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miércoles, 15 de enero de 2020

Internet

Comenzamos hablando de videojuegos y seguimos hablando de juegos. De repente, me fijo en su apellido.
- ¿No serás familiar de José María Gil Robles?
- Sí, soy su nieto.

Y todo cambia.

No sé si habrá alguien más entusiasta de las redes sociales y, en general, de Internet, que yo. Sin internet no hubiera podido escribir ninguno de mis últimos libros. Gracias a las redes sociales he podido conocer a mucha, mucha gente verdaderamente admirable de la que cada día aprendo algo. Gracias a Internet estoy en contacto con amigos americanos, búlgaros, rusos y asiáticos. Gracias a Internet tengo acceso a libros que nunca imaginé que pudiera tener en mis manos. Etc., etc. Por eso mismo sé que aquí acabas encontrando lo que buscas. Y ese es el riesgo. El peligro no está tanto en lo que te ofrece Internet, ya que es imposible dar con todo, como en lo que cada uno busca. Internet lo que hace es amplificar nuestras posibilidades e intereses.

sábado, 4 de enero de 2020

Casada con el diablo


“Mi esposo la mayor parte del tiempo es un hombre bastante aburrido, pero doy gracias a la Virgen de Guadalupe porque de vez en cuando por las noches se convierte en un demonio rojo y entonces se termina el aburrimiento por algunas horas y esas horas compensan todos los días aburridos y rutinarios”.


lunes, 23 de diciembre de 2019

Vientos de Siltolá


Me llega de la añorada isla de Siltolá un regalo inesperado, este Tratado de la Tribulación, de Pedro Ribadeneira y me lanzo a abrirlo no para calmar mis tribulaciones, sino para gozar de su lectura, pues, como se escribe en el anónimo prólogo, "el mundo sabio le ha reputado siempre [a Ribadeneira] como uno de los primeros maestros en el habla castellana y en el arte de expresar con novedad y viveza los afectos, concebir un alto pensamiento y desarrollarlo a maravilla". Casi nada. Bendita sea la amistad que nos proporciona sorpresas como estas, contribuyendo así a hacer llevaderas las tribulaciones inevitables.

Sabemos desde Lucrecio que una bella escritura puede hablar de penas de forma dulce, actuando como el médico que administra una medicina poniendo una gota de miel en el borde de la copa para engañar al enfermo. Quizás entonces la forma sincera de hablar del mal sea la de una escritura intratable. ¿Pero quién soportaría ese doble tormento?

Natalidad y natividad

Las estadísticas nos dicen que las tasas de nacimientos están cayendo en picado. Cada vez nacen menos niños. Cada vez se verán menos niños por las calles.

Hay aquí, obviamente, un problema demográfico, pero yo intuyo algo más grave, más profundo.

¿Y si nuestro progresivo desapego de la infancia estuviera poniendo de manifiesto que hemos dejado de amar la vida o, al menos, que no la amamos tanto como nos parece?

Nuestros discursos ecologistas, humanistas, pacifistas, veganos... podrían estar movimos por el miedo.

No queremos morir... ni queremos matar, pero, por encima de todo, no queremos dar vida. 

¿Y qué podría significar esto sino que tenemos miedo, un miedo creciente, a nosotros mismos?

El miedo nos impulsa a la huida,  mientras que el amor a la vida es la expresión más diáfana de la afirmación de la propia vida.

Filóstrato habla en la Vida de los sofistas de un tal Filagro, un filósofo menudo, de rostro severo y mirada penetrante que se encolerizaba fácilmente. Cuando uno de sus amigos le preguntó por qué no quería tener hijos, contestó: "Porque no disfruto de mí mismo". 

Me dicen algunos supuestos entendidos que las jóvenes parejas no quieren tener hijos porque es carísimo. No me parece que sea, ni mucho menos, más caro que lo que les resultaba a sus abuelas. Yo sospecho que tiene que ver con la forma de disfrutar de sí mismos.

