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viernes, 16 de febrero de 2024

San Nihilismo

 I

Día calmado, de trabajo intenso y poco adelanto. Tocan días así de cuando en cuando.

II

En estos días, me pongo escribir y acabo creando un laberinto de conceptos del que no sé salir. La única solución es tirar todo lo que he escrito a la papelera y comenzar de nuevo.

III

Mantengo a media tarde una muy grata conversación con Ferran Riera. Hablamos del dolor alegre. El día 8 de marzo nos veremos en Vic. Ferran es una de esas presencias capaces de alterar la gravedad ética de todo lo que se encuentra a un radio de 5 metros de distancia. Un vórtice cordial. Tengo que darle alguna vuelta a esta idea de las presencias éticas. En Vic estarán también Miguel Ángel Tirado, inspector de educación al que admiro, y Marta Zaragoza, inefable, como todo ser singular.


IV

He pasado demasiadas horas infructuosas delante de la pantalla del ordenador. Me duele la cabeza e intuyo que no voy a dormir bien. Ha comenzado a caer una lluvia limosnera que no calmará la sed de Cataluña. 

V

He ido a la iglesia, al Via Crucis. Pocos, entrados en años (a todos nos cuesta arrodillarnos) y, además, desafinamos cantando. Pero quizás un Via Crucis genuino tenga que ser así.

VI

Desde hace años el Viernes Santo es para mí San Nihilismo. Creo que la manera honesta de vivir la Semana Santa es como la vivieron los apóstoles, sin esperar el domingo de resurrección. La alegría del domingo  no es verdadera alegría si no hay verdadero nihilismo el viernes.

jueves, 14 de abril de 2022

Judas

Cristóbal del Hoyo Solórzano y Sotomayor, Marqués de la Villa de San Andrés y Vizconde de Buen Paso (Tazacorte, Canarias, 1677- San Cristóbal de la Laguna, 1762), excusa en una de sus cartas a Judas Iscariote de una manera original.

 

Tras haber oído un Jueves Santo a un predicador despotricar de manera encendida contra Judas, un soldado salió colérico de la iglesia dispuesto a darle al felón traidor su merecido. El demonio, que anda siempre al quite, se le apareció y se ofreció a conducirlo hasta su escondite. Al llegar al lugar, el soldado echó mano a su espada y hubiera acabado en un periquete con Iscariote si éste no le hubiera convencido, no sin esfuerzo, para que escuchara la verdadera versión de lo acaecido. "Atiéndame, Señor Soldado", le rogó, "y si no tengo razón, hará usted lo que quisiera de mi."

 

"Yo, Señor Sargento", dijo Judas, "era comprador en la casa de mi Maestro en tiempos en que no éramos en mesa más que doce, pero creció la familia mucho y el dinero era tan poco, que no me alcanzaba para el gasto. En este estado, mi Maestro, manirroto, se empeñó en que debíamos hacer una cena magnífica sin tener un cuarto. Unos judíos me dicen que me darían treinta monedas si les decía cuál era mi Maestro. Aunque no juzgué buena aquella acción, pensando que mi Maestro se paseaba por el mar como cualquiera por su casa; que atravesaba paredes, como hace el sol por los vidrios; que del agua hace vino y de cinco peces comida para muchas almas, decidí tomar el dinero, que mi Maestro ya haría de las suyas para salvarse y los judíos quedarían burlados y nosotros, remediados.  Pero llegada la hora, lo agarraron, y él se dejaba agarrar como un cordero, y yo me decía para mi sayo: "¿A qué espera este hombre?" Pero viendo que se lo llevaban sin que nada de lo que yo había previsto aconteciera, me salí afuera contrito, y me colgué. Estos pocos reales me quedaron, aquí los tiene usted, y déjeme en paz, por su vida, que bastantes preocupaciones tengo yo". 

