sábado, 31 de agosto de 2019

Las palabras que se llevó el tiempo



Ha bierto la ventana de par en par, confiando en que el destino me enviase el trino de algún pajarillo cercano. Pero el silencio es total, de calma chicha. Las jacarandás de la calle están desiertas y Ocata parece haber enmudecido ante el silencio del genio. Si Dios me hubiese dotado de alguna gracia para el baile, le concedería a la pantalla muda de mi ordenador el honor de un aurresku. Como no es así, me conformaré con libar sobre un hayedo imaginario unas gotas de una copa de izarra que no tengo.

Mi madre Oca

 I
Ayer, avanzadas ya las 8 de la tarde, cuando volvía a casa después de un largo paseo por la playa que me llevó hasta Vilassar, el mar se tiñó de repente de escamas de salmón. Tal como me oyen (o leen): Con todas las tonalidades del salmón: de las más plateadas y vivas a las más propiamente asalmonadas, con alguna pincelada de bronce bruñido. Y yo escuchaba entusiasmado Ma Mère L'Oye, en las dos versiones que concibió Ravel, para piano y para orquesta y en ambas me pareció un himno a la ternura. 

 II
Todo comienza con el girar de la rueca, interrumpido por el grito de dolor de la hilandera, que se ha pinchado y que yo no sé muy bien si es Mamá Oca o una imagen de las Parcas, aquellas tres mujeres, Cloto, Láquesis y Átropo que guían nuestros destinos hilando nuestras vidas. A ellas les gusta usar lana blanca, pero, caprichosamente la entreveran con hilos de oro o de lana negra, hasta que consideran que ya tienen suficiente y, ¡zas!, con un tijeretazo cortan el hilo de nuestra vida.

III
Ma Mère L’Oye se puede escuchar con las Hilanderas de Velázquez en la imaginación y un libro de Perrault bajo el brazo.

IV
Estoy buscando pájaros en la obra de Ravel.

V
Tras leer Por la concordia, de Cambó, he abierto el Cambó de Pla. Si Cambó te deja con un melancólico mal gusto de boca, Pla es como Lucrecio, que puede decirte las cosas más tremendas poniéndote de vez en cuando una gota de miel en su prosa. Su literatura es alta cocina, y muy sofisticada, acompañada de un porrón de vino más fuerte que exquisito. Pla es un Demócrito que mira con una desconfianza socarrona a todos los Heráclitos del mundo. Heráclito era el filósofo melancólico que cuando miraba al mundo no podía impedir llorar de pena, tanta era su empatía con los males del hombre. Demócrito, que veía exactamente lo mismo, como manejaba el arte filosófico de la distancia, en lugar de lllorar, dejaba traslucir en su cara una sonrisa discreta.

VI
En una famosa entrevista televisiva con Soler Serrano, Pla esboza una diferencia irónica entre la literatura castellana y la catalana. La primera escribiría frases “con cola de pez”, es decir, con un añadido estético que barroquizaría el conjunto, mientras que el catalán, más cartesiano y ascético, iría más directo a la faena enlazando, sin artilugios, sujetos, verbos y predicados. La división ha tenido fortuna porque Pla, siendo Pla, establece una diferencia y aquí toda diferencia está muy valorada. Pero, les pongo un ejemplo entre míl y ustedes decidirán. Escibe Pla: “Quan el dia era favorable a l’afinitat, les paraules s’acabaven i passaven les hores completament muts, l’un de cara a la riuada de la rambla, l’altre girat sobre l’interior de la botiga tocada per una llum vacil·lant.”

VII
Pla quiere ser objetivo y preciso con todo, y esa voluntad,  como es democrítea, es la fuente de su socarronería… en primer lugar, consigo mismo. A veces pienso que Pla es el único catalán capaz de dominar todos los perfiles del humor. Por eso es tan serio.

viernes, 30 de agosto de 2019

Aleluyas de la siesta bendita

Nunca en mi vida había sesteado más que en este verano que declina.
¡Y qué felicidad!
Al poco de comer, un calorcillo interno, que nace en la boca del estómago, va avanzando como una marea hasta colgarse de tus párpados con una pesadez rotunda e innegociable.
Cierras, irremediablemente, los ojos y casi oyes el descoyuntarse de todas tus articulaciones, las del cuerpo y las del alma, hasta hacer de ti un rescoldo de algo que busca amparo en la placidez del vacío: no leer, no escribir, no pagar cuentas y vivir como un millonario en la nada encantada.
La siesta es el nihilismo amigo que te anima a abandonarte a la voracidad de la placidez absoluta. Posiblemente sea el resto de algo que ya existía antes de la creación del mundo.
Pero si, al cerrar los ojos, uno se precipita en la paz, al abrirlos, lo recibe un ligero sobresalto que exige unos segundos de rearticulación del yo, de recogida de lo disperso de ti mismo para volver a darle forma antes de estirar la mano y comprobar que la realidad es eso que te espera ahí afuera con sus aristas.
Despertar es sentirte arrojado a la orilla de la vigilia.
Bendita siesta.
Si esto sigue así, quizás en un futuro próximo, pongamos que en dos o tres años, mis siestas durarán todo el verano. Inclinaré la cerviz ante Morfeo a finales de julio y me despertaré con los truenos de las primeras tormentas de despedida del verano. Será mi forma de hacer turismo.
Si el líquido amniótico del cuerpo es el agua calmada del mar infinito en los amaneceres de agosto, el líquido amniótico del alma es la siesta, esa visita a lo indefinido, al “to ápeiron” de Anaximandro, al mundo desmundado, a lo que no fuiste nunca antes de ser algo.
Quien sestea, ya me entiende.

jueves, 29 de agosto de 2019

El estilo

I
Me ha sorprendido la amplia cogida del artículo de El Mundo sobre el conservadurismo. Creo que el tono poco habitual de la poco habitual defensa de las ideas conservadoras, ha ayudado. Pero es que el tono, a mi parecer, debiera ser una característica conservadora. No hace falta mucho esfuerzo. Basta con negarse a secundar las groserías con las que recibimos y enjuiciamos las noticias hodiernas. Sin duda los medios no renunciarán al titular hiperbólico, al comentario sarcástico y, sobre todo, a la propaganda. Su papel es congregar al máximo número de lectores en torno a una noticia patra vendérselos posteriormente a un anunciante. Los medios de comunicación son medios de publicidad masiva. No soy tan ingenuo como para pensar que las cosas pudieran ser de otra manera. El terreno de la acción política no es el de la verdad, sino el del simulacro. Precisamente por eso es importante el estilo.

II
"Estilo" proviene de "estilete", el punzón que los alumnos de las escuelas antiguas utilizaban para grabar sus textos en sus pizarras de cera. El estilo es, pues, en primer lugar, la caligrafía. Y, en segundo lugar… en segundo lugar el estilete puede ser un arma blanca. De esta forma la usaron los alumnos de San Casiano de Imola. Por negarse a sacrificar a los dioses paganos, los jueces romanos condenaron al maestro Casiano a morir en manos de sus alumnos, que se brindaron entusiastas a hacer de verdugos. Lo desnudaron y le desgarraron el cuerpo con sus estiletes. Alguno hubo que recurrió a la ignominia y escribió distintas frases sobre la piel de su maestro, pidiéndole que lo corrigiera si lo hacían mal.