¿Sabemos lo que decimos cuando nos deseamos una feliz Navidad?

domingo, 22 de diciembre de 2019

Desidia

Cada vez que termino un libro, paso unos días desorientado y  desganado, ligeramente apático. A pesar de que tengo bastantes cosas que hacer, no me pongo con ninguna. Leo una página de un libro, lo dejo; cojo otro... Comienzo un artículo, me enmaraño, decido recomenzar más tarde. Mi atención se va, más allá de los cristales, hacia el horizonte. Escucho algo de música, pierdo el tiempo por las redes sociales, intento ver si encuentro una de esas series que tanto les gustan a la gente... Me echo largas siestas... Abro con desgana el frigorífico. Bebo agua. Miro con un sentimiento de culpa la torre de Pisa de los libros por leer, que va creciendo, inestable, mientras me digo que no volveré a comprar otro hasta que no rebaje considerablemente su altura, cosa que sé que no cumpliré. Sé que esta desidia durará tres o cuatro días y que después volveré a las andadas. No tengo fuerzas para oponerme a este estado de ánimo. Todo lo que puedo hacer es esperar a que él se canse de mi.

Pero, en fin, por educación, que no quede:


lunes, 16 de diciembre de 2019

Navidad

Días de mucho movimiento, trenes y hoteles. Pero estando en Tudela me llega lo importante, esta imagen:


Ya tenemos montado el Belén en casa y con él me atrevo a felicitaros la Navidad a todos. Mi mujer está muy satisfecha con el resultado, pero mis nietos se han decepcionado con el proceso. Como me ha confesado Bruno en un aparte, este año ha ido todo peor, porque la abuela fingía que no le gustaba la vaca en el tejado del pesebre. Así que otra tradición rota.  Claro que, por otra parte, ¿qué es la Navidad, sino la comprobación anual del espectacular crecimiento de los más pequeños?

Me vuelvo a casa con un gran recuerdo de Tudela. Pero no puedo quedarme mucho tiempo. Pasado mañana viajo a Madrid, porque he pasado a ser el portavoz de una campaña promovida por la Fundación Alcohol y Sociedad que, sin duda, dará que hablar.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Río arriba

Termino La razón conservadora, la biografía político-intelectual de Gonzalo Fernández de la Mora escrita por Pedro Carlos González Cuevas (2015). Lo hago con una sensación extraña. Debo pensar sobre el libro, pero, sobre todo, debo analizar las reacciones encontradas que ha despertado en mí su lectura.

A lo largo de estas 469 páginas bien apretadas, he tenido varias veces la sensación de estar ante una literatura que hoy nos resulta casi clandestina: algo que hay que leer vigilando que no te vean los censores. Pero aquí se encuentra la huella de un filósofo interesante, con el que me resulta imposible compartir muchas cosas fundamentales, pero al que es imposible negarle capacidad de estímulo intelectual. Tanto es así que ahora me espera su propia biografía, Río Arriba, y he decidido tomarme en serio su "razonalismo" y su concepto de ideología. Quiero pelearme con él para comprenderme mejor a mí mismo y, además, me gustaría aclarar su relación con las tesis de Kojève (si es que existe). 

Desde mi punto de vista, un conservadurismo sano -es decir, desacomplejado- debiera asumir la tradición, en su conjunto, como algo propio. Un conservador debiera ser exigente con el presente y generoso con el pasado. En este sentido, Fernández de la Mora tendría que ser para él tan propio como un Fernando de los Ríos o un Azaña, por poner sólo dos ejemplos. Todos están ahí, en nuestro pasado. Cada uno de ellos puede ser (eso ya depende de nosotros) un acicate intelectual y un referente, un mojón intelectual ineludible, para encontrarnos bien ubicados históricamente.

Hay en el pasado intelectual de España un gran número de pensadores que dejaron reflexiones inacabadas porque en su tiempo no parecía lo más urgente desarrollarlas, pero que ahora nos ofrecen alternativas de desarrollo sugerentes para añadir voces discordantes con el presente que puedan poner en cuestión a la ortodoxia.

Quizás no haya ejercicio más difícil que el de la honestidad con nuestra historia. Pero en este ejercicio se juzga nuestra sinceridad para con nosotros mismos, porque si no lo enfrentamos será imposible disponer de algún tipo de figura de nuestra ignorancia.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Días de lluvia

Días de lluvia caprichosa. Unas veces, sorda y monótona; otras, violenta, con fuertes ráfagas de viento, que ha llenado las aceras de hojas secas de plátano, embozado las alcantarillas, convertido las calles en torrentes y depositado, en cada papelera, el recuerdo del costillar desarmado de un paraguas roto.

