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domingo, 5 de enero de 2014

Fetiches

Karl Kraus: "No existe nada más miserable bajo el sol que un fetichista que, anhelando un zapato femenino, tiene que conformarse con una mujer entera."

martes, 31 de diciembre de 2013

Huxley, mirando al futuro.

“A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino”.

Aldous Huxley, Prólogo de 1946 para Un mundo feliz.

jueves, 23 de agosto de 2012

Une femme nue n’a jamais fait de mal à personne

Me entero, gracias a Jérôme Leroy, que en Bouriata en los suburbios de Zakamensk allá en los límites de Siberia con Mongolia, unos de esos lugares desolados en los que no hay manera de construir el socialismo, una joven de veintiséis años sin un centavo en el bolsillo y la sangre reseca, fue a pedirle a su vecino de 65 años una botella de vodka. Pero a la vida le gusta ser cicatera con nuestra expectativas y jugárnosla por la espalda. O sea: el vecino le dijo que ni hablar. Nuestra joven, una alcohólica frustrada y furiosa, no tuvo mejor idea que estrangularlo. Pero como el pulso le saltaba sobre el cuello del viejo, acabó estrangulándolo con su sujetador (el de ella, claro). Los informes no nos hablan de la talla de la prenda, pero aseguran que esta historia ha acabado provisionalmente con el hombre muerto, la mujer en la cárcel y el arma asesina a buen recaudo. Tiene más razón que un santo Jérôme Leroy cuando comenta que hechos de este tipo no nos tranquilizan mucho a los amantes de la ropa interior femenina. Si un sujetador puede convertirse en arma mortal, no está de más hacer un repaso a la variedad de prendas íntimas femeninas potencialmente letales. Lo cual da pleno sentido a aquel aforismo de Louis Scutenaire: “Une femme nue n’a jamais fait de mal à personne”.

sábado, 6 de octubre de 2007

Sexo y utopía

¡Cachis con la utopía!

Otro mundo es posible, efectivamente. Y eso es lo que da miedo. Porque comienzas a soñar con ese mundo posible e inmediatamente aparece un mal amigo a advertirte:

- Pero Gregorio… ¿No te das cuenta que en ese mundo tendrían que vivir también nuestras mujeres, hijas, madres y hermanas!

Me despierto de golpe de la siesta de la razón y rebobino (quizás en este Café debiera decirse “re-bovino”). Hay que analizar despacio los efectos imprevistos de nuestras fantasías.

Me había puesto a soñar por culpa de Nuria Roca, que en la presentación de su libro, titulado “Sexualmente”, sostiene que la fidelidad es "antinatural" y conlleva renunciar a muchas cosas. Ya que no habla de ventajas, supongo que para ella mantener la fidelidad a la palabra dada es una conducta masoquista que no proporciona ventajas más que a los amantes de llevar una vida desventajosa.

Por un momento me ha cruzado por la imaginación aquella sublime escena de “La reina de África” en la que Katharine Hepburn, muy digna ella, le dice a Bogart: “La naturaleza, señor mío, es lo que hemos venido a este mundo a superar” (y si no es esto es algo muy semejante a esto). Pero borro inmediatamente esta imagen. Parece demasiado de derechas.

Lo guay y moderno es lo que dice Nuria Roca: "El sexo es lo que nos iguala a todos, nos hace de la misma condición, tengamos un pensamiento u otro, porque todos lo practicamos en mayor o menor medida, es tremendamente democrático."

¿Es el sexo democrático? Sí, si la democracia es una cosa privada. Si la democracia es una cosa pública, el sexo democrático es sólo el sexo público. ¡Qué endemoniadamente complicadas son las cosas!

Así pues quien practique públicamente el sexo, que no me siga leyendo, ya le digo que soy un conservador mayúsculo. Tan conservador que eso del sexo me parece más confortable en la intimidad, y lo político más legítimo a plena luz. Incluso creo en la existencia de un conflicto inevitable entre el sexo y la plaza pública. De ahí, por ejemplo, que nos hagan tanta risa los chistes escabrosos cuando estamos reunidos y que Diógenes, al que le encantaba masturbarse en el ágora, fuese un enemigo declarado de la política.

Cuando Marx se imaginó una utopía en la que la vida humana estuviese completamente politizada, se dio perfectamente cuenta de que no se podría abolir la división del trabajo mientras existiesen conductas humanas reticentes a la luz pública. El joven Marx ya se había dado cuenta de que la raíz de la división del trabajo es la sexualidad humana. La conclusión lógica de ello (a la que Marx, que yo sepa, no llegó) sería que el perfecto comunismo debería abolir la diferencia sexual y producir hombres en tubos de ensayo. Mientras esto no sea una realidad, el comunismo tiene pocas posibilidades de realizar la utopía que propone.

Aristófanes basa todas sus comedias en el subrayado irónico del conflicto entre la ley y eros. Nada hay que le interese menos a eros que la legalidad o la moderación. De ahí que los legisladores lo tengan siempre bajo sospecha. Eros y sus desvaríos deben ser regulados para que la vida pública sea posible. “El malestar de la cultura” no es una invención de Freud (en algo tenía que acertar, habiendo escrito tanto), pues ciertamente algo se pierde al optar por las ventajas de una vida regulada. Eros (demos por ello gracias a los dioses) barbariza la naturaleza humana, mientras la ley la domestica (demos gracias por ello a nuestras constituciones). Pero como es difícil querer a dos mujeres a la vez, a la ciudad y a la naturaleza, siempre hay una amenaza latente de rebelión en el hombre. No se puede comprender a eros si se ignora lo que hay en él de rebeldía (de deseo de la naturaleza antigua), que es más profundo que el deseo de placer o de procreación. Gracias a eros los hombres no son nunca completamente domesticados. Quizás por ello los más valientes son con frecuencia los que poseen las naturalezas más eróticas. Quizás por ello para no olvidarse nunca de uno mismo y vivir las 24 horas del día guiado por el cálculo estrictamente racional de los propios intereses, un hombre ha de ser completamente no erótico. Pero no por ello este hombre es apolítico.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Diálogo paterno-filial

En relación con el penúltimo post, y más en concreto con las relaciones entre padres e hijos, he recordado la conversación que mantuvieron hace unos años un familiar mío, "K.", y su primogénito de 6 años, J. Os prometo que lo narrado se ajusta milimétricamente a lo acaecido:

J: Papa, ¿puedo hacerte una pregunta?

K: Sí, claro, hijo, lo que quieras.

J: Es que me da vergüenza.

K: No pasa nada, tú pregúntame lo que quieras.

J: ¿Aunque sea de follar?

K (sobresaltado, intentando mantener la compostura): Claro, claro, hijo, de lo que sea.

J: ¿Y no te vas a enfadar?

K: Te prometo que no me enfadaré.

J: Papa…

K: Dime…

J: ¿Tú follas o eres virgen?


Posteriormente el perplejo padre se enteró que los niños de la clase de su hijo estaban haciendo una encuesta entre ellos sobre esta cuestión. Ya se sabe: el despertar del espíritu científico.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...