sábado, 29 de febrero de 2020

Galbana

A veces, después de una época de trabajo intenso, se apodera de mí una pereza dulce, una somnolienta galbana que me tiene como descoyuntado, como si cada parte de mi cuerpo si hubiera tomado unos días de vacaciones. En estos casos no me apetece ni leer, ni escribir, ni andar, ni cocinar, ni oír música, ni hacer otra cosa que no sea tumbarme en mi sofá a la bartola, arroparme con mi manta preferida, acumular cojines bajo mi cabeza e ir pasando canales de televisión, sin entretenerme en ninguno más de diez minutos. Es como si algo en mí necesitase recomponerse y cargar baterías para la nueva embestida. No solo no siento vergüenza de esta dejadez vegetativa sino que me siento dichoso por poder permitírmelo. Mi mujer me deja hacer quizás porque sabe que esa es casi toda la televisión que veo.

lunes, 24 de febrero de 2020

Inteligencia política

"Cuando era embajador en España, observé que, cada vez que su majestad católica Fernando de Aragón, el príncipe más poderoso y sabio, estaba a punto de embarcarse en una nueva empresa, o de tomar una decisión de gran importancia, lo hacía de tal manera que, antes de conocer sus intenciones, toda la corte y el pueblo ya insistían y exclamaban que el rey debía hacer tal o cual cosa. Luego anunciaba su decisión justo cuando todos la esperaban y clamaban, y es increíble qué justificación y favor encontraba entre sus súbditos y sus dominios".

En la pág. 96 de:



domingo, 23 de febrero de 2020

Se ha ido el Fari

Se ha ido el Fari. 

Ha cogido sus cuatro bártulos y se ha vuelto para África. Antes de marchar nos pidió un teléfono móvil en desuso para su madre viuda. A sus hermanos les llevaba camisetas del Barça. Hicimos una colecta en el bar y le compramos un móvil nuevo. Nos dio las gracias y se fue. Y ahora echamos en falta lo que se reía cuando Antón le decía: "Fari, cuando cruces la carretera, sonríe, que si no, no se te ve y un día vas a tener un disgusto". Y él sonreía para nosotros mientras descargaba la calderilla de sus bolsillos sobre la barra del bar y hacía montoncitos con las monedas, agradeciendo nuestro interés y nuestras bromas y el vaso de agua de cada día. 

Cada noche a eso de las diez emergía de la oscuridad de la playa y cruzaba la vía del tren y la N-II arrastrando su carro de la compra lleno de abalorios.

Durante el verano aún iba tirando, pero estos dos últimos meses lo único que vendía era pequeños elefantes anticrisis de un plástico vetado y quebradizo, con la trompa levantada, a un euro la unidad.

- Comprar, esto contra crisis. Elefante buena suerte.

Si alguien le replicaba que no estaba en crisis, el Fari hacía de los elefantes amuletos amorosos. ¿Quién no busca un trabajo más alegre o un amor más seguro?

Yo solía acompañarlo por las mesas para animar a los clientes a superar la crisis por un euro. Con irregular fortuna, todo hay que decirlo. Además un cliente que le compró un elefante tuvo un accidente doméstico y apareció una noche con muletas y un humor corrosivo que le hizo mucho daño a nuestra campaña de márqueting.

Más de una vez estuvieron a punto de atropellarlo al cruzar la carretera. Un conductor desalmado arremetió una noche contra el carrito voluntariamente, se lo arrancó de la mano y desparramó toda la carga de pulseras, anillos, collares y elefantes anticrisis por la Nacional II. Era bien triste oír su crujido bajo las ruedas de los coches mientras el Fari se llevaba desconcertado las manos a la cabeza.

- Fari, sonríe cuando cruces, que si no, no se te ve.

Nos dijo que para estar aquí sin hacer nada, prefería estar sin hacer nada en su pueblo de Senegal. Y se fue a refugiarse de la crisis en África. Ahora, cuando hace buena noche en Ocata, sentados en la terraza del bar, miramos a la oscuridad, por donde aparecía el Fari con su carro de la compra repleto de bisutería barata, y nos decimos que quizás el día menos pensado, en cuanto apunte la primavera, lo veamos reaparecer, como los brotes verdes.

