Mostrando entradas con la etiqueta Memorias de un hombre con alzheimer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memorias de un hombre con alzheimer. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de enero de 2024

Aunecer

 I

Estar jubilado es una buena cosa. Te permite, primero, seguir vivo, y, segundo, disponer de tiempo para bajar tus ideas de la nebulosa de tus pensamientos a lo concreto de la escritura. Con este descenso siempre se enriquecen, porque escribir no es solo un medio de transmitir ideas. Es, sobre todo, un medio de tenerlas. Escribir con libertad significa con frecuencia, someterse a la lógica que va desplegando tu propia escritura. Si, además, eres un poco disciplinado y lees cada día un par de horas (al menos) y escribes otro par (al menos), el trabajo cunde.

II

Escribo "el trabajo cunde" y pienso en un verbo que utilizaba mi madre y que yo hace tiempo que he dejado de utilizar. "Aunecer". Significa aumentar, cundir, dar de sí o rendir una obra o trabajo. Me imagino que proviene del latín "adolescere", "crecer". Recuerdo la expresión "aunece más que el arroz". 

Es curioso comprobar cómo estas palabras se despiertan y sacan la cabeza del fondo de tu memoria, impregnadas de recuerdos antiguos, demostrando así que la memoria es mucho más compleja y menos olvidadiza de lo que tendemos a pensar. 

III

Sobre aprender de memoria. Cada vez que oigo eso, hoy tan común entre pedagogos a la violeta, de que no hay que aprender cosas de memoria porque se olvidan pronto y además todo está en internet, pregunto: "¿Y para qué viajar, si todo lo que puedas ver ya lo tienes en un vídeo en internet?" En este caso se me suele contestar que para tener la experiencia propia de algo. "Pues por eso mismo hay que memorizar, para guardar la experiencia propia del conocimiento.

Aumentar. cundir. dar de sío rendir una obra o trabajo.

miércoles, 3 de enero de 2024

El olfato reticente

 I

Segundo día de retorno al Café. A ver si voy convirtiéndolo en hábito para cumplir el precepto de "nulla dies sine linea". 


II

Ando dándole vueltas al "Enfoque de las capacidades" de Martha Nussbaum, preparando una charla que tengo que dar en Madrid en un par de semanas. Nunca me ha convencido y sigue sin convencerme. Para aceptarlo hay que ser más partidario de la sociedad abierta que el mismísimo Popper.  Y no es mi caso. Pero una cosa es ser plenamente consciente de que algo no te convence y otra muy distinta tener argumentos bien articulados para aclarar tus reticencias. En cierta manera mi pensamiento olfatea primero y argumenta (si puede) después.


III

Hipótesis: Pensar es llevar el olor al concepto.


IV

Chiste que ha contado una clienta en la carnicería hace solo un rato: "Un albino se pierde en el bosque y su padre, para localizarlo, coge la escopeta y pega dos tiros al aire. Y claro, al pan, pan; y Alb/vino, vino." Una sosada, sí, pero me llevo riendo media hora.


V

Le he enviado a Javier Sánchez Menéndez, de la editorial sevillana La Isla de Siltolá, el manuscrito del que será mi próximo libro de aforismos. ¡Cuánto le debo a Javier!

martes, 2 de enero de 2024

Feliz

 I

"A veces pienso -me dice M. en el cercanías- que soy la versión desechada de mí mismo".

No le hago caso, sé que simplemente le gustan las frases así, un poco dramáticas, pero en cuanto me quedo solo -¿no te sabrá mal, verdad, M.?- la escribo en el móvil para no olvidarla. Al llegar a casa decido recuperar el blog. A ver si consigo mantenerme fiel.

II

Decidí comprarles un pastel a los curas del pueblo y me presenté en la casa parroquial con él, tan ufano. Pero a pesar de que llamé con insistencia en la gran puerta de la entrada, no me abrieron. Al dar la vuelta a la casa vi que estaban en una planta superior de sobremesa. Intenté llamar su atención, pero como no lo conseguí, me fui para casa con el pastel en la mano. El problema es que estaba de Rodríguez y me parecía excesivo para mí solo. En esto vi que venía en dirección contraria a la mía una mujer relativamente joven a la que la vida no ha tratado nada bien y ella, para resarcirse, no para de beber cerveza, desde primera hora de la mañana. Se nota bien por dónde ha pasado a lo largo del día por el reguero de latas de cerveza vacías que va dejando.