 

Las Cartas del Marqués fueron publicadas en 1740 por fray Gonzalo González de San Gonzalo (no me invento su nombre, que ahí está Google para verificarlo).

lunes, 19 de octubre de 2020

Ante la noche oscura

Intento escribir algo sesudo sobre San Juan de la Cruz para un capítulo de un libro sobre el recogimiento en el Siglo de Oro. Lo intento seriamente, de verdad, pero cuanto más lo intento, más suprimo y vuelvo sobre mis pasos a rehacer mi escritura. Me doy cuenta de que todo cuanto pueda decir no vale lo que uno de sus versos. He estado a punto de escribir "lo que el más trivial de sus versos". Pero en San Juan de la Cruz no hay ni un verso trivial. Convertir esos versos en erudición prosaica es traicionarlos. Finalmente acepto que tengo que rendirme y me limitaré a recoger su poesía, para que sea ella la que nos muestre con su música lo que en la noche oscura se sugiere, el alba.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

sábado, 4 de mayo de 2019

El logos inaudito en la catedral de Astorga

Astorga tiene una catedral magnífica, cincelada con la dorada piedra maragata, que refleja con tanto cariño la luz que recibe del cielo. No le hace ningún favor la proximidad de una mona de Pascua que lleva la firma de Gaudí, prueba de que también los genios pueden rendirse incondicionalmente a sus días más cursis, pero intenta permanecer impasible ante esta influencia. Lo primero que me retuvo fue la entrada, y en ella, a la derecha, esta imagen que me persigue desde hace tiempo pero que por primera vez veía esculpida:



Hace pocos días, el Jueves Santo, aparecía en El Subjetivo un artículo mío dedicado a esta escena: El logos inaudito

Al reencontrarme con ella, me alegré, de nuevo, del don gratito del azar amigo, que es el mejor compañero de ruta.

viernes, 4 de mayo de 2018

Museo de la Rioja. Logroño.



San Millán, o sea, San Emiliano. Monasterio de Suso. Siglo XV. Conviene comenzar  la visita al Museo dejándonos guiar por él. 


Anunciación. Siglo XV. Fondos de la desamortización. 
Una nueva imagen de Nuestra Señora de la Lectura Lenta


Retablo de San Millán. El niño Jesús subido a un rayo de luz. Otros niños intentan imitarlo, sin éxito.



San Millán. La muerte de la Virgen María. Acompañada de libros hasta el final.



Pedro de Arbulo. San Juan Evangelista. Monasterio Jerónimo de la Estrella. C. 1590. En el principio era el verbo.


La Virgen del Camino. Siglo XVII. Si en el principio era el verbo, también en el camino es el verbo. 



viernes, 30 de marzo de 2018

Viernes Santo

Dios es aquello de lo que no nos podemos reír. Es aquello de lo que ni tan siquiera se nos pasa por la cabeza la posibilidad de reírnos.

Todos, en este sentido, obedecemos a algún Dios.

Una ventaja del creyente sobre el ateo es que aquél sabe de qué no puede reírse porque conoce a su Dios. Pero el cristiano en esto es distinto, no es un creyente más, sino un tipo muy especial de creyente: conoce a su Dios casi todos los días del año, excepto Vienes Santo y Sábado Santo.

El ateo cree que es más libre que el creyente porque se considera capaz de reírse de todo. Especialmente de todo lo que los demás consideran digno de respeto. Pero esta creencia -¡cuánta fe, por cierto, en esta creencia!- le oculta el principio serio que le autoriza a reírse -aparentemente- de todo. Le oculta a su Dios.

Viernes Santo es el día en el que todos se ríen del cristiano y el cristiano contempla boquiabierto aquello de lo que nadie en su sano juicio debiera reírse: la posibilidad aterradora de que no exista nada digno de respeto. Si así fuera, hasta la risa carecería de sentido y los ateos se quedarían sin su Dios desconocido.

El Viernes Santo es San Nihilismo, el día en que Dios se siente abandonado y nosotros nos vamos de vacaciones.

