domingo, 30 de junio de 2019

Abstracciones


Leyendo la biografía de Serrano firmada por el Conbde de Villa-Urrutia.

Cuando se decidió la boda de Isabel II con el lindo Francisco de Asís, lord Palmentin advirtió al embajador británico en Madrid: “El Infante Don Francisco de Asís está imposibilitado física y moralmente para hacer la felicidad privada de Su Majestad". 

Pero la boda tuvo lugar, para desesperación de Balmes, que tanto había apostado por un enlace entre Isabel II y el Conde de Montemolín, el pretendiente carlista, que hubiese puesto punto final a la guerra civil. La reina lo rechazó porque... era bizco. No tardó en lamentar su elección, pues, como ella misma dijo: “¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?”.

Pierre Luz describió así a Francisco de Asís:"Pequeño, delgado de gesto amanerado, de voz atiplada y andares de muñeca mecánica. En la intimidad lo llamaba el pueblo Paquita, Doña Paquita, Paquita Natillas o Paquito Mariquito. Le gustaban los baños, los perfumes, las joyas y las telas finas".

Le cedo la palabra ahora a Villa-Urrutia: “Vióse defraudada en todas sus esperanzas de Reina y de mujer... No consentía el temperamento de la joven Soberana el régimen de rigurosa abstinencia a que pretendía someterla su marido, esperanzado a caso con rendir la plaza por hambre, sin exponerse a los riesgos... del asalto... Díjose que el General bonito... D. Francisco Serrano... ofreció a la Reina los consuelos que requería el caso, lo cual exacerbó al Rey, que se quejaba, sobre todo, de que no le guardara el General las consideraciones que siempre tuvo Godoy a Carlos V... Por lo demás, aunque la desavenencia que había en Palacio daban lugar a murmuraciones y hablillas, lejos de causar daño a la Reina, coincidió con la época de su mayor popularidad”.
Mientras Francisco de Asís cortejaba a los actores del Teatro Real, Isabel II no se quedaba con los brazos cruzados. En una de las habitaciones del Palacio Real de San Ildefonso están expuestos los retratos de los 12 bebés que tuvo, algunos ya sin vida.

sábado, 29 de junio de 2019

Buenos días. San Pedro

Hoy es San Pedro, santo patrón de Ocata, pueblo que fue de pescadores y marineros, y ayer hubo verbena. Tocó hacer de abuelo y fingir valentía con mi nieto Bruno y un amigo suyo, metiéndome bajo el fuego "dels dimonis" y sus atronadores petardos. Un martirio para mis oídos, pero un regalo para mi "abuelez". La condición de abuelo rejuvenece. 


El mes que viene tengo un debate en Valladolid con Cayetana Álvarez de Toledo sobre el conservadurismo y ando dándole vueltas al asunto. ¿Se puede ser conservador en España? A veces pienso que no nos podemos sufragar ese lujo.

Dice Cayetana en El Mundo: "reivindico mi derecho a ofender y ser ofendida. Es decir, a pensar". A mí no me gusta ni ofender ni ser ofendido y, sin embargo, no puedo dejar de pensar (si bien o mal... eso ya es harina de otro costal) y sé muy bien que como decía Wittgenstein, no puedes pensar honestamente si tienes miedo a hacerte daño. Es decir, reivindico mi derecho a ofenderme a mí mismo. Pero tampoco soy tan ingenuo como para ignorar que, desde el momento en que esceribes y publicas, hay gente dispuesta a sentirse ofendida por lo que dices.

viernes, 28 de junio de 2019

Buenos días. 3. Va de temperaturas.


Haciendo un paréntesis entre Pi i Margall y el general Serrano, he dedicado unos días a Los tres diálogos y el relato del Anticristo de Vladimir Soloviev.  Por una parte me he sentido culpable por haber postergado tanto la lectura de este sorprendente texto, pero, por otra, me he dicho a mí mismo que aún me quedan muchas sorpresas que descubrir en mis lecturas, porque a leer, amigos, no se acaba nunca. Muchas y muy fértiles son las ideas que podría comentar de este sorprendente texto, especialmente de esa joya que es el relato del Anticristo, pero me voy a limitar a resaltar tres frases que sirvan de entremés a los curiosos:

"Si pecar es malo, peor es recordar siempre los propios pecados, porque eso significa que uno está lleno de rencor."

"Existe un solo pecado mortal, el desconsuelo".

"No hables con los beatros, que se insinúan en el alma de los otros porque la suya está vacía."

El peor tipo de beato es, sin duda, el filosófico. A esos catedráticos de filosofía que sólo saben decir vaguedades biensonantes porque no tienen nada que pensar que les haga daño o les ponga en un aprieto, habría que ir anunciándolos por las calles con una campanilla, para apartarnos de su paso. Son contaminantes. Siempre están predispuestos a renunciar a un argumento si eso les permite alardear de su indignación moral. Siempre están a favor de todo lo bueno y en contra de todo lo malo, siendo lo bueno y lo malo, obviamente, lo que se lleva. Siempre hablan poniendo cara de obispo. No temen asesinar vilmente el rigor intelectual, pero, eso sí, les gusta pedir disculpas por si, al  haber acercado la filosofía al pueblo, la han trivializado un poco. Y entonces muestran al mundo una lágrima de cocodrilo y la confunden con un sistema de pensamiento.

jueves, 27 de junio de 2019

Mirando hacia la Transición sin ira

En el Subjetivo

El ayuntamiento de Barcelona quiere que hablemos bien. No gramaticalmente bien, cosa que sería loable, sino políticamente bien, y eso es alarmante. Como, al menos por ahora, no puede poner policía lingüística por la calle, exige el lenguaje políticamente correcto a las empresas que pretendan trabajar para el municipio. Una de las palabras que estas empresas no deben utilizar, so pena de no firmar un contrato, es "abuelo". Y eso me ha dolido. El Ayuntamiento de Barcelona nos dice que no hay que utilizar la palabra "abuelo" más que con las personas que han tenido nietos. Cuando no es el caso, hay que hablar de "personas mayores". 

Hay aquí dos cosas que me llaman la atención. Primero, que, por lo visto, habrá que preguntar a una persona de edad si tiene o no nietos para saber cómo referirse con propiedad a ella y, segundo, que se da por supuesto que eso de ser abuelo tiene algo de denigrante. Vaya, que es preferible ser una persona mayor que un abuelo.

Como en mi caso lo de ser abuelo es una de los mejores cosas que me han pasado en la vida y, además, fui abuelo antes de considerarme "mayor", me declaro en rebeldía frente al ayuntamiento barcelonés. 

Soy abuelo. Y estoy decidido a seguir siéndolo mucho tiempo. Es un título que llevo con el mayor orgullo. De hecho, mis nietos son el bálsamo que cura las heridas de la edad.

Además quiero ser un abuelo políticamente incorrecto. Ayer mismo, comiendo, les conté a mis nietos la increíble historia del Emperador Kalil-Kan Rasundranirta, a quien le faltaban la mano derecha, el pie izquierdo y las dos orejas y, visto que el Ayuntamiento de Barcelona tampoco quiere que se usen las palabras "negro" o "inmigrante, me he decidido a dar forma a otra historia que estará protagonizada por Pocopán el Negro y Muerdesuelas el Inmigrante.

Añado aquí la dosis de humor diaria:

Z.

Me cuenta su viuda que en el transcurso de una revisión, a Z. le encontraron un pequeño carcinoma en un pulmón. Nada grave, en estos tiempo...