- ¿Quieres un pastel? -le pregunté.

- ¿Qué?

- Que si quieres este pastel...

- Así, sin más.

- Sin más.

¿Pero por qué?

- Porque estamos en navidad.

Se lo di y lo aceptó con una cara de perplejidad un poco desconcertante. 

- ¿Te puedo dar un abrazo? -me preguntó.

- ¡Claro!

Y se me abrazó como si yo fuera el salvavidas provisional de su naufragio.

- Muchas gracias -me dijo.

- De nada. Déjalo un par de horas para que se descongele.

Seguí mi camino y la dejé a mi espalda. A los pocos pasos escuché de nuevo su voz. Me volví. Ahora estaba acompañada de dos hombres que parecían haber salido de la nada. Los reconocí. Poseen la misma afinidad por la cerveza.

- ¿Puedo compartir el pastel con mis amigos?

- Es tuyo. Puedes hacer con él lo que quieras.

- Feliz Navidad.

viernes, 13 de enero de 2023

El Regio

Los tudelanos, con toda la amabilidad del mundo, me prepararon un calendario en el que estaba siempre acompañado. Se lo agradecí muy sinceramente, pero lo que yo quería era recorrer la ciudad de Tudela a mi antojo, para dar con aquellos lugares que forman parte de mi biografía sentimental, que no tiene otro interés que el de ser mía. 


Me dirigí en primer lugar, al Cine Regio y me lo encontré cerrado y en venta. Me imagino que pronto levantarán en su solar un flamante edifico despersonalizado. El Regio fue para mí un refugio de muchas tardes invernales de domingo. No recuerdo el título de la primera película que vi allí. Sí recuerdo que era para mayores de 18 y yo tenía 16. La protagonista era la escultural Analía Gadé. Corría el año 1971. Colarse en una película de mayores de 18 años era nuestro ritual de paso. Después, a la salida, me gustaba subirme a un autobús urbano y dar vueltas por la ciudad, mientras la imaginación volaba a su antojo, espoleada por las imágenes de la película que acababa de ver. 

Ya no voy al cine. Iba esperando encontrar lo que encontraba en el Cine Regio, esas películas que te abducían y te metían en su trama y te hacían vivir con una intensidad alborotada las experiencias de los protagonistas, pero lo que hallaba en los últimos años no me daba para tanto. Que quede claro que no le echo la culpa al cine actual, sino a mis expectativas.

martes, 10 de enero de 2023

Tudela










He vuelto a Tudela, la ciudad en la que transcurrieron -tan deprisa- mis perplejos 16 y 17 años, cuando la vida era una golosa promesa que parecía al alcance de la mano y cada persona que conocías era original e irrepetible; cuando la entrada a un bar nuevo era como explorar un nuevo mundo y en los bolsillos de mis pantalones había el dinero justo para decidir si comer o ahorrar para comprarme un CD o un libro. A veces me daba para el libro y un donut que solía irme a comer a la catedral. Fueron buenos tiempos. Por eso me he alegrado tanto al reencontrarme con algunos amigos a los que hacía casi 50 años que no veía. El tiempo ha pasado por su rostro, pero permanece idéntica su forma de reírse, de andar, de hacer gestos con la mano mientras hablan, etc.... minucias entrañables de la identidad. Esta mañana me he levantado muy temprano para recorrer el casco viejo de amanecida. Hacía frío, pero ha merecido la pena.

lunes, 25 de enero de 2016

Atocha

Todo el mundo parece saberlo todo de la transición. Lo curioso es que lo que saben no suele coincidir con lo que yo viví. Yo por ejemplo viví lo que esta foto representa como un acto moral. Pero ahora, por lo que se veo, todo el mundo se considera moralmente superior a este gesto.


Recuerdo muy bien la tarde del 24 de enero de 1977. 

