Me pregunta un periodista sobre el fin de la cultura del esfuerzo. Le digo que de fin, nada, Tenemos a miles y miles de españoles esforzándose sobre manera, sudando la gota gorda, y no solo no cobran por ello, sino que pagan: Véase la proliferación de centros de pilates, crossfit, fitness, los training clubs, las fit houses... si no puedes caminar por el monte sin que te asalte la bestia más feroz de nuestra naturaleza: el ciclista de montaña. Lo que ocurre es que el esfuerzo se ha exiliado de los centros educativos y se ha refugiado en estos templos del culto al cuerpo. Termino diciéndole que los grandes hombres, los verdaderamente grandes, comparten algo en común un poco decepcionante: se esfuerzan mucho.
jueves, 30 de abril de 2026
martes, 28 de abril de 2026
Correcciones
Hablaba aquí hace unos días del coraje y lo hacía sin nombrar el rasgo más asombroso de esta virtud -porque el coraje es una virtud-: que se contagia, como lo han sabido siempre los grandes militares o los grandes entrenadores de fútbol. El problema es que también se contagia la apatía, la pereza, la flojera... Por eso hay que caminar al lado de personas corajudas. También escribí, hace más tiempo, por aquí algo que solía repetir Cánovas: que en política todo lo imposible es inmoral. Pero no dije que el arte de la política consiste en crear lo posible. He leído un aforismo de Oakeshott. que formula perfectamente una idea que se encuentra en cada página de La dignidad del mediocre: que la vida mortal tiene placeres que la inmortal está condenada a desconocer. Por eso Jesús se hizo hombre mortal, aunque no solo por eso (esto de Jesús lo añado yo)..
Lo imprevisto
Tengo previsto lo que quiero escribir de aquí hasta que no pueda seguir escribiendo, pero siepre se inmiscuye algún nuevo proyecto en mis intenciones y acabo dejándome arrastrar por su corriente y postergando los planes. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que la mayoría de los libros que he escrito no tienen nada que ver con un plan de trabajo. Los he escrito porque una parte del material que tengo acumulado para los proyectos del futuro ha encontrado una salida insospechada y sugerente. Me parece bien. De hecho me gusta este juego entre lo planificado y lo imprevisto. Es lo que me pasa ahora. Trabajando en lo previsto he acabado dejándome vencer por lo imprevisto. Y en ello estoy.
lunes, 27 de abril de 2026
Va de redaños
¿Puede ser buena una persona sin coraje? Esta pregunta se la hizo Jung y la recoge hoy Jordan Peterson. Su respuesta, clara y rotunda, es que no. El hombre blandengue -que diría El Fary- no tiene lo que hay que tener para ser moral: energía. La moralidad no es, en el fondo, otra cosa, que la canalización del coraje. Y si no hay nada que canalizar, podemos encontrarnos con una persona con una felicidad bobalicona y gallinacea, pero incapaz de proponerse metas ambiciosas, de tomar decisiones claras, de combatir contra tentaciones fuertes... o con una persona mezquina que busca su valor en sus heridas. La moral, y creo que tienen razón Jung y Petersen- tiene que ver con la manera de vivir en la intemperie. Pero, y aquí viene lo que importa, en nuestros días la defensa del coraje o la virilidad o la capacidad de echar los redaños, es vista con reticencias.
domingo, 26 de abril de 2026
Cuestas arriba
Hoy celebramos el cumpleaños del segundo nieto, que ha llegado a los 12 en un suspiro. ¡Dios mío, a qué velocidad de vértigo crecen los nietos! Los hijos creo recordar que crecían a una velocidad humana, pero es que los nietos andan devorando el tiempo. Para celebrarlo, comemos juntos toda la familia. Me pidió que le hiciera sus comidas favoritas. Y, por supuesto, las tendrá: berberechos, gambas al ajillo, tortilla de patatas (abuelo style) y albóndigas en salsa verde. Para estas últimas he empleado por primera vez carne de carrillera de cerdo, que es la más melosa. Las hice ayer por la noche y creo que mi nieto segundo se chupará los dedos.
