lunes, 20 de julio de 2026

La Odisea, de Homero a Nolan

Ayer vi, justo antes del partido, la Odisea de Christopher Nolan. Me gustó, a pesar de la extraña mezcla de Homero con Tolkien y La guerra de las galaxias; a pesar de que la narración a veces se reduce a ruido; a pesar de que un Polifemo deshumanizado solo es un monstruo; a pesar del excesivo influjo de la Atenea Negra de Martín Bernal... Me gustó porque Nolan es consciente de que está versionando una de las historias más grandes de la humanidad, para mí, resumida en el último temblor de triste alegría del rabo de Argos, capaz de ver, como los dioses, más allá de los humanos. Nolan nos recuerda que Homero está ahí, incluso en nuestras distorsiones, imágenes de nuestro tiempo. ¿Pero qué es Europa sino un ejercicio constante de traducción al presente de las grandes obras de nuestro legado? Europa no se ha hecho a sí misma por tener grandes libros, sino por no considerarlos intocables. Lo único intocable ha sido la libertad para comentarlos, que comienza, precisamente, con los escolios a Homero. Nadie ha dicho más barbaridades sobre Penélope que los escoliastas griegos. El mismo Platón, que tantas veces cita a Homero, más de una vez falsea sus palabras. Homero sigue vivo en la transmisión.

Aulo Gelio señala que la admiración, cuando es verdaderamente grande, se expresa con el silencio. Cuando Odiseo termina de desplegar sus aventuras ante los feacios (Canto XIII), estos estos «callaron todos a la vez, atónitos y estupefactos, por haberse filtrado hasta los orígenes de la voz el encantamiento de los oídos». Algo de este encantamiento creí percibir cuando se acabó la película.

Añado tres apuntes más para recalcar la transmisión.

Tiene razón Recalcati, la Odisea, hoy, puede leerse como la añoranza del padre.

Nathaniel Hawthorne nos cuenta en su Wakefield la historia de un hombre que un día decide abandonar, sin más ni más, su casa e irse a vivir dos calles más arriba. Mientras su mujer se iba resignando a su soledad, el hombre rondaba por el barrio con una peluca y hasta la rozó alguna vez al pasar a su lado. Tras veinte años de ausencia, volvió.

Kafka nos asegura que, al ver pasar junto a sus arrecifes el barco de Ulises, con el héroe amarrado al mástil y los marineros ensordecidos por tapones de cera, las sirenas decidieron permanecer en silencio. Movían los labios, pero no cantaban. El comportamiento de Ulises fue una farsa.

La cultura es una farsa, pero una farsa hecha verosímil por nuestra necesidad de ella para conseguir ocultar la naturaleza.

[Unas horas más tarde]:

Lo acabo de encontrar en los diarios de Hannah Arendt: «La Odisea es un trozo de eternidad en la inmortalidad del género humano».

sábado, 18 de julio de 2026

Hooligans

Repasando mis redes sociales compruebo una vez más que hay personas que no pierden nunca la oportunidad de mostrar las facetas más infantiles de sí mismas. Van por la vida como hooligans de su mediocridad. Salen al aire libre, incontinentes, cada vez que hay un partido de futbol interesante, para exhibirse sin complejos. Para ellas la vida es un patio de escuela y su aspiración es no pasar desapercibidos. Como no conocen ni el pudor ni la discreción, te brindan una oportunidad de oro para hacer limpia. Mientras me dedicaba a borrar contactos me preguntaba cómo personas que en su cotidianeidad pueden ser gente sensata se transforman con el acicate del fútbol en patanes sin fronteras. Pero de repente he pensado que si un día lluviosos te caes sobre un charco de agua en el Paseo de Gracia de Barcelona es posible que el único que se detenga a ayudarte sea un hooligan con la camiseta, la bufanda y la gorra de su equipo. Lo sé porque lo he experimentado. Y al recordar este hecho decido renovar los contactos borrados. 

viernes, 17 de julio de 2026

Ese rictus

Me imagino que ustedes también conocen ese gesto que automatiza la cordialidad de compromiso: alguien ha hecho (o, más bien, ha creído hacer) una gracia y te mira esperando tu complicidad humorística y, efectivamente, en la cara se te dispara una sonrisa que viene a decir que has captado el humor inteligente del pretendiente a gracioso. Pero cuando este se vuelve para seguir con sus cosas te quedas durante unos instantes con el rictus de conveniencia y durante unos instantes tu cara espera tu asentimiento para volver a su forma natural. ¿Podríamos hacer una antropología de los pequeños gestos y ver qué dicen de nosotros? Hay estudiosos que afirman que lo que comunicamos oralmente  viene a ser un 10% de todo lo que comunicamos, por lo cual siempre estamos diciendo de nosotros mismos mucho más de lo que pensamos. Así que todos nos sentimos incomprendidos.