El Viernes Santo es el día en el que el cristiano siente en su alma un profundo vacío. Un vacío enorme porque en sus veinte siglos de existencia el cristianismo no ha dejado de profundizar en el alma del europeo. Este es su gran legado. Pero esa profundidad hoy no tiene fondo.

Hoy no es el día del Dios muerto sino el del temor a que la Muerte sea Dios. 

La única manera de vivir con dignidad el Viernes Santo es olvidarse del Domingo de Resurrección. Los que estaban al pie del Crucificado, ¿pensaban acaso en el domingo mientras sentían el goteo de su sangre?

Hoy es el día en el que toda la teología hace aguas y se hunde ante la desolación del Verbo hecho sangre.

Hoy es el día en el que las madres paren lo que la muerte ha tocado.

Hoy es el día en el que la pregunta por aquello de lo que no podemos reírnos provoca lágrimas.  O debiera provocarlas.

domingo, 16 de abril de 2017

sábado, 15 de abril de 2017

Sábado Santo


Sábado Santo, San Nihilismo.

El sepulcro ha sido cerrado. El sagrario está abierto y vacío.

Dios ha muerto sin necesidad de esperar a que llegara Nietzsche a certificarlo.

El silencio es real. Este sábado sólo es santo para quien se atreva transitar por esta realidad.

No se trata de un silencio elegido para facilitar la meditación, sino de un silencio impuesto, desolador. Es el desierto del alma.

Las últimas palabras de Jesús resuenan en nuestros oídos: "¿Por qué me has abandonado?"

"Consummatum est".

No hay luz ninguna. Lo que resplandece es la oscuridad: "Fulget crucis mysterium."

Este sábado la fe se queda sin fundamento.

"Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande" (Job. 2, 13).

No es el de hoy un reposo sabático, sino la constatación de que ni la duda ni, incluso, la negación son ajenas al cristianismo. 

"¿Por qué me has abandonado?"

Luego, ha sido abandonado.

Luego, hemos sido abandonados.

Viernes Santo

"Ha sido muy gracioso por la tarde que iba por la calle y ha comenzado a llover. Como llevaba la capa parva sobre la sotana me he puesto la capucha. Esta capa pequeña (no un mantello) me la hicieron las monjas para Roma por si llovía. Entonces me he cruzado con un grupo de jóvenes con chupas de cuero y aspecto de rockeros, y uno de ellos me ha dicho con toda sinceridad:

- Qué sepas que tu rollo me mola muchísimo.

Lo ha dicho con tal convicción que me he acordado de todos aquellos curas setenteros que siempre siguen repitiendo el viejo estribillo de que estas cosas no conectan con los jóvenes".

lunes, 20 de marzo de 2017

Dios

"El Dios de los filósofos desapareció detrás del mundo porque lo describían en tercera persona, en vez de dirigirse a él en segunda persona".

- Roger Scruton, El alma del mundo.

jueves, 19 de enero de 2017

Una religión muy pesada


En su prólogo al Catecismo Positivista de Augusto Comte, Antonio Zozaya, tras dejar escapar que "Comte se amaba a sí mismo con amor de mujer", recoge a pie de página esta anécdota: "Cuéntase que el propietario de la casa en que murió Augusto Comte en la Rue de Monsieur le Prince, asombrado al ver que en tan reducido espacio se reuniese tanta gente para llevar a cabo las prácticas religiosas del Positivismo, suplicó a M. Laffitte que desalojase el local. Su Religión de ustedes, dijo, será buena o mala, yo en eso no me meto; pero es una religión que carga demasiado las vigas. Así fueron tachados de ilusos los hombres que haciendo alarde de positivistas, se alejaban cada vez más de la realidad." 

jueves, 5 de enero de 2017

Los Reyes Magos

Entre los evangelios canónicos sólo el de Mateo nos habla de unos magos que, procedentes de Oriente, llegaron a Jerusalén en tiempos de Herodes, preguntando por el rey de los judíos, que acababa de nacer. "Al ver su estrella en el oriente, hemos venido para adorarle". Tras permanecer un tiempo en Jerusalén, retomaron su viaje "y la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra". Mateo sitúa la acción claramente en una casa (oikía). 