La noticia del asesinato de los abogados laboralistas de la Calle de Atocha había dejado a mis "camaradas" universitarios paralizados, pero a mi me hervía la sangre y no me resignaba a hacer oposición de corrillos en el bar de la facultad. Encontré a uno -sólo a uno- dispuesto a ponerle un crespón negro a una bandera republicana y salir a la calle. Pero en la calle no había nadie y nos metimos en el metro esperando dar allí alguna salida a nuestra indignación. No estoy seguro de que supiéramos muy bien qué buscábamos... me imagino que la solidaridad ciudadana. Pero pronto nos dimos cuenta de que estorbábamos. Las buenas gentes de Barcelona se alejaba de nosotros, dejando un cinturón de seguridad a nuestro alrededor, como si apestásemos. Y quizás así era.  

Solamente un anciano alzó el puño a nuestro paso, en Urquinaona. Y eso fue todo. Así que cansados de ser una presencia molesta. Cansados en realidad de todo, metimos la bandera en una bolsa y nos fuimos a beber cervezas. 

Aquel fue el primer día del resto de mi vida. Aquel día se abrió mi transición.

sábado, 23 de enero de 2016

La vida es un pseudónimo

Juan Manuel de Prada comienza así su sección en el ABC cultural: "Afirmaba Léon Bloy (1846-1917) que cada vez que quería saber las últimas noticias, leía el Apocalipsis".

¡Bien por Bloy! Yo estos días he acudido a Herzen.

Hemos venido a este mundo a forzar la realidad (y nadie sabe muy bien en qué punto de este ejercicio comienza la locura). Esa es nuestra misión. Dejemos a la muerte, esa criada de la naturaleza, la misión de ordenar la habitación y poner las cosas en su sitio.

Esta mañana, en la plaza del mercado de Ocata, la pollera que me atendía me ha dicho al entregarme un cuarto de gallina que "la vida es un pseudónimo". No sé muy bien qué me ha querido decir. Ni tan siquiera estoy seguro que sepa lo que ha dicho. Pero le estoy muy agradecido.

viernes, 9 de octubre de 2015

Acúfenos, emociones y otras idiosincracias

Voy al médico. Me han recomendado una técnica para mis acúfenos que puede dar resultado y como estoy hasta la coronilla de vivir entre sonidos que no controlo, me presento en la consulta a ver qué. La doctora que me recibe es argentina. Yo he venido por mis acúfenos. ¿Por qué hablan tanto los argentinos? ¿Por qué dan por supuesto que te vas a encontrar cómodo en la inmersión en una proximidad de colegas? Comenzamos mal. Pero yo he venido por mis acúfenos. La doctora me comienza a hablar de emociones. Seguimos mal. Me dice que cada emoción está relacionada con un órgano del cuerpo. Le digo que yo no tengo tanta versatilidad emocional. Me mira sorprendida. Le preguntó por qué está tan segura de que las emociones tienen efectos somáticos. Me contesta que ya era sabido por la medicina antigua. Seguimos mal. Pero yo he venido por mis acúfenos. Yo creo más bien, le digo, que son los trastornos corporales los que te producen emociones. Bueno, es lo mismo, me contesta ella. Me sorprende que a una médico las causas y los efectos le parezcan intercambiables. Pero yo he venido por mis acúfenos. Me pregunta a qué me dedico. Le digo que soy filósofo. Ah, entonces no voy a discutir con usted, me suelta. Después de una hora de conversación bastante surrealista en la que entre otras cosas la doctora me asegura que todos los hombres vemos en nuestras mujeres a nuestra madre, me dice que me hacen falta 30 sesiones y que el total son 1.800 euros. Después me hará una evaluación y quizás necesite otras 30, porque lo mío es un trastorno idiosincrático, me dice. Pero dispone de una financiera que me puede ayudar. Yo había ido por mis acúfenos.

martes, 29 de septiembre de 2015

El olvido coloquial

No tengo una docena de nietos, sino sólo dos, pero a veces llamo a uno con el nombre del otro y a mi hijo con el nombre de su hijo, etc. No es grave, no pretendo dramatizar. Es sobre todo irónico, porque recuerdo cuando mi madre me llamaba a mi con el nombre de mi hermano y como yo me reía de sus errores, ella se acordaba de cuando se reía de los errores de su madre, y terminaba advirtiéndome, "¡Ya te acordarás, ya". De esto sí que me acuerdo, madre, y cada día más. 

miércoles, 8 de julio de 2015

Cosas de hacerse viejo

Las rodillas, el oído, la vista...

La vista.

