jueves, 18 de julio de 2019

Segismundo

I
¿Finge quien finge sin saber que finge?

II
 ¿Y quien se cree sincero por ignorancia de lo infundamentado de esas convicciones que soportan sus creencias?

 
III
¿Qué porcentaje de lo que consideramos más genuino de nosotros mismos ha sido robado a las personas que hemos ido admirando? ¿Tenían ellas como propio cuanto les robamos?

IV
Ser Calderón para alguien conlleva muy serias responsabilidades. Por ejemplo, la de imaginarte que eres Segismundo para ti mismo.

V
Uno se pasa la vida intentando apartar de sí lo que cree menos genuino de sí mismo. Adherencias que quisiéramos que no fueran reales, pero sin las cuales seríamos otro. 

VI
La vida es inevitablemente sueño cuando miras a la cara a aquel niño que fuiste en la foto encontrada casualmente en el fondo de un cajón, entre papeles viejos e inútiles de los que te duele desprenderte.

VII
Esta tarde viajo a Valladolid. Mañana por la mañana soñaré que razono.

miércoles, 17 de julio de 2019

Guardianes del bienestar público


I
Viaje a Madrid. Salí el lunes a las 15:00 y regresé ayer a las 17:00. En los días calurosos de verano, Madrid es una ciudad que parece acomplejada por el peso del cielo incandescente, pero en cuanto comienza a refrescar un poco al caer la tarde, las terrazas se llenan de gente y la ciudad se reencuentra consigo misma. 

II
Salió ayer en Expansión una foto que nos hicieron en Peralada. Allí estamos María Alasia, mi Agente provocador, Jordi Nadal (editor de Plataforma) y un servidor. Desde hace años Jordi me viene llamando Maese Luri y yo a él lo llamo JJJordi, porque estoy convencido de que nadie tiene fuerzas para hacer todo lo que él hace, así que he concluido que no hay un Jordi, sino tres, que son idénticos y se van turnando en sus horas de trabajo para darnos el pego a todos.

III
Ayer me enteré que hay una mujer en París que cree que soy Calderón de la Barca.

IV
Pensando en Carmen Calvo, esto de Rorty, eminente intelectual de izquierda, dirigiéndose a los intelectuales de izquierda: “¿En qué estamos más interesados: en aliviar la miseria o en crear un mundo en el que los intelectuales sean los guardianes del bienestar público?"

lunes, 15 de julio de 2019

Tormenta de verano

I
Chaparrón de verano. El día amaneció con sus rutinas, sin amenazas, pero a medida que avanzaba la mañana iba tomando un cariz pendenciero, que, finalmente, estalló a primera hora de la tarde. La escandalera de estas tormentas es una de las peculiaridades del verano mediterráneo. No seríamos nosotros sin ellas. Con las primeras gotas, enormes, se eleva del suelo ese olor tan peculiar a tierra mojada que es como una exhalación de la vida recobrada y un reencuentro con todas las tormentas pasadas a lo largo de nuestra vida. Durante media hora estuvo lloviendo con consistencia y después volvió el verano y salí a pasear en compañía de Martha Argerich y Shostakovich: Concierto de piano número 1, el quinteto para piano y el concierto para dos pianos. Volvían a la playa los desalojados por la lluvia a encontrarse con un mar sucio, que acababa de recoger toda la basura que habían arrastrado hacia él las rieras y torrentes.

II
Estoy leyendo algunos libros sobre neuroeducación. A veces siento que me toman el pelo vilmente. Una cosa es descifrar lo que un neurólogo ve en sus máquinas, sin duda cada vez más avanzadas, y otra muy distinta intentar explicarme a mí cómo es mi vida, el mundo de la vida. Si lo que dice un científico, por famoso que sea, sobre el mundo de la vida, se contradice con mi experiencia cotidiana en el mundo de la vida, es decir si intuitivamente veo que lo que dice no cuadra con mi experiencia, me quedo con mi vida que es, creo yo, con lo que se queda también el científico cuando sale del laboratorio y se dedica a ser él, no su cerebro.