III

El estilo como pasarela del oprobio. Este es un ejercicio paradójico muy propio de humanos.

IV

Yo crecí en una cultura repleta de santos y héroes. De más santos que héroes, porque no había día que no actualizara el martirologio y soñaba con lo valiente que sería en el trascendental momento en que un poderoso déspota pagano me exigiera sacrificar a sus dioses. Hoy sé que vendería mi alma al diablo para que acorte las ligeras molestias que produce, una vez al año, la higienista empeñada en cuidar de mi boca.Toco ayer,.

V

¿Quién sabe si seremos juzgados finalmente por nuestro estilo?

- ¿Cuál fue su estilo? -nos preguntarán en el día del Juicio final.

Si me hicieran la pregunta en este momento podría contestar algo de este tipo:

- Fui una persona mala que apenas tuvo posibilidades de ser malo de verdad y que cuando tuvo alguna, le dio pereza.

miércoles, 28 de agosto de 2019

¿Es el corazón un cazador solitario?

I
Lo habitual. Pura mecánica existencial: pasamos agosto quejándonos del verano y en cuanto asoman las primeras lluvias se apodera de nosotros esa melancolía de domingo por la tarde. Tanto empeño en cambiar la realidad y lo que realmente nos gustaría es que la realidad no nos ignore.

II
Una vez oí a una madre decirle a su hijo -era la estación de Sants-: “¡Que no vuelvas llorando, te digo! ¡Que me traigas si hace falta su corazón en la mano!” Fue hace tiempo, pero recuerdo con frecuencia la escena. El niño tendría unos 10 años. ¿Se iba o volvía? ¿Era aquel un reencuentro o una despedida?

III
Otra vez entré en un bar del rabal barcelonés a hacer tiempo para un asunto que no viene a cuento. Me senté en la barra y pedí una cerveza. Me di cuenta entonces de que me había sentado entre un borracho y una mujer de peso. El borracho, mirando a la copa que tenía entre las manos como si fuera una bola de cristal en la que leía el futuro, le dijo a la mujer: “Oigo desde aquí latir tu corazón. De aquí a una hora me lo comeré”. La mujer se echó a reír con una carcajada escandalosa. Yo cogí mi cerveza y me senté en una mesa, junto a la puerta. No era una amenaza, sino una profecía que no parecía desagradar a la mujer. No me pregunten por qué estoy hablando hoy de corazones.

IV
Estoy empantanado con del libro que tengo entre manos. Demasiadas notas. Es difícil ordenarlas todas. La primera es una cita de Tocqueville: “El hábito de la inatención debe ser considerado como el mayor vicio del espíritu democrático”.

V
Ayer llovió. Nos vino encima todo el agua que nos negó el verano. Fui al dentista por la mañana y al peluquero del pueblo por la tarde. Y a medio día recibí un paquete de Carlos Goñi y Pilar Guembe con una novela de Carlos, dos botellas de vino y esta camiseta: 


 El corazón no siempre es un cazador solitario.
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martes, 27 de agosto de 2019

Ravel

I
Sí, sigue haciendo calor, pero es un calor como viejo y cansado. El cielo tiene algo de impuro. La misma naturaleza, agostada, nos advierte que esto se acaba. En la plaza de Ocata se amotinan las hojas secas de los plátanos, heraldos de su propia muerte. Y de nuevo ante la repetición anual de lo biológicamente trivial, el espectáculo de las hojas secas, uno metaforiza. No sabemos vivir en condiciones de absoluta realidad.
 
II
F. -amigo admirado, intelectual, melómano, e independentista catalán- me envía una foto de la puerta de entrada del cementerio de Roda de Isábena con un cartel que dice: “Después de limpiar los nichos, recojan la basura. Gracias”.  “Este rotundo cartel -comenta- bien podría ser el título de un ensayo del último Ciorán. ¿Estás bien? Espero que sí”.
 
Se inicia así entre nosotros el siguiente diálogo:
 
- A mí me gustaba mucho -le contesto- un anuncio de los cementerios de Barcelona que decía: “Cementerios de Barcelona. Tan cerca de la naturaleza”. Me parecía un lema propio de Lucrecio. Estoy bien. Trabajo mucho (que es lo que me gusta) y viajo bastante (que me gusta menos, pero tampoco está mal, aunque no sé si el mundo es un lugar muy digno de ser conocido al detalle). ¿Y tú? Una pregunta: ¿Crees que Ravel estaba dotado del sentido de la ironía?
 
- Extraña pregunta. De Ravel conozco esencialmente las piezas para piano. Me gusta especialmente la célebre Pavana. Las piezas orquestales y de manera especial el Bolero, me interesan muy poco. Seguramente eso se debe a un prejuicio mío: cuando escucho a Ravel pienso en algo así como en un Debussy menor (siempre he ubicado a Debussy entre los grandes). Al leer tu mail he buscado el rostro de Ravel por internet. Sólo recordaba una imagen suya muy circunspecta en la cubierta de un CD. He visto que el resto de retratos son igualmente circunspectos, incluso con una cierta mala leche. Me parece, pues, que de ironía, poca. Subrayo que se trata de un prejuicio facial, no de un análisis musical. Por lo que a mi respecta, de aquí a 15 días sale mi nuevo libro.  La salud no me acompaña mucho, pero he decidido no quejarme.
 
- La salud, amigo, se está convirtiendo para nosotros en el último refugio del pudor. Tengo a Ravel por un genio que sudaba arte, por eso me temo que estaba incapacitado para la ironía, no podía alejarse de su propio sudor.
 
- Creo que las únicas cosas incompatibles con la ironía son la religión y el sexo.
 
- Efectivamente y por eso me interesa el caso de Ravel.
 
- En mi próximo libro tengo escrita esta entrada: “Una corrección al primer Wittgenstein: “De lo que no se puede hablar, hay que componer boleros”.

- A Ravel le hubiera gustado. Te felicitaría. Pero para hacer realidad el aforismo de Ludwig, Ravel compuso el Concierto para la mano izquierda para su hermano, Paul Wittgenstein, que era manco.


III 
Apostillas.
Echenoz cuenta que durante su estancia en los Estados Unidos, a Ravel le gustaba causar viva impresión entre los músicos de la orquestas que dirigía “combinando de modo distinto, de un día para otro, el color de la camisa y de los tirantes: una vez rosas, otra azules”. Cuenta también que a quienes le preguntaban cuál era su obra maestra, contestaba: “El Bolero, desde luego, está vacío de música”.
 
Vladimir Jankélévitch ha estudiado a fondo la música de Ravel y se refiere varias veces a su humor, aunque de forma singular. Dos ejemplos:
 
“… l’humour pincé et quelque peu patricien de l’Heure espagnole”…
 
“… l’humour un peu acide de Ravel”
 
A mí también me gusta La Pavana. A Jankélévitch, no: “La Pavana no es apenas defendible; sus tres variaciones languidecen un poco y en vano se buscaría en ellas un acento personal”.
 
