Compré un par de libros, debatí con Ferran largo y tendido sobre el alma, la fidelidad y el perdón y a la noche me llevaron a cenar a una casa de Benicàssim. Fue una una cena muy agradable, emotiva, bien surtida de alimentos y relatos, y muy larga.

Cuando me dejaron frente al hotel vi enseguida que se trataba del Voramar. Al llegar a la habitación lo primero que hice fue salir a la terraza y enviarle una foto de la misma a mi mujer, que está en Pamplona. Se oían las olas, pero apenas se intuía el mar. 

Después, en la oscuridad de la noche y en la soledad la cama, no podía dejar de pensar en brigadistas. 


Esta mañana he saltado de la cama para salir inmediatamente a la terraza. Y allí estaban la brisa marina, la luz, la espuma de las olas.... recomponiendo la imagen que yo guardaba en mi memoria de todo aquello. 

Las cosas sólo son cosas si no nos ha pasado nada con ellas, si han sido testigos mudos de una hora anónima de nuestras vidas; pero cuando están cargadas de sentido, son parte de nosotros mismos y al reencontrarte con ellas se despierta nuestra memoria y sientes que algo de ti se expande para abrazarlas y acogerlas. Las cosas también tienen su alma. Se la dimos nosotros cuando fuimos felices a su lado. 

Venían a buscarme a las 11:15. He dedicado toda la mañana a esa terraza... y a Pemán, que me lo encontré ayer en la librería de libros de segunda mano de Castellón.

jueves, 6 de febrero de 2020

Madrid

Regreso de Madrid agotado, pero contento. Muy contento.

Ayer por la mañana estuve en la Asamblea de Madrid, hablando con portavoces de diferentes grupos políticos. Por la tarde, ayuntamiento y Save the Children. Si todo sale como parece que va a salir, contaré los detalles del asunto.

Estando en la cafetería de la Asamblea, me llamó Daniel Capó. Nos animamos mutuamente a desarrollar una idea que tenemos sólo esquemáticamente esbozada. Justo en ese momento tenía delante a alguien que podía ayudarnos. Inmediatamente se pusieron los teléfonos en marcha. Quizás haya financiación. No hay plan que valga si no se cuenta con el momento oportuno. Se trata de un proyecto quijotesco, ambicioso y exigente. Saldrá bien. También os informaré en su momento.

Esta mañana, visita a The Objective y recorrido por varias librerías de viejo. Me he hecho con los Ensayos sobre Valera de Manuel Azaña.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Steiner, un amante celoso

Necrólogica sobre Steiner que firmo hoy en El Mundo:

He bajado a escribir esta necrológica a la terraza del Petit Café, en la Plaza de Ocata. Al fondo de la calle Pintor Miquel Villá está el Mediterráneo. A esta hora la luz del mediodía le arranca chispeantes reflejos asalmonados a su superficie. 
La cultura es esto: el intento de combatir con palabras el silencio del ser. Es importante recordarlo en la muerte de Steiner, humanista rezagado, porque hoy, a las puertas del poshumanismo, nos sentimos más necesitados que nunca de palabras.
Son frecuente los lamentos por la crisis del humanismo. Pero no está nada claro que lo que nos mueva sea el amor a las humanidades. Pudiera ser que detrás de nuestras quejas sólo haya miedo al creciente antihumanismo, de forma que sólo seamos anti-antihumanistas.
El humanismo era el acicate que nos animaba a combatir la vulgaridad que llevamos adherida al alma y que no se conformaba con entender la democracia como una universal aspiración a la igualdad. Propugnaba una igual aspiración a la excelencia. El humanista sabía que la respuesta a lo que es el hombre no se encuentra en los huesos de Atapuerca, sino en su aspiración a alcanzar la mejor versión de sí mismo. Por eso es esencial ofrecer a los jóvenes motivos de estudio que trasciendan los huesos de Atapuerca.
            Steiner quería ser visto como un cartero que lleva a su destinatario estos motivos, o sea, las cartas que dirigieron los grandes autores a las nuevas generaciones. Los jóvenes necesitan un cartero que los ponga en contacto con los grandes. Si los clásicos se han vuelto difíciles no ha sido por su culpa. Leer es situar un texto en un contexto. Por eso, para entender a Góngora hay que situarse en su contexto preciso, lo cual requiere tener bien nutrida la biblioteca ambulante que es nuestra memoria. El texto no es un pretexto, sino una de las formas de Eros, aquel Dios que los antiguos llamaban “simiente de la unión”. Nos permite profundizar en nuestra alma, nos enseña a pensar con matices (el matiz es la honestidad de la inteligencia), nos mantiene en relación con lo grande. La relación entre maestro y discípulo nos dice en Lecciones de los Maestros es una relación erótica.
            El profundo rechazo de Steiner a los métodos pedagógicos suaves tan en boga, se explica por su abandono de la memoria (“el poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros”) y del silencio (“el miedo de los niños al silencio me da miedo”). 
Una de sus películas preferidas era Il postino, de Michael Radford, basada en la  Ardiente paciencia de Antonio Skármeta.
"Un maestro -dice Steiner- es el celoso amante de lo que podríamos ser". 
Para poder amar lo mejor que podemos llegar a ser, alguien nos lo ha de hacer visible y deseable. Cuando tal cosa sucede, hemos conquistado el derecho a tener un alma, porque, ¿qué es el alma, sino la palabra que lo mejor que podemos llegar a ser dirige a lo que somos? 
Rememorando sus años de estudiante en la Universidad de Chicago, cuenta en Errata que Leo Strauss comenzaba sus cursos con estas palabras: “Damas y caballeros, buenos días. En esta clase no se mencionará el nombre de…, que por supuesto es estrictamente incomparable”. Evidentemente, él tampoco lo nombraba.
Repite la anécdota en Celan y Heidegger: diálogo en el silencio, pero añadiendo que Strauss insistía en que estaba prohibido mencionar el nombre de Heidegger en su seminario.
Inevitablemente, los alumnos de Strauss se susurraban el nombre del innombrable y al salir de clase corrían a la biblioteca: “Esa noche intenté hincarle el diente al primer párrafo de ‘Ser y tiempo’. Era incapaz de entender incluso la frase más breve y aparentemente directa. Pero el torbellino ya había comenzado a girar y tuve el presentimiento radical de un mundo absolutamente nuevo para mí”.
 “Esta es la cuestión –concluye Steiner-. Llamar la atención de un estudiante hacia aquello que, en un principio, sobrepasa su entendimiento, pero cuya estatura y fascinación le obligan a persistir en el intento.” Esta es la cuestión, podríamos decir también: despertar en el alumno el deseo de elitismo intelectual.
            Strauss puso a Steiner en contacto con el legado que Rosenzweig desarrolló en la Freies Jüdischen Lehrhaus de Frankfurt. Rosenzweig, más interesado por el heroísmo intelectual de los judíos que por el sionismo, creía que la manera genuinamente judía de enseñar es la traducción. En una carta a su primo Hans Ehrenberg, convertido en 1911, le dice: “el aprendizaje judío se corresponde, poco más o menos, con lo que para vosotros es un sacramento.” Es una ética del enseñar aprendiendo, cuya transmisión era el mayor servicio que podía brindarse a la propia cultura. Basándose en Rosenzweig, Leo Strauss desarrollará su propio proyecto de “aprender leyendo” (lesendes Lernen) para ayudar a sus alumnos a relacionarse con los grandes problemas recogidos en la literatura clásica. Steiner (como Rorty o Sontag) bebe directamente de esta fuente. Por eso afirma constantemente el poder moral de la literatura y, por lo tanto, lo que podemos llamar “el  deber moral de ser inteligentes”. En una ocasión dijo que “un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor”.
Y, sin embargo…
            ¿Es el humanismo suficiente?
            Esta es la pregunta que queda como incómoda sospecha en el fondo de nuestras apasionadas lecturas de Steiner. Está formulada explícitamente en el prefacio de Lenguaje y silencio, donde quiere ofrecernos una respuesta humanista aparentemente consoladora: “La pérdida de valor de la palabra es un fenómeno inseparable del triunfo de la barbarie”. Podríamos suponer, entonces, que el mantenimiento del valor de la palabra nos protege de la barbarie. Pero no parece ser esta una verdad autoevidente, ya que la misma lengua que sirve para amar también sirve para insultar, herir, despreciar, anonadar, aniquilar… Este es el legado trágico que el siglo XX europeo le ha dejado al humanismo.
            Heidegger dejó dicho que “la palabra posee al hombre”. Pero entre nazis y estalinistas había no pocos letraheridos. Los libros no les impidieron ejercer de verdugos. Hoy sabemos que es perfectamente factible leer a Goethe por la mañana, escuchar a Bach a medio día y ser guardián de Auschwitz por la noche.
            Y, sin embargo…
            Es imposible no hallar en Steiner la terca voluntad de encontrar en el legado de los grandes textos aquellas palabras que podamos transmitir a los jóvenes para impedir la invasión vertical de la barbarie.
            Se ha ido dejando la tarea inacabada. Pero en la continuación de su esfuerzo se juega el humanismo, hoy, su razón de ser.

