lunes, 4 de mayo de 2026
Dolorcillos
domingo, 3 de mayo de 2026
El alma enferma
Siempre me ha dado que pensar el exabrupto que Bernardo de Claraval lanzó contra Pedro Abelardo (el de Eloísa): «Eres -le dijo- un hombre disímil de sí mismo». Bernardo, sin duda, creía estar afeando la conducta de Abelardo. Inicialmente yo me lo tomé así. Después, al crecer, a medida que fui aprendiendo a leer la superficie de las cosas, comprendí que, lejos de insultar a Bernardo estaba, voluntaria o involuntariamente, definiéndonos a todos, pues es propio de hombre ir deshaciéndose y rehaciéndose. En algunos casos (véase del macho hispánico cuando está de Rodríguez), más que disímil de sí mismo, está amputado de sí mismo. Y gracias a Bernardo de Claraval comprendí por qué dice Sócrates que no existe el alma en armonía. El alma siempre está enferma.
sábado, 2 de mayo de 2026
El sesentayochismo pedagógico
La pedagogía que podemos llamar "oficial" es, claramente, una pedagogía sesentayochista. Es decir, es una pedagogía que podría tener su sentido en 1968 y que no acaba de enterarse de que vivimos en el 2026. Por eso, cuando habla del futuro utiliza una retórica vieja. Sin embargo no se puede decir que esta pedagogía haya fracasado completamente. Se ha mostrado muy eficaz creando la cultura woke. Si no me creen, observen lo que pasa en la educación catalana.
viernes, 1 de mayo de 2026
Buenas gentes pesadísimas
Ya sé que hay que ser comprensivo y callar y escuchar, pero a veces me lo ponen muy difícil. Me refiero a las buenas gentes que, al verme con muletas, se me acercan y me preguntan qué me pasa para, en cuanto pueden meter baza, interrumpirme para comenzar a desgranarme el rosario interminable de sus males que, por supuesto, son mucho más graves que los míos. Es especialmente detallista y prolija la gente que ha sufrido operaciones que les han dejado alguna secuela. Parecen estar dominadas por un impulso irrefrenable a contarte sus minucias como si no hubiera nada más importante en el mundo. Yo escucho, callo, incluso asiento despistadamente. Y eso es lo peor, porque entonces interpretan tu amabilidad como una carta blanca para exponer sus desgracias e incrementan la crudeza de su puntillismo.
jueves, 30 de abril de 2026
La cultura del esfuerzo
Me pregunta un periodista sobre el fin de la cultura del esfuerzo. Le digo que de fin, nada, Tenemos a miles y miles de españoles esforzándose sobre manera, sudando la gota gorda, y no solo no cobran por ello, sino que pagan: Véase la proliferación de centros de pilates, crossfit, fitness, los training clubs, las fit houses... si no puedes caminar por el monte sin que te asalte la bestia más feroz de nuestra naturaleza: el ciclista de montaña. Lo que ocurre es que el esfuerzo se ha exiliado de los centros educativos y se ha refugiado en estos templos del culto al cuerpo. Termino diciéndole que los grandes hombres, los verdaderamente grandes, comparten algo en común un poco decepcionante: se esfuerzan mucho.
martes, 28 de abril de 2026
Correcciones
Hablaba aquí hace unos días del coraje y lo hacía sin nombrar el rasgo más asombroso de esta virtud -porque el coraje es una virtud-: que se contagia, como lo han sabido siempre los grandes militares o los grandes entrenadores de fútbol. El problema es que también se contagia la apatía, la pereza, la flojera... Por eso hay que caminar al lado de personas corajudas. También escribí, hace más tiempo, por aquí algo que solía repetir Cánovas: que en política todo lo imposible es inmoral. Pero no dije que el arte de la política consiste en crear lo posible. He leído un aforismo de Oakeshott. que formula perfectamente una idea que se encuentra en cada página de La dignidad del mediocre: que la vida mortal tiene placeres que la inmortal está condenada a desconocer. Por eso Jesús se hizo hombre mortal, aunque no solo por eso (esto de Jesús lo añado yo)..
Lo imprevisto
Tengo previsto lo que quiero escribir de aquí hasta que no pueda seguir escribiendo, pero siepre se inmiscuye algún nuevo proyecto en mis intenciones y acabo dejándome arrastrar por su corriente y postergando los planes. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que la mayoría de los libros que he escrito no tienen nada que ver con un plan de trabajo. Los he escrito porque una parte del material que tengo acumulado para los proyectos del futuro ha encontrado una salida insospechada y sugerente. Me parece bien. De hecho me gusta este juego entre lo planificado y lo imprevisto. Es lo que me pasa ahora. Trabajando en lo previsto he acabado dejándome vencer por lo imprevisto. Y en ello estoy.
Dolorcillos
Odo Marquard nos comparó, a los ciudadanos del presente, con aquella princesa del cuento que no podía dormir por las molestias que le causa...