El viento sacude con furia las copas de los árboles, como queriendo desprenderlos de los ultimísimos reductos del verano, para que entren desnudos en el invierno. El cielo, gris, bajo, pesado, nos deja a los que nos hemos acostumbrado a alimentarnos de la luz mediterránea con una sensación de hambre y vacío. El otoño inverna.

Lo mejor es contemplar la intemperie desde la barrera de la ventana de mi estudio, con la calefacción puesta, en zapatillas y con una copa de vino en la mano. Días así son una invitación irresistible a sentarse en el sofá, con una manta de lana sobre las piernas y un buen libro entre las manos. La lectura que se impone, obviamente, es la cadenciosa, como de atardecer.

No conviene salir a la calle. Les haré una confidencia: la veo con ojos de viejo. A mí siempre me había parecido que lo peor de los viejos era su cobardía; ese andar con pies de cristal, con miedo a caerse, a tropezar, a romperse algo. Pues bien, así he comenzado a andar yo. Las aceras resbaladizas, cubiertas de hojas, se me presentan como una incitación al resbalón y voy andando a pasos de paloma, intentando fijarme bien por dónde piso.

Mis lecturas: Balmes, Gil Robles y, ahora, la autobiografía de Gonzalo Fernández de la Mora. Lecturas de otoño avanzado.

sábado, 30 de noviembre de 2019

La vaca en el tejado

Andan mis nietos esperando impacientes el regreso de su abuela, que está en Pamplona, porque Ocata ya ha estrenado su decoración navideña y nosotros aún no hemos montado el belén. Este "nosotros" es una licencia familiar, porque, en realidad, la muy delicada operación belenista corre a cargo, exclusivamente, de la abuela y los nietos. No aceptan intrusos.

Para empezar, irán a comprar alguna figurilla más, porque del fondo del cajón en el que se guardan, siempre sale alguna descascarillada. Después trazarán en diagonal, sobre un mueble del comedor, el río de plata, al que le irán añadiendo puentes, patos, la noria, las lavanderas... En un rincón, el castillo con sus soldados; en la llanura, los pastores, los animales de granja -tenemos muchísimos, porque los niños han ido cediendo al belén sus juguetes-; la estrella en la pared; los tres reyes con sus pajes, que se sitúan en un extremo para que puedan ir avanzando un trecho cada semana. Por último, el pesebre. Y es aquí donde se arma la marimorena. 

Cada año mis nietos se empeñan en rematar el conjunto poniendo una vaca enorme sobre el frágil tejado del pesebre y cada año mi mujer protesta airadamente, intentando frenar con argumentos muy lógicos el capricho de los niños, pero como la cuestión, finalmente, ha de dirimirse a votos, ganan inevitablemente ellos... y mi complacencia. Mi mujer, a decir verdad, no acepta la derrota con buen humor, pero, aun refunfuñando, la acepta, y la vaca vigía de nuestro pesebre contempla parsimoniosa, como una vaca nietzscheana el panorama del entorno, rumiando a su manera la buena nueva.

A mí me gusta que vayamos creando y manteniendo nuestras propias tradiciones, que dan vida a la trama de nuestra vida en común. Tengo la esperanza de que, cuando pase el tiempo y cada uno viva su propia vida, el recuerdo de la vaca vigía reverdezca cada navidad y en la memoria de los que queden se ilumine el recuerdo de lo mejor que hemos sido.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Barceloneando


Barcelona
 
Llego a casa cansado, después de un día largo. Muy cansado. Despernado del mucho andar por Barcelona. A las 10 de la mañana tenía una clase en un curso organizado por el Ateneu Universitari de Sant Pacià en la Facultad de Teología. Buena gente. Con decir que nada más entrar ya me he encontrado con el gran Armando Pego... Tenemos una comida pendiente que andamos posponiendo tontamente. Habrá que ponerle remedio urgentemente. Armando es una de las personas más inteligentes que conozco. Mi clase trataba sobre la iconografía del mito de Prometeo y tendrá una segunda parte el 12 de diciembre. Creo que les han sorprendido las historias aledañas al mito y, sobre todo, la iconografía de los sarcófagos romanos del siglo segundo de nuestra era, especialmente aquellas en que se muestra a Atenea introduciendo una crisálida en la cabeza de los hombres de barro que han sido modelados por Prometeo.

