domingo, 28 de febrero de 2021

Josep Pla, sobre Cataluña


“En este país. No ha habido nunca humor (…). Ha habido ironía y sarcasmo”. 
 
“Fue una persona de un optimismo convincente y, en este sentido… fue un catalán marginal.” 

“Nuestro pueblo, que no conoce, socialmente hablando, ni la ironía ni el humorismo -estas posiciones superiores del espíritu humano-, necesita una especie de voluptuosa casuística moral que sirva no para mejorar el país, sino para identificar a traidores”. 

“Nuestro pueblo tiene una tendencia a destruir a los que lo sirven de una manera normal y a dotar de una aureola a quienes lo engañan de manera brillante”. 

“En este país hay una manera cómoda de llevar una vida suave, tranquila y regalada: consiste en afiliarse al extremismo razonado y en lavarse las manos ante todo”. 

 “El pueblo catalán sólo conoce de la política los grandes programas cegadores y brillantes hasta el empalago (…) y los estados de melancolía mórbida y agradable de la masa que siente el gusto secreto de sentirse pisoteada y vejada. El sentido de la verdadera política, el sentido de negociación constructivo, tenaz, responsable y prudente (…) era y es hoy una novedad tal y de un sentido tan progresivo que no es extraño que los vicios y defectos seculares del país se hayan conjurado espontáneamente contra el establecimiento de este método.” 

“La peor plaga que puede caer en un país es la del extremista furioso y puro como un lirio que no le importa esperar dos o tres siglos para implantar el extremismo que predica”. 

“… la incapacidad absoluta de una gran masa de la opinión catalana para entender la política tal como se entiende en cualquier parte”.

“Los catalanes se volvían a dividir entre puros e impuros, en engañados y traidores. Los impuros y traidores son los que han osado hacer alguna cosa por el país, y los otros son los que no osarían hacer nada porque sobre el papel todo lo tienen resuelto y atado”. 

“La poesía del catalán, incluso la poesía popular del catalán, es la política. Cuando habla de política, el catalán sabe raramente qué quiere; se coloca en un terreno de actuación imposible, sólo siente alegría con los ideales remotísimos y -naturalmente- se fatiga en cuanto hay que hacer un esfuerzo de continuidad, de tenacidad, de insidia.  

“¿Cuál es el catalán que no ha resuelto in mente o en la tertulia del café todos nuestros problemas? Vivimos en el país de las soluciones, y sólo hace falta plantear un problema para que lluevan de todas partes como pan bendito”. 

“A la más pequeña contrariedad surge el desencanto, se inicia el estado de histeria y los nervios hacen las cosas imposibles. Entonces nos contraemos en nosotros mismos y dejamos volar la fantasía sobre los programas que teóricamente lo han resuelto todo”. 

“Se puede observar persistentemente, la existencia en nuestro país de una corriente que tiende a confundir la filosofía con la política, la realidad con la abstracción que se desea. La filosofía no compromete nunca, permite, con su amable vaguedad, seguir las ondas instintivas de la gente, de actuar según uno de los axiomas más funestos de todos los que circulan por aquí: el axioma de que el pueblo no se equivoca nunca”. 

“Cataluña es, desde hace muchos años, un país de apasionada lucha social poblado de espíritus que vibran en presencia de las formas más inciertas y flotantes del mito y de la utopía”.

 

Josep Pla, "Cambó" (1928-1930).

sábado, 20 de febrero de 2021

Libertad de expresión

Asegura John Stuart Mill en su Autobiografía que su padre siempre actuó "vigorosamente de acuerdo con el principio de no perder tiempo". La prueba es que a los 3 años puso al joven John a estudiar griego. Antes de los 8 años el hijo había leído, bajo la supervisión paterna, a Herodoto, Jenofonte, Diógenes Laercio, Luciano, Isócrates y Platón (reconoce que el Teeteto le costó). "Mi padre, en todas sus enseñanzas, exigió de mí no sólo lo máximo que pudiera hacer, sino mucho de lo que de ninguna manera podría haber hecho sin su ayuda".