Entro en el Blended y veo a X sentado en una mesa. Pido una cerveza en la barra y le digo al camarero que me cobre también lo de X. El camarero lo hace y poco después al pasar junto a X le dice que le he pagado yo su consumición. X se levanta y viene hacia mí. Cuando se acerca veo que no es X sino alguien a quien no conozco de nada.
- ¿Por qué me has invitado? 
- ....
- ¿Nos conocemos de algo?
- Ha sido mi buena acción del día. Cada día invito a un desconocido.

El otro me mira sorprendido, me da la mano sin comprender lo que ha pasado y se vuelve a su mesa.

De nuevo mis errores me corrigen.

lunes, 22 de junio de 2015

La malizia de la muerte

Me envía un mensaje urgente F. S.: "Ahora tendremos que volver a ver Malizia, pero ya con ojos necrófilos..."
Le respondo: "Esto es el triunfo definitivo del nihilismo: estamos asistiendo al envejecimiento, decrepitud y muerte (sin resurrección posible) de nuestros mitos en aquella edad en que el sexo era la única utopía relevante y urgente. Ahora sólo nos queda el reiki".

En Salmonetes -su obligación es esa- lo cuentan mejor:

-Jeeves -dije-, ¿ha pensado usted alguna vez en lo que es la vida?
-Alguna vez, señor, en mis momentos de ocio.
-Y es triste, ¿verdad?
-¿Triste, señor?
-Me refiero a la diferencia entre lo que parecen las cosas y lo que, en realidad, son.
-Acaso convendrá que se suba el pantalón media pulgada, señor. Un ligero arreglo en los tirantes bastará. ¿Decía usted, señor...?
P.G. Wodehouse

jueves, 18 de junio de 2015

Boris Anonimoff

Imagínense ustedes esta situación.

Yo: ¿Es usted Boris Anonimoff?
Boris A.: ¡Sí, ese soy yo! ¿Cómo ha dado conmigo.
Se le cuento.
Boris A., interrumpiéndome: ¡Llámeme por WhatsApp y hablamos!
...
10 minutos después...
Boris A.: ¿O sea que usted quiere información?
Yo: ¡Eso es?
Boris A. No tengo inconveniente en decirle lo que sé y sobre esos temas, alguna cosa sé.
Explosión de aceleradores emocionales seguida de varias tonterías por mi parte que me ponen de manifiesto que he de tomarme más en serio lo de la inteligencia emocional.

Boris A.: Pero ha de saber usted que algunas de las cosas que le puedo decir todavía están vivas.
Yo: ¿Y eso qué quiere decir?
Boris A.: Entre otras cosas quiere decir que yo estoy vigilado y los que me vigilan controlan mis llamadas.
Silencio.
Boris A.: Vamos a hacer lo siguiente: cuando tenga usted claros los riesgos que puede asumir, me llama, por WhatsApp, y concretamos.

Excepto, obviamente, el nombre de mi interlocutor, todo el resto es cierto.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Los eventos poco consuetudinarios que acontecen en la rúe

- ¡Fernando! ¡Fernando! -gritaba una voz femenina en el interior de una peluquería de la calle Villarroel.- ¡Fernando! ¡Fernando!
Como los gritos eran de socorro, me acerqué a la puerta y por pocas no me atropella un negro de dos metros que se abalanzó sobre mí con una maceta en la mano. Menos mal que pude hacerme a un lado.
Una mujer joven salió detrás de él repitiendo su grito de ayuda: ¡Fernando! ¡Fernando!
El negro saltó, literalmente, al asiento de atrás de una moto. El motorista lo estaba esperando con el motor en marcha. Salieron de allí a toda velocidad. En un tris estuvo que no arrollaran a una señora mayor que venía de hacer la compra en el mercado de Sant Antoni.
Entonces apareció Fernando.
- ¿Qué pasa? ¿Qué gritos son esos? -preguntó.
- Que un negro nos ha robado una planta.
- ¿Estaba cortándose el pelo?
- ¡Después!
- ¿Y ha pagado o se ha ido sin pagar?

