viernes, 1 de mayo de 2026

Buenas gentes pesadísimas

Ya sé que hay que ser comprensivo y callar y escuchar, pero a veces me lo ponen muy difícil. Me refiero a las buenas gentes que, al verme con muletas, se me acercan y me preguntan qué me pasa para, en cuanto pueden meter baza, interrumpirme para comenzar a desgranarme el rosario interminable de sus males que, por supuesto, son mucho más graves que los míos. Es especialmente detallista y prolija la gente que ha sufrido operaciones que les han dejado alguna secuela. Parecen estar dominadas por un impulso irrefrenable a contarte sus minucias como si no hubiera nada más importante en el mundo. Yo escucho, callo, incluso asiento despistadamente. Y eso es lo peor, porque entonces interpretan tu amabilidad como una carta blanca para exponer sus desgracias e incrementan la crudeza de su puntillismo. 

jueves, 30 de abril de 2026

La cultura del esfuerzo

Me pregunta un periodista sobre el fin de la cultura del esfuerzo. Le digo que de fin, nada,  Tenemos a miles y miles de españoles esforzándose sobre manera, sudando la gota gorda, y no solo no cobran por ello, sino que pagan: Véase la proliferación de centros de pilates, crossfit, fitness, los training clubs, las fit houses... si no puedes caminar por el monte sin que te asalte la bestia más feroz de nuestra naturaleza: el ciclista de montaña. Lo que ocurre es que el esfuerzo se ha exiliado de los centros educativos y se ha refugiado en estos templos del culto al cuerpo. Termino diciéndole que los grandes hombres, los verdaderamente grandes, comparten algo en común un poco decepcionante: se esfuerzan mucho.

martes, 28 de abril de 2026

Correcciones

Hablaba aquí hace unos días del coraje y lo hacía sin nombrar el rasgo más asombroso de esta virtud -porque el coraje es una virtud-: que se contagia, como lo han sabido siempre los grandes militares o los grandes entrenadores de fútbol. El problema es que también se contagia la apatía, la pereza, la flojera... Por eso hay que caminar al lado de personas corajudas. También escribí, hace más tiempo, por aquí algo que solía repetir Cánovas: que en política todo lo imposible es inmoral. Pero no dije que el arte de la política consiste en crear lo posible. He leído un aforismo de Oakeshott. que formula perfectamente una idea que se encuentra en cada página de La dignidad del mediocre: que la vida mortal tiene placeres que la inmortal está condenada a desconocer. Por eso Jesús se hizo hombre mortal, aunque no solo por eso (esto de Jesús lo añado yo)..

Lo imprevisto

Tengo previsto lo que quiero escribir de aquí hasta que no pueda seguir escribiendo, pero siepre se inmiscuye algún nuevo proyecto en mis intenciones y acabo dejándome arrastrar por su corriente y postergando los planes. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que la mayoría de los libros que he escrito no tienen nada que ver con un plan de trabajo. Los he escrito porque una parte del material que tengo acumulado para los proyectos del futuro ha encontrado una salida insospechada y sugerente. Me parece bien. De hecho me gusta este juego entre lo planificado y lo imprevisto. Es lo que me pasa ahora. Trabajando en lo previsto he acabado dejándome vencer por lo imprevisto. Y en ello estoy.

lunes, 27 de abril de 2026

Va de redaños

¿Puede ser buena una persona sin coraje?  Esta pregunta se la hizo Jung y la recoge hoy Jordan Peterson. Su respuesta, clara y rotunda, es que no. El hombre blandengue -que diría El Fary- no tiene lo que hay que tener para ser moral: energía. La moralidad no es, en el fondo, otra cosa, que la canalización del coraje. Y si no hay nada que canalizar, podemos encontrarnos con una persona con una felicidad bobalicona y gallinacea, pero incapaz de proponerse metas ambiciosas, de tomar decisiones claras, de combatir contra tentaciones fuertes... o con una persona mezquina que busca su valor en sus heridas. La moral, y creo que tienen razón Jung y Petersen- tiene que ver con la manera de vivir en la intemperie. Pero, y aquí viene lo que importa, en nuestros días la defensa del coraje o la virilidad o la capacidad de echar los redaños, es vista con reticencias.

domingo, 26 de abril de 2026

Cuestas arriba

Hoy celebramos el cumpleaños del segundo nieto, que ha llegado a los 12 en un suspiro. ¡Dios mío, a qué velocidad de vértigo crecen los nietos! Los hijos creo recordar que crecían a una velocidad humana, pero es que los nietos andan devorando el tiempo. Para celebrarlo, comemos juntos toda la familia. Me pidió que le hiciera sus comidas favoritas. Y, por supuesto, las tendrá: berberechos, gambas al ajillo, tortilla de patatas (abuelo style) y albóndigas en salsa verde. Para estas últimas he empleado por primera vez carne de carrillera de cerdo, que es la más melosa. Las hice ayer por la noche y creo que mi nieto segundo se chupará los dedos.  

Me gustó mucho algo que leí ayer de Jordan Peterson y que expresa bien mi concepción del mediocre: «¿Para qué estamos hechos? Para caminar cuesta arroba. Cuando llegas a la cima, quieres detenerte y apreciar la vista. Pero lo siguiente que quieres es una colina más alta a lo lejos. Es de la cuesta arriba de donde derivamos nuestro valor».

sábado, 25 de abril de 2026

Un Sant Jordi ventoso

Sant Jordi es una fiesta tan hermosa, que es la fiesta de todos. Pero es la fiesta del libro, no necesariamente de la lectura. Para una editorial pequeña, como Rosamerón, es un día festivo y agotador. Llegué a la parada cojeando y asistí, contemplativo y sedente, al discurrir del ajetreo transeúnte. El día fue ventoso, con ráfagas fuertes que sacudían las ramas de los plátanos y empapaban el aire de un polen insidioso que nos tuvo todo el día llorando, estornudando y con el pañuelo en las narices. Es una fiesta al aire libre y, por lo tanto, sujeta a las circunstancias. Había mucha gente, pero me pareció que menos que otros años; se vendieron muchos libros, pero, desde mi perspectiva, menos de los que la gente hubiese querido comprar. Llegaban, miraban, preguntaban, hojeaban, comentaban, volvían a preguntar y, finalmente, cuando les decías el precio, se asustaban un poco. Sin embargo, eran precios muy, muy ajustados. Los gastos de producción se han disparado y el papel está por las nubes, mientras que al lector su sueldo no le da para alegrías,  Este año hemos asistido al triunfo espero que coyuntural, de un Sant Jordi woke. El dragón es un tipo estupendo que si tiene una conducta disruptiva es porque la vida lo ha tratado mal, obligándolo a escupir el fuego de su frustración. No necesita un caballero, sino un terapeuta, un amigo empático que lo abrace, mientras la Princesa, empoderada, se ocupa de dar visibilidad las pobres dragonas, que el patriarcado mantiene en la oscuridad. En Sant Jordi participan todos en una fiesta fluida, inclusiva y vegana repleta de abrazos. Esta frivolidad es peligrosa, porque olvida que, nos guste o no, hay dragones muy malos que se alimentan de carne humana y hay personas débiles que por sí mismas carecen de fuerzas para enfrentarse al mal y por eso necesita la ayuda de un caballero dispuesto a arriesgar su vida para ayudarlas.

Buenas gentes pesadísimas

Ya sé que hay que ser comprensivo y callar y escuchar, pero a veces me lo ponen muy difícil. Me refiero a las buenas gentes que, al verme co...