viernes, 5 de octubre de 2007

Los murciélagos de Aristóteles

Platón fue el primero en alojar murciélagos en la caverna filosófica. En el libro quinto de La República (479 c) hace una referencia a una extraña adivinanza infantil "acerca del eunuco y de lo que le lanza al murciélago.” Gracias a un escoliasta conocemos la formulación de este acertijo: Un hombre que no es hombre, viendo a un pájaro que no era pájaro posado en un palo que no era palo, le tiró y no le tiró una piedra que no era piedra.” La solución era la siguiente: Un eunuco, viendo a un murciélago posado en una caña, le tiró una piedra pómez. Parece ser que esta adivinanza tuvo una larga historia en los ejercicios lógicos de los estoicos.

Pero quien de verdad les concedió a los murciélagos un lugar de honor en la zoosofía fue Aristóteles. Si en Del Alma (III 5. 430a15) compara al intelecto agente con la luz, en la Metafísica (II 1, 993b 9-10) sugiere que quizás la dificultad de la filosofía no se encuentra en las cosas mismas, sino en nosotros, porque

lo mismo que a los ojos de los murciélagos ofusca la luz del día, lo mismo a la inteligencia de nuestra alma ofuscan las cosas que tienen en sí mismas la más brillante evidencia”.

Cuando los neoplatónicos, muy especialmente los alejandrinos, elaboren sus complejas teorías sobre la metafísica de la luz tendrán bien presente esta analogía aristotélica. En ellos parece basarse San Buenaventura cuando escribe en su “Itinerarium mentis in Deum”: “De la misma manera que el ojo del murciélago se comporta respecto a la luz, así se comporta el ojo de nuestro entendimiento respecto a lo más manifiesto de la naturaleza”. Hasta aquí parece fiel al texto de la Metafísica, pero se aleja del mismo al añadir lo siguiente: “Porque habituado a las tinieblas de los entes y de las imágenes sensibles, cuando ve la luz del propio Ser Supremo le parece que no ve nada, no entiende que esta oscuridad es la iluminación suprema de nuestra mente”. O sea que para el santo filósofo la oscuridad se encuentra en las cosas creadas, pero no en Dios.

En la filosofía contemporánea Thomas Nagel ha revitalizado con fuerza la herencia aristotélica en un ensayo de título expresivo: “¿Cómo es ser un murciélago?”. Entre nosotros hay que citar inexcusablemente a Víctor Gómez Pin, autor de “Los ojos del murciélago”, y a Jorge Semprún, que en el acto de su investidura como doctor honoris causa de la Universidad de Tel Aviv (19 de marzo de 1989) pronunció un magnífico discurso titulado “De la perplejidad a la lucidez” en el que coteja la metáfora aristotélica del murciélago con una fábula talmúdica que trata de un gallo y un murciélago:

“Ambos esperan la luz del alba. Y el gallo le dice al murciélago: «Yo espero la luz, porque la luz me es familiar, pero tú ¿para qué te sirve la luz?» (Sanhedrín 98b).

Se refiere a esta fábula Emmanuel Lévinas en uno de sus espléndidos comentarios a los textos mesiánicos. Y la utiliza para subrayar la función de la inteligencia. «La alondra que saluda al sol», dice Lévinas, «todo el mundo puede hacerlo. Todo el mundo es capaz de saludar la aurora. Pero distinguir el alba en la noche oscura, la proximidad de la luz antes de que resplandezca, en eso consiste tal vez la inteligencia».”

Semprún culmina su comentario recogiendo un hermoso aforismo poético de René Char:

“En sus Feuillets d'Hypnos, libro admirable nacido de la experiencia de René Char durante la resistencia antinazi -libro, por otra parte, que mereció un pertinente estudio de Hannah Arendt-, dice el poeta: «La lucidité est la blessure la plus rapprochée du soleil».

En efecto, la lucidez es la herida más próxima al sol.

10 comentarios:

  1. Gregorio: Me quito la "espina" de la "vaca yóguica" con este sutra referido a la luz de la conciencia.

    ..."Por medio de la luz que proporciona el conocimiento obtenido en la interiorización profunda, el cual ilumina cualquier cosa incluso escondida o remota, el yogui observa con claridad lo que surge en la mente, como si lo tuviese en la palma de la mano..."

    Le remito a esta web en la cual se abordan temas filosóficos de yoga con bastante seriedad.
    Le agradezco profundamente este post. Un abrazo muy fuerte.

    http://www.abserver.es/yogadarshana/3-05.htm.

    ResponderEliminar
  2. Neelam: Le agradezco profundamente su agradecimiento, de verdad.

    ResponderEliminar
  3. ¿Cuándo tendrá el puercoespín la atención que se merece?

    ResponderEliminar
  4. Andaba hojeando 'Ada o el Ardor', hace unos minutos, para ver si éste era su momento; y me he encontrado por casualidad un fragmento que mencionaba varias veces los murciélagos. Pensé en usted. Quiero decir: el post que acaba de leer aquí.

    ResponderEliminar
  5. Jordi: ya he hablado dos veces de los puercospines de schopenhauer:

    http://elcafedeocata.blogspot.com/
    2006/07/los-puercoespines.html

    http://elcafedeocata.blogspot.com/
    2006/07/los-puercoespines-ii.html


    Si puedes facilitarme alguna información complementaria, te lo agradeceré.

    ResponderEliminar
  6. Kasandra: ¿Qué le parece esa novela? Yo la devoré con absoluta pasión hace casi 30 años. Hace un par intenté releerla con toda la ilusión del mundo, se me cayó de las manos. Lo cual, obviamente, no quiere decir nada respecto de la obra, sino de mis manías.

    ResponderEliminar
  7. oYo la lucidez la veo más bien diáfana y la luz la reservo para lo emocional. Creo que lo más lúcido lo elaboramos en insomnes noches cerradas.
    Los murciélagos deben ser muy listos. Por las noches ya se sabe que hay más actividad que de día, aunque la luz tiene su verdad energética irremplazable, por esto el cerebro tiene sus pilas en funcionamiento día y noche.
    Y su flash.

    ResponderEliminar
  8. Me parece que al tipo que me la recomendó le entusiasmó. Me parece que sí que la leeré... algún día. Pero él dejó de entusiasmarme a mí y eso influye. Tengo aquí libros abiertos en esta mesa, y en la otra, que me debería dar vergüenza. Los leo a ratos... un rato uno y otro otro.. y me voy enterando más o menos pero que no me apasiona un libro... ufff, y es que creo que no tengo ya edad pero me está gustando 'Las particulas elementales'. Por sintonía emocional con uno de sus protagonistas, al principio y hoy porque me ha caído en gracia una pava de mi edad que piensa más o menos como yo pienso. Y es que es tan raro. Como se nota que la ha imaginado un hombre :)

    Ya le contaré... de 'Ada'

    ResponderEliminar
  9. Ah, y que yo me apunto a lo de las serpientes si por aquí andan...

    ResponderEliminar
  10. Nunca he visto un blog que trate éstos temas de una forma tan completa. Es mucho más fácil comprender de lo que se habla así... Gracias.

    ResponderEliminar

El amparo de las sombras

Reseña en Libros de Cíbola