La Controversia

Entrevista en La Controversia

sábado, 22 de febrero de 2020

El razonamiento como racionamiento

El razonamiento políticamente correcto es aquel que le impone las conclusiones materiales a las premisas. Es decir, aquel que establece a priori las conclusiones materiales legítimas de cualquier razonamiento.

viernes, 21 de febrero de 2020

El fin del humanismo

“Human babies are not born self-aware, or capable of grasping that they exist over time. They are not persons [therefore] the life of a newborn is of less value than the life of a pig, a dog, or a chimpanzee.” 

 - Peter Singer, profeta de los derechos de los animales.

En The Guardian

miércoles, 19 de febrero de 2020

¿Son los animales políticamente incorrectos?

Encuentro sumamente divertido algo que escribe el etólogo Frans de Waal  con completa seriedad y abundante aporte de pruebas, en su libro El último abrazo (Tusquets, 2019).

Lo que viene a decirnos es que nosotros, los humanos, podemos discutir sobre la existencia o no del género, pero que nuestros primos, los primates, no tienen ninguna duda a la hora reconocer si lo que tienen delante es un hombre o una mujer, y actúan en consecuencia. Los machos jóvenes de los laboratorios tienen erecciones en cuanto ven a una mujer y las perciben con tanta nitidez que si un experimentador se disfraza de mujer, no se dejan engañar. No muestran en este caso ni el más mínimo interés sexual. 
¿Cómo lo hacen?

Esta es la respuesta de de Waal: "Se fijan en la única diferencia sexual visible que es frecuente en el reino animal: los movimientos masculinos tienden a ser más bruscos y resueltos que los de las hembras, de movimientos más fluidos y flexibles. Ni siquiera necesitamos ver cuerpos completos para apreciar esa distinción. Los científicos han comprobado que si se colocan puntos luminosos en brazos, piernas y pelvis de personas y se les filma caminando, estos puntos contienen toda la información que necesitamos para distinguir el género. Mirando solo unas pocas manchas blancas en movimiento sobre un fondo negro, los sujetos experimentales pueden decir enseguida si están viendo un hombre o una mujer. Si podemos discernir con precisión el género de la gente con una información tan escasa, no es difícil ver por qué la masculinidad o feminidad humana es un libro abierto para tantos animales. Esta capacidad también funciona al revés, porque yo puedo distinguir con seguridad desde lejos si un chimpancé es macho o hembra solo por su forma de moverse."

Segunda edición


Y no hemos hecho más que empezar.

martes, 18 de febrero de 2020

Programa de gobierno

I
"Mi programa es que nos gobiernen con buena educación".

- Jacinto Benavente.

II
Termino un prólogo para un libro de Scruton de próxima aparición. Me siento satisfecho, un poco más ancho y más grande, hasta ligeramente más alto. Un buen trabajo es el mejor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos.

III
Tengo pendientes un artículo sobre conservadurismo para una revista importante y otro prólogo para un libro sobre el gran Pierre Manent.

IV
Inicio un nuevo libro. Será corto, poco más der 100 páginas, pero es un proyecto ilusionante de una editorial dinámica. Debo acabarlo en un par de meses. No será difícil, porque tengo bastante material recogido.

V
Ando dándole vueltas a un artículo largo para El Mundo. Título: El psicosocialismo. Y a la continuación de la Imaginación conservadora.

VI
Siguen los pintores en casa, pero el caos ya parece decidido a ir dejando paso al orden.

VII
Sí, hago mío el programa de Jacinto Benavente.

VIII
Mañana voy a un colegio de Hospitalet a hablar con los profesores sobre lectura. Hoy me han dicho en Plataforma que ya han sacado la segunda edición de Sobre el arte de leer.

viernes, 14 de febrero de 2020

Libros

Me ve escribiendo en la mesa del café y me pregunta qué estoy haciendo.
- Estoy escribiendo un prólogo.
Le explico qué es un prólogo.
Se queda mirándome, perplejo, y finalmente me dice:
- ¡Con lo que cuesta leer un libro, para que además le pongas prólogos de esos!

Le comento la anécdota a un amigo y cuenta lo que le ocurrió a Haro Técglen. En el transcurso de una mudanza se disculpó por la cantidad de libros que había que trasladar. "Peor usted -le contestaron- que tiene que leerlos".

lunes, 10 de febrero de 2020

Diario de una guerra mal recordada

Hace unos años tuve en mis manos el diario de un abogado católico barcelonés. Lo inicia el 1 de enero de 1938, en plena guerra civil y describe con una naturalidad asombrosa, casi costumbrista, tanto los desastres de la guerra como detalles íntimos de su biografía. 