Me gustó mucho algo que leí ayer de Jordan Peterson y que expresa bien mi concepción del mediocre: «¿Para qué estamos hechos? Para caminar cuesta arroba. Cuando llegas a la cima, quieres detenerte y apreciar la vista. Pero lo siguiente que quieres es una colina más alta a lo lejos. Es de la cuesta arriba de donde derivamos nuestro valor».
sábado, 25 de abril de 2026
Un Sant Jordi ventoso
Sant Jordi es una fiesta tan hermosa, que es la fiesta de todos. Pero es la fiesta del libro, no necesariamente de la lectura. Para una editorial pequeña, como Rosamerón, es un día festivo y agotador. Llegué a la parada cojeando y asistí, contemplativo y sedente, al discurrir del ajetreo transeúnte. El día fue ventoso, con ráfagas fuertes que sacudían las ramas de los plátanos y empapaban el aire de un polen insidioso que nos tuvo todo el día llorando, estornudando y con el pañuelo en las narices. Es una fiesta al aire libre y, por lo tanto, sujeta a las circunstancias. Había mucha gente, pero me pareció que menos que otros años; se vendieron muchos libros, pero, desde mi perspectiva, menos de los que la gente hubiese querido comprar. Llegaban, miraban, preguntaban, hojeaban, comentaban, volvían a preguntar y, finalmente, cuando les decías el precio, se asustaban un poco. Sin embargo, eran precios muy, muy ajustados. Los gastos de producción se han disparado y el papel está por las nubes, mientras que al lector su sueldo no le da para alegrías, Este año hemos asistido al triunfo espero que coyuntural, de un Sant Jordi woke. El dragón es un tipo estupendo que si tiene una conducta disruptiva es porque la vida lo ha tratado mal, obligándolo a escupir el fuego de su frustración. No necesita un caballero, sino un terapeuta, un amigo empático que lo abrace, mientras la Princesa, empoderada, se ocupa de dar visibilidad las pobres dragonas, que el patriarcado mantiene en la oscuridad. En Sant Jordi participan todos en una fiesta fluida, inclusiva y vegana repleta de abrazos. Esta frivolidad es peligrosa, porque olvida que, nos guste o no, hay dragones muy malos que se alimentan de carne humana y hay personas débiles que por sí mismas carecen de fuerzas para enfrentarse al mal y por eso necesita la ayuda de un caballero dispuesto a arriesgar su vida para ayudarlas.
viernes, 24 de abril de 2026
Los solitarios
La víspera de Sant Jordi, un diario de Barcelona, La Vanguardia, organiza una fiesta en un hotel céntrico que este año ha reunido a 500 personas relacionadas con el mundo del libro. Por supuesto, todos queremos ser invitados, porque es una fiesta en la que hay que estar y La Vanguardia nos trata bien, y si es cierto que moverse por allí es un acto heroico, hay bebida y comida abundante y los discursos son muy cortos. Con los años he ido creando una tipología. Este año he acabado la del solitario.
Hay diversas maneras de llevar la soledad en una fiesta sobreabundante en abrazos, besos, golpes en la espalda e intercambios de direcciones de correos.
En primer lugar nos encontramos con el solitario que se apalanca cerca de las bebidas y pasa el tiempo bebiendo despreocupadamente. Le importa un pito lo que pase más allá de su copa. Es pacífico, inabordable y casi transparente. Apenas ocupa espacio.
En segundo lugar tenemos al solitario olímpico. Va solo y permanece solo. Sale de vez en cuando de sí para intercambiar un par de frases protocolarias con alguien que le ha saludado y vuelve inmediatamente al refugio de su altivez. Da la sensación de que está por encima de todos nosotros y que si bien se ha dignado a estar allí, no está mejor aquí que en cualquier otro sitio. Se manifiesta a los mortales sin necesitarlos. Suele tener empaque y estilo en el vestir.
En tercer lugar está el solitario que detesta serlo y en cuanto te ve corre hacia ti y te saluda como si fuerais amigos íntimos toda la vida. Hay dos subtipos. El primero es el cuellilargo que estando contigo pasa de ti y de tu conversación porque está oteando el horizonte a ver si hay alguien más importante que tú para abandonarte y acudir a su luz, ascendiendo de luz vicaria a luz vicaria en busca, me imagino, de la fuente de toda luz. El otro subtipo es el solitario que se aferra a ti como a un salvavidas y no te soltará en toda la noche.
sábado, 18 de abril de 2026
Aventuras de un lisiado
Sí, ya sé que últimamente vengo poco por aquí. Intentaré remediarlo, porque este es un ejercicio disciplinario interesante. Estos últimos días he estado viajando con mis inseparables muletas. Unos viajan con mascotas y yo viajo con muletas (que no dan mucha menos guerra). He descubierto algo que, entre sorprendido y divertido, me llama la atención. Cuando subo a un tren abarrotado de pasajeros, me gusta dirigirme a los asientos reservados para ancianos, lisiados y embarazadas, que suelen estar ocupados por personas que, al verme llegar, hunden su mirada en el móvil para aparentar que no me han visto. No le pido a nadie que se levante. Simplemente me paro, de pie, frente a ellos. De vez en cuando alguien me cede el asiento y entonces hay como un contagio de vergüenza y se suscita algo así como una pugna a ver quién es más amable con el impertinente recién llegado. Mi experiencia última: los que se levantan a cederme el asiento -reservado para personas como yo, insisto en ello- suelen ser casi de mi edad, porque me imagino que están viendo en mí su inmediato futuro.
