Repasando mis redes sociales compruebo una vez más que hay personas que no pierden nunca la oportunidad de mostrar las facetas más infantiles de sí mismas. Van por la vida como hooligans de su mediocridad. Salen al aire libre, incontinentes, cada vez que hay un partido de futbol interesante, para exhibirse sin complejos. Para ellas la vida es un patio de escuela y su aspiración es no pasar desapercibidos. Como no conocen ni el pudor ni la discreción, te brindan una oportunidad de oro para hacer limpia. Mientras me dedicaba a borrar contactos me preguntaba cómo personas que en su cotidianeidad pueden ser gente sensata se transforman con el acicate del fútbol en patanes sin fronteras. Pero de repente he pensado que si un día lluviosos te caes sobre un charco de agua en el Paseo de Gracia de Barcelona es posible que el único que se detenga a ayudarte sea un hooligan con la camiseta, la bufanda y la gorra de su equipo. Lo sé porque lo he experimentado. Y al recordar este hecho decido renovar los contactos borrados.
sábado, 18 de julio de 2026
viernes, 17 de julio de 2026
Ese rictus
Me imagino que ustedes también conocen ese gesto que automatiza la cordialidad de compromiso: alguien ha hecho (o, más bien, ha creído hacer) una gracia y te mira esperando tu complicidad humorística y, efectivamente, en la cara se te dispara una sonrisa que viene a decir que has captado el humor inteligente del pretendiente a gracioso. Pero cuando este se vuelve para seguir con sus cosas te quedas durante unos instantes con el rictus de conveniencia y durante unos instantes tu cara espera tu asentimiento para volver a su forma natural. ¿Podríamos hacer una antropología de los pequeños gestos y ver qué dicen de nosotros? Hay estudiosos que afirman que lo que comunicamos oralmente viene a ser un 10% de todo lo que comunicamos, por lo cual siempre estamos diciendo de nosotros mismos mucho más de lo que pensamos. Así que todos nos sentimos incomprendidos.
jueves, 16 de julio de 2026
Pantalones cortos
Me resisto a llevar pantalones cortos. Me pasé toda la infancia queriendo llevar pantalones largos, de hombre, y me cuesta ahora volver a la niñez de las rodillas desnudas. Sin embargo he de reconocer que este verano he caído en la tentación varias veces. Incluso mi renuncia a resistir al calor extremo me ha llevado a otro extremo: al de salir varias veces a la calle con pantalones cortes, camisa de manga corta y sandalias. Es difícil mantener los principios intactos cuando sientes que el calor apabullante y la humedad ambiental, que se mastica, te hacen caminar siguiendo las huellas de las sombras para escapar de la mirada de un sol delincuente. Esto es como el imperativo categórico kantiano, que suena muy bien en situaciones normales, pero en cuanto la realidad se pone cuesta arriba uno va buscando apoyaderos menos rigurosos, una moral de circunstancia.
Una noticia refrescante en este ferragosto infinito: La editorial Quadrante de Sao Paulo me lleva a su catálogo y yo tan encantado:
martes, 14 de julio de 2026
Fútbol, palomitas y calippo
No sé qué será de nosotros cuando acabe el partido de fútbol, pero en estos momentos estamos haciendo toneladas de palomitas y hemos pedido más pizzas de lo que sería razonable. ¿Pero quién quiere ser razonable en estas circunstancias? Todos necesitamos paliativos existenciales para llevar con ánimo la cotidianeidad. Y el fútbol puede ser uno de ellos. En cualquier caso, nos ayuda a estar juntos, a gritar juntos, a abrazarnos y a celebrar las cosas efímeras. Mi nieto Gabriel me acaba de comunicar que ha comprado también dos cajas de calippos. Para mis nietos y para mí el calippo es una de las manifestaciones más logradas de la cultura humana. Hasta Platón sabe distinto con un calippo en la mano. Mi nieto mayor se ha presentado con una bandera que ha colocado sobre el televisor. Quizás la inteligencia sea esto: la habilidad para sacar partido a lo efímero y trivial.