Pero lo importante es que en el Ravel de Jankélévitch encuentro lo que ya hallé insinuado en el de Echenoz: la dimensión aérea, alada, más precisamente, de este músico genial: su pasión por las aves y su voluntad de hacer música con sus trinos. Esto me ayuda a completar y perfilar su protagonismo en Mi familia es bestial.
 
IV
Hay que proteger como a un tesoro a esos amigos que no votan como nosotros. Es un imperativo de salud política.

lunes, 26 de agosto de 2019

B.


I
“A veces se arrepiente uno de salir del baño”. Así empieza el Ravel de Jean Echenoz, literatura, tout court. La literatura se reconoce porque es un país que se habita de otra manera. No hay forma de saber a priori cuál es esa otra manera de habitar. Cada autor es una forma de habitar de otra manera la literatura. Y si no es así, será un escritor, pero no propiamente un autor.

II
Ravel es indirectamente uno de los protagonistas de un cuento largo que hemos escrito mi nieto Bruno y yo titulado Mi familia es bestial. Se publicará en primavera. En principio lo elegí porque me parecía un gesto de incorrección pedagógica. La música que merece su nombre, como la literatura que merece su nombre exigen un ejercicio de habituación a la forma de habitar el país que te proponen. La sensibilidad literaria o musical no vienen nativamente afinadas. Requieren horas y horas de diapasón. Pero cuando uno aprende a habitar el mundo con uno de los grandes -y Ravel es de los más grandes- todo adquiere otra densidad. La música no se oye. En la música se habita. La literatura no se lee. En la literatura se habita. Y estos habitar te descubren pliegues insólitos del mundo, vetas de vida, filones existenciales.

III
El caso es que, tras introducir a Ravel en Mi familia es bestial, he llegado a intimar con él. Y esto -más la intervención de B., mi ángel de la guardia, dulce compañía que no me desampara ni de noche ni de día- me ha traído hasta el Ravel de Echenoz. Tras él me espera el Ravel de Jankélévitch.

IV
Ravel conducía un camión durante la primera guerra mundial por caminos altamente peligrosos, al alcance de las baterías enemigas. Un día el camión se estropeó y Ravel se quedó a su lado, sin abandonarlo, entreteniéndose transcribiendo el canto de los pájaros, que se habían habituado al estallido de bombas y obuses y no dejaban de cantar desde las ramas de los árboles que, aunque heridos, continuaban en pie.

V
B., que es una mujer de izquierdas, me hizo hace unos días una pregunta sobre la situación política española. Le respondí y ella me pidió que desarrollara esa respuesta. Así lo hice, y hoy la publica El Mundo en su Tribuna.  

VI
Yo tenía un sombrero:

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domingo, 25 de agosto de 2019

Yo tenía un sombrero


I
Dejé a los nietos con sus padres, vine a casa, cogí el bañador, la toalla y las chancletas y me fui a la playa, que está a 200 metros, con la misma ansia con la que un vaquero cargado de polvo y millas va directo al “saloon” a vaciar una botella de whisky. Entré en el agua lentamente, como quien penetra con respeto en el misterio de un lugar sagrado, di cuatro brazadas y me dejé llevar, flotando con los brazos en cruz bajo un cielo protector. “Là, tout n’était qu’ordre et beauté, / luxe, calme et volupté”. ¡Qué paz! Algo en mí se iba diluyendo como un terrón de azúcar proporcionándome una liviandad de ángel. De lo lejos me llegaban de vez en cuando voces de niños, pero no eran los míos.

II
Ayer reencuentro con amigos madrileños y repaso general de chascarrillos filosóficos, por ejemplo, el de aquel famoso catedrático de filosofía que se llevaba a sus alumnas a una casa que tenía en la playa para que, entre otras cosas obvias, le hicieran la comida, le fregaran los platos y, de paso, le dieran un repaso a la casa. Una de ellas -lo sé por su propio testimonio-, viéndose a sí misma con el delantal ante la vajilla por fregar, se sublevó diciéndole: “Mira, X, no hay contradicción entre Platón y los platos”. “Sí la hay, le contestó el catedrático, tú, a los platos, yo, a Platón”. “Pues aquí te quedas, con los platos y Platón”. Con lo cual la alumna de la semana siguiente se encontró con doble faena.

III
O la del genial J., que en aquellos tiempos en que estaba de moda la teoría del caos, la termodinámica de los procesos irreversibles, la K de Kolmogorov, la estocasticidad y esas cosas, fue invitado a dar una conferencia en el Museo de Dalí en Figueras, ante un puñado selecto de inteligencias patrias, entre ellas, la anterior de Platón y los platos. J. dijo lo que había venido a decir y al terminar de hablar, uno de los presentes, un catedrático de filosofía de gran prestigio, se levantó para celebrar el festín filosófico que acababan de recibir: “¡Qué profundidad! ¡Qué sutilezas!”. Una vez roto el dique de las alabanzas, los que vinieron después, para no ser menos y dejar clara su perspicacia, llevaron las hipérboles laudatorias hasta el ridículo. Así que J. se vio obligado a poner punto final a aquella orgía de ridiculeces revelando que había preparado su conferencia con su “máquina de generación de pensamientos sublimes”. Es decir, con un programa de ordenador que organizaba en frases sintácticamente perfectas una lista del vocabulario más engorroso de Heidegger, Derrida, y demás héroes de la hermenéutica oscura. El ordenador era capaz de generar sentencias como ésta: “El ser que ha hecho del ser su razón de ser, espera el Ereignis gestionando el Gestell, al acecho de un futuro en el que, acaso, la estocasticidad, entendida como “tó autómaton”, pueda abrir las puertas al reencuentro con una casualidad en que lo causal no sea un determinismo falocarnologocéntrico”.

IV
Yo imité a J. en circunstancias que no me atrevo a contar, porque están muy vivos los que me escucharon, felicitaron y publicaron mi conferencia.

V
Yo tenía un sombrero. Un sombrero que le compré a una india Hualapai en una reserva india de la Devil Dog Road, tras comer unos huevos rancheros que me hicieron desayunar entre lagrimones, por lo que picaban. Pero a mí me enseñaron en casa que nunca hay que dejar nada en el plato. Con aquel sombrero accedí a la mítica Ruta 66. Mi Agente Provocador iba sintonizando emisoras ortodoxamente fieles al rock clásico. Poco antes de llegar a Peach Spring nos vimos rodeados de un grupo numerosísimo de moteros. El más joven había superado los sesenta años, pero se mantenían fieles a sus Harleys y a sus mitologías. Yo no me separaba de mi sombrero. Con él llegué a Mesa Verde, al Valle de la Muerte, a Zabriskie Point, conocí al indio navajo Steve Manel… El otro día se me ocurrió llevarlo a Cardona. Mis nietos se apoderaron de él y por algún sitio de la geografía catalana se ha quedado, porque no ha vuelto a casa. Allá, en el mar, flotando a la bartola, me despedí de él.

sábado, 24 de agosto de 2019

Campanas

I
Hemos dado un rodeo para volver a casa.  De Cardona nos hemos desviado hasta el monasterio benedictino de Sant Benet de Bages, pero no hemos entrado porque mi nieto Gabriel se ha quejado de que "¡Tanto monasterio, tanto monasterio!" En realidad, era el primer monasterio que pretendíamos visitar, pero hay sitios a los que no hay que entrar nunca de mala gana. Así que nos hemos contentado con un ligero paseo por los alrededores, y la emoción del tañido de las campanas a las 12:00. Hubo un tiempo en que el mundo se paralizaba a esta hora, la del Ángelus. 

