viernes, 26 de abril de 2019

That's complete bullshit,

Efectivamente, este es un test para la reflexión pedagógica. Les aconsejo su lectura pausada:




1. ¿Cómo es que el discurso pedagógico es capaz de soportar tantas toneladas de bullshit sin enrojecerse?

2. ¿Por qué el narcisismo pedagógico tiene que alimentarse de este maniqueísmo tan zafio?

3. ¿Qué motivos hay para oponer la repetición a la investigación, la disciplina a la libertad, la competición a la cooperación, las respuestas a las preguntas, la normalización a la diversificación? 

4. ¿Hay búsquedas sin estudio y experimentación sin examen? ¿Está la responsabilidad reñida con el reconocimiento de la jerarquía? ¿Cuando se trabaja en equipo no importa el producto final? ¿Las respuestas honestas no abren más preguntas? 

5. ¿El humanismo no era una competencia del Renacimiento?

domingo, 21 de abril de 2019

Instrucciones filosóficas para usar las redes sociales:

1. Cuando le preguntaron a Aristóteles qué era lo más difícil en la vida, dijo: "callarse".

2. Cuando a Demóstenes le preguntaron cuál es la mejor arma, contestó: “La palabra”.

3. Filoxeno decía que los oídos de la gente se echan a perder por culpa de su lengua, porque antes de escuchar bien, se empeñan en rebatir lo que no han oído.

4. Crates el cínico acostumbraba a decir que más vale dar un patinazo con el pie que con la lengua.

5. Pítacos le preguntó a Bias: "¿Qué es lo más difícil en la vida?" Cuando le contestó “Conocerse a uno mismo", preguntó de nuevo: "¿Y qué es lo más fácil?" Bias le respondió: "Criticar a los demás".

6. Cuando le preguntaron a Aristipo qué había sacado en limpio de la filosofía, contestó: "Ser capaz de charlar gratamente con la gente que me encuentro.”

La imaginación conservadora en The Burkean




Carta de Antonio Machado a Maeztu

Más de un buen amigo progre me ha escrito echándome en cara, con más o menos amabilidad, que intente recuperar en La imaginación conservadora a pensadores como Maeztu o Vázquez de Mella. Siempre suelo contestar lo mismo. Lo que intento recuperar es la transmisión, con sus luces y sombras. Por otra parte, si Marcelino Domingo era capaz de dialogar con Vázquez de Mella, ¿por qué me tengo que reprimir yo? Y si Antonio Machado escribía cartas como la que siguen a Maeztu, ¿por qué no tengo que escribir yo sobre esta correspondencia? De hecho es este diálogo el que me interesa transmitir por encima de cualquier otra cosa. Ya sé que no tendré éxito. No hay manera de convencer a los prejuiciosos de que, por ejemplo, Menéndez Pelayo, era más complejo de lo que ellos afirman dogmáticamente. Pero me queda el consuelo de cartas como esta:



jueves, 18 de abril de 2019

El logos inaudito

En El Subjetivo

Los parámetros de los movimientos sociales: un paradigma formal

En 1958, exasperado por la jerga que infectaba las ciencias sociales, el sociólogo Daniel Bell escribió, con intención de ridiculizarla, un pequeño ensayo titulado "Los parámetros de los movimientos sociales: un paradigma formal."

Comenzaba asegurando que pretendía presentar una dicotomización taxonómica que podría permitir comparaciones unilineales. De esta manera se podría aspirar a distinguir las variables relevantes que determinan las especificidades funciones de los movimientos sociales. “Cualquier esquema clasificatorio -añadía-, es, esencialmente, una respuesta a otro esquema implícito. En este caso, es un intento de responder a las diversas teorías hylozoicas que niegan que las categorías sociales puedan ser separadas”.

Bell dividió los movimientos sociales en dos tipos: homólogos y metónimos. 

Los movimientos homólogos se distinguen por las variables que consideran, que pueden ser estructurales (monocotiledóneos y dicotiledóneos), matriciales (ultramontanos y antinómicos) o de proceso (sincretista y diastrófico). 

Los movimientos metónimos, en cambio, están marcados por las definiciones de sus objetivos (trascendental o escatológico), una matriz de cambio que puede ser quietista o quiliástica (esta última, a su vez, puede ser sectaria o lacrimosa) y un modo de cambio que es inmanente o informado por kairos (diástais).

