lunes, 18 de febrero de 2019

1827. En Madrid.

El superintendente de policía de Madrid prohibió a los menores de 25 años que no fueran policías llevar bigote, ya que había descubierto que se lo dejaban crecer para poner de manifiesto sus convicciones liberales.

Ventura de la Vega no obedeció y por eso fue interpelado en plena calle por Zorrilla, jefe de policía y padre del futuro poeta. 
- Váyase inmediatamente a una barbería y que le afeiten esos pelos -le ordenó.
- Señor -replicó Ventura de la Vega-, considere usted que son mis únicos bienes raíces...
- ¡A que acaba en la cárcel con todas sus posesiones...!

En ese momento un joven elegantemente vestido le gritó a Zorrilla:
-¡Mentecato! ¿Quién le manda a usted meterse con mi amigo? 
A continuación se presentó como el Duque de Montalvo, bien conocido por su amistad con Fernando VII.

El policía se arrugó, fuese y no hubo nada.

Cuando se quedaron solos, el recién llegado reveló su verdadera identidad. Era Luis González Bravo, periodista de origen sevillano, que tenía un gran parecido con el duque de Montalvo y que con el tiempo llegó a ser diputado, ministro del interior y presidente del gobierno. Estro último, por dos veces.

Un amigo en la Academia

Querido Gregorio :

Muchas gracias por tus saludos. También yo tenía ganas de escribirte y felicitarte por mantener esa líneas de defensa de las Humanidades con tanta claridad como lo sigues haciendo, en libros y entrevistas. (Leí tus recientes líneas en el suplemento de “El País”, y me pareció todo muy bien expuesto. Te recuerdo yo también a veces. Me hubiera gustado invitarte a mi entrada en la Academia, y no lo hice pensando que  Barcelona estaba lejos).  

Un fuerte abrazo, de tu viejo amigo 
Carlos

domingo, 17 de febrero de 2019

Yo soy Franki



Me escribe mi amiga B:

Voilà ce qu’il s’est passé aujourd’hui à Paris. La haine antisémite absolue.
Et encore, toutes les injures ne sont pas sous-titrées, elles sont d’une violence inouïe: Sale juif de merde, tu vas mourir, etc....C’est horrible, j’avoue que ça m’a fait un choc rude.

B.

Le contesto:

Vi ayer esas imágenes vergonzosas con un sentimiento de desolación, porque muestran una derrota de Europa. Al contemplar el rostro perplejo de "Franki", del que tengo tantos libros en casa, me he sentido por primera vez un poco judío.

G.

jueves, 14 de febrero de 2019

Jovellanos y Marías

¡Qué impresionante el finísimo retrato que traza Julián Marías de Jovellanos en Los españoles. ¿En qué demonios estaba yo pensando que aún no me había leído este magnífico libro? En cierta manera es un retrato del Marías íntimo, pues no duda en reflejarse a sí mismo en sus comentarios de los españoles que va recogiendo con cariñoso respeto a lo largo de sus páginas: Jovellanos, Isla, Moratín, Menéndez Pidal, Marañón, Unamuno... Y con lo que va recogiendo construye un test proyectivo de su propia personalidad.

A Jovellanos lo sitúa en la puerta de entrada de Los españoles, y para comprender por qué bastan las palabras con las que nos lo presenta: "era un hombre de esos para quienes la realidad cuenta; no le interesaba suplantarla, ni olvidarla, ni brincar desde ella a cualquier fasmagoría. Por eso no fue nunca ni un demagogo, ni un arbitrista, ni un ideólogo."

Cuando leí la biografía que Nocedal le dedica a Jovellanos, me quedé con su reivindicación del asturiano como figura pionera del conservadurismo hispano. Pero es en las páginas de Marías donde se encuentran los argumentos importantes para hacer posible esta reivindicación. Como muestra, un párrafo de la carta que le escribe Jovellanos a su amigo, el cónsul inglés Jardine, el 3 de junio de 1794: “Dirá usted que estos remedios son lentos. Así es: pero no hay otros; y si alguno, no estaré yo por él. Jamás concurriré a sacrificar la generación presente por mejorar las futuras. Usted aprueba el espíritu de rebelión; yo no: le desapruebo abiertamente y estoy muy lejos de creer que lleve consigo el sello del mérito. Apruebo a los que tienen valor para decir la verdad, a los que se sacrifica por ella; pero no a los que sacrifican a otros entes inocentes a sus opiniones, que por lo común no son más que sus deseos personales, buenos o malos.”

martes, 12 de febrero de 2019

Los españoles

"Ha habido un momento, a comienzos de nuestro siglo, en que el primer problema para un español no era otro que el de España". Así comienza el libro que acabo de abrir. Julián Marías escribió estas palabras el 13 de enero de 1962.


