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viernes, 7 de abril de 2023

El Padrino

Aprovechando que estoy "alone again (naturally)",  he vuelto a ver la primera y la segunda parte de esa obra maestra que es El padrino

No voy a marearos repasando el derroche de genialidades del guión, los actores, el montaje, la iluminación... y, muy especialmente de un Francis Ford Coppola que impregna cada secuencia impregnándola con su propio estado de gracia. 

Creo que estarán ustedes de acuerdo conmigo en que esta es una de las grandes obras de arte del siglo XX y que a El padrino, como al Quijote o a Homero, hay que volver de vez en cuando, porque nunca decepcionan. Siempre ofrecen algo nuevo. Esta vez he visto en El padrino una reflexión sobre el poder que bien podría haber sido firmada por el mismísimo Maquiavelo. El Padrino es la Florencia de los Medici, pero en los Estados Unidos.

Lo que nos cuenta es que no se puede ascender en el poder sin ir soltando amarras afectivas. En esto el poder es -en parte- como la pobreza. Tampoco se puede caer en la miseria sin que te suelten amarras. 

El poder es la pasión absoluta, el Eros más desnudo y acuciante, el agujero negro en el que se consumen todas las fidelidades.

El crisol en el que cuaja lo que la inmensa mayoría nunca probaremos.

Pero cuando una historia tan triste y desesperanzada como esta te la firma un genio, entonces es hermoso lo terrible y surgen chispas de luz entre los charcos de sangre que van tiñendo las aceras. 

Hay mucho de Lucrecio en Ford Coppola.


martes, 24 de agosto de 2021

Sin sangre

Algo que comparten Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya, y el Guernica, de Picasso: La ausencia de sangre. Me acabo de dar cuenta. Es la ausencia de sangre lo que realza su dramatismo.

lunes, 24 de abril de 2017

Museos de arte contemporáneo

Una de las características más singulares de nuestro tiempo es nuestro afán por erigir museos a la vanguardia que, en cierta manera, son museos melancólicos, pues recogen la rápida obsolescencia de la novedad o, si se quiere, el impulso innovador negándose a sí mismo en sus productos, como Cronos devorando a sus hijos. Son, pues, museos al hambre. Lo que nos dice un museo de arte contemporáneo es que todo lo que está allí, está para ser superado. Más aún: cuando lo que está en un museo de arte contemporáneo está para ser relatado, el museo deja de ser de arte contemporáneo. En este sentido, nada más normal que la desorientación que siente el visitante. Un museo de arte contemporáneo es un umbral de salida a algo que no puede, por definición, ser programado: el arte de mañana. Todas las contradicciones de nuestro presente se guardan en un museo de arte contemporáneo. Ahí está su valor: son museos de antropología.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El precio como criterio estético

“Ningún artista moderno puede esperar que se rece ante su obra, que se espere alguna ayuda práctica de ella o se quiera ahuyentar los peligros que podrían surgir de ella. Lo máximo que uno está dispuesto a hacer hoy frente a una obra de arte es considerarla interesante y preguntar en todo caso por su precio. El precio inmuniza hasta cierto punto a la obra de arte contra el gusto del público. Muchas obras que actualmente se conservan en los museos habrían terminado hace tiempo en la basura si el efecto inmediato del gusto del público no hubiera estado limitado por consideraciones económicas”
Boris Groys, 
Introducción a la antifilosofía

lunes, 21 de septiembre de 2015

El arte parasitario


Insomnia — Kojiro Ankan Takakuwa

¿No está derivando el arte moderno cada vez con mayor rapidez hacia el parasitismo? Es como si las vanguardias, agotadas, se dedicaran a vivir de la grandeza pasada intentando extraer de ella sus nutrientes. No sé si esto es bueno, malo o regular. Tampoco conozco el arte moderno lo suficiente para asegurar que esto es un hecho. Esta es sólo una pregunta que tendré que dirigirle a la Sección de Estética, que allí sí que saben.

sábado, 1 de agosto de 2015

Nikita Khrushchev y el arte

El aperturista Nikita Khrushchev fue a visitar una exposición de arte contemporáneo soviético en Moscú y lo que vio lo impulsó a dirigir estas palabras a los artistas presentes:

"¿Sois pederastas o personas normales? Voy a ser completamente franco con vosotros: no gastaremos un real más en vuestro arte. Vuestras perspectivas en este país son nulas. Los cuadros que se exponen aquí son sencillamente antisoviéticos. Son amorales. El arte debe ennoblecer al hombre e inclinarlo a la acción. ¿Y qué es lo que habéis puesto aquí? ¿Quién pintó este cuadro? Quiero hablar con él. ¿Para qué sirve una pintura como esta? ¿Para cubrir un orinal? [dirigiéndose al autor] Tenemos derecho a enviarlo a cortar árboles hasta que haya devuelto con su trabajo el dinero que el Estado ha gastado en usted. A juzgar por estos experimentos tengo motivos para decir que son ustedes pederastas, y por esto pueden ustedes ganarse diez años. Señores, les declaramos la guerra".

En Olga Glondys, La Guerra Fría cultural y el exilio republicano español.

lunes, 16 de febrero de 2015

El amor y el arte


Flaubert, carta a Louise Colet (14 de agosto de 1853): "Amémonos en el Arte, como los místicos se aman en Dios, y que todo palidezca ante ese amor, que todas las otras luces de la vida desaparezcan ante este gran sol". 
[No puedo evitar dejar escapar un comentario cínico: Me temo que si me enterase de que alguien le habla así a mi hija, le recomendaría encarecidamente a ésta a que no se fiase del esteta].

lunes, 4 de agosto de 2014

El tritono del agua



"Era mucho pedir -escribió Thomas Mann- que se tuviera que llamar música al tritono mi bemol mayor del preludio del Oro del Rin. Porque música no era: era un pensamiento acústico". Mann, gran lector de Nietzsche, sabe que éste alaba repetidas veces este preludio, que representaría el manar de la primera agua del mundo. "¡Así viven las olas -escribe-, así vivimos nosotros, los que ejercemos el querer".

Wagner cuenta de esta manera en sus Anales el surgimiento del surgimiento del Oro del Rin: "Despierto con la idea de la introducción orquestal al Oro del Rhin (tritono en Mi bemol mayor): Me abstraigo en el murmullo del agua. Regreso inmediatamente con la resolución de ponerme inmediatamente al trabajo”. Era la Spezia, el 5 de septiembre de 1853.

domingo, 8 de junio de 2014

Joyas con las que uno tropieza

Coplillas satíricas sobre el "bonete del cura" las había por toda España desde antiguo. Esta se cantaba, con gran disgusto de la Inquisición, en el México colonial.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...