lunes, 29 de junio de 2020

Dos entrevistas más


Este último hijo mío vino a nacer en el peor momento. Llegó a las librerías justo cuando la pandemia las cerró a todas. Pensé, pues, que tendría una vida efímera porque, dadas las características de nuestro tiempo, cuando se volvieran a abrir, todas querrían exponer novedades. Sin embargo ahí está, viendo pasar el tiempo. Las dos últimas semanas he dado casi una entrevista diaria. Estas son las dos últimas, en catalán: 





domingo, 28 de junio de 2020

Lo más valioso

Si pudiera dejarles a mis hijos lo más valiosos que tengo con la certeza de que sabrían apreciar su valor, les legaría mi convicción de que es inútil salir a la callle si no vuelves a casa con un nuevo amigo.

sábado, 27 de junio de 2020

La virtud

"Si queréis saber dónde está la virtud, mirad a quienes se mantienen firmes defendiendo las murallas", dice Séneca. ¿Conservan aún algún significado estas palabras en Europa? ¿Es Séneca otro de esos fascistas cuya memoria hay que ahogar en el mar?

miércoles, 24 de junio de 2020

Noche de San Juan

Foto de Guillem Luri

El luz como atracción irrefrenable de la mariposa, la alegría en los ojos de los niños, la satisfacción de volver a ser como un niño en los ojos de los adultos, la noche iluminada súbitamente por mil resplandores, próximos y remotos, la alegría de la mesa compartida y la paz de la protección de las estrellas sobre todos, la celebración de la vida y de la proximidad, la alegría sin precio.

 

domingo, 21 de junio de 2020

La inutilidad del inútil

 Ayer por la tarde, en Sant Mateu

Para una escuela sustentada en una genuina pedagogía del interés no debieran existir conocimientos inútiles, dado que el conocimiento sólo es inútil para aquel que no le ve ningún interés. Pero la realidad nos muestra que nunca ha habido un sistema educativo más obsesionado con lo útil que el actual. Todo aquel conocimiento que no se traduce en una competencia -todo aquel "qué" que no se traduce de manera inmediata en un "cómo"- es considerado un conocimiento meramente declarativo y, por lo tanto, devaluado. 

A la hora de la verdad, nuestro sistema educativo rechaza todo aquel conocimiento que considera carente de interés sin darse cuenta de que de esta manera está impugnando las pedagogías del interés en las que dice basarse.

Nunca ha habido una escuela más sensible a lo inútil y menos rigurosa ante lo opinable (¿y no es lo opinable lo más declarativo?).

Insisto: sólo para el carente de curiosidad existen conocimientos inútiles.

Cuando le pongo a un conocimiento el calificativo de inútil estoy reconociendo mi ignorancia con respecto a la parte de la realidad a la que ese conocimiento se refiere.

sábado, 20 de junio de 2020

Vuelta a las viñas


Vuelvo a las viñas acompañado de mi nieto Bruno. Es más dado a la consola que al excursionismo, pero aún así nos hemos hecho 8 kilómetros. 8 kilómetros en los que no ha parado de hablar ni un segundo. En 2 horas hemos tratado de todo: de Cela y de la flor del acanto, de la vida de las hormigas, de cómo son las hormigas macho, de las partículas elementales, del origen del universo, de Einstein, de por qué la explosión de la bomba atómica crea esas formas, de Spielberg, de la música de Tiburón, de Lucas, de todos y cada uno de los capítulos de La guerra de las galaxias, de los tipos de zombis que existen, de la escena de la ducha de Psicosis y de mil cosas más que ahora me resulta imposible recordar. Vamos, todo un lujo. 

Después, en casa, le ha comentado con aires de superioridad a su padre que hemos estado hablando de la materia y de su consistencia, pero que es algo tan extraño que si se lo contara, no se lo creería. Y no se lo ha contado.

Esta voracidad por descubrir el mundo tiene poco de científica, es una curiosdad que busca el entusiasmo de lo llamativo y extraño, de lo extraordinario y singular; que se regodea con lo diferente como las abejas en el polen de cada flor. Pero la voracidad está ahí, insaciable, espléndida, contagiosa. Es la voracidad de un nuevo inquilino del mundo de la vida.

Repetiremos.

jueves, 18 de junio de 2020

4 cosas

I

El Masnou, esta mañana
 
II
Es mucho más fácil adoptar una solución que entender un problema.


III
Hay más concienciadores que conciencias.

IV 

¿Para cuando una escuela que muestre en su frontispicio este cartel: "Aquí lo más emocionante son las matemáticas"?


 
O "Aquí nuestro compañero emocional es don Andrés Fernández de Andrada"
 
Otra alternativa: "Hoy en clase de educación emocional, el segundo concierto para piano y orquesta de Shostakovich".

El virus de la educación


 Ayer, el infinito visto desde Montgat

"El virus de la educación", en Alfa y Omega

miércoles, 17 de junio de 2020

Pensar, caminar, cantar

 Con mi hijo y mi nieto Bruno, de excursión, el domingo pasado.
 