lunes, 3 de febrero de 2020

Steiner

George Steiner, que fue su discípulo en la Universidad de Chicago, nos cuenta que Strauss comenzaba sus cursos con estas palabras: “Damas y caballeros, buenos días. En esta clase no se mencionará el nombre de…[y aquí pronunciaba un nombre teniendo buen cuidado de que fuese inaudible], que por supuesto es estrictamente incomparable”. 

Inevitablemente los estudiantes se lanzaban voraces al filósofo impronunciable. “Esa noche –añade Steiner-, intenté hincarle el diente al primer párrafo de Ser y tiempo. Era incapaz de entender incluso la frase más breve y aparentemente directa. Pero el torbellino ya había comenzado a girar y así tuve el presentimiento radical de un mundo absolutamente nuevo para mí.”

sábado, 1 de febrero de 2020

Repúblico o cosmopolita

Dice García-Máiquez en The Objective que, para muchos británicos -la mayoría, de hecho-, el brexit se ha presentado como la garantía de que no acabarán siendo ciudadanos del mundo. Ha dado en el clavo.

El dilema político fundamental de nuestro tiempo es el de la elección fatal (o elegimos nosotros o elegirán por nosotros) entre repúblico o cosmopolita.

Me gusta la palabra "repúblico", muy frecuente en los tratadistas políticos hispanos, que se mantuvo viva hasta el primer tercio del siglo pasado. Es la mejor traducción del "zoon politikón" aristotélico. 

Lo que nos decía el estagirita no es que el hombre sea un animal ciudadano, sino que es un animal político, que está moldeado por una "res pública" (una "politeia") y, por lo tanto, se debe, al menos en parte, a ella.

A mi modo de ver, los únicos cosmopolitas -ciudadanos del mundo- coherentes han sido los cínicos (herederos de Antístenes, Diógenes y Crates), porque pretendían vivir no sólo sin la protección de ningún Estado sino contra la protección de cualquier Estado, por considerarla contraria a la genuina vida natural. Para ser de verdad cosmopolita hay que limitarse a ser ciudadano de la Naturaleza.

Para llevar a cabo su pretensión, los cínicos se comprometieron con un impertinente ejercicio de la libertad de palabra y con una radical renuncia a todo derecho de propiedad. El cínico siempre está de paso, porque esta es la manera cabal de asumir íntegramente la propia naturaleza sin ceder parte alguna de la misma a la gestión del Estado.

El nuevo cosmopolitismo es menos coherente, pero es más insidioso. Se presenta como ciudadanía con derechos de propiedad y, sobre todo, de subsidio, sin deudas hacia el Estado cósmico que le garantizaría mágicamente el ejercicio de esos derechos pero permanentemente en deuda con la naturaleza.





jueves, 30 de enero de 2020

Brexit

Los británicos se van. Y no se van porque lo hayan echado a los dados o porque el cambio climático les haya afectado la capacidad de raciocinio, sino porque han echado cuentas, han visto pros y contras... y han optado por seguir haciendo política de manera autónoma.

En su decisión ha pesado más la política que la estricta economía.