Bell aseguraba que envió el ensayo "a dos amigos sociológicos, que creí que podrían apreciar su intención". Uno le envió una carta seria discutiendo algunas de las categorías; mientras que el otro, sin saber si se trataba o no de una parodia, escribió: Usted es un sociólogo demasiado bueno como para no haber creado algo que, en sí mismo, es bastante útil".

(En Dwight Macdonald, Parodias, 1960.)

miércoles, 17 de abril de 2019

Sant Jordi


Unamuno sobre don Marcelino, su maestro

“Ha venido a dar a mis manos la nueva edición de la Historia de los Heterodoxos Españoles, de mi venerado maestro Menéndez y Pelayo, y cuyo sétimo y último volumen acaba de aparecer. ¡Y qué de actualidad! Porque parece de hoy la quijotesca batalla que don Marcelino libró hace más de medio siglo contra los campeones de la revolución liberal de España. 

(…)

En otro pasaje dice de Feijóo don Marcelino que fue “filósofo” sin duda, aunque no de la generosa madera de Santo Tomás, de Suárez o de Leibnitz, sino con esa filosofía sincrética y errabunda, a cuyos devotos se llama hoy “pensadores”... ¿Y él, don Marcelino? Él, el periodista que compaginaba en robustos volúmenes hojas volantes, pensador —o investigador más bien— sincrético y errabundo más que filósofo. Benedetto Croce ha visto muy bien que le faltó filosofía. Y yo, que fui su discípulo directo —y hasta oficial—, que le quería y le admiraba, tengo motivos para creer que la honda filosofía, la contemplación del misterio del destino humano, le amedrentó, y que buscó en la erudita investigación una especie de opio, un anestésico, un nepente, que le distrajera. No se atrevió a mirarle ojos a ojos humanos a la Esfinge, y se puso a examinarle las garras leoninas y las alas aguileñas, hasta a contarle las cerdas de la cola bovina con que se sacude las moscas de Belzebú. Le aterraba el misterio. Y por esto él, que tan hondamente sintió a Lope de Vega, no llegó a penetrar en todo el trágico sentido de Calderón, el de “la vida es sueño”. Y es que temía que este sueño le quitase el sueño.

Unamuno, “Don Marcelino y la Esfinge”, en El Sol (Madrid), 10 de mayo de 1932.

martes, 16 de abril de 2019

¿Nos gusta engañarnos a nosotros mismos?

En El Mundo

Je vous salue, Marie

Je vous salue, Marie, pleine de grâce;
Le Seigneur est avec vous;
Vous êtes bénie entre toutes les femmes;
Et Jésus, le fruit de vos entrailles, est béni.
Sainte Marie, Mère de Dieu,
Priez pour nous, pauvres pécheurs
Maintenant et à l’heure de notre mort.
Amen.

lunes, 15 de abril de 2019

Don Emilio Castelar de rosa y frente a un chiflado

He terminado de leer las notas que Ginés Alberola escribió sobre su venerado Emilio Castelar, de quien fue durante años su secretario personal (Emilio Castelar. Memorias de un secretario). He de decir que la lectura ha estado empañada por el zumbido de un moscón morboso que no me ha dejado en paz ni aun después de concluida.

Me explico.

Aquilino Duque cuenta en Mano en Candela que en una ocasión Camilo José Cela y Fernando Quiñones, paseando por la ciudad de Cadiz, fueron a parar a la plaza de la Candelaria, donde toparon con la estatua de Castelar. "Al llegar ambos ante el monumento, comentó Camilo, según Quiñones: Ahí donde lo ves, le quitó un amante a mi tía la Pardo Bazán." 

La vida de Castelar, leída desde las posibilidades interpretativas que brinda esta anécdota -que, sin embargo no creo que Duque pueda garantizar, conociendo a Cela, que recoja fielmente la verdad de los hechos-, se tiñe con un color más rosado, lo cual, obviamente, no le resta nada a su dimensión política, pero sí da otro posible significado a algunas anécdotas, aunque no sea el caso de la siguiente.

Alberola relata con su habitual vehemencia, que al finalizar Castelar una de sus clases en la universidad, mientras recogía sus libros y apuntes, se presentó ante él, súbitamente, "un hombre escuálido, larguirucho, de rostro atezado, con bigotes negros  ... y unos ojos fulgurantes que en vez de mirar despedían rayos."