Hace meses me comprometí a escribir un libro sobre antropología y me puse a ello con entusiasmo. Era algo que me apetecía mucho hacer y sobre lo que creía tener ideas claras. Pero, a medida que lo iba escribiendo, me iba dando cuenta de que algo no funcionaba, de que comenzaba a no creerme lo que escribía, a pesar de que era coherente con lo que pensaba que creía. Mis argumentos se tambaleaban.

Así que bajé a los cimientos... y acabé descubriendo que no estaban bien asentados. Me paré, me establecí un plan de lecturas complementarias y me dediqué a ellas con intensidad. Cuando volví al texto, ya no había nada que se mantuviera en pie. Así que comencé a escribir de nuevo algo que, obviamente, era un libro diferente. Y en eso estoy. 

Considero que no hay nada más intelectualmente estimulante que enfrentarte a tus límites (a lo que crees que son tus convicciones), pero hay un momento en que aquello en lo que creías creer se hunde y no tienes refugio alternativo al que acudir, y te descubres a la intemperie y desorientado. 

Pensar -no me refiero a tener grandes ideas, que eso se lo dejo a los grandes, sino a pensar honestamente- es pensar contra uno mismo. Esto resulta muy noble proclamarlo, pero cuesta. Pensar es ir cuesta arriba. 

Ahora, pues, ando con otra cosa que poco tiene que ver con lo que me comprometí a entregarle al editor (aún no se lo he dicho). Creo saber por dónde voy... pero aún no veo con claridad cuál es mi meta. 

Don Quijote me acompaña en este viaje, pero a veces se me queda mudo aquí al lado, porque no tengo tiempo para abrirlo.

Un apunte sobre la excursión a la que hace referencia la foto. Mi nieto y yo compusimos una nueva canción, ésta con aires caribeños, que añadimos a nuestro ya extenso cancionero. Esta es su letra:
Yo tengo una gamba amaestrada
que no me hace caso a nada.
Pa'tener una gamba así,
mejor comerla con ajo y perejil.

martes, 16 de junio de 2020

Alain Minc, polígrafo



Cada año Alain Minc publica un libro. Cada año es excelente. Cada año me sorprende la claridad y distinción de su escritura, la esgrima sin florituras de su razonamiento. Cada año me pregunto cómo un hombre tan ocupado como él -vive justo allí, en la frontera del presente y el futuro- puede encontrar el tiempo necesario para dedicarlo al cuidad de sí.

Pero quizás las cosas sean al revés. Quizás porque sabe dedicar regularmente un tiempo al cuidado de sí es capaz de ejercer de vigía del futuro.

lunes, 15 de junio de 2020

Beltenebros

El capítulo XXV de Don Quijote es, todo él, impresionante. El lector descubre sorprendido que el Caballero de la Triste Figura sabe más cosas de sí mismo de las que hasta ahora ha aparentado y, sobre todo, de las que el mismo lector hubiera sospechado.  Bien pudiera ser, entonces, que no anduviera completamente descaminado cuando afirmó aquel "¡Yo sé quien soy" que venimos siguiendo en estas notas.

Don Quijote y su escudero se adentran en Sierra Morena. "Y Sancho iba muerto por razonar con su amo" porque no puede resistir callar lo que está hirviendo en su corazón. Las palabras le estallan inmediatamente hacia afuera en cuanto toman cuerpo en su alma. Lo que él quisiera es reflexionar en común sobre las desgracias que están padeciendo por buscar aventuras y gloria. Don Quijote le replica que "todo cuanto yo he hecho, hago e hiciere va muy puesto en razón y muy conforme a las reglas de caballería". 

Ahora, esa razón aventurera lo impulsa a "imitar a Amadís, haciendo aquí del desesperado, del sandío y del furioso".

Es decir, don Quijote se nos está mostrando como el loco que decide hacerse el loco para dar coherencia a su chifladura. Pretende, incluso, darse de cabezazos por las peñas para mostrar su fidelidad  incondicional a Dulcinea, porque quizás, quizás, la distancia esté haciendo mella en el afecto que su amada le profesa. Como Sancho le replica que no tiene ningún motivo para dudar de ella, don Quijote le responde: "Ahí está el punto, y ésta es la fineza de mi negocio, que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias: el toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?" 

El momento en que la locura de don Quijote nos produce más perplejidad y es cuando Sancho descubre que la sin par Dulcinea del Toboso es una labradora, Aldonza Lorenzo, a la que conoce bien, que no es famosa por su belleza, sino por su rusticidad. Es mujer "de pelo en pecho" y pocos remilgos amorosos. Don Quijote, lejos de sorprenderse o enfadarse con Sancho, admite que está muy al corriente de todo esto. Sabe muy bien quién es, físicamente, su amada, pero "por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra [...], básteme a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta".

domingo, 14 de junio de 2020

A mi yo adolescente


Fue una experiencia interesante. Aprendí mucho. Por ejemplo, sobre sexualidad. Hubo un momento en que el diálogo nos condujo hacia este asunto (el debate no aparece en el vídeo) y me encontré con una opinión inesperada: Todos, unánimemente, admitieron que estaban hartos de la pobrísima capacidad creativa de los adultos que les impartían sesiones perfectamente previsibles de educación sexual, porque todos acababan hablando de gimnasia erótica. Lo que ellos les interesaba era otra cosa más importante. Lo de la estricta actividad física lo tenían superado desde hacía años. Lo que querían saber era cómo llevarse bien con sus parejas.