Después he estado yendo de aquí para allá, haciendo varias cosas, hasta que han dado las seis de la tarde, hora en que tenía una entrevista en Catalunya Ràdio con Roger de Gràcia. Creo que ha ido bien, aunque he derramado un vaso de agua sobre la mesa causando un pequeño desastre. Al principio de la entrevista he defendido la importancia de la ironía y el entrevistador me ha preguntado si la izquierda no tiene más capacidad para el humor que la derecha. Yo creo que esperaba una obvia respuesta afirmativa. Me he limitado a contestarle que "la libertad se ha hecho conservadora".

Son las siete de la tarde, acabo de llegar a casa. Estoy, de nuevo, de Rodríguez. Pero qué bien se está en mi sofá, con la calefacción encendida, decidiendo si me ducho ahora o me hago un bocadillo de jamón con pan y tomate acompañado de un gran vaso de buen vino. 

lunes, 25 de noviembre de 2019

Restos de altivas fortalezas

Me he despertado desvelado cuando aún no eran las cuatro de la mañana. Normalmente, cuando esto me pasa, me voy a mi cuarto, cojo un libro y a la media hora me vuelvo a la cama a caer rendido inmediatamente en los cálidos brazos de Morfeo. Hoy no ha sido así. Y la culpa la ha tenido El hombre en desazón, de Gonzalo Fernández de la Mora, que me ha mantenido enganchado a sus páginas. El libro es irregular, pero no te da tiempo a decepcionarte, porque en cuanto el interés baja un poco, el autor te sorprende con una idea provocadora. Es un libro extraño porque, lo que nos muestra no es tanto lo que es el hombre, sino la mirada que sobre el hombre proyecta alguien a quien los años han empujado hacia el escepticismo. Es como una consolación para la vejez que viene a decir: "Tampoco ha sido para tanto".

El otro día un joven muy inteligente con el que comí en el puerto del Masnou, se sorprendía porque yo no estuviera alarmado por lo que está pasando en Cataluña. Le contesté diciéndole que el fundador del catalanismo y padre del nacionalismo catalán, Valentí Almirall, acabó militando en el partido de Lerroux y defendiendo a España y que Lerroux no sólo apoyó a Franco, sino que en su exilio portugués leía el Kempis y Los nombres de Cristo. Pasionaria, en su lecho de muerte, cantaba canciones religiosas con el padre Llanos. ¡Cuántos promontorios que sobresalen en la llanura son restos de altivas fortalezas!

sábado, 23 de noviembre de 2019

Santiago de Compostela

Vuelvo de Santiago con las alforjas llenas. 


Ha merecido la pena el viaje. Ha merecido la pena incluso la lluvia... claro que yo sólo ha conocido dos días seguidos de lluvia, mientras que las buenas gentes santiaguesas llevan más de un mes a remojo, sometidas al pertinaz chaparrón cotidiano. Ha merecido la pena el reencuentro con esas piedras que tanta historia callan, con ese cielo rebozado de capas de nubes a través de las cuales, sin embargo, de vez en cuando se abre paso un frágil rayo de sol como una bendición efímera. Ha merecido la pena volver a escarabajear entre las estanterías de las librerías de viejo... En la librería Cuceiro siempre encuentro alguna joya que me permite reafirmarme en la tesis de que el alma de una ciudad se encuentra más presente en sus librerías de viejo que en sus calles. Claro que esto es preocupante, dado que las librerías de viejo están desapareciendo, sustituidas por triviales librerías de segunda mano.

Ha merecido la pena llevar de compañero a Ángel Amor Ruibal. Puse, bien erguido, el tomo I de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma sobre la mesa, para formar los dos un dúo, aunque él hablara con su silencio, como las piedras de Santiago. Esto de la lectura y, en general, esto del lenguaje, tiene sentido en la medida en que nos permite empalabrar el mundo y escabullirnos así del anónimo vacío de sentido y de su oscuridad. Amor es grande porque su esfuerzo por enseñarle a hablar al mundo es heroico. Es un auténtico aventurero del espíritu.

Ha merecido la pena, muy especialmente, el reencuentro con otro Ángel, dulce compañía, y que gracias a su amparo, se haya incrementado el pequeño círculo de mis amistades compostelanas.


