martes, 24 de noviembre de 2020

La ensaladilla

Comemos en casa de L. Su nieto, de primero de ESO, se sienta a mi lado. Le pregunto qué está haciendo en el instituto y esta es la conversación que hemos mantenido. Les ahorro gestos, interjecciones y silencios.

- Un proyecto.

- ¡Qué interesante! ¿Y sobre qué trata?

- De tres países.

- ¿Cuáles?

- Rusia.

- ¿No eran tres?

- A mí me ha tocado Rusia.

- ¿Pero de qué has hablado?

- No sé... hemos hecho un powepoint. Más de 40 páginas.

- Sí, pero tú... ¿de qué has tratado?

- De la comida.

- ¿Y qué comidas tienen?

- La ensaladilla.

Y ya no le he podido sacar nada más. Por eso insisto tanto en que un trabajo escolar que no deje ningún residuo en la memoria, no es un trabajo educativo.

lunes, 23 de noviembre de 2020

El resistente

Cuando se abrió el Petit Cafè en la plaza de Ocata, de esto hace ya muchos años, se formó muy pronto y de forma espontánea una tertulia de jubilados a los que yo saludaba como "El frente de juventudes", cosa que les hacía mucha gracia. Me gustaba escuchar sus conversaciones alargando la oreja, haciendo como que leía el libro que tenía entre manos y me sentía un poco como un niño que anda curioseando las cosas de los mayores. Durante unos años había un equilibrio entre los que ya no volvían y los que se sumaban. Ahora parece que, definitivamente, el ritmo de los desaparecidos no puede ser compensado con los novicios y la mesa se ha quedado sola, vacía, y sólo un anciano se atreve a ocuparla. Es otra rutina rota. Hoy, el último resistente, a venido a nuestro lado a contarnos sus muchos años y a asegurarnos que ya estaba en la fila de espera.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Cocido

Me levanto temprano para poner una gran cazuela de cocido al fuego. A los pocos minutos comienzan a expandirse por la casa los efluvios del chup-chup. Esto, para mí, es la esencia de un hogar. En mi caso se produce, además, un efecto colateral muy beneficioso: nunca trabajo con más rapidez e inspiración que cuando uno de estos guisos de cuchara inunda la casa con aromas de infancia.

viernes, 20 de noviembre de 2020

El temple

Hay días en que nada más abir los ojos ya sabes que el ánimo va a hacerse el remolón y va a ir a la suya. Los viejos de mi pueblo hablaban del "temple." "¿Cómo va hoy el temple?", se preguntaban unos a otros al saludarse. Pues hoy ando con el temple así así. Y sin razón alguna para ello. Mis estados de ánimo son tan agrestes y voltarios que no saben nada de educación emocional.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Rutinas

Como llevamos semanas haciéndolo, el recorrido se ha convertdo en hábito. 
 
Mi mujer y yo salimos de casa a eso de las 11 de la mañana, cuando puedo desprenderme de lo que estoy leyendo (que hoy eran los sermones de santo Tomás de Villanueva). Vamos chino chano hasta la plaza Nueva y de allí a un bar del mercado a que nos hagan un par de cafés para tomárnoslos, cara al sol, en las gradas de la plaza. Si es necesario, compramos alguna cosa de comer. Después, seguimos nuestro camino, por Roger de Flor, hasta el paseo. Subimos por Mare de Déu de Núria, entramos en la frutería y, si se tercia, en Can Rac, y volvemos a casa. 
 
A medida que han ido pasando los días, nos hemos ido habituando a encontrarnos con determinadas personas en los mismos sitios. En la plaza Nueva estará una de ellas, dando de comer a las palomas; en la puerta del mercado, otra, comprando solidaridad cívica; poco antes de la plaça de Cataluña nos detendremos unos instantes ante el pobre oficial del pueblo, con su perro tumbado al sol. En Masnou hemos decidido que nuestro pobre oficial ha de ser tratado de manera excelente y todos los que pasamos a su lado le dejamos alguna moneda y él nos saluda como tomando nota de que se va reduciendo la deuda que tenemos contraida con nuestra conciencia. En un banco de la plaça de Catalunya, la R., sola, viendo pasar no se sabe qué. En otro, en el paseo, un señor muy elegante, con sombrero y corbata, leyendo el Marca y más adelante otro, mucho mayor, también vestido de manera impecable, mirando sin ver a los que pasamos a su lado. Etc. 
 
El día que nos falta alguien, lo echo en falta. Ya ven, cada vez me gustan más las rutinas... no porque sean rutinas, sino porque sé lo frágiles que son y, por lo tanto, mantenerse fiel a ellas es como mantener tu fidelidad contra el tiempo. Es como mantenerse firme en una batalla que sabes perdida de antemano.
 
La rutina es un gesto de resistencia. Es la poesía de la existencia.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Otra herida narcisista

Hasta ahora, cuando acompañaba a mi nieto al colegio iba con él hasta la misma puerta del centro. Hoy, al doblar una esquina, ante la fila de los niños de su clase que esperaban que se abrieran las puertas, mi nieto se ha despedido de mí de una forma que no admitía dudas: quería seguir en solitario. Lo he entendido. Yo también fui preadolescente. Llega un momento en que tienes una necesidad existencial de proclamar tu autonomía ante los ojos de tus semejantes, de que te has librado de la tutela de los adultos. Pero la comprensión de las cosas no necesariamente nos hace más felices.

Ayer traje a este café una foto que me habían enviado del Ártico mostrando La escuela no es un parque de atracciones. La foto tiene su historia, porque es de un venezolano que se encuentra en la península de Guida, en la costa siberiana del mar de Kara, en el océano Ártico. Escribo esto buscando en el recuerdo una tirita afectiva para mi herida narcisista.

La ensaladilla

Comemos en casa de L. Su nieto, de primero de ESO, se sienta a mi lado. Le pregunto qué está haciendo en el instituto y esta es la conversac...