II
¡Ah, las campanas! Ahora en la ciudades, invadidas por los ruidos, resulta que molestan, pero con su silencio se acalla también un gesto: el de una colectividad mirando hacia algo más sagrado que ella misma y haciendo realidad así un sentido de copertenencia. En la Imaginación conservadora tengo escrito que me gustan las campanas porque “entre moros no se usan campanas, sino atabales y dulzainas”. Alguno hay por ahí que ha visto un gesto de racismo en estas palabras de El retablo de Maese Pedro, de Falla.

III
De Sant Benet. ampliando el arco de la desviación, hemos ido, tras mirar detenidamente si había cocodrilos en el Llobregat, a Vic, a echar una ojeada a dos lugares singulares. El primero es para mí, uno de los más sagrados de toda Cataluña, la librería de viejo Costa Llibreter. Sabía que a mi nieto Bruno le gustaría. Y así ha sido. Gabriel ha preferido esperarnos en el escalón de la puerta de entrada, porque "¡Tanta librería, tanta librería!". El templo romano de Vic está a dos pasos de la librería, pero nos hemos limitado a echarle una mirada desde la sombra, porque en agosto a mediodía -esa hora criminal para el turista-, la estética se embota bajo el peso de los pies que llevamos a rastras. 

IV
Hemos comido regular en una terraza, a la sombra y acogidos por un vientecillo delicioso. El camarero, sobrepasado por el trabajo (que en modo alguno era excesivo) nos servía con mejor intención que eficiencia. “¿De dónde sois?”, nos ha preguntado. "¿Y qué hacen aquí, si en este pueblo no hay nada?", ha replicado a nuestra respuesta. Durante la comida, Bruno ha dibujado una máquina para viajar en el tiempo. Tenía de todo: freno, acelerador, embrague, cápsula de energía sinérgica infinita, váter, reloj (obviamente), paracaídas, teléfono de emergencia... y un traje de preservación de la estructura molecular, para garantizar que todas las partes del cuerpo del viajero del tiempo lleguen a su destino al mismo tiempo, no sea que, por ejemplo, hoy llegue el culo y mañana el resto.

V
Cardona. Les ha gustado -creo- vivir en un castillo, aunque ha enardecido sus afanes guerreros y se han pasado los dos días matándose mutuamente e inventándose armas indestructibles con las que luchar entre sí. Han admirado las minas de sal, impresionantes, pero a Bruno lo que más le ha llamado la atención es el número de minero muertos. ¡Qué paradoja, pensar que la palabra “salario” viene de sal! Yo me quedo con la imagen de un grupo de niños jugando a toreros con carretones taurinos. Alguno hasta tenía su capa. Recuerdo un anuncio de un pueblo andaluz que hacía publicidad de estos carretones diciendo “Se personalizan para comuniones. Muy ligero, para que puedan manejarlo con cuernos de toros reales”.



 VI
Tres poemas de Brautigan


When
you wake up
from death,
you will find yourself
in my arms,
and
I will be
kissing you,
and
I
will be crying.
*

I
Knew a man
who
was dying
of cancer.
He had
the patience
of a fly
caught
in a spider’s web.
When
he died,
he asked,
“What time is it?”
 *

I hate,
because
they are evil
as habitual hunger
in a child’s stomach,
people
who try
to change the man
the hunter for truth
into
a castrated cow
grazing
in te peace
of mental death.

VII
Mensaje de B: “Puisque vous avez transmis la citation de Leautaud, je me sens fautive de ne pas vous l’avoir donnée en entier, car elle est bien pire quand elle est complète.  La voici: ‘’Je n’ai pas eu d’enfants, dont j’ai toujours eu une horreur sans bornes, leur stupidité, leur cruauté, leur bruit. Lorsque l’enfant paraît, je prends mon chapeau et je m’en vais. Être grand-père.....‘’



viernes, 23 de agosto de 2019

Mañana les cuento

I
Estoy en el Parador Nacional del Castillo de Cardona, haciendo las maletas para volver a casa en un par de horas. He pasado dos días viendo con qué facilidad mis dos nietos pasan del amor al odio y no niego que ha habido alguna situación en la que he comprendido perfectamente lo que me escribe B. que dice Paul Léautaud: "Être grand-père équivaut pour moi à une déchéance. Quand cela arrive à un de mes amis, je romps toutes relations".

II
La familia es un tobogán gigante, uno no para de subir y bajar. De vez en cuando se queja. Pero ya no sabe vivir a pie plano.

III
Lecturas: Poemas de Richard Brautigan en una edición francesa bilingüe titulada Pourquoi les poètes inconnus resten inconnus, con esta dedicatoria: "Para Edna y cualquier otra que pase por allí".

IV
Mañana sigo.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Yo nací contra las circunstancias

Yo nací -se lo contaba ayer a Armando Zerolo- contra las circunstancias. Mi madre sentía no sé qué molestias y el médico del pueblo le aconsejó que visitara a un afamado especialista de Logroño. Éste, tras examinarla, dictaminó que tenía un tumor que era perentorio eliminar, porque le iba la vida en ello. Pero mi madre se puso en pie y le dijo al médico, con plena seguridad en sí misma, "¡No, no es un tumor, que es un hijo!". El médico intentó convencerla de lo contrario y ella abandonó la consulta con un portazo. Y así nací yo. Armando Zerolo me decía que me debían haber llamado Benigno. Pero me llamaron Gregorio porque ese era el nombre de mi padrino y el del santo patrón de mi pueblo. Este San Gregorio no es ninguno de los magnos Gregorios de la Iglesia, sino el humilde Gregorio de Ostia, que se dedicó, allá por el siglo XI, a limpiar los campos de la Ribera de Navarra y de la Rioja de una plaga de langostas que los asolaba y tenía a la población padeciendo una larga hambruna. Tiene una ermita “chiquitita, chiquitita”, como cantaba Pepe Blanco, en la calle de la Rúa Vieja de Logroño. Cuando dejó los campos limpios, peregrinó a Santiago, en compañía de su discípulo, Santo Domingo de la Calzada.

II
Cada vez que un médico le diagnosticaba algo, fuese lo que fuese, mi madre nos preguntaba retóricamente en cuanto volvía a casa: "¿Qué saben los médicos?"

III
Me gusta mi familia. Me gusta la guerra -¡tanta!- que dan mis nietos porque no puedo vivir sin ella y cuando se van de casa dejan un silencio lleno de resonancias ausentes. Me gustan mis hijos y nuestra sociedad de inagotable solidaridad y hasta a veces me gusta un poco estar de Rodríguez para ver a mi familia desde cierta distancia, desde esa justa en la que toma cuerpo lo entrañable. 