Señalo lo anterior porque quizás su educación explica la confianza que tenía John Stuart Mill en que, dada la libertad de expresión, la gente se pondría inmediatamente a opinar con rigor. Es decir, la libertad de expresión necesariamente estimularia el desarrollo del pensamiento. Bastaría con permitir que los ciudadanos se expresaran como quisieran para que se esforzaran para que los razonamientos brotasen en ellos con rigurosa lógica. 

Es obvio que las cosas no han ido como Mill esperaba. Tenemos incluso sobradas razones para creer que lo que Hegel llamaba "la impaciencia de la opinión" es el principal enemigo del pensamiento riguroso. Es más fácil dejar que las ideas se asocien al azar, anecdóticamente, que imponerles el rigor de la coherencia discursiva. Hablar es más cómodo que pensar y, sin duda, las falacias son mucho más democrático que el modus pollendo tollens.

John Stuart Mill es una rara ave. Tanto es así, que en su Ensayo sobre Coleridge nos cuenta su oración preferida, que era esta: "Señor, ilumina a nuestros enemigos. Agudiza su ingenio, concede agudeza a sus percepciones y coherencia y claridad a sus facultades racionales: Estamos en peligro por su locura, no por su sabiduría; es su debilidad lo que nos da miedo, no su fuerza".

viernes, 19 de febrero de 2021

Empatopatía

I
Veo que algunos políticos hacen tantos esfuerzos por empatizar con los jóvenes revoltosos de las protestas de estos días, para comprender las profundas causas que los guían, para entender su malestar, para vivir sus vivencias -supuestamente- desesperanzadas, que dejan a esos jóvenes sin referentes adultos desde los que enjuiciarse críticamente a sí mismos. ¡Que para eso estamos los adultos, para proporcionarles perspectivas críticas a los jóvenes!

Que las sigan o no... eso ya es cosa suya.

II
Le preguntaba yo esta mañana a J.M. si ese voto juvenil que ha ido a VOX en Cataluña es el de los nietos de los abuelos del PSUC.

III
Escribe una escritora catalana, muy concienciada ella, que anima a sus hijas a participar en las manifestaciones, pero que las criaturas estan horrorizadas con las imágenes de las hogueras. Y es que esas llamas que se encienden con tanta pasión nunca se sabe lo que acabarán consumiendo. 

lunes, 15 de febrero de 2021

Cataluña

Me he puesto varias veces a escribir mis impresiones sobre el resultado electoral y una y otra vez, metido en el empeño, llego a la conclusión de que el silencio es mejor que la jeremiada.

viernes, 12 de febrero de 2021

¡A por la segunda!

 Sin duda, algo se está moviendo:



Añoranza del caos

A veces nuestra casa está demasiado limpia y ordenada. Todo está en su sitio. No hay ni una miga de pan por el suelo, ni cajones revueltos, ni luces encendidas en cuartos en los que no hay nadie, ni el volumen de la televisión es excesivo... En estas ocasiones nos miramos mi mujer y yo con cara melancólica y asentimos. Sí, los dos echamos en falta el caos de nuestros nietos.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Oigo voces

Se pone en contacto conmigo un militante del Socialist Workers Party (SWP), partido trotsquista nortamericano. Por cosas como esta soy decididamente partidario de las nuevas tecnologías.  Gracias a ellas hemos podido hablar durante más de una hora, por Skype, conectando Detroit y Ocata. Pero si las nuevas tecnologías hacen posible la conexión, el mantenimiento de la misma y su provecho ya no depende de ellas. Tenemos que ser capaces de entendernos y de comunicarnos cosas que nos interesen a ambos.

Resulta que Eric London -que así se llama o se hace llamar el trotsquista- está entusiasmado con mi libro sobre Caridad Mercader e incluso se ha interesado por mi amiga B. Nos hemos intercambiado abundante información.