Ha merecido la pena el pan y el vino, un par de invitaciones nuevas, caminar bajo la lluvia empapándome de esa humedad sensual, que tiene casi cuerpo; el paseo de esta mañana hasta Santa Susana... y -¡claro!- la visita al Maestro Mateo. Tras pasar un rato a su lado, ayer por la tarde, me dije a mí mismo que ya no me fijaría en ninguna piedra más mientras estuviera en Santiago. Quien visite el Pórtico de la Gloria y no quiera crecer, es que -lo sepa o no- está empeñado en menguar.

jueves, 21 de noviembre de 2019

El miedo al futuro


Leo en Le Figaro que, según un sondeo de Ifop-Asterès, más del 80% de los franceses miran al futuro con recelo y, muchos de ellos, directamente con miedo. Tienen la sensación de que lo que les espera en el día de mañana empeorará sus condiciones de vida presentes. Se han vuelto pesimistas y recelosos. Los términos más usuales entre ellos cuando se refieren al futuro son los de "inquietud" e "incertidumbre".

Ni el mañana personal ni el colectivo les parece tranquilizador. El 50% se siente mal preparado para encarar las revoluciones que todo el mundo asegura que se avecinan. Lo curioso es que la mayoría se encuentra satisfecho con sus condiciones de vida presentes, pero no confían, en absoluto, en que perduren. Están convencidos de que perderán poder de compra y de que sus trabajos serán cada vez más precarios. Socialmente ven fracturas...

Este clima pesimista explicaría el incremento de las demandas de protección de los franceses en todos los dominios y su miedo a las reformas.

Únicamente son optimistas con respecto a la tecnología y este me parece a mí el dato más pesimista de todos, porque veo en él una progresión imparable de la decidida entrega del hombre a sus máquinas, rendido ya a aquel complejo de Prometeo del que hablaba Günther Anders. Cuando nos vemos a nosotros mismos como medida de todas las cosas, sentimos miedo. Sin embargo cuando nos vemos medidos por nuestras máquinas, encontramos un consuelo, una esperanza.

Yo hace tiempo que vengo observando en las escuelas españolas esta inquietud ante el porvenir. Estamos educando a los niños en el miedo. Les describimos un futuro ecológico desolador; les insistimos en que no tienen ni idea de cómo serán sus trabajos, pero que, en todo caso, serán inestables y precarios; los empujamos hacia una ética de la indignación y de la náusea, porque nos sentimos incapaces de ofrecerles una ética del apetito. Y lo peor es que hemos introducido la inseguridad y el miedo en su imagen de las relaciones de pareja y, por lo tanto, de la familia, haciéndoles creer que en cada hombre hay un enemigo potencial. Estamos insinuándoles que no encontrarán cobijo alguno para su humanidad.

El incremento de la sensación de desconfianza es, en sí mismo, un factor objetivo de desconfianza, porque quienes pierden seguridad en sí mismos, en sus propias capacidades para encarar los retos futuros, están siempre en peores condiciones de afrontarlos que los que confían en sí mismos. Pero esta es nuestra situación. No sé si no he cargado yo también un poco las tintas, pero, en cualquier caso, me parece urgente modificar el rumbo de nuestra educación y dotar a las nuevas generaciones de un optimismo razonable en sus propias fuerzas.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

En desazón

Son las 7:00 de la mañana. El despertar del día me pilla con un libro sorprendente entre las manos, El hombre en desazón (gracias, Karl Mill), de un filósofo al que cuando tenía más prejuicios que ahora, no sospechaba que pudiera leer algún día, Gonzalo Fernández de la Mora. 

Ha sido comenzar a leerlo y comenzar a tropezar con afinidades en el tratamiento del hombre como ser iluso. Necesariamente iluso. Esencialmente iluso. 

Me imagino que nunca nos libramos de una buena carga de prejuicios. Probablemente lo que vamos haciendo es ir cambiándolos, pero sí creo que podemos aprender a sospechar sobre qué prejuicios nos mantenemos erguidos cuando miramos hacia el horizonte. Y quizás sea eso lo más lejos que podamos estar de nosotros mismos.

Mañana viajo a Santiago de Compostela, donde estaré hasta el sábado. Voy a dar una charla a los editores gallegos, pero también a ver el restaurado Pórtico de la Gloria y, sobre todo, a rendir un pequeño homenaje a Amor Ruibal, a quien descubrí hace tiempo, pero al que leo con atención desde hace poco. Me llevaré el tomo I de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma para el viaje.