IV
Como decía un filósofo antiguo, la vida es como el hierro, y si no se utiliza, se oxida. No utiliza su vida quien no se la complica. Pienso en el Emérito de mi pueblo, que un día decidió cerrar un ojo para ahorrar vista para la vejez

V
La familia es el lugar en el que con más evidencia se hacen realidad aquellas palabras de Musonio: "Si realizas algo bueno con fatiga, la fatiga se va y lo bueno se queda; si realizas algo malo con placer, el placer se va y lo malo se queda".

VI
Me despierto temprano y asisto cada día boquiabierto al espectáculo del alba, pero después de comer caigo como un pájaro muerto en brazos de Morfeo. Este verano me estoy pegando unas siestas homéricas. Recuerdo cuando en la infancia me obligaban a echar la siesta y yo, incapaz de pegar ojo, me levantaba de la cama a hurtadillas y en aquellos ratos en que la casa estaba en silencio y como suspendida en una quietud sagrada, me dedicaba a curiosear por los rincones dispuesto a descubrir en cualquier objeto desconocido la llave secreta de acceso a un mundo imaginario.


martes, 20 de agosto de 2019

Salir de caza

I
Me repito: De todas las cosas que me han pasado en la vida, la que me ha cogido más desprevenido ha sido la vejez.

II
Mi amiga B., a quien estos existencialismos caniculares deben su existencia, me ofrece un consuelo desde París:

III
Y de la editorial Plataforma me envían otro: el último libro de Carlos Goñi y Pilar Guembe, al que he tenido el honor de ponerle un prólogo titulado "Aquí se plancha (y el cartel no está en venta)"


Con Carlos y Pilar tenía que haberme visto este verano en su pueblo, en Obanos, Navarra, pero finalmente no he salido de Ocata-sur-Mer.

IV
Tu familia sólo en una parte mínima es tuya. Es más bien una prolongación de ti mismo. Los límites de tu yo son los rostros de los tuyos. Por eso cuando intuyes una vaga preocupación en sus caras -tenga o no fundamento- tu misma intimidad queda resentida. La familia es para los padres una unidad patológica.

V
Repaso viejos papeles que un día deseché de ciertos escritos publicados. Ahora algunas de esas cosas desechadas me parecen mejores que las publicadas. Uno no puede estar seguro de hacia dónde evolucionará. Ya decía San Agustín que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos y sin embargo no estamos seguros de qué haremos el día de mañana. Pero ahora sé que, vaya a donde vaya, con frecuencia lo haré corrigiéndome. Tu biografía también la escribes huyendo de ti mismo.
VI
Algún día creí que crecer era aprender a prescindir. No es cierto, Uno sólo prescinde de lo que considera caduco. Y eso no es prescindir, sino hacer sitio.

VII
Cuenta Josep Maria Espinàs en su A peu per Mallorca una anécdota que os resumo: Un grupo de ingleses está jugando al póquer. Uno de ellos se atreve a poner en duda el misterio de la Santísima Trinidad y el hecho llega hasta el pastor, que toma buena nota del despropósito. En el oficio del domingo se dirige a los fieles con la máxima dignidad y la más contundente vehemencia: "Me han explicado que uno de nuestros estimados vecinos, durante una partida de cartas, ha puesto en duda el misterio de la Santísima Trinidad. Sólo tengo que recordar una cosa: ¡Cuando se juega al póquer, no se habla!

VIII
Callo, pues. Pero antes les paso este link, que me ha traído un regalo inesperado, especialmente por estar donde está. Platón hablaba de salir de caza de la realidad, pero es la realidad la que no para de darnos caza a nosotros.

lunes, 19 de agosto de 2019

¿Qué quiere decir "antiguo"?


I
Tiñe esta primera luz de la mañana de dorados bruñidos todo cuanto toca. El pueblo es un altar barroco que agradece con la jaculatoria del silencio resplandeciente el nuevo día.

II
Cicerón en una de sus cartas a Áticus: “Este asunto se ha manejado con la bravuconería de un hombre y la planificación de un niño". Fue escrita el 11 de mayo de 44, o sea ayer, hoy, mañana. No es una crítica, es la descripción de una constante política. Bien podría ser un editorial fijo en la prensa.

III
Como es una constante erótica este apasionado epigrama de un amigo de Aulo Gelio, en el siglo II: "Cuando con los labios medio abiertos beso al muchacho y a través de los suyos respiro el perfume de su aliento, mi alma, sufriente y herida se asoma a mi boca, queriendo pasar a la de mi amigo, que parece abrirle paso. Si nuestros labios permanecieran unidos un instante más, mi alma, ardiendo de amor pasaría de mi cuerpo al suyo. Un gran prodigio acaecería, y yo habría muerto".

IV
Ya ven que hoy estos existencialismos caniculares van de presentes continuos. Añadamos dos apuntes del más moderno de los "antiguos", Platón, que en el diálogo qe estaba escribiendo cuando lo pilló la muerte, las Leyes, dejó escritas estas dos observaciones de una sagacidad imperecedera:

La primera: "De esa recta crianza de placeres y dolores que constituye la educación (paideia) se desvía y pervierte buena parte de los hombres durante el curso de su vida; y los dioses, compadeciéndose del linaje humano, que resulta tan sujeto a miseria, han dispuesto para ellos unos relevos de las penalidades, que son los periodos de sus fiestas." 

La segunda: "Pero puesto que nosotros no legislamos ahora, como lo hacían los antiguos legisladores, para los héroes, hijos de dioses según la tradición, sino que somos hombres y legislamos para hijos de hombres, no se llevará a mal el que temamos que alguno de los ciudadanos nos nazca como legumbre imposible de cocer y resulte por naturaleza tan duro que no llegue a ablandarse." 

V
No ha entendido nada ni de sí mismo ni de los grandes clásicos el que da por supuesto que, si estos últimos son viejos, han sido superados. Su ignorancia le permite creerse nuevo y, por lo tanto, superior en todo cuanto se refiere a las cosas humanas (pues de ellas estamos hablando). No se le ocurre pensar que los grandes bien pudieron habernos entendido a nosotros mejor de lo que creemos entendernos nosotros mismos. Pero este es el precio que tiene que pagar para seguir creyendo en el historicismo.

domingo, 18 de agosto de 2019

Pasiones del alma

I
A Rafael Hidalgo lo puso la Providencia en mi camino para que no se me ocurriera dudar de Ella. Él no sabe cuánto le debo... pero en realidad, me pregunto a vuelapluma, "¿tener amigos no es un sin parar de contraer deudas gozosas?" A lo que iba: Rafael Hidalgo ha estado, una vez más, en San Juan de la Peña, pero por primera vez ha visto en un capitel una profecía que estaba allá esperando a quien se dignara a prestarle la atención que bien merece:


Ya la ven ustedes: ni más ni menos que la escena del piolet. Queda bautizado este capitel, pues, como el Capitel de Ramón Mercader.