domingo, 12 de julio de 2026
San Agustín
La editorial Trotta ha publicado recientemente las Cartas filosóficas de san Agustín. Son interesantes por varios motivos, pero lo que más aprecio en ellas es la voluntad de pensar a lo grande. San Agustín hace lo que han hecho todos los filósofos verdaderamente grandes: coger el Todo y ponerlo ante ellos, en la mesa de análisis. Es esa voluntad la que, a mi pareer, nos falta en España. Nuestro pensamiento (hagamos la excepción de Ortega y Zubiri) es fragmentario y timorato. Pensamos a gente que piensa, pero nos guardamos mucho de pensar de verdad por nuestra cuenta, no sea que vayamos a decir alguna tontería sonrojante. Pues bien, el pensador de verdad ni tiene miedo a hacerse daño cuando piensa ni anda trasteando con fragmentos de pensamientos ajenos. Coge al toro por los cuernos y, como resulta inevitable, siempre acaba con alguna herida, pero lo que nos deja como herencia (la valentía del pensamiento libre) es enorme. No eres libre si tienes miedo a equivocarte. De ahí que haya que mirarse con tacto ante el espejo.
sábado, 11 de julio de 2026
Rutinas y turismo
Hay algo de profundamente benéfico en las pequeñas rutinas cotidianas: permiten que el mundo parezca tu mundo. La realidad (lo primero en sí, que diría Aristóteles) nada sabe de rutinas, aunque pueda saber mucho de repeticiones, mientras que el mundo de las cosas humanas (lo primero para mí) es el mundo creado por los hábitos contra natura. Levantarse a una hora determinada, pasar a ver el correo, la ducha, el desayuno en la Plaza de Ocata, el rato de lectura, la charla trivial con los vecinos, la compra para hacer ese plato que te gusta, la cerveza helada al mediodía... Curiosamente, todo esto es lo que pretendemos romper en vacaciones y por eso nos cruzamos a las primeras horas de la tarde (cansancio, sudor, mochilas, sed y un niño a rastras), cuando el sol rabia sobre nuestras cabezas, con otros grupos de turistas que hacen turismo despiadado, molidos por el sol. Si un juez condenase a hacer turismo de la manera en que habitualmente lo hacemos, sus sentencias se nos antojarían inhumanas. Pero quizás se trate de eso, de hacer turismo para romper imprudentemente durante unos días con las rutinas y así volver a casa, al refugio de lo cotidiano. En la espera del año que viene, porque repetiremos.
viernes, 10 de julio de 2026
¡Viva Sertorio!
El camarero del Petit Café me dice que no para de sudar, que se engancha por todas partes, que parece un cromo. Intento no quejarme, pero la vuelta al Mediterráneo desde las alturas de la Sierra de la Demanda está siendo cruel. Demasiada luz, demasiada calor, demasiada humedad, demasiada pereza... estoy sudando y tecleando. No exagero. El viaje ha sido inolvidable. La familia Luri al completo (nietos, hijos y abuelos) nos hemos movido por las carreteras de Castilla, redescubriendo lo hermoso que es estar juntos. Los nietos, adolescentes, arrastran a lo largo del día un hambre voraz que no parece haber manera humana de saciar sino provisoriamente y resulta entrañable. Hemos andado por la Sierra de la Demanda, Salas de los Infantes, Burgos, Lerma y he presentado a hijos y nietos el asombroso románico del Duero... y pusimos la guinda al viaje deteniéndonos, a la vuelta a casa, en las ruinas de Numancia, para lanzar al cielo nuestros gritos familiares de "¡Viva Sertorio!" Hace unos días leí a un memo -de vez en cuando no tienes otro remedio que leer memeces- que proclamaba al mundo que la familia está superada. La mía, no. Lo que me da mi familia no hay institución humana que pueda proporcionártelo ni siquiera a plazos.
Hooligans
Repasando mis redes sociales compruebo una vez más que hay personas que no pierden nunca la oportunidad de mostrar las facetas más infantile...