En principal responsable de mi devoción filosófica mariana es mi admirado Rafael Hidalgo, al que veré el 16 de mayo en Zaragoza.

José Maria Carabante sobre La imaginación conservadora

Ser conservador en el Siglo XXI, en Aceprensa

Me llama la atención (y me halaga) el hecho de que tanto Ignacio Sánchez Cámara como José María Carabante sean profesores de filosofía del derecho.


Sánchez Cámara sobre La imaginación conservadora


Ignacio Sánchez Cámara sobre La imaginación conservadora, en ABC



sábado, 9 de febrero de 2019

Ser conservador.

Asegura J.L. Cebrián en la reseña que me arroja hoy en Babelia que "los héroes del pensamiento conservador para Luri son Balmes, Feijóo, Donoso Cortés, Maeztu y Menéndez Pelayo, aunque también Unamuno a ratos; los líderes políticos a admirar, Canovas, Canalejas y Dato."

Bueno... Acepto la posibilidad de que Cebrián me entienda mejor de lo que me entiendo a mí mismo, pero estos son los nombres más citados en mi libro (entre paréntesis el numero de apariciones):

Platón (37), Sócrates (13), Tocqueville (14), Balmes (10) Burke (10), Cánovas (10), Ortega (10), Castelar (9), Fernando de los Ríos (9), Gumersindo de Azcárate (8), Donoso (8), Marx (8), Maura (8), Oakeshott (8), Rousseau (8), Saavedra Fajardo (8), Aristóteles (6), Azaña (6), Chesterton (6), Hayek (6), Isabel II (6), Maquiavelo (6), Menéndez Pelayo (6), Nietzsche (6), Sagasta (6), Vázquez de Mella (6).

Hoy también me encuentro con esta agradable noticia en el suplemento cultural de La Vanguardia:



Y con estas palabras de Ignacio Sánchez Cámara en la reseña que me dedica en ABC Cultural: "El hombre es heredero. Su obligación es la gratitud. Su deber, conservar la herencia recibida, mejorarla y transmitirla. Acaso sea esta la esencia de la actitud conservadora que Gregorio Luri expone maravillosamente en este espléndido libro que defiende 'in partibus infidelium', con razón y pasión, el conservadurismo como forma de vida y como ideología política".

viernes, 8 de febrero de 2019

Dos prólogos

No sé si es comercialmente inteligente hacer publicidad de dos libros justo cuando estoy en plena promoción de La imaginación conservadora. ¿Pero por qué la inteligencia comercial ha de ser más relevante que, por ejemplo, la inteligencia de la amistad?

Escribí estos dos prólogos hace algunos meses y el viento que nos lleva los va depositando estos días en los escaparates de las librerías.

De los dos me siento satisfecho, tanto por el prólogo en sí mismo como, sobre todo, por la relevancia de los textos a los que abren la puerta. 

Vamos haciendo camino...







martes, 5 de febrero de 2019

Cánovas

Siento una profunda y sincera admiración tanto por Cánovas como por Sagasta. Lo que pretendieron hacer con la Restauración me parece admirable y los fallos de la misma (el caciquismo, el principal) no fueron más escandalosos que los habituales en otros lugares. Conviene que nos repitamos a nosotros mismos, al menos un par de veces cada día, que el supuesto fundamental de una España problemática es una Europa aproblemática.

Cánovas ha sido,  muy posiblemente, el político más culto que ha ocupado la Presidencia del Gobierno en España. En su residencia del número 2 de la calle Fuencarral, su biblioteca alcanzaba los 30.000 volúmenes. Allí, entre sus libros, le gustaba pasar las mañanas de los días festivos. Si bien su mal genio y su orgullo a veces mostraban lo peor de su carácter, su inteligencia era muy superior a sus defectos. Además, ¿podría haberse metido sin orgullo en el berenjenal en el que se metió? ¿Y sin mal genio, hubiera conseguido sujetar a los suyos?

