lunes, 28 de febrero de 2022

Volviendo a la vida

Volviendo de Madrid, Nuria Azancot me pidió un texto de 524 palabras sobre los derechos de los animales para el Cultural del Mundo. Hoy se lo he enviado, con el orgullo de haber escrito exactamente 524 palabras. Mañana tengo que envíar mi colaboración para The Objective y tengo pendientes un artículo largo sobre la amistad para un diario de Barcelona y dos prólogos, uno para el último libro de Alain Minc, que publicará Herder, en el que reivindica la ambición teórica de Marx y otro para la editorial Siltolá, de mi amigo Javier Sánchez Menéndez, que ha decidido publicar un libro memorable de nuestro siglo XVIII, del que en su momento daré más detalles.

Hoy, comiendo, le contaba a mi familia que Carlos Fernández Liria se sorprendió, en Madrid, de que yo leyese a autores con los que no coincido ideológicamente. Le contesté que eso, exactamente, era para mí ser conservador. Acabo de releer El sentido humanista del socialismo, de Fernando de los Ríos y he dejado los márgenes repletos de notas, en muchos casos laudatorias.

sábado, 26 de febrero de 2022

De vuelta a casa

En estado de descompresión.

Mi hábitat es el sofá, mi querido sofá, tan hecho a mi cuerpo, y mi estado vital, el de la modorra y el sueño.

Vegeto felizmente en el duermevela de mis cosas, sin hacer otra cosa que pasar la vista por ellas, disfrutando de la levedad de nuestra copresencia.

Me han pedido de El Mundo 525 palabras, pero no me apetece escribir nada. Hoy 525 palabras se me antojan más extensas que la Iliada. Mañana tendré que despertar de este dulce limbo de calma y pereza y ponerme a recuperar el pulso de los días.

Putin sigue haciendo de las suyas. Mi amigo K. me informa diaramente de la situación en Moscú. Y ese es mi único contacto con la deprimente realidad exterior.

viernes, 25 de febrero de 2022

Llueve en Madrid

Dejo a mis espaldas un Madrid lluvioso y gris, un Madrid para verlo desde la ventanilla del tren que me lleva a Ocata. Para despedirme como el día requería, me he levantado temprano y he ido a desayunar a la Chocolatería San Ginés, chocolate y churros, naturalmente. A las 9:00 está a rebosar. Hay una mezcla un tanto pintoresca de obreros de la construcción, un grupo de sindicalistas rollizos (me ha parecido entender que eran camioneros), turistas de mediana edad que cumplen religiosamente con los rituales de la guía, como hemos hecho todos algua vez, y jóvenes parejas enternecidas por su copresencia.

Voy a Atocha bordeando -cuando puedo- los charcos de las aceras.

Cuando eres joven, si vas a la cama cansado te levantas con sueño (si eres joven siempre te apetece dormir un poco más) y descansado. Cuando tienes mi edad, para las 6 de la mañana ya tienes los ojos como platos buscando entre las rendijas de luz que se cuela por la ventana una excusa para levantarte. Ya no tienes sueño, pero estás cansado, porque el cansancio cotidiano es acumulativo.


Comencé el día ayer hablando de empresas con empresarios navarros que saben de esto muchísimo más que yo y que viven con normalidad el tobogán de los negocios. A las 13:30, comida con un personaje que me tiene fascinado, Javier Cañete, de la Fundación Botín. Cada vez que nos encontramos reanudamos los hilos de las conversaciones interrumpidas, porque la ausencia los mantiene vivos. Hablamos de todo, hasta del perro Betún de Ana Palacio. La llamé para decirle que estábamos hablando de su perro mientras Putín hacía de las suyas. 
- ¿Te das cuenta, Javier, que hemos hablado de muchísima gente y de todos hemos hablado bien? -le pregunté al despedirnos.
Eso es comer bien, traer imaginariamente a la mesa a las personas que apreciamos y llenarla con su presencia cordial.
A las 17:30 me esperaba un coche en la puerta del hotel para llevarme a la Universidad Francisco de Vitoria. El conductor, un ecuatoriano simpático y atento, me contó la mitad de su procelosa vida a la ida y la otra mitad se la reservó para la vuelta.  Esta segunda fue la más sabrosa, porque incluía anécdotas de su experiencia como taxista nocturno en Madrid. Están a punto de operarlo de algo del corazón. Le deseo lo mejor. Es un gran tipo. Después, una entrevista y una charla a los padres de alumnos con este título: "¿Se ha cansado el hombre de sí mismos?" Más cordialidad, una larga despedida, promesas de rencuentro y cena en calma y soledad en un rincón de un restaurante cercano al hotel.

Volveré pronto.

jueves, 24 de febrero de 2022

Madrileando

Mientras Putin humilla a Europa, yo madrileo.