Castelar le pregunto qué deseaba y el recién llegado se lo aclaró sin alterarse:

- Nada en particular, señor Castelar. No se asuste. Vengo desde América exclusivamente a proponerle a usted un desafío. Yo necesito hacerme célebre y no veo medio mejor que, en noble lid, cruzar con usted unos tiritos o una espada. Eso lo dejo a su elección.

- ¡Pero buen hombre -le contestó Castelar- , si yo no le he inferido , ni usted a mí, ninguna ofensa!

- No importa -replicó el otro.

Castelar comenzó a gritar pidiendo auxilio. El visitante sacó del bastón que llevaba un estoque y persiguió al prohombre hispano entre mesas y sillas. La persecución sólo acabó con la llegada del bedel.

sábado, 13 de abril de 2019

Pucheta

Comentando el fin del Bienio Progresista de Espartero, en 1856, Antonio Espina escribe en la biografía que le dedica a este magnífico militar y menos magnifico político:

"El pueblo, aburrido ya de estériles revueltas, contempló con indiferencia el desesperado esfuerzo del grupo de milicianos y paisanaje que, a las órdenes del viejo torero, recibía a tiros, detrás de la última barricada liberal, a las tropas del gobierno."

El "viejo torero" era José Muñoz, "Pucheta", que -añade Espina- "fue muerto a bayonetazos en las afueras de la Puerta de Toledo."

La muerte de Pucheta tuvo lugar el 16 de julio de 1856. Tenía 38 años.  No cayó hasta que, siendo el último superviviente de la barricada, se quedó sin municiones. 

Pucheta formó parte de una comisión de toreros amotinados que dos años antes habían sido  recibidos Isabel II. La reina los escuchó atentamente. Casi puedo imaginármela, observándolos con sus ojos azules, luminosos, desde esa distancia irónica que dominaba tan bien. Cuando Pucheta acabó su discurso, le objetó que las leyes le impedían acceder a sus peticiones.

- Señora -le contestó Pucheta-, todo eso es ...pura mierda. Ni leyes ni historia. Aquí quien mandamos somos nosotros y se hará lo que digamos".

- Todo eso -la le contentó la reina- me parece muy bien, pero arrímese a los toros con más frecuencia y acertará mejor a comprender lo que es la justicia bien administrada.

No me parece mala respuesta. En absoluto.

jueves, 11 de abril de 2019

Mano en candela

Ayer acabé Memoria, ficción y poesía, de Aquilino Duque, y me quedé con ganas de más. Como no tenía otro Duque a mano, anduve escarabajeando entre Zambrano y Ortega, sin poder concentrarme en ninguno de los dos y, finalmente, cansado, me fui a la cama.


Esta mañana me ha sorprendido la cartera trayéndome un libro pequeño que, inicialmente, he supuesto que sería de alguna de alguna editorial amiga o de algún amigo escritor, pero al abrirlo me he encontrado con queAquilino Duque me enviaba repuestos. He comenzado a leer Mano en candela inmediatamente y ya no he podido abandonarlo. ¡Qué prosa! Este es un libro de pura literatura, un festín narrativo, una fiesta, un viaje que te va adentrando más que en un mundo, en una música, en un ritmo, en una sintaxis, en una cadencia. ¡Este es un libro andaluz, luminoso, fresco, y muy divertido!

Gracias, Aquilino.



miércoles, 10 de abril de 2019

Dos libros: De Opisso a Duque

He llegado a casa con ganas de silencio, tranquilidad, Plaza de Ocata y, sobre todo, de lecturas.

Nada más llegar me eché con voracidad sobre un libro que me esperaba desde hace un par de meses, Semblanzas políticas, de Alfredo Opisso (1908), que recoge de manera sucinta y divertida algunos rasgos característicos de relevantes personajes de nuestro siglo XIX (que, dicho sea de paso, más me parece que se asemeja al XXI). Del rico y muy variado surtido de anécdotas, extraigo estas cuatro:

I
En 1860 se fundó en Madrid el periódico El Contenporáneo, en cuya redacción se encontraban Valera, Bécquer, Ramón Rodríguez Correa y otras excelentes plumas. El periódico la tomó contra el ministro de Gracia y Justicia, don Santiago Fernández Negrete, acusándolo, sin razón, de empinar el codo con exceso. Cansado de tanta "fake news", Negrete llamó a Correa, le demostró que sólo bebía agua y le solicitó una rectificación. El periodista le contestó: "Yo no rectifico. Rectifique Usted bebiendo vino."

