Nos espera, además del Círculo Filosófico Soriano, el primer Stenway de España (de 1869), que alguna memoria conservará de los dedos de Gerardo Diego.

"En Petesburgo yo sería nihilista: aquí creo, como cree una planta, en el sol. El sol de Niza -esto no es en realidad ningún prejuicio. Nosotros lo hemos tenido a costa de todo el resto de Europa. Que Dios, con el cinismo que le es propio, lo deje brillar cada vez más hermoso sobre nosotros, vagos, 'filósofos' i 'grecs'".
"Dios, con un cinismo no desacostumbrado en Él, deja, como parece, que el sol luzca más hermoso sobre tu inútil hermano nihilista filosófico que sobre el señor von Bismarck y la imperial y piadosa virtud alemana".
¿No tendríamos los artistas que reconocer interiormente que hay en nosotros una discordancia inquietante, que nuestro gusto y nuestra fuerza creadora tienen cada uno una extraña manera de ser y de conservarse, y que cada uno tiene un crecimiento propio? (...). Así, por ejemplo, un músico sería capaz de crear obras que estuviesen en contra de lo que sus oídos y su corazón de experto oyente aprecian, saborean, prefieren, aunque ni siquiera sintiese la necesidad de tener conciencia de esta contradicción. Como muestra una experiencia que ya resulta dolorosa de tanto repetirse, fácilmente nuestro gusto sobrepasa el gusto de nuestra fuerza creadora, sin que por ello ésta última se paralice, ni le impida producir. Pero también puede ocurrir lo contrario, y a esto precisamente quiero llamar la atención de los artistas. Un creador constante, una especie de hombre "maternal" en el amplio sentido de la palabra, que no tuviese ya otra preocupación que los embarazos y los partos de su talento, que ni siquiera tuviese tiempo de reflexionar sobre sí mismo y sobre su obra, ni de medirse con ella, que ni siquiera deseara ejercitar su gusto y que simplemente se olvidara de él, abandonándolo o dejando que se extinguiera; ese autor, digo, acabaría tal vez produciendo obras cuyo alcance no sería capaz de juzgar. De esta forma, no diría ni pensaría más que tonterías al respecto. Creo que esta es la relación que casi normalmente mantienen los artistas fecundos con sus obras. Nadie conoce peor a un niño que sus padres e, incluso, por poner un ejemplo colosal, todo el mundo poético y artístico de Grecia no "supo" nunca lo que hacía.
Tengo abandonado este Café, pero es que no doy más de mí. Ando muy atareado con la escritura de un nuevo libro que me está devorando el tiem...