domingo, 22 de marzo de 2026

Rodillas

Una satisfacción menuda, pero muy rica y jugosa es la que me ha llegado esta tarde por mail. Un padre me ha enviado una foto con las rodillas heridas de su hijo y lo ha hecho, por supuesto, con el mayor orgullo, que he compartido, porque hace mucho tiempo que vengo alarmando contra el síndrome de las rodillas impolutas de los niños. No tengo dudas: cada herida en las rodillas de su hijo es una sesión menos con el terapeuta.

La luz

Una de las consecuencias de la edad -sospecho que es ella la responsable- es que tengo que cenar poco. Si ceno como cenaba, me espera una mala noche en la que me arrepiento por ese extra que la voracidad me ha llevado a la boca. La edad, pues, es una forma de ascetismo. La lista de cosas que se van esquematizando como se esquematiza una cena es cada vez más larga. Sin embargo hay una que no solo mantiene incólume su vigencia sino que se ha afinado y crecido en su provocación. Es la mirada. La mirada a la belleza transeúnte, claro, pero también al gozo que la mirada encuentra en las mil manifestaciones de la luz: a los juegos de luces y sombras que las jacarandás de mi calle proyectan sobre las paredes de las casas, a la luz del alba y del atardecer, a la luz filtrada y a la luz desnuda, a la luz del cielo nítidamente azul y a la luz que enturbian las nubes bajas con sus grises, etc. La edad va como subrayando la relevancia de este don gratuito y espléndido que es la luz. Sin la luz, ¿qué sería de las bellezas de este mundo?

sábado, 21 de marzo de 2026

La vida vivida

Son las 5:50 cuando comienzo a escribir esto. Acabo de llegar a casa después de haber ido a buscar a mi nieto y a dos amigos suyos a una discoteca a Mataró. Hay cosas que debemos hacer los abuelos. El espectáculo de cientos de jóvenes saliendo de una discoteca a las 5 de la mañana es digno de tenerse en cuenta porque es el espectáculo de la vida vivida que no cabe en ningún esquema de la vida diseñada. Esto es la teoría: la capacidad de ver. En mi caso no podía dejar de constatar lo lejos que estaba todo lo que estaba viendo de determinados discursos oficiales sobre lo correcto. Merece la pena tomar esta lección de contemporaneidad.

jueves, 19 de marzo de 2026

Malgrat de Mar

Hoy es El Confidencial el que recoge mi comentario sobre Torrente. Me imagino que estos días, a pesar de que el mundo está patas arriba, debe quedar mucho espacio libre en los periódicos y hay que llenarlo de cualquier manera. Esta tarde he estado en la biblioteca de Malgrat de Mar hablando de cosas de educación con un grupo magnífico de gente del pueblo. El tiempo ha pasado volando. Tenía previsto hablar una hora, han sido dos y se ha quedado corta la cosa. Tengo 70 años y justo ahora estoy comenzando a aprender a mirar con serenidad: las estaciones de tren (una pareja de jóvenes riñendo), los parques (adolescentes en un banco, pasando frío), las calles (casi desiertas), las fachadas modernistas (tan previsibles), el movimiento de los atardeceres (en los bares), los escaparates de las tiendas (mostrando lo que en cada lugar es de valor)... He subido al tren cojeando y apoyado en mi bastón y un marroquí un poco más joven que yo me ha cedido el asiento. Los demás pasajeros han hecho lo que suelen hacer, aparentar que no me ven. Él se ha levantado y no ha admitido mis pegas. Con su media lengua me ha asegurado que es bonito ayudar, que si ayudásemos más habría menos guerras y que la vida es buena si ayudas.

La realidad es una torrentera

El lunes pasado escribí esto en X: «He ido a ver Torrente Presidente, creyendo que me encontraría con el viejo pícaro hispano. Y así ha sido. Como en las historias de pícaros, uno se queda con un regusto amargo, triste, incluso, porque aquí, como en el Lazarillo", la risa es el eco de un llanto».

Posteriormente desarrollé un poco la idea en este café.

El martes Jordi Amat me pidió que escribiera «Sobre Torrente/lazarillo y la tristeza de la picaresca». Lo hice ayer por la noche en Madrid. Se lo envié y se supone que aparecerá el sábado.

El martes me encontré con esto en El Periódico: «Poco imaginaba Santiago Segura que su película recibiría el elogio del filósofo Gregorio Luri, uno de los mayores referentes sobre la educación en España. En una publicación en la red social X, el profesor y pedagogo ha comparado el filme nada menos que con el 'Lazarillo de Tormes' (1554), obra cumbre de la literatura española».

Y hoy en el ABC: «Gregorio Luri, filósofo, va al cine a ver Torrente y se queda sin palabras con la película de Santiago Segura».

lunes, 16 de marzo de 2026

Torrente

Nos hemos dejado aconsejar por nuestro nieto y hemos ido mi mujer y yo esta tarde al cine, a ver Torrente Presidente. Estaba a rebosar, especialmente de personas de la tercera edad. Los jóvenes han ido a verla durante el fin de semana y nosotros nos hemos reservado para hoy, porque los lunes es más barato. Esperaba ver una película más de este personaje impresentable, cutre, egoísta, vulgar, zafio... que es Torrente, un pícaro grosero de nuestro tiempo. Pero en esta ocasión es algo más. Es más pícaro que nunca y por eso su figura trasciende las imágenes grasientas habituales. Hay aquí algo de retrato hiperbólico de una realidad que, aun llevada hasta la astracanada, resulta reconocible. Y eso duele. Es difícil gustarse siendo así. En esta película no hay nada sagrado, nada que merezca respeto. Este nihilismo blando duele porque apunta a una verdad que tiene poco de blanda y por eso mismo la risa que provoca es como el eco de nuestro llanto.

Torrente: El eco de nuestro llanto