Esto sucedió ayer por la tarde, a eso de las 19:30.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Yo viví aquí


En Utah. Con mi Agente Provocador. Y fui feliz. Y comía hamburguesas de  bisonte, pero no podía beber cerveza, porque los mormones de la única tienda de las proximidades sólo servían té helado. Así que comía hamburguesas de bisonte y bebía té helado y no necesitaba nada más. Y teníamos una cama inmensa hecha de troncos y una bañera, y un grifo del que salía un agua arcillosa. Y por las noches nos sentábamos en la mecedora del porche y observábamos las estrellas y oíamos a los bisontes del Zion Mountain Ranch, de donde salía Poverty Road, que conducía a un lugar al que nunca fuimos.

jueves, 18 de octubre de 2012

Sylvia y nosotros, que la quisimos tanto


Recordaba yo el domingo pasado en el ARA a Emmanuelle y va y hoy se nos muere Sylvia Kristel. Descanse en paz. Me imagino que hay que tener de cincuenta años para arriba para entender lo que supuso para nosotros esta mujer.

En los tiempos de Emmanuelle yo compartía un piso minúsculo -tan minúsculo que no tendría ni veinte metros cuadrados- con un sevillano, Antonio Maartín, que era militante de CCOO y del PSUC. Pero no era un militante cualquiera, sino un activista de primera línea. Estaba en todos los fregados del momento y vivía su actividad política con una emoción intensamente heroica. Andaba liado con la mujer del secretario de su célula comunista. Más de una tarde al llegar al piso me encontraba con la señal que indicaba que tenía que dar unas cuantas vueltas, Rambla arriba, Rambla abajo, antes de poder entrar. Antonio y el marido de su amante eran amigos. Lo cual no evitaba que le pusiera frecuentemente los cuernos. Esta extraña relación duró varios meses. Un día, al llegar a casa me encontré a los dos sentados, uno frente al otro, en las dos únicas sillas que teníamos. Los dos estaban llorando. La mujer -amante había abandonado a los dos. La razón era sencilla: había ido a ver Emmanuelle con una amiga y a la salida había decidido que quería ser libre como la protagonista de aquella película, porque tener un marido y un amante era la perfecta expresión de un comportamiento hipócrita pequeño-burgués y ella no quería ser una pequeñoburguesa, sino una mujer revolucionaria y vivir su sexualidad a plena luz. A su marido se lo contó todo cara a cara y a Antonio lo llamó por teléfono para decirle lo que había pasado. El marido tenía, por supuesto, reparos que hacerle al amigo, pero más que los reparos pesaba el dolor del abandono, que era el dolor que los mantenía a los dos llorando.

Los dos hombres se hicieron inseparables. Al poco tiempo a Antonio lo despidieron de la empresa en que trabajaba, por rojo, y como yo no tenía un céntimo, tuvimos que separarnos porque no podíamos pagar ni la mensualidad de aquel cuchitril que compartíamos. Nos volvimos a ver un año después. Yo ya vivía en Ocata y vinieron a casa los dos amigos. Recuerdo vividamente la visita porque puse en el tocadiscos el Adagio de Albinoni para recibirlos, pensando hacer una broma, y ellos, que no lo habían oído antes, se quedaron escuchando aquella música entusiasmados. "¿Sabes por qué soy comunista?", le preguntó el uno al otro, "¡Pues para que el pueblo pueda disfrutar de esta música!". Otros tiempos, otros ámbitos...

Después Antonio se casó con Juana, se fueron a vivir a Triana y ya no lo volví  a ver. Quizás hoy al enterarse de la muerte de Sylvia Kristel se haya acordado de mi.

sábado, 13 de noviembre de 2010

En memoria del poeta muerto

Cuando se me acabó el dinero que me había traído a Barcelona, vendí mis discos en una tienda de discos de segunda mano y cuando se me acabó el dinero de la venta de los discos, vendí mis libros de Carlos Edmundo de Ory a un pintor cuyo nombre olvidé inmediatamente. Nunca volví a leer nada más de él.

Descanse en paz el poeta cuyos versos me pagaron aquel bocadillo de calamares y aquel tanque de cerveza en la Plaza Real... recuerdo que la tarde era soleada... eso tuvo que ser en noviembre o diciembre de 1976.