jueves, 16 de julio de 2026

Pantalones cortos

Me resisto a llevar pantalones cortos. Me pasé toda la infancia queriendo llevar pantalones largos, de hombre, y me cuesta ahora volver a la niñez de las rodillas desnudas. Sin embargo he de reconocer que este verano he caído en la tentación varias veces. Incluso mi renuncia a resistir al calor extremo me ha llevado a otro extremo: al de salir varias veces a la calle con pantalones cortes, camisa de manga corta y sandalias. Es difícil mantener los principios intactos cuando sientes que el calor apabullante y la humedad ambiental, que se mastica, te hacen caminar siguiendo las huellas de las sombras para escapar de la mirada de un sol delincuente. Esto es como el imperativo categórico kantiano, que suena muy bien en situaciones normales, pero en cuanto la realidad se pone cuesta arriba uno va buscando apoyaderos menos rigurosos, una moral de circunstancia.


Una noticia refrescante en este ferragosto infinito: La editorial Quadrante de Sao Paulo me lleva a su catálogo y yo tan encantado:



martes, 14 de julio de 2026

Fútbol, palomitas y calippo

No sé qué será de nosotros cuando acabe el partido de fútbol, pero en estos momentos estamos haciendo toneladas de palomitas y hemos pedido más pizzas de lo que sería razonable. ¿Pero quién quiere ser razonable en estas circunstancias? Todos necesitamos paliativos existenciales para llevar con ánimo la cotidianeidad. Y el fútbol puede ser uno de ellos. En cualquier caso, nos ayuda a estar juntos, a gritar juntos, a abrazarnos y a celebrar las cosas efímeras. Mi nieto Gabriel me acaba de comunicar que ha comprado también dos cajas de calippos. Para mis nietos y para mí el calippo es una de las manifestaciones más logradas de la cultura humana. Hasta Platón sabe distinto con un calippo en la mano. Mi nieto mayor se ha presentado con una bandera que ha colocado sobre el televisor. Quizás la inteligencia sea esto: la habilidad para sacar partido a lo efímero y trivial. 

domingo, 12 de julio de 2026

San Agustín

La editorial Trotta ha publicado recientemente las Cartas filosóficas de san Agustín. Son interesantes por varios motivos, pero lo que más aprecio en ellas es la voluntad de pensar a lo grande. San Agustín hace lo que han hecho todos los filósofos verdaderamente grandes: coger el Todo y ponerlo ante ellos, en la mesa de análisis. Es esa voluntad la que, a mi pareer, nos falta en España. Nuestro pensamiento (hagamos la excepción de Ortega y Zubiri) es fragmentario y timorato. Pensamos a gente que piensa, pero nos guardamos mucho de pensar de verdad por nuestra cuenta, no sea que vayamos a decir alguna tontería sonrojante. Pues bien, el pensador de verdad ni tiene miedo a hacerse daño cuando piensa ni anda trasteando con fragmentos de pensamientos ajenos. Coge al toro por los cuernos y, como resulta inevitable, siempre acaba con alguna herida, pero lo que nos deja como herencia (la valentía del pensamiento libre) es enorme. No eres libre si tienes miedo a equivocarte. De ahí que haya que mirarse con tacto ante el espejo.

sábado, 11 de julio de 2026

Rutinas y turismo

Hay algo de profundamente benéfico en las pequeñas rutinas cotidianas: permiten que el mundo parezca tu mundo. La realidad (lo primero en sí, que diría Aristóteles) nada sabe de rutinas, aunque pueda saber mucho de repeticiones, mientras que el mundo de las cosas humanas (lo primero para mí) es el mundo creado por los hábitos contra natura. Levantarse a una hora determinada, pasar a ver el correo, la ducha, el desayuno en la Plaza de Ocata, el rato de lectura, la charla trivial con los vecinos, la compra para hacer ese plato que te gusta, la cerveza helada al mediodía... Curiosamente, todo esto es lo que pretendemos romper en vacaciones y por eso nos cruzamos a las primeras horas de la tarde (cansancio, sudor, mochilas, sed y un niño a rastras), cuando el sol rabia sobre nuestras cabezas, con otros grupos de turistas que hacen turismo despiadado, molidos por el sol. Si un juez condenase a hacer turismo de la manera en que habitualmente lo hacemos, sus sentencias se nos antojarían inhumanas. Pero quizás se trate de eso, de hacer turismo para romper imprudentemente durante unos días con las rutinas y así volver a casa, al refugio de lo cotidiano. En la espera del año que viene, porque repetiremos.

La Odisea, de Homero a Nolan

Ayer vi, justo antes del partido, la Odisea de Christopher Nolan. Me gustó, a pesar de la extraña mezcla de Homero con Tolkien y La guerra ...