miércoles, 15 de abril de 2026
Sobre a arte de ler
sábado, 11 de abril de 2026
Sant Pol
Ayer por la mañana fisioterapeuta y por la tarde, viaje a Sant Pol. La rodilla parece que mejora, lentamente, pero mejora. Aquellos dolores que no me dejaban dormir porque no había manera de encontrar la postura adecuada, han dejado paso a molestias llevaderas. Pero salgo de casa acompañado de mis muletas que parecen contribuir y no poco a la mejora. La causa de todo es un hematoma óseo al que le cuesta dejarme en paz. A media tarde cogí el tren de la costa y me fui a Sant Pol. Vivo cerca de la estación, y en Sant Pol tenía un acto no lejos de la estación. Hay personas que poseen una sabiduría especial y nada fácil de adquirir: la de hacer que todo sea fácil, cordial, amable y, al mismo tiempo exigente. Son personas que saben sonreír sin pizca de complacencia y saben sacar de ti lo mejor de ti mismo. Te hacen sentir -mejor: te hacen creer-, que tu mejor yo es tu verdadero yo. Pero yo sé que lo que somos no es indiferente a las personas que tenemos a nuestro lado y que son esas personas las que nos salvan de nuestra mediocridad
martes, 7 de abril de 2026
Sócrates, mi contemporáneo:
En el año 2015 publiqué este libro, que tuvo una segunda edición un año después:
Ahora, 11 años después, saco una nueva edición, corregida y aumentada de este libro, que es uno de los que más orgulloso me siento. Como pueden ver ustedes, está modificada la portada y, lo que es más importante, también el título:
lunes, 6 de abril de 2026
Sintaxis sin semántica
viernes, 3 de abril de 2026
¿Un pilar de la democracia?
Mariano Fernández Enguita se pregunta hoy en El País si la escuela ha dejado de ser un pilar de la democracia. La pregunta es, sin duda, bienintencionada, pero parte de un presupuesto equivocado: que alguna vez haya sido eso que Enguita se pregunta si ha dejado de ser. No dudo que haya querido serlo, pero los resultados no han estado a la altura de las intenciones.
Don Gumersindo de Azcárate observaba en 1883 (Resúmenes y juicios críticos) que en Francia la escuela nunca produjo los beneficios políticos que se esperaban de ella. No sirvió para disipar ilusiones populares, ni para asegurar el orden social. Y añade: «Si el pueblo francés ha aprendido moderación, lo debe, no a la enseñanza de la escuela, sino a los desastres de la guerra y a las tristes consecuencias de las derrotas». A continuación se pregunta si la escuela ha sido una panacea para los males sociales en Alemania o en los Estados Unidos. Lo obvio, concluye, es que ha aumentado de manera mu considerable el número de presos en las cárceles con estudios. Aquello de que una escuela que se abre es una cárcel que se cierra no resiste la comparación con la realidad. Recoge don Gumersindo esta opinión de un escritor norteamericano: «nuestros hijos tienen su pobre cerebro lleno de toda especie de cosas (...), pero no hay sitio en él para las verdades más sencillas del honor, del deber, de la moralidad."
Andar con muletas
Parece que, por fin, he dado con un fisioterapeuta que sabe qué hacer con mi rodilla. Además es amable, discreto y con un punto de humor. He tenido una primera sesión y todo parece haber mejorado. Lo primero que ha hecho es enseñarme cómo hay que caminar cuando llevas muletas. Es decir, lo elemental. Existe en pedagogía un fenómeno bien conocido, llamado "la maldición del conocimiento", según el cual los expertos, por serlo, no están siempre en condiciones de percatarse de las dificultades elementales del alumno, pero no hay que dar nada por supuesto en un aprendizaje. Hay que comenzar siempre por lo básico, por muy elemental que parezca. Ayer me di cuenta, con toda claridad, de la importancia de este principio. Después de meses con las muletas alguien me ha explicado cómo llevarlas. Pero si la maldición del conocimiento es importante, aún lo es más la maldición de la ignorancia: cuando no sabes nada no puedes ser consciente de que estás andando mal.
El alma enferma
Siempre me ha dado que pensar el exabrupto que Bernardo de Claraval lanzó contra Pedro Abelardo (el de Eloísa): «Eres -le dijo- un hombre d...