Comencé el día desayunando en muy buena compañía y firmando libros en una terraza de la Plaza Ramales. El sol iba aposentándose de la ciudad con su cosquilleo cálido. A eso de las 11:00 me dirigí a Museo Arqueológico (2,4 km), con la intención de visitar la exposición titulada "Tesoros arqueológicos de Rumanía". En buena parte ya conocía las piezas, porque las anteriores a lo que fue la Dacia son inequívocamente tracias. Las tribus tracias posiblemente nunca tuvieron conciencia de pertencer a una misma etnia y se referían a sí mismas con diferentes nombres, pero su arte inmediatamente se reconoce por una mezcla singular de lo escita,  lo persa y, posteriormente, lo griego. Mi rencuentro con el rey tracio Kotys fue especialmente emocionante .





Del Museo Arqueológico al IES Juan de Villanueva hay 7.2 km por el camino más corto, pero decidí ir por la Puerta de Toledo y  sumarle un kilómetro más a la ruta. Me apetecía pasar por el viejo Puente de Toledo, comer un bocadillo de calamares en cualquier tasca y entrar por allí a Usera y Orcasitas. No conocía esos barrios, pero si quieres entender un centro educativo tienes que empezar por situarlo en el mapa. Estuve tres horas de charla pedagógica con los profesores del centro. Hablamos del tratamiento del error, de la carga cognitiva, de la Writing revolution y de la posibilidad de llevar adelante un proyecto riguroso y metódico de desarrollo del pensamiento que algunos llaman crítico y a mí me gusta llamar riguroso.

Al terminar me llevaron en coche hasta la Puerta de Toledo y de allí, en compaía de una profesora del IES, Teresa, me fui andando hasta la Puerta de Alcalá (3 km), porque en el Patio de los Leons había quedado con Ricardo y dos amigos más. 

A las 12, agotado, dejé a los jóvenes con su cordialidad y sus risas y me fui, caminando, claro, hasta el hotel. 2,4 km más.

Mientras tanto, Putin, a lo suyo.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Madrid

Día soleado en Madrid, primaveral, risueño. He dejado las cosas en el hotel (en la Plaza de Oriente) y he ido caminando mansamente hasta la Complutense. Mi destino era la Escuela de Agricultura, pero me he perdido por el campus y he llegado a la cita un poco tarde. Me esperaba un debate con Carlos Fernández Liria que me ha sabido a poco. He tenido la sensación de que hemos estado surfeando sobre lo importante. Después una cena magnífica en el Alcaravea Gaztambide con los jóvenes de la Fundación Tatiana y regreso caminando al hotel en una noche templada con poca gente en la calle. 

Sigo intentando poner en práctica mi lema: "Cuando vayas al mercado, no olvides de volver con un amigo".

Estoy escribiendo un artículo largo sobre la amistad, por cierto.

lunes, 21 de febrero de 2022

Buen temple

Llevo meses sin que me duela nada. Los acúfenos parecen sosegados y los mareos, controlables. Hace buen tiempo, tengo muchas cosas para leer y bastantes más para escribir y voy entregando todo a su tiempo.

Disfrutar de las pausas de calma es una maravilla. La salud es un don, amigos. Y el sol de estas mañanas tan cordiales... Echarse para atrás en la silla del Petit Café, estirar las piernas, dejar caer los brazos y la cabeza y sentir el calor vivificante de este sol invernal. Que tu única preocupación sea si pedir un vermut blanco con patatas o una Alhambra. Los vecinos tienen, todos, su conducta predecible y tranquilizante -¡benditas rutinas!-, como las nubes y los plátanos, que ya empiezan a dejar sentir su rumor germinal. Y el mar, allá lejos, que reclama mi imaginación desde el horizonte. Todo está en orden. Todo encaja.

domingo, 20 de febrero de 2022

Luisina

Luisina Fernández es, para mí, una heroína emocional. Es una viuda de 95 años con reducidos ingresos. Padeció la Revolución de Asturias, la Guerra civil española, las infinitas penurias de una niña durante la segunda guerra mundial en la URSS y, al regresar a España, se encontró con serias dificultades para el reencaje. Pero nunca nadie la ha oído quejarse de nada. Se lo comenté un domingo cuando fui a su casa a hacerle una entrevista. Me contestó: “Cuando me duele algo, voy al médico, no a la vecina." Inevitablemente pensé en la definición de filósofo de María Zambrano: "Filósofo es el que ya no se queja."

viernes, 18 de febrero de 2022

Presten atención

Segunda competencia ESPECÍFICA del área de matemáticas en secundaria obligatoria:

"Desarrollar destrezas sociales reconociendo y respetando las emociones y experiencias de los demás, participando activa y reflexivamente en proyectos en grupos heterogéneos con roles asignados para construir una identidad positiva como estudiante de matemáticas, fomentar el bienestar personal y crear relaciones saludables". 

A mi modo de ver esto es DESOLADOR. ¿Se dan ustedes cuenta de que, según nuestra normativa, el estudiante de cuarto de ESO ignorante, pero feliz, ya ha dominado esta competencia específica de matemáticas?