Junto a las explosiones de las bombas, el autor se detiene a hablar de una morena que se asoma cada día al balcón o de sus dudas sobre si debe continuar o no su noviazgo. Cree que quiere a su novia, pero la encuentra fea, prematuramente envejecida y vulgar…  Intenta contarle de manera delicada sus sentimientos, pero ella se lo toma a broma. 

Barcelona es un hervidero de sospechas. Se habla de quintacolumnismo. Hay detenciones. Hay mucho miedo a los coches desconocidos que se detienen por la noche ante las puertas de las casas. Una sospecha es una condena a muerte… si es que se sale vivo de la checa. 

Uno de los detenidos es el hermano del autor. Sospecha que está en la checa de la calle Vallmajor. Corre con su cuñada a llevarle ropa limpia sin saber si lo encontrará aún con vida. "Vuelva usted la semana que viene", le dicen. 

¿Cómo dejar a una novia a la que ya no quieres en medio de una guerra civil? 

Como abogado tiene que defender a detenidos en los que son evidentes las huellas de malos tratos. El fiscal pide para su hermano pena de muerte. Lo defiende él y consigue 30 años de internamiento. 

Aumentan los acusados de espionaje. Hay un fiscal de rasgos sádicos. Se burla de una mujer de más de sesenta años diciéndole que por las noches se sube a una escoba y se va a dormir con Franco, pero que lo que a ella le gustan son los "curitas". 

Compra 25 gramos de tabaco por 40 pesetas. Una fortuna. Tiene mala conciencia, pero sabe que lo volverá a hacer. 

Le gusta estar con su cuñada. Se siente a su lado mejor que con su novia. 

El fiscal impertinente se dirige a una mujer acusada de haber robado en la fábrica en la que trabaja: "¿Pero mujer, si querías tener algo en la mano, por qué no te buscas un novio?” 

En enero del 39 se hunde aparatosamente Cataluña y en esos días es su novia quien lo deja a él. Sorprendentemente ahora echa en falta a “esa chica que era tan mía”. Siguen las bombas, pero la gente parece acostumbrada. 

Lunes 23 de enero: Barcelona, una ciudad muerta. Martes 24: llegan noticias de que ha caído Sant Boi. Hay mucha gente que carga con todo lo que puede y abandona la ciudad precipitadamente. Miércoles 25: Saqueo de las tiendas. Jueves 26: Barcelona liberada. “Toda la vida recordaré con emoción este día”. 

Se apunta como voluntario en el ejército de Franco y viaja a Castellón. El 18 de marzo viendo a su alrededor el comportamiento de las tropas a cuyo lado combate, se pregunta: "¿Y con gente así es posible hacer una nueva España?" 

domingo, 9 de febrero de 2020

Voramar

Hace unos años la Fortuna nos llevó a mi mujer y a mí hasta el hotel Voramar de Benicàssim, donde pasamos tres días inolvidables. En aquel momento yo andaba recopilando material sobre las Brigadas Internacionales y resultó que este hotel había sido un hospital de las Brigadas. Aquí traían a los heridos en el frente de Teruel. Nos gustó mucho la terraza y nos prometimos volver, pero el tiempo iba pasando y el Voramar parecía condenado a incrementar el montón de deseos indefinidamente postergados.


Pero ayer estuve en Castellón. Participaba en un debate, en el hermoso Casino Antiguo, con Ferran Riera, un monstruo de generosidad. Ferran es tan grande que a su lado todos somos enanos y eso está muy bien, porque en lugar de degradarnos, nos impulsa a mirar hacia arriba, hacia lo alto, a donde no llegan las moscas, sino las águilas. 

Había dado por supuesto que me alojarían en un hotel de esta ciudad, pero me dijeron que no, que tenía habitación reservada en un hotel de Benicàssim, ciudad a la que iríamos a cenar.