III
Vuelve mi nieto Bruno de pasar unos días en un camping. Me abraza y me dice: "¿Sabes, abuelo? A veces se echa en falta a las personas a las que pones histérico".

domingo, 14 de julio de 2019

Pequeños soldados


Este es el consejo que daba Che Guevara a sus hijos en la última carta que les escribió:
Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:
Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no estoy entre Uds.
Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho.”
No creo que el Che viera con reticencias las canciones que los niños chinos cantan con entusiasmo en sus jardines de infancia y que dicen cosas así: "Soy un soldado pequeño, practico cada día” o “No hay nada más honorable que el trabajo” o “Cuando el maestro habla, tú no puedes hablar”. Tampoco me parece que frunciera el ceño si viese escuelas llamadas, como es habitual en China, “La sabiduría, lo primero”, “El sacrificio es oro” o “El mejor lugar para aprender matemáticas”. Y estoy seguro que no pondría ni la más mínima objeción a la “emulación socialista”, tan defendida por Lenin.

La dimensión social de la educación se mantiene viva en China y es un elemento motivador del aprendizaje, mientras parece estar desvaneciéndose en Europa, donde contemplamos la escuela desde un punto de vista cada vez más psicologizado. Los chinos saben que, como dice un refrán suyo, “una generación planta los árboles y otra disfruta de su sombra” y consideran que es un gesto muy noble plantar los árboles de cuya sombra no disfrutarán, precisamente porque ya disfrutan de la sombra de los árboles que plantaron los que les precedieron. 

La piedad filial, una de las virtudes chinas más sobresalientes. Incluso existe en las escuelas el día de la celebración de la obediencia filial. ¿Y qué decir del día en que los niños traen a sus abuelos al cole para darles un masaje y lavarles los pies? 

Pero la principal manifestación de la piedad filial es el esfuerzo escolar: hay que esforzarse por trabajar en clase porque es la manera de corresponder a lo que nuestros padres esperan de nosotros. Obviamente hay aquí todo un proyecto de educación emocional que asume que ciertas actividades escolares son imprscindibles aunque sepan “chicu” (amargas) o que aquello que puede aprenderse bien no debe dejar de enseñarse (el concepto de raíz cuadrada comienza a trabajarse en preescolar).

En las escuelas chinas preocupa mucho menos crear las condiciones de confort que posibiliten el aprendizaje (que es lo que hacemos nosotros) que crear aprendizajes que posibiliten el confort (que es lo que hacen ellos con naturalidad). 

Lenora Chu, a quien debo las observaciones anteriores, recoge en su libro Little Soldiers (2017) una entrevista que mantuvo con Andreas Schleicher, a quien ella misma define como “el arquitecto de PISA”. Ambos se muestran de acvuerdo en que los excelentes resultados de Shangay en PISA han de ser tomados en serio, porque “el Shangay de hoy es la China de mañana”. Schleicher reconoce que “los chinos están haciendo las cosas bien” porque conocen las demandas cognitivas que pueden exigírsele a cada niño. “Los chinos -añade- memorizan lo que necesitan memorizar y usan el resto del tiempo para profundizar en la comprensión conceptual”. Aunque Schleicher no lo diga, sí lo dice Lenora Chu: al menos en matemáticas, las escuelas chinas son un magnífico ejemplo de los beneficios de la instrucción directa y el meticuloso aprovechamiento del tiempo.

Los occidentales queremos creer que en algún repliegue del alma del niño está durmiendo un genio que podrá despertar con los estímulos adecuados. Los chinos prefieren confiar en la práctica intensiva, en la diligencia y en la instrucción directa.

sábado, 13 de julio de 2019

Benjamin Carson y Jordi Nadal


Juan  Cruz hace referencia a una anécdota, protagonizada por Benjamin Carson, que quiero recoger aquí con más detalle.

Mi amigo Jordi Nadal, director de Plataforma Editorial, recibió hace poco en su editorial a tres chicas adolescentes muy poco interesadas en la lectura. Les leyó la carta que Camus escribió a su maestro cuando recibió el premio Nobel. Les explicó también quién era Camus y como un día su abuela lo envió a comprar un poco de comida y él se gastó el dinero en golosinas. Cuando la abuela le preguntó dónde estaba la compra, él respondió que la moneda se le habían caído en el váter. La mujer se arremangó y la buscó con la mano, en vano. "Esto -les comentó Jordi- es la pobreza que intuyo que vosotras no conocéis". Después seleccionó una página de las memorias de Benjamin Carson y les pidió que la leyeran mientras él atendía unos asuntos urgentes.

