lunes, 22 de octubre de 2007

Padre no hay más que uno

Cuenta Quintiliano, que era de Calahorra, que es una ciudad riojana que se ve desde mi pueblo, y que posiblemente ya en aquellos tiempos hacía unas morcillas tan sabrosas como las que hace en la actualidad, que tres hermanos decidieron matar a su padre. Para no restar agravantes a su conducta, especifica que organizaron minuciosamente el parricidio con bastante antelación. Decidieron que el mejor momento sería la noche, mientras su progenitor dormía confiadamente. Echaron a suerte quién de ellos entraría el primero, etc. Pero en el último momento les faltó valor. El padre se despertó y vio a sus tres hijos rodeando su cama, con puñales en las manos e inmediatamente comprendió lo que ocurría.

¿Qué hizo?

Pues los perdonó. Y, además, decidió defenderlos de la acusación de parricidio que alguien ajeno a la familia había presentado ante el tribunal al enterarse de lo ocurrido.

Quintiliano recoge la arenga del padre, en la que decía:

“¿Hay necesidad de contar los hechos, paso por paso, cuando lo que tenemos delante es una acusación de un delito de parricidio contra unos jóvenes, cuyo padre vive y hasta se pone de parte de sus hijos?"

Por si fuera poco con el argumento anterior, este padre magnánimo dirigió la acusación contra sí mismo:

“Pero si me exigís una inductora confesión de mi culpabilidad, diré que yo he sido un padre riguroso y vigilante avaro de un patrimonio, que tiempo ha podía haber sido administrado por ellos de mejor manera.”

8 comentarios:

  1. esta anecdota me recuerda la situación que viven actualmente los profesores de secundaria que por miedo a las reprimendas son capaces de autodenominarse malos profesores... algo huele mal cuando un mayor carga con los actos de un joven vándalo.

    (opinión de alguien que no tiene niños y que una vez los tenga, como toda buena opinión, es posible que cambie).

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  2. Realmente el calagurritano pretende ofrecer un ejemplo de retórica judiciaria. No sé si consigue convencer a los jueces, pero al sentido común, no.
    Lamentablemente tengo que darle la razón sobre la analogía que presenta usted con los profesores de secundaria. No había caído en ello, pero es exactamente así. El profesor de secundaria diría algo así como "la culpa en último extremo es sólo mía porque no los he sabido estimular".

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  3. No es por miedo a la reprimenda por lo que los galfarros atraen sobre sí la culpa diciendo que es sólo suya por no haberles estimulado.

    Sino por su amor NAZI a la estimulación que les lleva a auto-flagelarse. Se creen que sus alumnos son perro y, la gente tan tranquila. (De Paulov)

    (En muchos pueblos de burgos a los maestros se les llama "galfarros").

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  4. Jesús, eso sí que es una iluminación.

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  5. Despertar teniendo la muerte tan cerca seguro que trae consigo "el despertar" de una conciencia más lúcida, más iluminada.
    Los hijos apreden y repiten patrones de los padres (lo digo porque soy madre y he sido hija) Ese padre seguro que había "matado" anteriormente algo profundo en sus hijos...
    Como dice Kasandra: ¡Jesús que iluminación¡

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  6. Nunca me entero de nada.
    Y yo que me creía que la cosa iba de olvido y perdón...
    Y es que me tienen la cabeza machacada con eso.

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  7. Exacto Claudio: comprensión no-olvido, y perdón y luego claro sí olvido-amor. Si fue exactamente así pero lo que dice don Gregorio es intimidación, que también es un matiz interesante

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  8. Es que eso de matar al padre ya es muy antiguo. Siempre me gustó mucho eso de calagurritano, salía en las gramáticas antiguas, com lo del bilbilibense, creo. En primaria todavía no se llega al intento profesoricida -de momento, algún niño perverso hay ya, que promete-.

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