Mi intención inicial era intervenir lo menos posible, pero llegó un momento en que me pareció de justicia romper una lanza a favor de los padres.

sábado, 13 de junio de 2020

Ser quien soy

La aventura de los galeotes (capítulo XXII) le debiera haber proporcionado a don Quijote una lección importante: que no basta con la buena voluntad para llevar a cabo buenos actos, pero curiosamente, el único capaz de meditar sobre lo ocurrido es... el burro de Sancho: "Solos quedaron jumento y Rocinante, Sancho y don Quijote: el jumento, cabizbajo y pensativo, sacudiendo de cuando en cuando las orejas, pensando que aún no había cesado la borrasca de las piedras que le perseguían los oídos".

Estoy buscando la interioridad de don Quijote y resulta que aquí el único que merece para Cervantes el calificativo de pensador es el burro de Sancho. Hasta ahora no nos ha dicho ni una sola vez que don Quijote pensara. Don Quijote imagina, sueña, añora, idealiza, se duele... pero pensar... pensar, no. Y, sin embargo, una transformación ha tenido lugar en él, porque reconoce que Sancho tenía razón al advertirle que obrara prudentemente: "Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta pesadumbre".

Su transformación es tan grande que decide seguir los consejos de Sancho y alejarse del camino real y así poner tierra de por medio con la temida Santa Hermandad. Don Quijote sabe que esto es lo que hay que hacer, pero entiende que no es propio de un caballero huir del peligro. Tampoco, en puridad, sería muy caballeresco someterse a la voluntad del escudero, pero esto último no le preocupa, lo que le preocupa es que alguien pueda pensar que es un cobarde: "Jamás en vida ni en muerte has de decir a nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo sino por complacer a tus ruegos".

Así, siguiendo por primera vez el mal menor, se adentran en Sierra Morena y dará inicio la aventura del "astroso Caballero de la Sierra", el infortunado Cardenio, ante el cual don Quijote volverá a sentir la lujuria del deber caballeresco que le obliga "a ser quien soy".

viernes, 12 de junio de 2020

Razonar en tiempos de emociones

¿Hacia dónde tiende la actividad racional? Según Platón, hacia una verdad no hipotética e independiente de nuestros puntos de vista; según el subjetivismo, hacia una verdad psicológica (hacia una opinión o un punto de vista). Sólo en el primer caso la razón sirve como un tribunal de apelaciones.

Mi tesis es que en el transcurso del ejercicio racional del pensamiento, cada persona puede encontrar en su interior una verdad interpersonal. Tan impersonal que aspira a ser universal. La actividad racional nos permite alejarnos de nuestras opiniones, restándoles el valor que tengan por ser nuestras y sumándoles el valor que tengan por ser racionalmente compartidas. Nuestra singularidad desaparece tras la afirmación de una verdad que, estando en nosotros, no es nuestra, y que no siendo nuestra, nos obliga.

A pesar de ser seres contingentes, finitos y mortales, tenemos acceso a verdades eternas. Es decir, llevamos en nosotros algo que nos trasciende por ser eterno.

Creo, honestamente, que es muy difícil ser racional y carecer de algún tipo de religiosidad.

La comprensión es la vivencia de la empatía intelectual. Sé que al hacer mía una verdad, estoy haciendo mía una verdad del otro y que la vivencia de su verdad es común. 

Razonar es aspirar a encontrar algo universal en mí. Es descubrir que, si persiste una diferencia intelectual con el otro, no podemos apelar a ninguna autoridad superior a la razón para ponernos de acuerdo, sino que ha de haber una manera racional de superarla. 

Razonar es un ejercicio de ascetismo, una cura de humildad de la misma alma que es capaz de descubrir lo eterno y una vacuna contra la pereza intelectual.

Cuando defiendo el deber moral de ser inteligente entiendo que en la razón hay implícita esta moralidad ascética a la que acabo de hacer mención.

miércoles, 10 de junio de 2020

El caballero de la triste figura

"Mi escudero os dirá quién soy", le dice don Quijote a la ventera en el capítulo XVI, poniendo así como el testigo más fidedigno de sus aventuras a Sancho, un escudero del que lo menos que puede decirse es que no tiene nada de común, cosa que sabe muy bien don Quijote, pues "en cuantos libros de caballerías he leído, que son infinitos,  jamás he hallado que ningún escudero hablase tanto con su señor como tú con el tuyo" (XX). Es tan poco común y tan escasamente ejemplar que, llegado el caso, no tendrá inconveniente en hacer sus necesidades a dos palmos de las narices de su amo.

