viernes, 19 de octubre de 2007

Tras leer "Los príncipes valientes"

¡Qué novela has escrito, Javier Pérez Andujar! ¡Qué novela has escrito!

Te confieso ahora lo que te quería decir ayer por teléfono y no me atreví: que la he estado leyendo con un nudo en la garganta, porque en cada página he encontrado la reivindicación honesta de la literatura como arte contra la desmemoria, sobre todo contra la desmemoria voluntaria. Y la reivindicación está hecha como sólo merecen reivindicarse estas cosas, con la verdad, rimando cada palabra con su propio sentido.

Ayer, sentado en un banco del camino que une Masnou con Montgat bordeando la playa, con las chimeneas de Sant Adrià al fondo, como mojones fieles, y por lo tanto desnudos, de la historia, tuve que llamarte para decirte cuánto te admiraba, porque has escrito una novela que nos permite reivindicar, a toda una generación (permíteme que me incluya en la tuya, aunque ya esté en el límite de la generación precedente) nuestro desarraigo, sin orgullo, sin sacar pecho, pero con dignidad. Nos has dado un rostro.

Para escribir así uno tiene que traicionar, inevitablemente, a medio mundo. Nuestros padres nos empujaron a desarraigarnos, a salir de casa en busca de fortuna por los pupitres de las escuelas, de los institutos y de las universidades y cuanto más les obedecíamos, más traicionábamos a nuestro origen, más sabíamos que nunca volveríamos a encontrarnos con el elemental acomodo con que en nuestra infancia nos situábamos en el mundo. Y así estábamos, en una tierra de nadie, desclasados y sin patria, intentando buscar refugio, tú en las palabras y yo en el jugo que destilan cuando se las exprime para arrancarles las ideas. Es evidente que tú, finalmente, lo has logrado.

Con "Los príncipes valientes” reivindicas tu desarraigo haciendo de tu reivindicación un refugio en forma de novela que, estoy completamente seguro de ello, pasará a la historia de la literatura española.

Has escrito sin proponértelo “El Jarama” de una Cataluña que no para de gesticular intentando quitarse según qué pasados de encima. Y tú confiesas que el Besós ha existido. ¡Claro que ha existido! Has escrito una novela profundamente catalana en un castellano precioso, en un castellano minucioso de quien sabe mirar y ver. Tu testimonio tendrá mas fuerza, lo sé, que todas la incredulidad de los narcisistas que nunca se atrevieron a mirarse en las aguas del Besós y, además, no deja ni el resquicio de una palabra para el resquemor.

Hoy he vuelto a llamarte para decirte que me he encontrado con M*, el Gran Crítico, y que hemos estado hablando de tu novela y que me ha dicho que es muy original. “Pero no es sólo eso”, le he contestado yo, “es, además, una gran tratado de ética, con una prosa perfecta, sincera y valiente”. Él me ha reconocido que así era y que has firmado la mejor novela de tu generación. Y yo te he llamado para decírtelo y asegurarte que la semana que viene aparece su crítica.

Después, al terminar las últimas páginas he podido deshacer el nudo que tenía atravesado en la garganta y he pensado en Tom Sawyer y en Huckleberry Finn, porque ellos solos modificaron para siempre el curso del Mississippi con una contundencia mucho más indeleble que la que tendrá nunca su corriente. Es lo que han hecho tus "Príncipes valientes" al hacer desembocar al humilde río Besós en la historia de la literatura.

2 comentarios:

  1. "Filosoficament" somos magotago y yo misma, aunque al no firmar no hay manera de saber quién es quien, el comentario a Koselleck es de magotago. Es que está usted en todo!

    Saludos

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  2. que como me ha gustado su elogio, don Gregorio. y que hoy alguien volvió a decirme eso de que soy atípica y me acordé de usted. era un tío muy serio :))

    imagínese usted... también le hablé de Baroja...

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Z.

Me cuenta su viuda que en el transcurso de una revisión, a Z. le encontraron un pequeño carcinoma en un pulmón. Nada grave, en estos tiempo...