El dogma elemental de los humanos: deberás creer en las ilusiones que proyectas sobre tí mismo. 

Por supuesto, saltarse el dogma tiene sus consecuencias: no encontrar acomodo en la naturaleza. El estado de naturaleza está a nuestro alcance: consiste en vernos a nosotros mismos desnudos de ilusiones y no creer en otro futuro que el que nos imponga en cada caso nuestra bioloogía.

Cierro el libro con la sospecha de que la ignorancia voluntaria es la forma más vil del olvido.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Requiem

El Cor Scandicus de El Masnou ha cantado -muy bien- en la iglesia del pueblo en Requiem de Gabriel Fauré, en memoria del amigo H., que ingresó en un hospital a hacerse una pequeña operación y ya no volvió a casa. Todo iba bien hasta que una infección hospitalaria se interpuso en su camino.

Recuerdo que de niño las palabras del Requiem y el ritual de las exequias me producían una enorme desazón. Todo aquello era como el eco de una caída irremediable en la nada, la voz que anuncia el silencio definitivo, la primera pala de desmemoría que arrojábamos sobre el difunto. Ahora veo el Requiem como una oración en la que las voces de los vivos se unen al silencio del difunto para conjurarnos todos contra el olvido. El Requiem pide el descanso del difunto en la luz: "Haz Señor, que vaya de la muerte a la vida". Es decir, que no caiga, que se eleve. El cristianismo es una religión de la verticalidad, de las alas, de la luz de la vela, de la ascensión. El cristianismo nos muestra la vida en la tierra como lo que estrictamente es, un entrambos, una dinámica de ascensos y descensos.

Como suele ocurrir últimamente en los funerales, se le ha dirigido al difunto una oración laica en la que se le ha dicho ese inevitable "estés donde estés"... 

Se me antoja que esta es la fórmula de la renuncia a la verticalidad y su sustitución por una horizontalidad a la que se llega sin esfuerzo. "Estés donde estés...".

Vivimos rodeados de frases de origen cristiano que han enloquecido por olvidar de donde vienen. Es lo que me parece que ocurre con la "dignidad" de la que hablaba en el comentario anterior. La dignidad era evidente cuando el cristiano se veía a sí mismo como imagen de Dios. Ya no creemos en Dios, pero queremos seguir creyendo en la dignidad, así que nos convertimos en imagen de la dignidad... de una dignidad que por quererse sublime, sólo puede estar vacía. Cuando hablamos de la dignidad del hombre, en abstracto, estamos hablando de lo que hay de hombre en un hombre que quiere concebirse como digno.

Frente a las frases rituales de nuestros días, la gravedad eseranzada del Requiem: es posible remontar el tiempo y el olvido. Es posible que la luz reconozca en nosotros una familiaridad.

Descanse en paz, H.

La dignidad del enano

Dándole la réplica a Javier Gomá, con ocasión de la presentación de su libro, Dignidad, en el Círculo del Liceo de Barcelona, conté el siguiente caso ocurrido en Francia.
 
Un policía decidió prohibir un curioso espectáculo que tenía lugar en un local público de una ciudad. Consistía en una competición por ver quién lanzaba más lejos, sobre unos colchones, a un enano provisto con un casco. El policía consideró que lanzar como un proyectil a un minusválido era atentatorio contra su dignidad. 

En este punto pude ver como las personas de la primera fila asentían con la cabeza. 

Las cosas son, sin embargo, un poco más complejas, como lo prueba la polémica que se desató en torno a este caso.

¿Si en vez de un enano se tratase de un hombre bala se consideraría también que se estaba atentando contra su dignidad? 

La "Asociación nacional de personas de talla pequeña" difundió un comunicado en el que preguntaba: "¿Las protestas de la opinión pública no serían masivas si a un animal se le infringiera ese tratamiento?"

El enano, a su vez, preguntaba: "¿Acaso un minusválido ha de poder ejercer menos trabajos por culpa de los prejuicios morales de los que no son minusválidos?" El hombre se temía que, al final, se quedase con su dignidad intacta y sin trabajo, que es lo que realmente sucedió.