II
Cándido Nocedal dejó en una ocasión callado a Cánovas en plenas Cortes, al demostrarle que había falseado una cita de fray Prudencio de Sandoval (y eso sin poder consultar en Internet).

III
Dice Alfredo Opisso de Ríos Rosas que era “de profesión disidente” y para confirmarlo, un poco más adelante cuenta que “fue nombrado embajador de España en Roma. No había, sin embargo, de permanecer mucho tiempo sin disentir.”


A Aquilino Duque lo conocí hace pocos días en Sevilla y me dejó sorprendido por su amabilidad y memoria, que guarda, muy frescas, multitud de anécdotas de diferentes personajes, sobre todo del mundo de la letras de la segunda mitad del siglo XX.


Al llegar a casa me he encontrado con que Aquilino me ha enviado su último libro, que casi estoy subrayando por completo.

Ahí van algunos chascarrillos:

I
Don Miguel de Unamuno llevaba siempre en su cartera el soneto de Gerardo Diego al Ciprés de Silos y de vez en cuando lo sacaba para leérselo a sus oyentes. En una ocasión, uno de éstas, don Américo Castro, dijo por todo comentario:
-¡Bah! ¡No es Goethe!
Replicó don Miguel:
-¡Ni usté Mommsen!

II

“Dionisio [Ridruejo] le dijo a Muñoz Grandes, que lucía uniforme de general alemán con pantalón de raya roja: ‘Mi general, ustedes los héroes serán en la historia lo que digamos los poetas.’”

La escena tuvo lugar en el transcurso de un almuerzo en la embajada de España en Berlín, el 22 de agosto de 1941. A Muñoz Grandes no le hicieron ninguna gracia las palabras de Ridruejo (que no hacen sino repetir lo que ya nos dijo Platón en la República). El embajador resolvió la situación con un brindis “¡Por la entrada en Moscú!”


III

“Un día en Roma [...] coincidieron [...] Dionisio Ridruejo y María Zambrano [...] y María dijo que para que las heridas de España se cerrasen, todos los españoles, de uno y otro bando, habrían de ponerse de rodillas.”

IV

“Calvo Serer nos desaconsejaba los libros de Ortega porque se podían leer en el tranvía. En cambio, a Xavier Zubiri nadie le discute el título [de filósofo], pues por algo decía su suegro, don Américo Castro, que tenía la habilidad de añadir oscuridad a las tinieblas.”


lunes, 8 de abril de 2019

Hogar, dulce hogar

I

Vuelvo a casa con hambre de hábitos y rutinas: de despertarme en mi cama, de encontrar mis zapatillas en su sitio, de sentarme en mi silla de trabajo y ver allá en frente un trozo de mar, de leer en mi rincón de leer, de recuperar el sabor del café-café de la Plaza de Ocata, de sentir en la piel el sol del Mediterráneo, de los paseos por la playa, de los saludos por la calle a la gente de siempre... Vuelvo a casa con la voluntad de pasar unos días haciendo lo mínimo posible. Por cierto, hoy mi mujer me ha llevado al cine, a ver The mule, del grandísimo Clint Eastwood. Cine. Cine tout court. ¡Y cómo se agradece! 

II
Vuelvo a casa y me encuentro con inquilinos inesperados: Un mirlo ha puesto su nido en un rincón de nuestro pequeño jardín obligándonos a todos a movernos con sigilo. Estamos todos expectantes, comenzando por mis nietos. ¿Hay otra manera mejor de afirmar la primavera?


III
Vuelvo a casa y me comunican que en el Diario de Navarra aparece esta columna de Pedro Charro Ayestarán hablando de La Imaginación Conservadora.


IV

Vuelvo a casa y descubro que Gregorio Luri és konzervatív képzelet. ¡Casi nada!

miércoles, 3 de abril de 2019

Para tener a México cerca...

... le compré este exvoto a un anticuario de Puebla y lo tengo aquí, a mi izquierda, en la estantería, junto a Fray Luis de Granada: 


Cuete: Borrachera
Chorrillo: Cagalera.

The Jean-Paul Sartre cookbook

Traslado hoy al Subjetivo los exitencialismos caniculares.