II
Llevo días dándole vueltas a las famosas "competencias", que es una cosa escolástica que está cargando de trabajo a los docentes y de ingresos a los "coaches". Las competencias son la traducción del inglés "skills". Pero me parece que la traducción correcta de "skill" es más bien "pericia". Hay una ligera diferencia entre competencia y pericia, y en ella, justamente, nos jugamos la concreción de la práctica escolar actual. La pericia es aquella habilidad que nos hace peritos en algo por medio de la práctica, o sea, la pericia es el hábito de toda la vida. Lo que pasa es que hoy se busca la piedra filosofal de las competencias generales que nos haga peritos en todo sin necesidad de pasar por la trabajosa práctica. Obviamente, las competencias generales no existen -al menos, en el mundo de los hombres. Sólo existen las competencias específicas, aunque existió en un tiempo pasado una especie de saber supremo de la competencia general del ser que se llamó metafísica y que le permitía a Ortega presentarse como especialista "en universos". ¿A que sería divertido que los coaches acabasen estudiando a Santo Tomás?

III
Decía Kant que no se puede ser moral fragmentariamente. ¿Pero tenemos los humanos otra forma de ser morales?

IV
Salgo a pasear por las tardes con Ravel, que se ha vuelto un compañero tan inseparable como cordial de mis días de Rodríguez. Yo le animo a aflojar algún fragmento moral de nosotros mismos y a contemplar la belleza transeúnte, pero Ravel se ríe de mí y me dice que no me engañe: para ellas yo no soy más visible que él. El estruendo de la música de los chiringuitos lo confirma. Con este ruido no hay manera de saber lo que dice Itzhak Perlman que dice Ravel.

V
¡Qué rápidamente se levanta la mañana y se viene encima el día! ¡Qué espectáculo más mecánicamente trivial y más estéticamente sublime, el de la amanecida!

VI
En cuestiones de competencias, hábitos, pericias y fragmentación moral, el experto es Santo Tomás. Tanto es así, que me voy a permitir darles un consejo: no se fíen nunca de un coach o -aún menos- de un educador emocional que sea más experto en reiki que en Las pasiones del alma del Aquinate. Un ejemplo: Suma Teológica I-II, cuestión 55, artículo 4. La virtud humana es un hábito. Pero dado que hábitos hay para dar y tomar, el hábito virtuoso es sólo aquel que perfecciona al hombre para obrar bien. Como el hombre se ve movido por dos tipos de impulsos, los que nacen del entendimiento o razón, y los que nacen del apetito, será virtuoso el hábito que perfeccione cualquiera de estos impulsos. Si perfecciona el entendimiento, hablamos de virtudes intelectuales, y si perfecciona el apetito, de virtudes morales. Resulta, por tanto, que toda virtud humana o es intelectual o es moral. Y -créanme- no hay mejor comienzo que éste para tratar de las competencias.

VII
Y ahora me voy a nadar.

sábado, 17 de agosto de 2019

Carpe diem

Comer a solas no es sino estricta biología. Una triste función orgánica. Uno pone cualquier cosa en una bandeja y va a sentarse, mecánicamente, frente al televisor y cuando acaba no sabe bien ni qué ha comido ni qué ha visto. Esta conducta insípida tiene que estar registrada como pecado en algún capítulo menor del catecismo cristiano, porque si la virtud es un término medio entre dos excesos, la soledad gastronómica es el exceso más opuesto a la gula que pueda imaginarse: mera supervivencia de campaña.

II
Carpe diem. Cada tiempo ha entendido esta locución latina según su conveniencia. Hoy pensamos que quiere decir algo así como "exprime el momento presente, no dejes ni una gota para mañana", pero su traducción más genuina, me digo mientras apago la tele y llevo la bandeja a la cocina, sería la de aquel refrán que tanto me repetía mi madre: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Si estaba muy alterada por mis excusas dilatorias, recurría a esta versión: "¡Ya lo haré! ¡Ya lo haré! ¡No digas ya lo haré, sino ya lo he hecho!" Vivo en una orgía del carpe diem.

III
Ayer fui a ver la última película de Tarantino. Me pareció la culminación de un proceso común a varias artes -véase la literatura- en el que el ritmo es el único protagonista de la historia. Todo está al servicio de un diapasón enloquecido y el resto es decorado circunstancial. Tarantino ha grabado una serie de videoclips, los ha unido y al resultado lo ha llamado cine. Podría haberse salvado si, como ocurría en sus películas anteriores, los videoclips fueran buenos, pero su talento se consume en un  solo frenético de batería que se dedica a sí mismo. Decía ayer que me gustaban las películas del oeste. Hoy me gustan más que ayer y, posiblemente, menos que mañana, dado que a los jóvenes parece haberles entusiasmado esta ausencia de cine. Viendo sus caras de entusiasmo, volví a casa con la sensación, seguramente excesiva, de que el cine ha muerto. Me hice un bocadillo de jamón y me senté con dos cervezas frente a la tele. Me he despertado a altas horas de la noche con la tele encendida, las cervezas vacías y el cuerpo desmadejado.

IV
Al ir a la cama descubrí que he recibido una invitación para viajar a Guatemala en diciembre.

V
Mark Twain en The Innocent Abroad: "Quizás el objeto más poético que Pompeya ha reservado a los investigadores modernos, sea la extraordinaria figura de un soldado romano, con su armadura al completo, que fiel a su deber y a  su orgulloso nombre de soldado de Roma, afirmando su coraje, se mantuvo en su sitio, junto a las puertas de la ciudad, firme, hasta que el infierno cayó sobre él, sin apoderarse por ello de su espíritu". Me pregunto cómo actuaría un  soldado a quien se le ordenara dedicar el resto de su vida a guardar las puertas de una ciudad abandonada.

VI
Me entero, porque mis lecturas estos días tienen algo de tarantinianas, de que en la lengua quechua al diablo se lo llama supai, palabra basada en supi, que significa flatulencia. Algo similar ocurre en el yucateco. Aquí el diablo es kisin, de kis, que significa lo mismo que supi. La cosa. bien pensada, tiene su miga.

VII
Estobeo, Florilegio 4.34.60: "¿Qué es el hombre? Un ser débil, despojo del tiempo, juguete de la fortuna, imagen de lo inconstante, situado entre la envidia y el fracaso y, el resto, flema y bilis". Leía a Estobeo y pensaba, por una parte,  en el diablo quechua y, por otra, en el soldado romano de Pompeya.

VIII
El hombre es el ser que altera cualquier definición que se dé de sí mismo.

viernes, 16 de agosto de 2019

El relente

I
El relente es esa humedad subrepticia que empapa las noches serenas. Parece que siendo serenas todo ha de ser en ellas acogedor y amable, pero las noches poseen su propia lógica. No las escribe el mismo autor que escribe el día. Los viejos sabían muy bien los peligros que traía la tentación estival de dormir al raso. El relente es también esta fescura que recibe al nuevo día y que se suele llevar el último suspiro de los agónicos. 

II
Hoy trae del mar la alborada sus promesas cotidianas. Raya el día y ésta es su hora más sensual. Me gusta madrugar y estrenar las primeras horas, dejándolas entrar por las ventanas abiertas como un susurro que aún no se logra descifrar. La madrugada es el tiempo potencial del día. Sigo con vida. Respiro.