¿Quién es don Quijote para Sancho? Es el caballero de la Triste figura, si bien aquí nuestro hidalgo prefiere pensar que tan bien hallado título, no ha salido del magín de su escudero, sino que "el sabio a cuyo cargo debe de estar el escribir la historia de mis hazañas le habrá parecido que será bien que yo tome algún nombre apelativo como lo tomaban los caballeros pasados". ¿Es excesivo encontrar en este juego cruzado de referencias una dinámica que tiene no poco en común con la de Las meninas de Velazquez?

En esta referencia del protagonista de una historia al escritor de la misma, ¿no se admite que Cervantes es el único que sabe quién es don Quijote?

Don Quijote es un sujeto en busca la verdad sobre sí mismo.

Sin embargo, a pesar de esta referencia a Cervantes, Don Quijote no sólo está seguro de saber quién es, sino que tiene esta certeza como fundamento de la verdad de sus palabras: "Te juro por la fe de quien soy..." (XVIII). No duda de que, siendo un caballero, su conducta no se alejará ni un milímetro de la que le corresponde como tal, aunque a la hora de la verdad se comporte como un temerario imprudente que "acompañado de su intrépido corazón" (XXI) no conoce el miedo en la persecución de la gloria. Pero esto no lo sabe él, sino Sancho. Por eso, si se conociera bien, se cuidaría mucho de poner a su escudero como testigo de sus hazañas.

A don Quijote, la fe en sí mismo, por la misma razón que lo ciega ("¿Cómo puedo engañarme en lo que digo?" (XXI), le permite perseguir incansablemente su ideal y vivir volcado en la imaginación de sus grandezas caballerescas y en la fidelidad incondicinal a Dulcinea, "única señora de mis más escondidos pensamientos". El imperioso deber "de guardar la fe que tengo a mi señora",  le permite también mantener firme la fe en sí mismo y rechazar las supuestas insinuaciones de Maritornes, conscientemente de que, sin ideal, sería propio "de un sandío caballero" dejar "pasar en blanco" la ventura de un lance amoroso.

lunes, 8 de junio de 2020

Don Quijote va tomando cuerpo

Sigo con mi gozosa lectura del Quijote, poco a poco, aprovechando cada rato que tengo libre. Nuestro hidalgo ha llegado al capítulo XVI y Cervantes va preparando -¿quizás inconscientemente?- el terreno de la introspección. Apunto a la inconsciencia porque parece dominado por un daimon que le lleva la pluma con una cadencia precisa y hermosa, con frecuencia propia de un adagio, pero dispuesta siempre al tono heroico de los metales.

El inquieto don Quijote comienza proclamándose conocedor de un yo sin interioridad y poco a poco va asomándose a su alma. La transición está claramente facilitada por la amable acogida que le dispensan unos humildes cabreros a él y a ese crédulo racional que es Sancho, el escudero al que ha comenzado muy pronto a tratar de hermano, y por esa historia de ambiente pastoril de Grisóstomo y Marcela. 

Alguna interioridad del caballero se nos va insinuando ya. Por ejemplo, nos hemos enterado de que, si bien anda fervorosa y muy castamente enamorado de su Dulcinea, no por eso deja de pensar en aquellas partes suyas "que a la vista humana encubre la honestidad", que "son tales (...) que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas". Don Quijote es demasiado humano y su humanidad no cabe en el esquema de un caballero andante.

Me ha interesado mucho la canción del desafortundo Grisóstomo, que le da voz a su yo perdido. Grisóstomo, ciegamente enamorado, no sabe quién es él y habla de manera a la vez retórica y muy sentida de las heridas que lleva abiertas en el alma y de los despojos de la misma, así como de su pertinaz fantasía. La suya es el alma rota de un enamorado no correspondido, trágico, en su caso, porque "el verdadero amor (...) ha de ser voluntario, y no forzoso" y, por lo tanto, puede no ser correspondido.

La manera que tiene Cervantes de cantar la libertad de una mujer, la pastora Marcela, merecería un comentario aparte, por su convincente modernidad. Don  Quijote, ese héroe sincero y anacrónico, se mostrará presto a acudir en su ayuda. Pero ella es demasiado autónoma como para necesitar la ayuda de nadie.

"Es menester mucho tiempo para venir a conocer a las personas", le asegura don Quijote a Sancho en el capítulo XV. Ese es el tiempo que se está tomando Cervantes para ir mostrándonos los perfiles de su héroe, que cada vez son más complejos y más cercanos. Es el tiempo de la gran literatura.

domingo, 7 de junio de 2020

Yo sé quién soy, II

En el "yo sé quién soy" de don Quijote, ahora me doy cuenta, lo importante es el "yo" que afirma un saber sobre sí mismo, no la consistencia del saber afirmado. 

Ese yo es la impugnación del rebaño como refugio del yo acobardado. 