Tengo la impresión de que la alternancia en el gobierno era para Cánovas algo muy distinto de lo que era para Sagasta. Para Cánovas significaba dejar ciertos problemas en manos de los liberales, porque afrontarlos tal como debían ser afrontados, significaría la ruina de la coalición que sustentaba el conservadurismo. Esto era especialmente manifiesto en lo relacionado con la posición del gobierno ante la Iglesia. Cánovas en absoluto veía con buenos ojos la intromisión del papado en los asuntos internos españoles, pero una parte sustancial de su partido, sí; así que dejaba el expediente en manos de Sagasta. Sagasta estaba en mejores condiciones que él para aplicar la letra del Concordato.

lunes, 4 de febrero de 2019

Nos vemos en Madrid


Con ellos llegó el surrealismo

En los exilios también hay clases. Posiblemente, en ningún otro lugar se ven más claras las diferencias de clase que en el exilio. Los que no tienen nada que llevarse a la boca, acaban buscando entre sus hermanos de hambre salidas efímeras a su lastimosa cotidianidad, mientras que quienes andan con el riñón cubierto, pueden permitirse el lujo de mantener intactas sus diferencias ideológicas a la hora de organizar sus relaciones sociales. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, entre los exiliados españoles en París de los primeros años de la Restauración. Allí el hambre acabó reconociendo como suyos, y sin distingos, a carlistas, republicanos, cantonales, liberales radicales y almas perdidas..., de forma que no era extraño verlos aliados en el común afán de llevarse algo a la boca.

Cuenta don Benito Pérez Galdós en el episodio nacional que le dedica a Cánovas, que entre estos hermanos de hambre no tardó en despertarse el pícaro surrealista que, por lo visto, todo pobre español lleva dentro. Dos ejemplos de muestra.

"Un tal Boneta, cantonal, me propuso un negocio que consideraba de resultados infalibles. Alquilamos una tienda en la rue Grenelle, y nos instalamos en ella sin muebles ni cosa alguna. Pero en la fachada pusimos este anuncio sugestivo: Misterios de la vida parisién, y en la puerta un rotulillo que decía en letras bien claras: Entrada, un franco." Los primeros días la curiosidad de algún incauto picó el anzuelo. Tras abonar el franco, entraban en el espacio vacío. "¿Pero qué es lo que enseñan aquí?", preguntaban. Boneta, con voz estruendosa contestaba: "¡Rien!".

"Un tal Catuelles, carlista, anunció en la prensa que estaba dispuesto a reconocer todos los hijos legítimos no reconocidos por sus padres. En el anuncio, redactado con frases muy patéticas declaraba que lo hacía por lástima de las pobres criaturas (...). En poco más de seis meses, reconoció ciento dieciocho hijos, y ganó doce mil duros".

viernes, 1 de febrero de 2019

Josep Bartolí

Josep Bartolí en France Culture

Sobre Josep Bartolí en El Café de Ocata:

Hoy ha sido un buen día

Día de pruebas

Están ustedes invitados


Del singular patriotismo hispano

Del singular -y no singularmente acendrado- patriotismo hispano, da muestra el hecho de que en las Cortes se recuerde una sesión como "sesión patriótica". Uno, que es ingenuo, creía que sesiones patrióticas, en las Cortes, eran todas, pero no. Sólo hubo una que mereciese tal nombre. Tuvo lugar un día lluvioso: el 27 de noviembre de 1907, y se discutía sobre la necesidad de tomarse en serio la marina española o, en caso contrario, liquidarla. Maura, Moret, Canalejas y Azcárate no solamente se escucharon con atención unos a otros, sino que compitieron entre sí mostrando su patriotismo. "Conservadores, liberales, demócratas, republicanos fraternizaban en los elogios a sus caudillos y en su admiración por los discursos pronunciados", leemos en El Año Político de Fernando Soldevilla.

1827. En Madrid.

El superintendente de policía de Madrid prohibió a los menores de 25 años que no fueran policías llevar bigote, ya que había descubierto qu...