 Añado un lamento por todos nosotros, los huérfanos. Juan Poz tiene razón.

martes, 6 de julio de 2010

Historias de la vida misma

Tras leer un post de Arrebatos he recordado lo que le le ocurrió a J., un adinerado abogado de Ocata que aquejado de varias dolencias físicas, se compró un coche de segunda mano en muy malas condiciones y se fue a Santiago. Ya que no podía hacer el camino como Dios manda, decidió tener un gesto con el apóstol jugándose la vida por las carreteras o, como él dice, "poniendo su vida en manos del Santo". ¡Y que fuera lo que él quisiera!

Una vez llegado a Compostela sin ningún incidente notable, se dirigió inmediatamente a la catedral, a ponerse a los pies del Santo, pero para hacerlo en las oportunas condiciones de levedad espiritual, primero se confesaría.

Así que se arrodilló en el confesionario y comenzó el recitado de sus pecados, que me parece a mí, conociéndolo como lo conozco, que no serían ni pocos ni de poca monta. Pero en el proceso de la confesión el cura le preguntó por su profesión. "Abogado, padre", contestó J. "Pues entonces me vas a venir muy bien -le dijo el cura- porque tengo yo varios pisos en alquiler y en un par de ellos andan remolones para pagarme." "¡Padre!". "¡Dime hijo!". "Yo no tengo problemas para ayudarle, pero no tengo por costumbre recibir a mis clientes de rodillas". "Tienes razón, hijo". El cura salió del confesionario y allí mismo le hizo su consulta. Una vez resueltos los asuntos mundanos, retornaron a los espirituales, recuperando las posturas de rigor.

Nunca le he podido sacar a J. cuánta penitencia fue necesaria para librarse de sus pecados. Sí que me dijo que como la consulta jurídica era compleja se creó una larga cola de penitentes, que sin duda, añadieron el de impaciencia a sus muchos pecados.

sábado, 3 de julio de 2010

Memorias de un hombre caducado

Cuando voy hablando sobre la escuela por esos mundos de Dios siempre hay alguien escandalizado porque, a su parecer, defiendo la escuela antigua. A veces son más directos y dicen que defiendo la escuela conservadora. Recuerdo una charla en la que un señor se levantó airado protestando que "¡Este tipo lo que quiere es que vuelvan los salesianos!".

¿Soy antiguo?

¡No me importa!

En todo caso ya tengo edad suficiente para merecerlo. Y desde mi arcaica visión del mundo quiero confesar mis pecados; porque, efectivamente, confieso mi profunda deuda de gratitud con mis maestros.

Siempre les estaré agradecido por hacerme escribir una redacción semanal, por devolvérmela al día siguiente corregida, por leer las mejores, en clase, por estimularnos a mejorar, por proponernos ejemplos, por ayudarnos a pensar en lo que escribíamos, por no conformarnos con entregar nada que estuviese por debajo de nuestras capacidades.

Siempre les estaré agradecido por todo lo que me animaban a leer. Gracias a ellos conocí a Salgari, a Mark Twain, a Verne, a Stevenson (aunque sólo fuese por La isla del tesoro les estaría siempre agradecido). A todos los leía con once y doce años., allá por los paleolíticos años sesenta del siglo pasado, años tan antiguos que por no haber no había ni pedagogos.

Siempre les estaré agradecido a mis maestros por descubrirme, a mi, un chaval de una familia muy humilde de un pequeño pueblecito agrícola, que sin ellos no hubiese tenido otro futuro que el del azadón, las maravillas de La conquista del oeste, El tercer hombre, Solo ante el peligro, Bailando bajo la lluvia, Ciudadano Kane, El evangelio según San Mateo, Pánico en las calles, etc, etc, etc. A ellos les debo en buena parte mi capacidad de ver.

Siempre les estaré agradecido por aquella carcundia de la nota de urbanidad; por empeñarse en educar mi carácter, por no dejarme arrastrar los pies, etc, etc.

Todo esto, por lo visto, es la educación tradicional, porque ahora unos señoritos que no tienen ni idea de la historia de la pedagogía, han decidido que todo lo que no esté dictado por ellos es caduco y que ahora hay que educar de otra manera, aunque el resultado de nuestra educación sea un 30% de niños que a los 12 años no saben leer. A veces pienso que en esta escuela moderna yo estaría entre ellos.