"Existentia substantiae est substantia", sostenía el escolástico Cayetano. Y yo, apoyándome en él me preguntaba qué es la dignidad humana más allá de su existencia en la dimensión prudencial de las cosas humanas.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Sueño

Parece claro que ha llegado el invierno. Cielo gris, espeso, bajo; una neblina vaporosa en el ambiente; lluvia intermitente; mar alterado; ese frío que se cuela, insidioso, hasta los huesos. Escribo cerca de un radiador con una manta doblada sobre las rodillas. Aquí, a mi lado, varios artículos de Chantal Delsol, me ayudan a pensar en la importancia de dos conceptos olvidados, el de don y el de contra-don, que es el agradecimiento. Quizás sea éste, el don, el concepto más ajeno a todo cuanto supone la socialdemocracia, dada la insistencia de ésta en ocultarlo tras el discurso de los derechos.

Jean Bernard Restout
Sueño, c. 1771. 
Nuseo de Arte de Cleveland

martes, 12 de noviembre de 2019

4 cosas

I
La dinámica expansiva del capitalismo, lejos de encontrar su justificación en la ideología conservadora, descansa sobre los valores de la nueva izquierda: individualismo radical, rechazo de límites y fronteras, culto de la innovación, ilimitación de derechos, políticas de la identidad...

II 
"Incoherencias de la modernidad tardía: reducimos el pensamiento a neuronas y el cuerpo a química, pero queremos una dignidad inalienable, y las dos cosas son incompatibles. Hace falta una espiritualidad para que la dignidad se establezca de forma incondicional".
- Chantal Del Sol

III 
"Ninguna ética, ninguna religión, ningún proverbio popular, ninguna moraleja de una fábula, ninguna regla de conducta de un pueblo primitivo ha elevado la envidia al rango de virtud. Al contrario, (...) los hombres obligados a vivir en sociedad siempre han tratado de reprimir la envidia tanto como sea posible. ¿Por qué? Porque en cualquier grupo humano, sea el que sea, la envidia es invariablemente un factor de desorden (...). La envidia es, por definición, la negación de los fundamentos de cualquier sociedad".
- Helmut Schoeck

IV 
Acabo con la razón para ser conservador que nos ofrece Pla en el Homenot que dedica a Eugenio d'Ors: “Jo sóc un conservador perquè sempre m’ha semblat absurd que els homes afegeixin les seves facultats intel·lectuals i la seva força material a l’incessant treball de destrucció que realitza constantment i implacablement la naturalesa. No hi ha necessitat, em sembla, de matar prematurament i abans d’hora ningú, si la naturalesa es dedica a aquesta feina d’una manera ordenada i perfecta. Si totes les coses estan destinades a caure, perquè aquesta és la seva llei fatal, el més enraonat, encara, és estintolar-les, si és posible”.

lunes, 11 de noviembre de 2019

La aurora no decepciona nunca

La aurora no decepciona nunca, a pesar del eterno retorno de lo mismo sobre las perplejidades humanas. Cada amanecer es el mismo y cada uno recoge a Demócrito riéndose de las miserias del mundo y a Heráclito llorando ante estas mismas miserias.

El país está hoy más fragmentado que ayer y un poquito más cerca de los Balcanes.

Cambó, que estuvo muy influido por Barrès (como lo estuvo Azaña, por otra parte) insistía en que España necesitaba un ideal colectivo. Él se creía dispuesto a dárselo porque sabía que la política es hacer creer. No veo en el horizonte inmediato ningún político tentado por esta noble ambición.

Le comento a un amigo:
- Esta podría ser la hora de Valls.
- No le veo espacio político -me contesta.
- ¿Y si Sánchez supiera aprovecharlo?
- Sánchez lo detesta, esta alternativa es imposible. 

Una parte importante de lo que nos pasa se explica por causas estrictamente psicológicas: los vetos que tienen cruzados entre sí diferentes líderes políticos. ¿Seguiremos siendo rehenes de sus fobias? Quiera Dios que no. Esta es la hora de la generosidad dentro de España y de firmeza en la Unión Europea, porque en España tiene un virus.

Decía Leo Strauss que está más cerca de la sana filosofía la risa de Demócrito que las lágrimas de Heráclito. 

PISA y el 5%

Se ha armado una buena con las pruebas PISA en Cataluña. Se han excluido de las mismas unos porcentajes de alumnos desmesurados. Se supone q...