El día en Castellón fue largo y entretenido. La temperatura animaba a pasear perezosa y caprichosamente por la ciudad, siguiendo los caprichos del momento y el azar amigo se encargó del resto: al poco tiempo di con una librería de viejo. En realidad, en Castellón, según pude comprobar después, lo que hay es tiendas de libros de segunda mano. Ya he dicho por aquí que se sabe mucho de una ciudad por lo que revelan de las misma sus libros usados.

Compré un par de libros, debatí con Ferran largo y tendido sobre el alma, la fidelidad y el perdón y a la noche me llevaron a cenar a una casa de Benicàssim. Fue una una cena muy agradable, emotiva, bien surtida de alimentos y relatos, y muy larga.

Cuando me dejaron frente al hotel vi enseguida que se trataba del Voramar. Al llegar a la habitación lo primero que hice fue salir a la terraza y enviarle una foto de la misma a mi mujer, que está en Pamplona. Se oían las olas, pero apenas se intuía el mar. 

Después, en la oscuridad de la noche y en la soledad la cama, no podía dejar de pensar en brigadistas. 


Esta mañana he saltado de la cama para salir inmediatamente a la terraza. Y allí estaban la brisa marina, la luz, la espuma de las olas.... recomponiendo la imagen que yo guardaba en mi memoria de todo aquello. 

Las cosas sólo son cosas si no nos ha pasado nada con ellas, si han sido testigos mudos de una hora anónima de nuestras vidas; pero cuando están cargadas de sentido, son parte de nosotros mismos y al reencontrarte con ellas se despierta nuestra memoria y sientes que algo de ti se expande para abrazarlas y acogerlas. Las cosas también tienen su alma. Se la dimos nosotros cuando fuimos felices a su lado. 

Venían a buscarme a las 11:15. He dedicado toda la mañana a esa terraza... y a Pemán, que me lo encontré ayer en la librería de libros de segunda mano de Castellón.

jueves, 6 de febrero de 2020

Madrid

Regreso de Madrid agotado, pero contento. Muy contento.

Ayer por la mañana estuve en la Asamblea de Madrid, hablando con portavoces de diferentes grupos políticos. Por la tarde, ayuntamiento y Save the Children. Si todo sale como parece que va a salir, contaré los detalles del asunto.

Estando en la cafetería de la Asamblea, me llamó Daniel Capó. Nos animamos mutuamente a desarrollar una idea que tenemos sólo esquemáticamente esbozada. Justo en ese momento tenía delante a alguien que podía ayudarnos. Inmediatamente se pusieron los teléfonos en marcha. Quizás haya financiación. No hay plan que valga si no se cuenta con el momento oportuno. Se trata de un proyecto quijotesco, ambicioso y exigente. Saldrá bien. También os informaré en su momento.

Esta mañana, visita a The Objective y recorrido por varias librerías de viejo. Me he hecho con los Ensayos sobre Valera de Manuel Azaña.

¡Españoles! ¡A mojar!

En The Objective.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Steiner, un amante celoso

Necrólogica sobre Steiner que firmo hoy en El Mundo:

He bajado a escribir esta necrológica a la terraza del Petit Café, en la Plaza de Ocata. Al fondo de la calle Pintor Miquel Villá está el Mediterráneo. A esta hora la luz del mediodía le arranca chispeantes reflejos asalmonados a su superficie. 
La cultura es esto: el intento de combatir con palabras el silencio del ser. Es importante recordarlo en la muerte de Steiner, humanista rezagado, porque hoy, a las puertas del poshumanismo, nos sentimos más necesitados que nunca de palabras.
Son frecuente los lamentos por la crisis del humanismo. Pero no está nada claro que lo que nos mueva sea el amor a las humanidades. Pudiera ser que detrás de nuestras quejas sólo haya miedo al creciente antihumanismo, de forma que sólo seamos anti-antihumanistas.
El humanismo era el acicate que nos animaba a combatir la vulgaridad que llevamos adherida al alma y que no se conformaba con entender la democracia como una universal aspiración a la igualdad. Propugnaba una igual aspiración a la excelencia. El humanista sabía que la respuesta a lo que es el hombre no se encuentra en los huesos de Atapuerca, sino en su aspiración a alcanzar la mejor versión de sí mismo. Por eso es esencial ofrecer a los jóvenes motivos de estudio que trasciendan los huesos de Atapuerca.
            Steiner quería ser visto como un cartero que lleva a su destinatario estos motivos, o sea, las cartas que dirigieron los grandes autores a las nuevas generaciones. Los jóvenes necesitan un cartero que los ponga en contacto con los grandes. Si los clásicos se han vuelto difíciles no ha sido por su culpa. Leer es situar un texto en un contexto. Por eso, para entender a Góngora hay que situarse en su contexto preciso, lo cual requiere tener bien nutrida la biblioteca ambulante que es nuestra memoria. El texto no es un pretexto, sino una de las formas de Eros, aquel Dios que los antiguos llamaban “simiente de la unión”. Nos permite profundizar en nuestra alma, nos enseña a pensar con matices (el matiz es la honestidad de la inteligencia), nos mantiene en relación con lo grande. La relación entre maestro y discípulo nos dice en Lecciones de los Maestros es una relación erótica.
            El profundo rechazo de Steiner a los métodos pedagógicos suaves tan en boga, se explica por su abandono de la memoria (“el poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros”) y del silencio (“el miedo de los niños al silencio me da miedo”). 
Una de sus películas preferidas era Il postino, de Michael Radford, basada en la  Ardiente paciencia de Antonio Skármeta.
"Un maestro -dice Steiner- es el celoso amante de lo que podríamos ser". 
Para poder amar lo mejor que podemos llegar a ser, alguien nos lo ha de hacer visible y deseable. Cuando tal cosa sucede, hemos conquistado el derecho a tener un alma, porque, ¿qué es el alma, sino la palabra que lo mejor que podemos llegar a ser dirige a lo que somos? 
Rememorando sus años de estudiante en la Universidad de Chicago, cuenta en Errata que Leo Strauss comenzaba sus cursos con estas palabras: “Damas y caballeros, buenos días. En esta clase no se mencionará el nombre de…, que por supuesto es estrictamente incomparable”. Evidentemente, él tampoco lo nombraba.
Repite la anécdota en Celan y Heidegger: diálogo en el silencio, pero añadiendo que Strauss insistía en que estaba prohibido mencionar el nombre de Heidegger en su seminario.
Inevitablemente, los alumnos de Strauss se susurraban el nombre del innombrable y al salir de clase corrían a la biblioteca: “Esa noche intenté hincarle el diente al primer párrafo de ‘Ser y tiempo’. Era incapaz de entender incluso la frase más breve y aparentemente directa. Pero el torbellino ya había comenzado a girar y tuve el presentimiento radical de un mundo absolutamente nuevo para mí”.
 “Esta es la cuestión –concluye Steiner-. Llamar la atención de un estudiante hacia aquello que, en un principio, sobrepasa su entendimiento, pero cuya estatura y fascinación le obligan a persistir en el intento.” Esta es la cuestión, podríamos decir también: despertar en el alumno el deseo de elitismo intelectual.
            Strauss puso a Steiner en contacto con el legado que Rosenzweig desarrolló en la Freies Jüdischen Lehrhaus de Frankfurt. Rosenzweig, más interesado por el heroísmo intelectual de los judíos que por el sionismo, creía que la manera genuinamente judía de enseñar es la traducción. En una carta a su primo Hans Ehrenberg, convertido en 1911, le dice: “el aprendizaje judío se corresponde, poco más o menos, con lo que para vosotros es un sacramento.” Es una ética del enseñar aprendiendo, cuya transmisión era el mayor servicio que podía brindarse a la propia cultura. Basándose en Rosenzweig, Leo Strauss desarrollará su propio proyecto de “aprender leyendo” (lesendes Lernen) para ayudar a sus alumnos a relacionarse con los grandes problemas recogidos en la literatura clásica. Steiner (como Rorty o Sontag) bebe directamente de esta fuente. Por eso afirma constantemente el poder moral de la literatura y, por lo tanto, lo que podemos llamar “el  deber moral de ser inteligentes”. En una ocasión dijo que “un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor”.
Y, sin embargo…
            ¿Es el humanismo suficiente?
            Esta es la pregunta que queda como incómoda sospecha en el fondo de nuestras apasionadas lecturas de Steiner. Está formulada explícitamente en el prefacio de Lenguaje y silencio, donde quiere ofrecernos una respuesta humanista aparentemente consoladora: “La pérdida de valor de la palabra es un fenómeno inseparable del triunfo de la barbarie”. Podríamos suponer, entonces, que el mantenimiento del valor de la palabra nos protege de la barbarie. Pero no parece ser esta una verdad autoevidente, ya que la misma lengua que sirve para amar también sirve para insultar, herir, despreciar, anonadar, aniquilar… Este es el legado trágico que el siglo XX europeo le ha dejado al humanismo.
            Heidegger dejó dicho que “la palabra posee al hombre”. Pero entre nazis y estalinistas había no pocos letraheridos. Los libros no les impidieron ejercer de verdugos. Hoy sabemos que es perfectamente factible leer a Goethe por la mañana, escuchar a Bach a medio día y ser guardián de Auschwitz por la noche.
            Y, sin embargo…
            Es imposible no hallar en Steiner la terca voluntad de encontrar en el legado de los grandes textos aquellas palabras que podamos transmitir a los jóvenes para impedir la invasión vertical de la barbarie.
            Se ha ido dejando la tarea inacabada. Pero en la continuación de su esfuerzo se juega el humanismo, hoy, su razón de ser.