III
Hay un misterio singular en el despertar, pero de tan cotidiano, se nos ha vaciado y se ha convertido en rutina. En ese recuperar el hilo de la vida, en el retorno -¿es retorno o expulsión?- de esa ambigua región del sueño hay algo que no es nada trivial. El sueño es la respiración inconsciente, el día la reapropiación de nuestra respiración.

IV
Frases que esconden toda una filosofía: "¿Cómo te ha tratado la vida?" La frase ya sugiere que hay veces en que la vida se pone intratable y todo lo que se puede hacer con ella es intentar soportarla. En estos casos la ética ese reduce a una economía del aspaviento.

V
Ayer, defendiendo por qué me gustan cada ves más las películas del oeste: porque los buenos son buenos, los malos son malos y el mejor es el que gana y se queda con la chica. Todo lo que no sea creer en esto, es socialdemocracia,

VI
Ravel. La música de la madrugada.

jueves, 15 de agosto de 2019

Es peligroso asomarse al espejo



I
Que sí, que tengo que ir al oculista. Me cuesta leer los textos del ordenador. Las letras se han convertido en caprichosas hormiguitas. Así que sean ustedes benévolos conmigo hasta que me arme del valor suficiente pata ir a reafinar las prótesis, tarea propia de una edad a la que no hay que rendirse sin pataleos.

II
La naturaleza que, según Aristóteles, no hace nada en vano (aunque él, en el fondo, sabía muy bien que la naturaleza es muy suya), actuó con gran sentido común al ir desafinándonos la vista a medida que cumplimos años, así podemos vernos reconocibles en el espejo cada mañana. No hay cosa más temeraria que mirarse al espejo con gafas nuevas, porque ningún organismo vivo puede vivir en condiciones de absoluta realidad. Y el humano, menos que ninguno. El narcisismo, en el hombre, es una condición de posibilidad.

III
Hoy es la Virgen y mañana, San Roque. En mi infancia los mayores llevaban las cuentas de las faenas agrícolas y, con ellas, de sus propias biografías, por el santoral. El 15 de agosto era día grande y llegaban los gaiteros de Estella al pueblo, en la Ribera navarra. Al atardecer los seguíamos por las calles cantando y bailando y repitiendo como una salmodia una canción con esta letra:

"Vaquillas, señor alcalde,
Vaquillas para estas fiestas
y si no nos dan vaquillas,
nos iremos a Andosilla".

Andosilla es un pueblo cercano y ya se sabe que no hay mayor traición a lo nuestro que amenazar con preferir los ajeno próximo.

Sí, también sé que no pasará esta letrilla a la historia de la literatura española, pero pasó a la biografía de todos los que la cantamos. Las fiestas de mi pueblo son el 8 de septiembre, otra festividad de la virgen, y es inconcebible unas fiestas sin vaquillas.

El 16, San Roque, era también fiesta grande. Los jóvenes iban a comer al campo y volvían con los carros engalanados con ramas de olmos -la patrona de mi pueblo es la Virgen del Olmo, cuya imagen tengo aquí, a mi lado, justo en el estante de Platón- y de todo tipo de ramas de árboles de ribera.

IV
Por supuesto, todo comenzaba con el repique de campanas y la misa, que era la celebración de la unidad de la comunidad en torno a lo que considera más alto que ella misma, que es aquello de lo que ua nadie le ocurre reírse.

V
Cuando mi madre se estaba muriendo, una tarde en la que estaba yo sentado, exhausto, en la puerta de casa, se acercó hasta mí un joven al que mi madre atendía con cariño y que no estaba sobrado de luces. Sabía que a la Gloria -mi madre- le vida se le iba y estaba realmente muy preocupado por saber a dónde iría una vez muerta.
-    Al cielo -le dije.
-    ¿Al cielo? -me preguntó decepcionado y airado- ¿Y a quién tiene de confianza en el cielo?
-    ¡A Dios!
-    ¿Por qué a Dios? -el muchacho pegó un salto y comenzó a protestar, dando evidentes muestres de perplejidad- ¿Por qué a Dios? ¿Qué es Dios para nosotros? Para nosotros Dios no es nada. ¡La nuestra es la Virgen del Olmo, que es sólo nuestra! ¡Con ella tiene que ir, que la tratará bien, no con Dios!

Le dije que tenía razón. ¿Cómo no iba a tenerla?

Ya se sabe que en este pueblo tan cristiano que es el español, solemos lanzar tremendos juramentos al cielo. Cuando nos enfadamos, sobre Dios hacemos de todo. Pero no recuerdo haber oído jamás un improperio lanzado contra la Virgen del Olmo, que es la nuestra.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Los pedagogos de Herodes

I
Me desvelo con el título de un libro hipotético y en modo alguno imposible o innecesario en la cabeza: Los pedagogos de Herodes.

II
Mi nieto duerme a mi lado. Ayer me pidió a ver si se podía meter en la cama conmigo. Le puse como condición la lectura de 25 páginas del libro que cada uno de nosotros está leyendo. Yo, Doug Lemov, él, Roald Dahl. Lo miro de reojo con envidia. Sale, claramente, ganando. Noto la excitación con que pasa cada página. Eso es leer. Lo mío es otra cosa. Lo mío es una tertulia de resabios.

III
La profunda paz de la noche siempre sorprende. Mis vecinos duermen y sus sueños serán, posiblemente, los sueños comunes, que cada uno creerá propios e intransferibles. La noche como la democracia genuina, la de los sueños: la libertad de poder ser cuanto hemos ido reprimiendo durante el día.

IV
Ayer por la mañana me fui con mi nieto a barcelonear. A recorrer las callejuelas de la Barcelona vieja sin ton ni son, a la búsqueda del azar amigo. El espectáculo de la vida deja boquiabierto al niño que cada día descubre una nueva faceta de un mundo que parece recién hecho para disfrute de su mirada. A los viejos, como mucho, nos produce piedad. A veces la indiferencia puede ser la mal alta forma de piedad. Pienso en el hombre desnudo en Sant Pere de les Puelles.

V
Comimos en un bar por 9 euros, rodeados de albañiles, policías y ancianos desvalidos. Visitamos librerías de viejo y le enseñé alguno de mis rincones preferidos de la ciudad. A él lo que le fascinaba era el laberinto de las callejuelas y alguna pintada que anunciaba el poder demográfico de las ratas.

VI
La curiosidad infantil es real. Tan real como su caprichosa indisciplina. Es una curiosidad caótica, ametódica y epidérmica, que salta de superficie en superficie. Educar la curiosidad exige proporcionar conocimientos que hagan posible el ejercicio de la mirada profunda. No es fácil, pero ¿cómo se puede sentir curiosidad por lo que se desconoce? ¿Cómo aprender a detenerse ante las superficies que sugieren profundidades? 

VII
Siento como un abismo ante las posibilidades que un niño tiene abiertas y, sobre todo, ante la responsabilidad de las puertas que, queramos o no, les abriremos y les cerraremos. No lo haremos ni con nuestros consejos ni con nuestras prohibiciones, sino con el ejemplo de la intensidad con que nosotros abrimos o cerramos cada puerta. Les enseñamos por impregnación. Es la sinceridad de nuestros gestos lo que los educa. Y esa sinceridad no se puede fingir. Los educamos con los que somos (y ahí va incluido todo aquello que llevamos toda la vida intentando sacudirnos de encima).
 