¿Quienes son estos magos? 

Si los evangelios canónicos son parcos hablando de ellos, los llamados evangelios apócrifos (escritos entre los siglos III y IV, pero que recogen narraciones orales más antiguas) ofrecen detalles complementarios de gran interés para poder reconstruir su historia -legendaria o no.

El Protoevangelio de Santiago asegura que los magos le contaron a Herodes que habían visto en Oriente "una estrella muy grande que brillaba entre las otras estrellas y las eclipsaba, haciéndolas desaparecer". Curiosamente, mientras están en Jerusalén esta estrella desaparece y solo reaparece cuando vuelven a ponerse en camino, para indicarles cómo se va a Belén. "Volvió de nuevo a guiarlos hasta que llegaron a la cueva (spelaion) y se puso sobre ella. Entonces los magos vieron al niño con su madre María, y sacaron los dones de sus cofres".

El Evangelio del Pseudo-Mateo dice que llegaron a Jerusalén cuando el niño Jesús ya tenía dos años. Coincide con el de Santiago en asegurar que desapareció la estrella que los guiaba cuando entraron en esta ciudad, por lo que se tuvieron que orientar preguntando: "¿Dónde está el rey que os ha nacido? Pues vimos su estrella en Oriente y venimos a adorarlo". Al ponerse de nuevo en camino (in vía) "brilló de nuevo la estrella y al verla, los magos se llenaron de júbilo. Iba delante de ellos, sirviéndoles de guía hasta que llegaron al lugar donde se encontraba el niño, una casa (domus) donde lo encontraron sentado en el regazo de su madre. Entonces abrieron sus cofres y dieron a José y a María cuantiosos regalos. A continuación cada uno de ellos ofreció al niño una moneda de oro. Finalmente, el primero le presentó una ofrenda de oro, el segundo, una de incienso, y el tercero, una de mirra."

En el Liber de Infantia Salvatori, José ve llegar a los magos desde lejos y sale a su encuentro. Sospecha que son adivinos (augures), porque observan todo con interés y discuten entre ellos el sentido de lo que ven. José deduce que son forasteros porque "su vestimenta es diferente de la nuestra: su vestido es amplísimo y de color oscuro. Llevan birretes en la cabeza y pantalones muy amplios". Cuando llegaron, no se detuvieron a saludar a José, sino que entraron directamente en la cueva (spelunca). José, sorprendido, se interesó por sus intenciones: "¿Quiénes sois para dirigiros así a mi albergue (hospitium)". Ellos le contestaron que la estrella que los conducía había entrado en la cueva. Era una estrella singular, pues "no giraba en el centro del cielo, como suelen hacerlo las estrellas fijas y también los planetas".

El Evangelio siro-árabe de la infancia (siglo V) quiere que los magos se pongan en camino siguiendo una predicción de Zaratustra.

El Evangelio armenio de la infancia (siglo VI) nos da los nombres de los magos. "Eran tres hermanos: Melk, el primero, que reinaba sobre los persas, después, Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero, Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes."

Otros dos textos antiguos nos hablan sobre los magos, La leyenda de Afrodisiano y La revelación de los reyes magos.

La leyenda de Afrodisiano un un texto agnóstico apócrifo del siglo III que comienza contando que en un templo pagano de Persia las estatuas se pudieron de repente a cantar y a bailar anunciando que la diosa Hera ha quedado embarazada de Zeus. En ese mismo momento aparece una estrella sobre la estatua de Hera mientras se escucha una voz del cielo, y las estatuas que estaban bailando caen al suelo. Los sabios de la corte interpretan estos hechos como el anuncio de que un rey debe nacer en Judea. Esa misma noche el dios Dioniso les confirma esta interpretación. A consecuencia de esto, el rey envía a los magos a Judea con regalos. La estrella va indicándoles el camino. Llegan así a Jerusalén, donde se encuentran con el rey de los judíos y, finalmente, dan con Belén. Cuando regresan a Persia, llevan con ellos un retrato de Jesús y María que guardan en el templo donde la estrella apareció por primera vez.