Buenos días

Simone Weil: “Cuando ofrecemos ayuda a seres desarraigados… y recibimos a cambio malas maneras, ingratitud, traición, padecemos simplemente una parte pequeña de su desgracia”.

jueves, 17 de febrero de 2022

De Gramsci a Felisberto

Creo que era Gramsci el que hablaba del partido político como de un intelectual colectivo. Lo leí a finales de los 70. Al poco tiempo, PSUC y el PCE se suicidaron, coincidiendo con el suicidio de UCD. Estos casos de idiotas colectivos nos dicen mucho sobre la racionalidad política.

El lunes pasado en el Colegio de Doctores me hicieron una pregunta que presuponía que el poder es omnipotente, inteligente y maquiavélico. Contesté que es consolador pensar que el poder es inteligente, aunque sea perverso. Mejor pensar eso que aceptar que la inteligencia política es siempre escasa y que, como le dije a Santi Vila el martes, la virtud de un político la decide su fortuna (la frase es de Maquiavelo).

Hoy he tenido una larga charla con un grupo de pedagogos de Uruguay. Alguno de ellos tenía varios libros míos. Siempre siento una especial responsabilidad ante estas situaciones. ¿Y si estoy equivocado? En cualquier caso, intento animar a la gente a ir, como pedía Sócrates, por donde la razón los lleve. El encuentro ha sido muy cordial y me ha permitido reivindicar al gran Felisberto Hernández. Les he dicho, entre otras muchas cosas que el beato pedagógico es la plaga del sistema educativo. Es beato el que quiere tanto a un alumno que no lo pone a prueba para evitarse la posibilidad de sentirse defraudarlo.

Atareado

Me escriben ustedes sobre mi ausencia en este café y me dejan con una sombra de mala conciencia. Pero, créanme, no llego.  Poner en marcha una editorial ha sido una empresa muy ilusionante, aunque no les negaré que ha habido momentos en que la burocracia oficial nos lo ha puesto difícil. Ahí andamos tres socios, románticos, sin duda, pero que creemos dominar el sutil arte de la suma empresarial. Para serles sinceros, mis socios trabajan y yo voy de diletante. Ellos me aceptan así y yo los admiro a ellos. Poner a andar todo esto, comenzando con recursos humildes y ambiciones grandes tiene, obviamente, sus riesgos, pero ahí está la gracia del asunto. Es una actividad deportiva. A mí me gustaría que, cuando pasado un tiempo, ya llevemos, ¡qué sé yo!, cien libros editados, en el 101 y en el 102 pongamos la misma ilusión que hemos puesto en el primero y el segundo. Es decir, que conservemos intacto el interés -un poco fetichista, si quieren- por el libro, el respeto por los autores y la decisión de acabar cada libro con esmero. Es muy hermoso senrtirte co-creador de algo, ver como va dando sus primeros pasos y levantar la cabeza para otear el futuro. Espero no aburriros comunicándos los libros que vayamos publicando.
 
 

El lunes y el martes he andado de presentaciones. El lunes presentamos en el Colegio de Doctores y Licenciados el número 200 de la revista Valors. Una inmensa alegría encontrarme con viejos amigos a los que no veía desde antes de la pandemia. Creo que nos lo pasamos bien. Debatí con Begoña Román sobre cuestiones del presente moderados por Jordi Sacristán y después me fui con el gran Miquel Seguró Mendlewicz a cenar. ¡Qué bien se está con la gente que quieres! Discutimos sobre la filosofía política de Suárez y nos quedamos tan a gusto.

Ayer Sergio Vila-San Juan, al que tanto admiro, me invitó a comer al Círculo Ecuestre, hablamos de la correspondencia entre Felipe IV y sor María de Ágreda y de mil cosas más. A las 19:00 tocaba presentación del último libro de Santi Vila.


Hace unos años estaba yo sentado a una mesa en la ceremonia de entrega de los premios Planeta y a mi izquierda había una silla libre. Poco después de comenzar a cenar apareció, presuroso, Santi Vila. Al hombre se le veía muy tocado. Solo lo había visto una vez, cuando los dos presentamos un libro de nuestro común amigo Jordi Amat. No sabía muy bien de qué podíamos hablar, así que tanteé el recurrso de un libro de Pla, su Cambó, que me parece un libro profético. Aquello tuvo un efecto balsámico. Él no se lo había leído, yo le recomendé encarecidamente su lectura, él se lo leyó, le sentó como una medicina salutífera y, a consecuencia de aquello vino la invitación para esta presentación. Había mucha gente importante, desde Mas a Collboni pero yo me enamoré de la madre de Santi Vila por razones que no hace falta decir aquí. Me sorprendió muy gratamente la libertad de palabra de Vila y llegué a la conclusión que hay político para rato.


Hoy en el Diario Montañés

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