Si el rebaño es lo que se lleva, el "yo" de don Quijote pone a prueba lo que se lleva por su capacidad para someterse a un relato heroico, cosa que, por supuesto, es completamente ajena a la voluntad del rebaño. 

Al rebaño le gusta el aprisco, no la intemperie.

Este empeño, ya lo sabemos, siempre acaba con un tipo u otro de cicuta, que es el precio a pagar por haber vivivo. ¿Un precio excesivo?

Aquí tenemos otro argumento para probar la imposibilidad de hacer del Quijote un mito político: El yo de don Quijote es más potente que el nosotros.

Yo sé quién soy

Terminaba el post anterior diciendo que El Quijote es la historia de esa triste búsqueda de alegría que es la vida. Añado ahora que esa vida es tanto la individual de cada uno como la nuestra, la vida colectiva de España, por eso no hay manera de hacer de esta joya literaria un mito nacional. Todos cuantos lo han intentado han fracasado ante la terca realidad de la verdad de esa chifladura de nuestro don Quijote, que no pudiendo vivir como "hidalgo sosegado", se empeñó en vivir como caballero andante, buscando en el desasosiego el plus de vida que necesitaba. Cuando se quiere hacer de don Quijote un mito nacional acabamos rebajando el mito o a pintoresquismo o a congreso cervantino. A lomos de Rocinante no hay héroe que sirva de estandarte de nuestro narcismo colectivo.

Cervantes nos ha legado una obra para la meditación, no para la acción.

"Yo sé quien soy", dice don Quijote en el capítulo quinto, mientras lo traen a casa sobre un borrico, derrotado físicamente, molido a palos, pero con su sueño intacto. Es un loco que no duda en declararse cuerdo, pero que, con su locura, ha logrado darle a su vida algo que los cuerdos que optamos por vivir como hidalguillos sosegados, no tenemos: un propósito unitario que nos guíe. Por eso don Quijote prosigue, incansable, su búsqueda de alegría y nosotros, sus paisanos, lo leemos en el tiempo libre que nos dejan nuestras rutinas.


La alegría, sin embargo, se encuentra, pero está en la escritura de Cervantes y brilla, incluso, en el tristísimo capítulo de la quema de los libros de caballería, en el que las llamas se presentan como terapia contra los sueños.

sábado, 6 de junio de 2020

Regreso a Don Quijote

Le confesé hace un par de días a Tono Masoliver, a quien encontré casualmente sentado en la terraza de un bar y, como de costumbre, con un libro entre las manos, la pereza enorme que me daba intentar comprender algunas de las cosas humanas de nuestro tiempo.

Al poco rato recibí un mail suyo en el que decía: "Casualidad de casualidades, todo casualidad. Apenas  te has ido he seguido con el Quijote y en el capitulo 22 de la segunda parte leo lo que dice don Quijote: "Hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que, después de  sabidas y averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria". ¿Por qué crees que habré leido el Quijote unas 20 veces?"

El caso es que este mail me despertó el deseo de volver a la obra infinita de Cervantes y en ella estoy. No sé los años que hace que la leí por última vez. Quizás diez. Lo que sé, es que esta nueva lectura es una lectura nueva. Ahora no veo en don Quijote a un soñador desdichado de quimeras, sino que veo en sus quimeras desdichadas los sueños truncados de una vida, todo aquello que pudimos haber sido, según lo planeaban nuestros confiados sueños, y ahora sabemos que nunca será y que si fue, fue torcido. El Quijote es la historia de esa triste búsqueda de alegría que es la vida.

viernes, 5 de junio de 2020

De sorpresa en sorpresa

Acabo de leer un "estudio" de una importante institución pedagógica, cuyo nombre tengo intención de olvidar inmediatamente, sobre  los aprendizajes telemáticos durante el confinamiento. Como suele ocurrir, la neolengua utilizada no defrauda, pero aunque merecería la pena detenerse en sus sofistiquerías, lo que me ha llamado la atención es un párrafo que he necesitado leer un par de veces para convencerme de que decía exactamente lo que parecía querer decir.

Los autores han tenido la muy loable intención de comparar las diferencias significativas de resultados entre "los docentes que se reconocen con un enfoque basado en contenidos y los que lo hacen con enfoque basado en competencias".  Todos estamos, creo yo, de acuerdo en la necesidad de una comparación rigurosa de sus resultados, así que he continuado leyendo con toda atención hasta que me he dado cuenta de que la comparación estaba basada en las apreciaciones subjetivas de los profesores, lo cual deja en no muy buen lugar la pretensión de encontrar "diferencias significativas de resultados", pero lo relamente bueno viene después.

"Los docentes que manifiestan situarse en un modelo curricular basado en competencias [...] señalan que trabajan significativamente más [que los docentes que se sitúan en un modelo currícular basado en el contenido] en todos los casos, salvo en uno en el que significativamente trabajan menos: la corrección de tareas".