Llevo tantos años detrás de los Mercader y su núcleo de amistades, que el hecho de encontrarme con una nueva foto -en este caso de Eduardo Ceniceros- ha sido para mí como descubrir una vieja foto de familia de cuya existencia no tenía ni idea.

 
A ustedes esta imagen no tiene por qué decirles nada, sin embargo a mí no deja de hablarme. Por eso pienso que, en cierta forma, lo que hace con nosotros eso que llamamos cultura es volvernos paranoicos: por su culpa oímos voces. Oímos las voces de todos aquellos que nos acompañan desde que al topar con ellos sentimos la intensidad de su presencia. He pasado un buen rato mirándole a la cara a este hombre. Fue el abogado de Ramón Mercader y, posiblementee, su mejor amigo. Y, ya veis, es parte de mi familia sentimental. 
 
Con Eric London seguiré hablando. Creo que hemos hecho buenas migas.

lunes, 8 de febrero de 2021

Familias

Suena el teléfono.

Me llaman de México. Contesto impaciente.

Es mi querida Yolanza Lazo que se disculpa amablemente porque no ha sabido encontrar respuesta para una pregunta que le hice. Tiene a sus hijos repartidos por el mundo y hablamos, claro, de ellos y, después, de la desastrosa situación sanitaria de México, un país en el que no es posible el confinamiento total, porque miles de personas no tienen otro lugar para confinarse que no sea la calle. Como lo que me cuenta es triste, volvemos a los hijos.

Estos días estoy escribiendo un artículo sobre la familia. Ando dándole vueltas a la idea de que la pareja padre-madre (o cualquiera de sus variantes) no es el centro de la familia. El centro verdaderamente nuclear es el lazo de amor indeleble de los padres a los hijos.

Intentaré explicarme en pocas líneas:

1. Lo que une a los padres es Eros. No solamente Eros, es cierto; pero si Eros falla, la relación de pareja quiebra.

2. Lo que une a los padres con los hijos es algo que puede denominarse, pensando en el cristianismo, como "ágape": un amor que perdura sea o no correspondido. A nuestra pareja le exigimos que corresponda a nuestra amor e intuimos que hay ciertas líneas (frecuentemente relacionadas con Eros) que no se pueden traspasar sin que la relación se arruine.

3. Nuentra mujer puede dejar de serlo si nos divorciamos. Un hijo, siempre será nuestro hijo, aunque le cerremos las puertas de casa.

4. Por lo tanto, los lazos de la pareja son potencialmente provisionales, mientras que los de los hijos son definitivos.

5. La conclusión, entonces, es que un matrimonio sin hijos no sería exactamente una familia; mientras que un padre y un hijo, sí lo es. 

No sé si estarán ustedes de acuerdo.



miércoles, 3 de febrero de 2021

Esto va para largo

 

Parece evidente que esto va para largo y que la incertidumbre será la protagonista de nuestras vidas durante bastante (¿cuánto?) tiempo. Duelen las noticias y escuece la realidad, así que busco refugio en el trabajo. Me llegan las galeradas del libro sobre el Siglo de oro; de la Editorial Encuentro me piden que prepare, con urgencia, una edición de mis artículos aparecidos en El Subjetivo; Fernando Savater me solicita un texto largo para la portada de la revista Claves; tengo varias videoconferencias pendientes con varios lugares de España e Hispanoamérica; surgen invitaciones nuevas y muy sugestivas... Me gusta trabajar, a pesar de que Michael J. Sandel en ese libro que rezuma resentimientto, La tiranía del mérito, me asegura que siendo mis orígenes los que son, no debería sentirme culpable si no me gustara, porque eso de la cultura del esfuerzo no sería más que un cuento de las élites para justificar su posición.

Otra caída

Ya les he contado a ustedes alguna vez que me caigo con frecuencia. Un problema del oído interno me impide llevarme del todo bien con el sen...