Lo reconozco, me eduqué en la escuela antigua, pero me duele tan poco el pecado que, miren ustedes, volvería a caer en él sin dudarlo.

martes, 18 de agosto de 2009

Cosas que pasan en el ferragosto

El tipo entró tambaleándose y jurando. Echó una mirada al local, vio las mesas ocupadas y se vino a la barra, a mi lado. No me gustan los juramentos. Nunca me han gustado. Esta es una de las obsesiones educativas de mis padres de la que estoy más agradecido. Eran las doce y algo de la noche y en el Vins y Divins había un ambiente tranquilo en el que el recién llegado no encajaba de ninguna manera.
- ¡Mecagüen....! ¡Ponme una cerveza y ponle otra a este señor!
- ¡Ni hablar! Yo no bebo con gente como usted.
- ¿Pues que tiene mi dinero? ¿Es peor que el de cualquiera?
Me fijé que tenía el labio superior hinchado, los orificios de la nariz con sangre coagulada y un moratón fuerte en la cara.
- No me gusta la gente que hablar con palabrotas!
- ¡Pero si es que los navarros juramos a todas horas! ¡Eso no quiere decir nada! ¡Mecagüen...!
- ¿Es usted navarro?
- Nacido en Suiza, ¡Mecagüen...!, pero de Cascante. Usted no conocerá Cascante...
- Lo conozco perfectamente. ¡Cómo no voy a conocer a la Virgen del Romero y el vino Malón de Echaide!
¿Qué le pude decir? Abrió unos ojos como platos y amplió el surtido de sus improperios.
- ¿No me digas, mecagüen..., que conoces Cascante!
- ¡Y a tu abuelo M....., que era albañil! ¡Y a tu abuela A......!
Esto ya le provocó una borrasca compacta de mecagüens en la que intervino pasivamente buena parte del santoral.
- ¿Pero cómo vas a conocer a mis abuelos?
- Vivían en una casa que hacía esquina, al comienzo de la escalinata empedrada que lleva a la ermita de la Virgen del Romero. ¡Yo lo sé todo de ti!
- ¡Pero si no nos hemos visto nunca!
Efectivamente, era la primera vez que nos veíamos. Pero... mi padre tenía un amigo de juventud en Cascante, M....., cuya hija había emigrado a Suiza en el año catapún. No tenía ninguna seguridad de que ese hombre que tenía delante fuese su nieto, pero, mira por donde, acerté, y ahora estaba rendido de admiración ante mi. Tengo que añadir que en el Vins y Divins se creó un ambiente de expectación enorme, me imagino que más de uno estaba sorprendido por mis capacidades adivinatorias. El borracho comenzó a abrazarme y a darme esos, cosa que no me hacía especialmente feliz, pero indudablemente la culpa era mía, por haber provocado la situación.
- ¿Has oído hablar del nuevo orden mundial? -me preguntó.
- ¿Qué?
- Al inventor del motor de hidrógeno se lo cargaron.
- ¿Quién?
- ¡Pues quién va a ser, las petroleras!
_ ....
- ¡Yo he inventado un motor mejor!. ¡Y vienen a por mi!
Insistió en que bebiera junto a él y yo en que midiera un poco su lenguaje. No lo conseguí, pero su historia me tenía tan interesado, que acepté la cerveza.
Me habló de su mujer, de la que estaba muy enamorado, de su vida pasada en Madagascar y de sus sueños futuros en Belice; de sus inventos y de los sicarios de las petroleras que le habían dado una paliza esa misma tarde.
En fin, no me extenderé. Me despedí de él dejándolo con graves problemas para caminar erguido y en línea recta.
Quizás no habría escrito este apunte si a la mañana siguiente, que era la del domingo pasado, al ir a comprar el periódico no me lo hubiese encontrado durmiendo en un banco del paseo. Al acercarme, para cerciorarme de que, efectivamente era él, se despertó y me miró sobresaltado.
- ¡Mecagüen...! ¿Pero cómo puede ser esto? ¡Si acabo de soñar ahora mismo con tí!
Y se levantó y se fue, moviendo las manos frente a su cara como si espantara moscas... o como si espantara sueños que se hacen de improviso realidad.
No lo he vuelto a ver.

Ceuta y los derechos

Ya están los fiscales de la República de las almas cándidas enarbolando los derechos humanos de los marroquíes que han invadido Ceuta. No po...