La revelación de los reyes magos es del siglo V. Los magos vivían en la tierra de Shir, en el Lejano Oriente, donde residen los descendientes de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, que transmitió a su pueblo una profecía que había recibido de su padre Adán, según la cual un día una estrella increíblemente brillante anunciaría el nacimiento de Dios en forma humana. Cada año, los magos de Shir ascendían a una montaña en la que se encontraba una cueva donde se conservaban la sabiduría de Seth y los tesoros de Adán. Es aquí donde se les aparece la estrella prometida, más brillante que el sol, en la forma de un radiante y diminuto ser humano, que les dice que se pongan en camino hacia Belén. La estrella los precede eliminando los obstáculos que se les presentan. Una vez que llegan a Belén, María les acusa de querer robar al niño, pero ellos le informan que es el salvador del mundo.

martes, 27 de diciembre de 2016

Dios revela que no existe

Un rico campesino de Alma-Ata se desplomó de repente mientras trabajaba en el campo, víctima de un fulminante ataque de apoplejía. Cuando recuperó el habla y el movimiento, contó que se le había aparecido Dios y que le había revelado que "Dios no existe", ordenándole que predicara esta mala nueva. El campesino abandonó su hacienda y su familia para dedicarse a su apostolado por toda Rusia. Las autoridades lo soportaron durante un tiempo, hasta que al ir acumulándose las quejas, finalmente lo deportaron a una mina de cobre de Siberia, donde fue asesinado por una banda de ladrones, que se erigió en defensora de la existencia del Dios Vivo.

La historia la cuenta Aleksander Wat en Mi siglo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

La pregunta que sólo B. me ha hecho


He colgado esta imagen en las redes sociales y ha tenido un éxito fenomenal e inesperado, especialmente en Facebook. Muchísimas personas me han manifestado su sorpresa por la escena. Hay quien me ha preguntado qué podía estar leyendo María, pero sólo una me ha hecho la pregunta elemental, sin la cual, no se entiende el profundo sentido teológico de la escena: "¿Por qué lee María?" Ha sido mi amiga B., parisina y judía, y ante ella me descubro.

Querida B.: María lee porque en ella el Verbo (o el Logos) se hace carne. José tiene la carne del Verbo entre sus brazos, pero esa carne la ha recibido de su madre. Es ella la que le ha dado la carne a Dios, que es el Verbo.

Me preguntas también, B,, por el origen de esta iconografía. Lo único que puedo decirte es que es probablemente de origen medieval. Nos remite a uno de los evangelios apócrifos, el titulado Libro sobre la Natividad de María, que durante mucho tiempo fue atribuido a San Jerónimo. Sin embargo es muy probable que su autor fuese contemporáneo de Carlomagno.

domingo, 25 de diciembre de 2016

La navidad es un test de Rorschach

Me gusta esta imagen. Maria acaba de parir y, en cuanto puede, le pide a José que cuide del niño, para poder leer un rato. Y me gusta la delicadeza con que José cuida al niño, para que no interrumpa con sus lloros la lectura de su madre.



     

Natividad. Libro de horas de Besançon, 1430


Posiblemente los ángeles han dejado de cantar y los pastores han vuelto con sus ganados. Sólo se oye en el pesebre el ocasional bufido del buey, el lento masticar de la mula, el ronroneo de José y el paso de las páginas de María.

PISA y el 5%

Se ha armado una buena con las pruebas PISA en Cataluña. Se han excluido de las mismas unos porcentajes de alumnos desmesurados. Se supone q...