VIII
Me gustoó mucho que me estuviera ayudando a elegir libros viejos. Es decir a descubrir que lo viejo podría tener un valor para su abuelo. Gracias a él me hice con las primeras ediciones (no en muy buen estado, todo hay que decirlo) de la biografía de Maura de Luis Antón de Olmet y Arturo García Carraffa; de la biografía de Costa de Luis Antón de Olmet y de El temperamento español, de Álvaro de Albornoz.

martes, 13 de agosto de 2019

No es bueno que el hombre este solito

I
No es bueno que el hombre esté solo. Dios sabía lo que se decía.

II
Sospecho que el hombre está hecho para protestar de mil futesas cuando su pareja está delante, pero no está hecho para protestar de nada cuando su pareja está ausente. Su ausencia nos deja sin manías. ¿Y qué es un hombre sin manías?

III
El hombre que prevé que estará solo hace planes minuciosos para aprovechar cada sorbo de soledad, pero después la soledad no le sabe a nada y se le va el tiempo como si tuviera un agujero por el bolsillo. Todo el tiempo es calderilla.

IV
Lo indudable es que el hombre no está hecho para dormir solo. Una cama es como una bici tandem, utilizarla solo es ridículo. Uno se pierde ante tantísimo espacio vacío. Ningún camino lleva a ninguna parte.

V
La soledad sabrosa es la que se disfruta cando sabes que ella está por casa. Pero una soledad sin ella por casa es estar perdido en el espacio. Uno va a la deriva, con el timón roto. No hay manera de concentrarse. Leer es una acción imposible. Escribir, una quimera. Uno vaga, como un planeta, en torno a una ausencia.

VI
¿Y esa tendencia natural de las cosas al desorden en cuanto ella está ausente? La rebelión de los objetos, oigan.

VII
Ayer salí a andar, me di un largo paseo y me llevé a Ravel conmigo. Pero vuelves a casa y nadie te pregunta qué tal, ni te hace. ninguna de esas preguntas rutinarias que llenan la rutina de sentido. La soledad es la rutina vacía.

VIII
Además, ella se va y agosto se pone revoltoso y tontaina. Dan ganas de vestirse de otoño.

IX
¿Y los programas insoportables que echan en la televisión cuando estás solo? No es que sean más insoportables que antes, es que es insoportable no tener a nadie para protestar de su vaciedad.
 
X
En fin, señoras, si me ven por la calle, denme un abrazo.

lunes, 12 de agosto de 2019

Las redes sociales son fascinantes


Las redes sociales son fascinantes. No se puede decir lo mismo de todos los que acuden a ellas, porque hay quien las utiliza para vomitar, pero allá ellos. A su pesar, las redes sociales son fascinantes. Pueden proporcionarte, por ejemplo, argumentos para sustituir el sexo por la lectura de la República de Platón:

II
O ayudarte a mantener un debate de altura sobre Ravel en Twitter en el que un importante director de orquesta se presta a dar su opinión sobre la genialidad de este hombre tan singular y diversos personas se suman al bolero dialéctico colectivo aportando argumentos tan de peso como estos: 







III
De la maestría de Echenoz pasamos a la maestrís de Jankélévitch que ha dejado dos ejemplos magníficos de la misma en sendas biografías de Ravel y Bergson:





Y así llegamos a esta escultura cinética, titulada "Henri Bergson, filósofo", del artista suizo Jean Tinguely, que es una de las varias que le dedicó al pensador francés.

IV
Todo comenzó con una cita de Pierre Le Coz: “L’angoisse me murmure ce message: ‘Tu n’as que deux solutions mais choisis la troisième’”. Y su desarrollo vuelve a demostrar que las nuevas tecnologías no son más que prótesis amtropológicas, que aplifican lo que ya somos... en cada uno de nuestros momentos del día. Porque también hay momentos que dedico a la trivialidasd, pero de esos prefiero no hablar, para que el apunte me salga redondo.

domingo, 11 de agosto de 2019

El 11 de agosto no es un día cualquiera



I
38 años cumple hoy mi primogénito. ¡38! ¡Ahí es nada! Ya lleva más de un tercio de siglo a sus espaldas. Yo aún veo en él, cuando lo tengo delante, a aquella criatura que fue que, por cierto, fue la más guapa criatura que en el mundo ha habido. Muy rubio, con el pelo suave, mirada dulce, cariñoso... y le gustaba tararear pasajes de la Carmen de Bizet. Y ahora va y me cumple 38 años. Estas cosas siempre nos pillan sin previo aviso. No es que me queje. Está muy bien que vaya haciendo su vida, pero es que no me explico dónde demonios se ha metido el tiempo intermedio, todo aquel tiempo que me falta entre aquel niño con el que yo salía a pasear cogidos de la mano y este señor adulto que, por cierto, me regala botellas de vino magnífico (no sé si para compensar que su propio hijo haga experimentos mezclando mi whisky -que también me regala él- con fairy).

II

A los padres no nos mata Edipo, sino el paso del tiempo, que es mucho más cruel y anónimo. Y no tiene ni conciencia ni sentido del perdón. Edipo, al fin y al cabo, no hace sino repetir alguna de las fechorías que sus mismos padres hicieron en su momento, pero esta aceleración súbita y enloquecida del tiempo, va directamente a por mí, es una sublevación en toda regla contra la lógica narrativa de mi propia vida.

III
Hoy mi hijo cumple 38 años y me pongo a pensar qué hacía yo con su edad. La conclusión es que mis 38 años son de otra edad, casi de otra época geológica (aunque a los dos nos siga gustando Lou Reed) y si me vienen a la mente las caras de la gente que entonces me resultaba próxima, me salen tantos muertos...

IV
No entiendo a la gente que cree que la felicidad en la vida consiste en no buscarse complicaciones, ni dependencias, ni deudas afectivas. La vida es otra cosa. La vida es como el hierro y si no se usa, se oxida. Tanto es así, que si volviera al pasado creo -y pienso que mi mujer estará de acuerdo conmigo- que tendríamos algún hijo más.

V
Un hijo es una lata, sí, pero, sobre todo, es un don. Y un don es siempre algo imprevisto que, con su imprevisibilidad, nos regala la oportunidad de un comienzo. Cada hijo es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de rehacer nuestra vida. Y aunque sólo fuera por ello, yo les agradezco a mis dos hijos que estén allí, invadiendo mi vida y haciéndosela suya.
VI
El 10 de agosto de hace 38 años entramos dos en la clínica Dexeus de Barcelona, mi mujer y yo. El 12 salimos tres. Y eso, amigos, sólo el que lo ha vivido sabe lo que significa. 

VIII
Decía un Presidente de gobierno de cuyo nombre no quiero acordarme, que ningún padre tiene derecho a interferir en las decisiones de su hija de 16 años si ésta decidía abortar. Yo, por el contrario, creo que una familia es una unidad de interferencia mutua y que hasta mis nietos tienen pleno derecho a interferir en mi vida y a mirarme con cara de decepción si lo que acabo de hacer no está a la altura de lo que, juiciosamente, esperan de mi.

Dignidad

En El Subjetivo