Benjamin Carson es director de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil del Johns Hopkins. Su madre era una empleada doméstica que se dio cuenta de que la gente de éxito pasa más tiempo leyendo que mirando la televisión. Decidió entonces que sus hijos sólo mirarían tres programas a la semana y que en su tiempo libre leerían libros de la biblioteca pública. Cuando acababan uno, le  tenían que entregar un comentario del mismo por escrito, que ella leía en silencio, con gran interés, mientras ponía algunas marcas en el texto. Años más tarde, Benjamin Carson descubrió que su madre no sabía leer.

En el instituto, Benjamin perdió el interés por el estudio. Prefería ser un chico popular. Un día se quejó a la madre porque no le compraba ropa de marca. Ella le dijo: "De acuerdo. Te daré todo lo que gano cada semana fregando suelos, y tú nos comprarás la comida y pagarás las facturas. Con lo que te sobre, te podrás comprar lo que quieras". A Benjamin le pareció un buen trato. Pero después de comprar las cosas imprescindibles, no le quedó ni un céntimo.  Entonces comprendió los equilibrios que tenía que hacer su madre para comprar la ropa que llevaba. Y volvió a estudiar con ganas. "Mi historia -concluye Carson- es, en realidad, la historia de mi madre, una mujer con escasa educación formal que me enseñó que no hay tarea más importante que la de hacer de padres".

Una hora después de despedirse, Jordi recibió una llamada de una de las chicas. Quería decirle que cuando iban hacia la editorial sólo se habían fijado en los escaparates de las tiendas de ropa, pero que a la vuelta se detuvieron ante dos librerías.

Cuento todo esto aquí:
 

Estudiar, agradecer, llorar

I
Ayer por la tarde, fiesta de Expansión en Peralada. Esta vez fuimos con Jordi y María, de Plataforma. Viajar con la amistad al volante es acortar las distancias de tal forma que en cuanto subes al coche ya has llegado al lugar al que querías ir. En Peralada estaban Collboni y Borrell.

II
Los escolásticos diferenciaban entre "studiositas" y "curiositas". El curioso vive en un mundo de objetos, el estudioso en un mundo de dones. Una de las características de la pedagogía moderna es que no sabe lo que ha olvidado.

III
El curioso pasa su mirada por el barniz de las cosas; el estudioso agradece. Estudiar es agradecer.

IV
Cuenta Jordi esta anécdota. En la universidad, en la clase del profesor X se durmió un estudiante. El profesor le pidió a su compañero de mesa que lo despertase. "¡Perdone, señor -le contestó éste-, pero si usted lo ha dormido, despiértelo usted".

V
Escribiendo el punto anterior suena el teléfono. Me comunican la muerte repentina de una persona. La conciencia pavorosa de la fragilidad humana. Estudiar es también llorar.

viernes, 12 de julio de 2019

Amanece

I
Las primeras horas de estos días de verano son una delicia. El sol, en su ascenso, prolonga las sombras y los volúmenes de las cosas, que van, lentamente, empapándose de una luz amable, de bienvenida. Revolotean las golodrinas nerviosas, como si tuvieran prisa por recorrer todos los caminos del aire y el silencio se va poblando poco a poco de sonidos. A veces me quedo mirando al cielo, de un azul desvaído, perezoso, y paso un buen rato embobado, sin hacer nada, asistiendo al desperar del mundo.

II
La experiencia cotidiana me lo vuelve a muestrar: Todo lo que podemos pedirle honestamente a un diálogo no es un acuerdo, sino una clarificación de las diferencias. Si es así, al acabar de dialogar nos hemos hecho con una represnetación más nítida de nuestras propias posiciones, con sus puntos fuertes y sus puntos flacos.

III
Cada tiempo venera sus prejuicios, que tiene por modelos de pensamiento libre y crítico. ¡Pobre del que se atreva a ponerlos en cuestión!

Segismundo

I ¿Finge quien finge sin saber que finge? II  ¿Y quien se cree sincero por ignorancia de lo infundamentado de esas convicciones que...