martes, 2 de junio de 2020

Desnudo sin mascarilla


Ayer Xavier Graset me invitó a su programa en la televisión catalana. Era la primera vez que salía de Ocata desde el 10 de marzo. Y me olvidé la mascarilla en casa. Al darme cuenta, sentí, como Adán, vergüenza de mi desnudez. En los taxis han puesto una pantalla de metracrilato -o lo que sea- para separar a los pasajeros del conductor y la voz de este se oye un poco distante, pero tenía ganas de preguntar cosas, porque la de los taxistas es una de las profesiones que se mueve en la vanguardia de la realidad. No los vi muy entusiasas con la recuperación económica y sí preocupados por la negligencia de la gente. Me imagino que el taxista que me levó a Barcelona se refería a la gente que, como yo, no lleva mascarilla. Nada más llegar a los estudios pedí, por favor, una mascarilla para cubrir la desnudez de mi imprudencia. Había muy poca gente. No se maquilla a los invitados y el personal de limpieza se ha convertido en personal de socorro. Unos carteles en los espejos de la sala de maquillaje vacía decían que se necesitaba maquilladores y peluqueros. Todo tiene el aspecto de una provisionalidad que ha venido para pasar una larga temporada con nosotros. Al volver, pasadas las doce de la noche, llovía sobre unas carreteras vacías.

lunes, 1 de junio de 2020

Lo peor del mundo

 Mayo, el mes de las flores. "Veniiiid  y vaaamos tooodos..."

Me explica mi nieto Bruno (10 años) qué es lo peor del mundo, "pero lo peor de lo peor", resalta. "Es cuando tu madre se empeña en besuquearte en la puerta de la escuela y a decirte que si esto que si lo otro y de repente te das la vuelta y ves que diez compañeros de clase han estado viéndolo todo".

Y, yo, también de repente, he caído por un pozo de la memoria hasta su edad y he entendido perfectamente lo que me decía. Pero mi conclusión ha sido muy diferente de la suya.

¡Qué tiempos aquellos, en los que lo peor del mundo -pero lo peor de lo peor- era que te quisieran demasiado!

domingo, 31 de mayo de 2020

Ramón Mercader sigue vivo

 Ramón Mercader en Lecumberri, junto a María Asúnsolo 
y otras personas que no he podido identificar.


Ya que salgo citado, me parece conveniente apuntar algunas cosas que he ido descubriendo con el tiempo (porque no he abandonado, ni mucho menos, la investigación):

1. Sara Montiel y Ramón Mercader fueron amigos. Él la admiraba profundamente. Pero no fueron amantes. 

2. Sara visitaba con frecuencia la cárcel de Lecumberri porque su pareja de entonces, Juan Manuel Plaza, figura relevante del PCE, suministraba a Ramón materiales tecnológicos sofisticados para poner en funcionamiento una emisora de radio que, desde la misma celda de Ramón, brindó importantísimos servicios al espionaje soviético.

3. Ramón Mercader aprovechó las visitas de Sara a su celda para enseñarle a leer y a escribir. Ella misma lo reconoció públicamente en la televisión mexicana.

4. Sara sí tuvo amores con todo un señor Presidente de México y quizás hacía aquí haya que mirar para explicar por qué ocultó el nacimiento de su hijo (en el caso, no comprobado, de que lo tuviera).

5. ¿Participó Sara en operaciones de espionaje para los rusos en México? Sospecho que ayudó en estos menesteres a Margarita Nelken y a Mateo Papaicónomos (colaborador y amante de Nelken).

6. Sobre Caridad Mercader: Hoy sé que, lejos de empujar a su hijo al asesinato de Trotsky, intentó convencerlo de lo contrario. Ramón decidió por su cuenta su participación para ayudar a su amigo Leonid Eitingon, con el convencimiento de que todo saldría de manera diferente a como salió.

7. Sara Montiel dijo alguna vez sobre Ramón Mercader lo siguiente: "Sabía que mató a Trotsky, no que fuera un asesino".

sábado, 30 de mayo de 2020

Día ubérrimo

Home sweet home

Por la mañana he acabado, firmado y enviado satisfecho un prólogo de 10 folios para una edición de la Apología de Sócrates y del Critón de Platón. Le he pedido al hipotético lector que ponga algo de interés en comprender a los jueces que condenaron a muerte a Sócrates si quiere entender lo que ocurrió. Un admirado farero me hizo ver en una ocasión que entre su entrada en la cárcel y el Critón, Sócrates había permanecido 30 días en silencio. Ahora creo saber que ese silencio explica por qué los jueces que tanto patalearon sus discursos de defensa, hubieran aplaudido con fervor cada una de las palabras del Critón.

Por la tarde, he termindo, firmado y enviado satisfecho un artículo de 13 folios sobre la vigencia del conservadurismo a una importante revista.

Si fuéramos dueños de nuestra inteligencia, podríamos programar las horas en las que estaremos fértiles. Por ejemplo, el miércoles de 7 a 9. Pero cuántas veces no encuentro la manera de escribir un folio con sentido y cuántas veces parece que el sentido es el que escribe solo el folio. En definitiva, que Sócrates tiene razón, todos tenemos un daimon caprichoso.

viernes, 29 de mayo de 2020

Versos

Esta mañana Álvaro Petit me ha regalado este poema de Mesanza


Lucrecio nos enseñó -le he contestado- que se puede decir lo más triste de la manera más hermosa... y, entonces, ya no es verdaderamente lo más triste. 

Y él ha añadido este "bonus track" de Cirlot:

Este sonido triste que solloza 
es mi espada románica que piensa. 

Mi corazón oscuro la acompaña.

Le he respondido con estos versos del mexicano Homero Aridjis:

Buenos días a los seres
que son como un país
y ya verlos
es viajar a otra parte


buenos días a los ojos
que al abrirse han leído
el poema visible
 

buenos días a los labios
que desde el comienzo han dicho
los nombres infinitos
 

buenos días a las manos
que han tocado las cosas
de la tierra bellísima



Y entre versos nos hemos pasadoo un buen rato.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Peleando con Heidegger


Estás peleando con Heidegger
a brazo partido
y justo cuando tras dejarte los nudillos
la puerta se entreabre
para entregarte la luz
de la nada del ser y su trascendencia,
aparece tu nieto compungido
para enseñarte la tirita que tapona 
la hemorragia del cosmos en su dedo.

Vuelves a abrir el libro
tras expulsar al caos y reinstaurar el orden
y justo cuando llegas
a la plenitud y pobreza del significado del “es”
tu mujer te interrumpe 
con un consejo sobre la compra del día.

Reinicias
recuperas la senda perdida
porque el ser se manifiesta en todo caso como abismo
y suena el teléfono
o un pechirrojo se posa en el alféizar
o tienes sed
o asientes a la conveniencia 
de cambiar el color de las paredes
un azul un poco más marino
y el techo, claro, blanco.

Y Heidegger queda desplazado
porque hay cosas más urgentes
que el drama del ser y el tiempo.

Es más esencial 
la ironía de lo cotidiano
que reclama sus derechos sobre 
las gigantomaquias de la filosofía.

Y Heidegger se cabrea 
-pobre, no sabe reír
y por no saber reír 
una parte de la verdad del insondable ser
se le escapa
como una lágrima en una carcajada.

Desnudo sin mascarilla

Ayer Xavier Graset me invitó a su programa en la televisión catalana. Era la primera vez que salía de Ocata desde el 10 de marzo. Y me ...