Aquí conviene relajarse y tomar aliento. ¿Cómo saldrán de aquí los redactores del informe? ¡Pues a la torera! Esto es lo que añaden: "Este dato resulta coherente con el principio de que en el enfoque competencial se le da más importancia a la evaluación de aprendizajes que a la mera corrección de tareas."

Es decir que, si lo entiendo bien, se puede evaluar la competencia de un alumno sin evaluar sus tareas. ¡Demonios! ¿A qué están esperando todos los profesores del mundo para "situarse en un modelo curricular basado en competencias"? ¿Es que son masoquistas?

jueves, 4 de junio de 2020

Los no deberes de verano

Como los deberes son malísimos y en el verano no hay que hacer cosas malísimas, el Departament d'Educació de la Generalitat de Catalunya, tras llegar a la conclusión de que "el periodo de confinamiento no ha sido un tiempo perdido, sino un tiempo diferente", propone a los profesores que confeccionen un "plan personalizado de verano" para cada alumno que, además de estar adaptado "a las características y necesidades" de cada uno debe ser consensuado con él.

"El plan de verano" debera "incidir en los ámbitos competenciales; especialmente en los de carácter transversal (competencia comunicativa; aprender a aprender; autonomía, iniciativa personal y emprendimiento..." y se resalta que "es especialmente interesante incluir en el plan propuestas del ámbito artístico y de la comunicación que permitan expresar las emociones". Por supuesto, el plan "debe promover aprendizajes significativos y funcionales y no debe proponer deberes o tareas rutinarias descontextualizados de la realidad".

Esto, por supuestoo no son deberes, sino una propuesta que tiene en cuenta "la opinión, los intereses, las motivaciones y las curiosidades" del alumno. "Ha de ilusionar y motivar" y no debe sentirse como una continuación de las tareas escolares.

Yo solo me pregunto una cosa: ¿saben en el Departament d'Educació de la Generalitat de Catalunya lo que es una escuela?

Cosas que nos cuesta entender

Leyendo a Thomas Nagel me encuentro con una idea que, a pesar de ser políticamente evidente, nos cuesta aceptar: "No basta que la injusticia de una práctica o lo equivocado de una política se evidencie de manera palmaria. La gente debe estar lista para escuchar, y eso no lo determinan los argumentos".

El poder de los argumentos en política sólo es real cuando hay la suficiente gente dispuesta a escucharlos. Pero la predisposición a la escucha no es algo que pueda proporcionar la lógica. La lógica, al contrario, es ese discurso que tiene sentido cuando hay personas dispuestas a escuchar.

¿Y qué es lo que altera la predisposición?  

miércoles, 3 de junio de 2020

Un sanctuaire

« Le sanctuaire est un lieu hors du temps, atemporel, ou plutôt détemporalisé : il ne s’inscrit pas dans la durée, il l’absorbe, comme ces silences inopinés qui interrompent une conver­sation, vous déconcertant à mesure qu’ils creusent l’espace et suspendent l’horaire à la manière d’un trou noir, jusqu’à ce que quelqu’un dise qu’« un ange passe ». Cet ange, pour les Grecs, c’est Hermès, messager des dieux et pourvoyeur de chance. Plus prosaïquement, les Italiens disent qu’un carabinier est né. Et les Japonais, que le silence est rempli de fleurs (Iwanu ga hana). »
 
Lucien d'Azay, Un sanctuaire à Skyros

martes, 2 de junio de 2020

Desnudo sin mascarilla


Ayer Xavier Graset me invitó a su programa en la televisión catalana. Era la primera vez que salía de Ocata desde el 10 de marzo. Y me olvidé la mascarilla en casa. Al darme cuenta, sentí, como Adán, vergüenza de mi desnudez. En los taxis han puesto una pantalla de metracrilato -o lo que sea- para separar a los pasajeros del conductor y la voz de este se oye un poco distante, pero tenía ganas de preguntar cosas, porque la de los taxistas es una de las profesiones que se mueve en la vanguardia de la realidad. No los vi muy entusiasas con la recuperación económica y sí preocupados por la negligencia de la gente. Me imagino que el taxista que me levó a Barcelona se refería a la gente que, como yo, no lleva mascarilla. Nada más llegar a los estudios pedí, por favor, una mascarilla para cubrir la desnudez de mi imprudencia. Había muy poca gente. No se maquilla a los invitados y el personal de limpieza se ha convertido en personal de socorro. Unos carteles en los espejos de la sala de maquillaje vacía decían que se necesitaba maquilladores y peluqueros. Todo tiene el aspecto de una provisionalidad que ha venido para pasar una larga temporada con nosotros. Al volver, pasadas las doce de la noche, llovía sobre unas carreteras vacías.

lunes, 1 de junio de 2020

Lo peor del mundo

 Mayo, el mes de las flores. "Veniiiid  y vaaamos tooodos..."

Me explica mi nieto Bruno (10 años) qué es lo peor del mundo, "pero lo peor de lo peor", resalta. "Es cuando tu madre se empeña en besuquearte en la puerta de la escuela y a decirte que si esto que si lo otro y de repente te das la vuelta y ves que diez compañeros de clase han estado viéndolo todo".