lunes, 3 de febrero de 2020

Steiner

George Steiner, que fue su discípulo en la Universidad de Chicago, nos cuenta que Strauss comenzaba sus cursos con estas palabras: “Damas y caballeros, buenos días. En esta clase no se mencionará el nombre de…[y aquí pronunciaba un nombre teniendo buen cuidado de que fuese inaudible], que por supuesto es estrictamente incomparable”. 

Inevitablemente los estudiantes se lanzaban voraces al filósofo impronunciable. “Esa noche –añade Steiner-, intenté hincarle el diente al primer párrafo de Ser y tiempo. Era incapaz de entender incluso la frase más breve y aparentemente directa. Pero el torbellino ya había comenzado a girar y así tuve el presentimiento radical de un mundo absolutamente nuevo para mí.”

Almar


Hay palabras que debieran existir.

Por ejemplo, si existe desalmado, debiera existir almado.

Si si existe desalmar, debiera existir almar.

De hecho, ya tenemos un desanimar y un animar.

domingo, 2 de febrero de 2020

Hoy

Hoy, atención, es el


02/02/2020

Veremos si al finalizar el día esta simetría especular ha querido decir algo.

sábado, 1 de febrero de 2020

Repúblico o cosmopolita

Dice García-Máiquez en The Objective que, para muchos británicos -la mayoría, de hecho-, el brexit se ha presentado como la garantía de que no acabarán siendo ciudadanos del mundo. Ha dado en el clavo.

El dilema político fundamental de nuestro tiempo es el de la elección fatal (o elegimos nosotros o elegirán por nosotros) entre repúblico o cosmopolita.

Me gusta la palabra "repúblico", muy frecuente en los tratadistas políticos hispanos, que se mantuvo viva hasta el primer tercio del siglo pasado. Es la mejor traducción del "zoon politikón" aristotélico. 

Lo que nos decía el estagirita no es que el hombre sea un animal ciudadano, sino que es un animal político, que está moldeado por una "res pública" (una "politeia") y, por lo tanto, se debe, al menos en parte, a ella.

A mi modo de ver, los únicos cosmopolitas -ciudadanos del mundo- coherentes han sido los cínicos (herederos de Antístenes, Diógenes y Crates), porque pretendían vivir no sólo sin la protección de ningún Estado sino contra la protección de cualquier Estado, por considerarla contraria a la genuina vida natural. Para ser de verdad cosmopolita hay que limitarse a ser ciudadano de la Naturaleza.

Para llevar a cabo su pretensión, los cínicos se comprometieron con un impertinente ejercicio de la libertad de palabra y con una radical renuncia a todo derecho de propiedad. El cínico siempre está de paso, porque esta es la manera cabal de asumir íntegramente la propia naturaleza sin ceder parte alguna de la misma a la gestión del Estado.

El nuevo cosmopolitismo es menos coherente, pero es más insidioso. Se presenta como ciudadanía con derechos de propiedad y, sobre todo, de subsidio, sin deudas hacia el Estado cósmico que le garantizaría mágicamente el ejercicio de esos derechos pero permanentemente en deuda con la naturaleza.





Calor

Hace un calor pegajoso, de melaza hirviendo, denso; hace ese calor que parece fomentar la insolencia de las moscas. Hace un calor que me ani...