La primera condición para hacer política es tener ideas y autonomía para asumir riesgos. Y los británicos creen que en la UE, en lugar de ideas hay intereses comerciales. Y si se trata de intereses comerciales, los británicos prefieren exportar lo suyo que importar lo ajeno.

Los británicos prefieren alianzas seguras con los suyos, norteamericanos, canadienses, australianos... porque saben que les responden en caso de necesidad, mientras que de Europa, hoy por hoy, no parece que pueda esperarse más que vagas promesas, buenos sentimientos e índices de bienestar.

Los británicos quieren recuperar la autonomía sobre sus fronteras porque sin esa autonomía ni se hace política afuera ni se crea un sentido de copertenencia dentro. No quieren disolver el Reino Unido de la Gran bretaña en Europa sino recuperar un sentido de integración interna que, a su parecer, la UE pone en riesgo.

Los británicos saben que en un contexto mundial en el que el Pacífico va para arriba, el Atlántico va para abajo y el Mediterráneo es un lugar de turismo y museos arqueológicos, si no estás actuando donde se cuecen las cosas, quedas marginado. No les cuesta mucho dejar atrás a una Europa que no puede creer en sí misma por la sencilla razón de que no sabe quién es.

Los británicos tienen una firme voluntad de actores.

Por supuesto, todo les puede salir mal a los británicos. Eso ya lo saben. Pero saben también -y esto es lo importante- que sólo  asumiendo riesgos un país seguro en sí mismo crece, se fortalece y se cohesiona.

Si yo fiese inglés, tendría más confianza en Washington que en Bruselas.

Ellos se van tan contentos y nosotros les cantamos melancólicas canciones de despedida un tanto cursis. 

miércoles, 29 de enero de 2020

Esta tarde me voy a Puebla

Ustedes ya están al tanto de mis reticencias a lo que Pedro Mártir de Anglería llamaba "novolatría", o sea, a la rendición incondicional ante lo nuevo por el mero hecho de ser nuevo, sin ninguna consideración a su bondad. Para el novólatra, lo nuevo es más relevante que lo bueno. Como he podido comprobar varias veces, en nuestros días nadie se enfada si le dices que está equivocado. "Es mi opinión", te contestará, dando por supuesto que toda opinión es respetable por el mero hecho de ser propiedad de quien la emite, independientemente de su fuerza argumental. Pero se corren serios riesgos si te atreves a decirle que está anticuado.

El hecho de que sea crítico con los novólatras no significa, en absoluto, que sea ni reacio ni ajeno a una cuantas novedades de nuestro tiempo que contribuyen a hacer la vida más densa. Trasteo con frecuencia por las redes sociales y gracias a ellas he descubierto a personas de las que me enorgullezco ahora de considerarme su amigo y ninguno de mis últimos libros podría haberse escrito sin el correo electrónico y sin el acceso a las hemerotecas, archivos y editoriales remotas.

Esta tarde doy una videoconferencia a un grupo de profesores de una universidad de Puebla, México. Bien es cierto que el técnico de la universidad ha sido paciente conmigo, porque no solamente quiero que me vean. Quiero, al mismo tiempo, pasar diferentes imágenes y esquemas de un PowerPoint.  ¿No es maravilloso poder impartir una lección en vivo y en casi-directo a un grupo de mexicanos sin moverte de tu casa? No puedo sino gritar entusiasmado un "¡Viva la buena tecnología!"

miércoles, 22 de enero de 2020

Haremos de carne humana la estatua de Robespierre



El 7 de noviembre de 1901 se estrenó en el Teatro de la Zarzuela El Bateo, de Chueca.

Uno de sus personajes es Wamba, vecino de Lavapiés, que no sabe “más que tangos anarquistas, dinamitistas y petroleristas”, que bebe “bebidas fuertes, como mis ideas” y que está tan avergonzado de llevar el nombre de un rey godo, que nada más de pensarlo le dan arcadas:

“… Pensar que yo, presidente de cuatro
cluses socialistas y secretado de La tea incen-
diaria, tengo el nombre de un monarca, y
de un monarca cursi...) 