Y, yo, también de repente, he caído por un pozo de la memoria hasta su edad y he entendido perfectamente lo que me decía. Pero mi conclusión ha sido muy diferente de la suya.

¡Qué tiempos aquellos, en los que lo peor del mundo -pero lo peor de lo peor- era que te quisieran demasiado!

domingo, 31 de mayo de 2020

Ramón Mercader sigue vivo

 Ramón Mercader en Lecumberri, junto a María Asúnsolo 
y otras personas que no he podido identificar.


Ya que salgo citado, me parece conveniente apuntar algunas cosas que he ido descubriendo con el tiempo (porque no he abandonado, ni mucho menos, la investigación):

1. Sara Montiel y Ramón Mercader fueron amigos. Él la admiraba profundamente. Pero no fueron amantes. 

2. Sara visitaba con frecuencia la cárcel de Lecumberri porque su pareja de entonces, Juan Manuel Plaza, figura relevante del PCE, suministraba a Ramón materiales tecnológicos sofisticados para poner en funcionamiento una emisora de radio que, desde la misma celda de Ramón, brindó importantísimos servicios al espionaje soviético.

3. Ramón Mercader aprovechó las visitas de Sara a su celda para enseñarle a leer y a escribir. Ella misma lo reconoció públicamente en la televisión mexicana.

4. Sara sí tuvo amores con todo un señor Presidente de México y quizás hacía aquí haya que mirar para explicar por qué ocultó el nacimiento de su hijo (en el caso, no comprobado, de que lo tuviera).

5. ¿Participó Sara en operaciones de espionaje para los rusos en México? Sospecho que ayudó en estos menesteres a Margarita Nelken y a Mateo Papaicónomos (colaborador y amante de Nelken).

6. Sobre Caridad Mercader: Hoy sé que, lejos de empujar a su hijo al asesinato de Trotsky, intentó convencerlo de lo contrario. Ramón decidió por su cuenta su participación para ayudar a su amigo Leonid Eitingon, con el convencimiento de que todo saldría de manera diferente a como salió.

7. Sara Montiel dijo alguna vez sobre Ramón Mercader lo siguiente: "Sabía que mató a Trotsky, no que fuera un asesino".

sábado, 30 de mayo de 2020

Día ubérrimo

Home sweet home

Por la mañana he acabado, firmado y enviado satisfecho un prólogo de 10 folios para una edición de la Apología de Sócrates y del Critón de Platón. Le he pedido al hipotético lector que ponga algo de interés en comprender a los jueces que condenaron a muerte a Sócrates si quiere entender lo que ocurrió. Un admirado farero me hizo ver en una ocasión que entre su entrada en la cárcel y el Critón, Sócrates había permanecido 30 días en silencio. Ahora creo saber que ese silencio explica por qué los jueces que tanto patalearon sus discursos de defensa, hubieran aplaudido con fervor cada una de las palabras del Critón.

Por la tarde, he termindo, firmado y enviado satisfecho un artículo de 13 folios sobre la vigencia del conservadurismo a una importante revista.

Si fuéramos dueños de nuestra inteligencia, podríamos programar las horas en las que estaremos fértiles. Por ejemplo, el miércoles de 7 a 9. Pero cuántas veces no encuentro la manera de escribir un folio con sentido y cuántas veces parece que el sentido es el que escribe solo el folio. En definitiva, que Sócrates tiene razón, todos tenemos un daimon caprichoso.

viernes, 29 de mayo de 2020

Versos

Esta mañana Álvaro Petit me ha regalado este poema de Mesanza


Lucrecio nos enseñó -le he contestado- que se puede decir lo más triste de la manera más hermosa... y, entonces, ya no es verdaderamente lo más triste. 

Y él ha añadido este "bonus track" de Cirlot:

Este sonido triste que solloza 
es mi espada románica que piensa. 

Mi corazón oscuro la acompaña.

Le he respondido con estos versos del mexicano Homero Aridjis:

Buenos días a los seres
que son como un país
y ya verlos
es viajar a otra parte


buenos días a los ojos
que al abrirse han leído
el poema visible
 

buenos días a los labios
que desde el comienzo han dicho
los nombres infinitos
 

buenos días a las manos
que han tocado las cosas
de la tierra bellísima



Y entre versos nos hemos pasadoo un buen rato.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Peleando con Heidegger


Estás peleando con Heidegger
a brazo partido
y justo cuando tras dejarte los nudillos
la puerta se entreabre
para entregarte la luz
de la nada del ser y su trascendencia,
aparece tu nieto compungido
para enseñarte la tirita que tapona 
la hemorragia del cosmos en su dedo.

Vuelves a abrir el libro
tras expulsar al caos y reinstaurar el orden
y justo cuando llegas
a la plenitud y pobreza del significado del “es”
tu mujer te interrumpe 
con un consejo sobre la compra del día.