Le parece cursi porque es gótico, que para él “es lo mismo”.

A lo que vamos. Wamba es un idealista que tiene muy claro su programa de gobierno:
 

“Haremos de carne humana
la estatua de Robespier,
para que sirva de ejemplo
el mártir aquél”. 


Pero Wamba quiere también ser el padrino del hijo de su amigo Lolo:

“…y si Lolo me deja que yo le
eduque, lo primero que le enseño son las
tres us que constituyen nuestra doctrina:
Utopía, Unión y Huelga”.

lunes, 20 de enero de 2020

Nada nuevo...

"La pedante pedagogía -no olvidemos que pedagogía, pediatría y pedantería tienen la misma raíz..."

José María Pemán en el prólogo a Mis amigos muertos, de Juan Ignacio Luca de Tena (1971).

Entro en el aula...

Entro en el aula, empiezo a hablar a un ciento
de caras mal despiertas: por un rato
sobre sus vidas, rígido, desato,
cumpliendo mi deber, el frío viento

del Ser y de la Nada, de la Idea
y la Cosa; la horrible perspectiva
del vértigo que se ha hecho inofensiva,
espectáculo gris, vieja tarea.

Si alguno, casi inquieto, se remueve,
los más sueñan, o apuntan, o hacen ruido.
Pero basta: es la hora ya. De nueve

a diez, vieron el Ser, ese aguafiestas;
prosigan su vivir interrumpido:
yo vuelvo a mi silencio sin respuestas.

    José María VALVERDE

sábado, 18 de enero de 2020

Leyes del ensayista

Ley de la fatalidad de la corrección: "Toda corrección minuciosa de tu propio texto introduce alguna nueva incorrección".

Ley de la creatividad del error: "En algunos casos, los errores nos corrigen con tal arte, que nos despiertan ideas a las que no habríamos llegado por nuestra cuenta."

Ley de la autoría compartida: "De todo texto es autor el que lo firma y el azar".

Ley de la relectura penitencial: "Es toda relectura hay algún arrepentimiento".


viernes, 17 de enero de 2020

Un sueño

Un cliente estaba sentado a la mesa con un niño pequeño, de unos 5 años. Protestaba con grandes gesticulaciones porque nadie lo atendía. Finalmente se levantó y cogió al niño de la mano. "Tengo hambre", protestó el niño. "¡Pero por encima del hambre está el honor", dijo el adulto. "Con el honor del hombre este, el crío va a crecer raquítico", pensé yo. Entonces apareció el camarero con una bandeja vacía y una servilleta blanca en el antebrazo, justificando su tardanza porque, según repetía, "La vida es un cuerpo extraño". Y nada me pareció más obvio.

jueves, 16 de enero de 2020

Lope

A veces se encuentran en Lope sonoridades de una modernidad tal, que el lecgtor, desprevenido, se ve forzado por la extrañeza a comprobar que eso que está leyendo es, efectivamente, de Lope. Es el caso -uno entre mil- de estos versos de El arauco domado:

Piraguamonte, piragua,
Piragua, jevizarizagua;
       Bío, Bío,
Que mi tambo lo tengo en el río.
   
Yo me era niña pequeña,
Y enviáronme un domingo
A mariscar por la playa
Del río de Bío-Bío,
Cestillo al brazo llevaba,
De plata y oro tejido;
Hallárame yo una concha,
Abríla con mi cuchillo;
Dentro estaba el niño Amor,
Entre unas perlas metido;
Asióme el dedo, y mordióme;
Como era niña, di gritos.
       Bío, Bío,
Que mi tambo lo tengo en el río.

martes, 14 de enero de 2020

¿Por qué a los niños no les gusta ir a la escuela?

Mi nieto Bruno, curioseando entre mis libros, se sorprende mucho de que tenga uno titulado ¿Por qué a los niños no les gusta ir a la escuela?
- ¿Quién ha escrito esto? ¡Vaya tontería!
- ¿Por qué es una tontería?
- Porque para saber la respuesta se lo podían preguntar a cualquier niño.
- ¿Y por qué crees tú que a los niños no les gusta la escuela?
- Porque pensar cansa.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...