Reinicias
recuperas la senda perdida
porque el ser se manifiesta en todo caso como abismo
y suena el teléfono
o un pechirrojo se posa en el alféizar
o tienes sed
o asientes a la conveniencia 
de cambiar el color de las paredes
un azul un poco más marino
y el techo, claro, blanco.

Y Heidegger queda desplazado
porque hay cosas más urgentes
que el drama del ser y el tiempo.

Es más esencial 
la ironía de lo cotidiano
que reclama sus derechos sobre 
las gigantomaquias de la filosofía.

Y Heidegger se cabrea 
-pobre, no sabe reír
y por no saber reír 
una parte de la verdad del insondable ser
se le escapa
como una lágrima en una carcajada.

Vértigo


- ¿Cómo te has caído? ¿Has tropezado? -te preguntan los que se preocupan sinceramente por ti. Y tú asientes, porque es más fácil admitir el tropezón que la falta de sustento.

Cuando tropiezas, algo inesperado te ha sujetado el pie y caes de bruces al suelo por culpa de ese objeto que ha interrumpido abruptamente el ritmo de tus pasos. Cuando te falta el sustento ocurre otra cosa: pierdes el sentido de la verticalidad, así, de pronto, y sabes que lo has perdido porque sin tropezarte con nada caes estrepitosamente contra el suelo. Mejor dicho, caes contra algo que no debiera de estar ahí y que sólo con el golpe descubres que es el suelo.  Por eso las caídas son tan aparatosas y la mirada de los que te rodean tan perpleja. Así que, en realidad, cuando te preguntan si has tropezado quieren decir: "¡Pero, hombre! ¿Con qué has tropezado si no hay nada con lo que tropezar?"

Podría escribir la historia de mis muchas caídas.

Notable fue la vez que caí rodando por las escaleras mecánicas de la estación de Sants, pero me levanté con el traje roto, que ya comenzaba a mostrar manchas de sangre en varios sitios porque teneía que ir a Madrid a rodar un capítulo de un programa de televisión que, por cierto, emiten los sábados por la 2. 
 
Más sonada fue una caída en Puebla (México). Me caí en lo más llano, como un saco de patatas, sin elegancia ninguna. Mi cabeza rebotó contra el suelo y mis gafas salieron disparadas. La gente, amabilísima, me rodeó y se interesó por lo que podían hacer por mí, pero yo sólo quería encontrar mis gafas. Cuando entré en el aula de la conferencia noté la sorpresa de todos. No podía mantenerme de pie. Iba hecho un Ecce Homo. Pero di la conferencia y al acabar, pedí, por favor, que me llevaran a la enfermería, donde, por cierto, me atendió con la mayor amabilidad una doctora de Vic que, literalmente, me envolvió en bolsas de cubos de hielo, ya que cada vez que tocaba un punto de mi cuerpo y me preguntaba si me dolía, yo asentía.
Una vez en Madrid, en medio de un chaparrón...

La última fue hace dos días, en una de nuestras excursiones a la naturaleza. Resistí como pude, terminamos la caminata y volví a casa creo que con dignidad, pero llevo dos días sin poder moverme por las magulladuras.

Esto es lo que hay. Que conste que no me lamento. Lo constato. Si es el precio que tengo que pagar por hacer las cosas que hago, no me parece excesivo.

martes, 26 de mayo de 2020

Recuperando el tiempo perdido

Hoy han pasado el día en mi casa mis dos nietos, Bruno y Gabriel, de diez y seis años, respectivamente. Con el mayor he mantenido un trato frecuente durante el confinamiento, pero al pequeño hacia tanto que no lo veía... Ellos, nada más reencontrarse, han reanudado sus juegos habituales. A media tarde se han presentado en mi cuarto con un par de mantas y unos cojines y han convertido mi mesa de trabajo en una cabaña. Los he dejado hacer porque el niño que sigue habitando en mí se ha despertado con sus susurros y era perfectamente capaz de comprender cada uno de sus gestos. Hay mucha melancolía en la comprobación de las tantas y tantas cosas que permanecen latentes en nuestra memoria, esperando el estímulo adecuado que venga a despertar a este o aquel de los que fuimos. Pero con los nietos delante es una melancolía alegre. Viéndolos jugar he recordado escenas que parecían tan olvidadas en mí que ya no las echaba en falta, pero allí estaban, con sus mínimos detalles, esperando un poco de agua para reverdecer.

domingo, 24 de mayo de 2020

La camisa del hombre feliz



La historia es hermosa porque, aunque no sea verdadera, es consoladora, ya que nos sugiere la existencia de una justicia distributiva que todos quisiéramos cierta.

 
Un rey, enfermo desde hacía mucho tiempo, dijo un día:

- Daré la mitad de mi reino a quien me sane. 

Todos los sabios del país se reunieron y buscaron una forma de curarlo, pero nadie sabía qué hacer. Finalmente uno de ellos dijo que si un hombre realmente feliz se desprendía de su camisa y si se la daba al rey, éste sanaría. 

El rey ordenó buscar a un hombre feliz por todo su reino. Pero los emisarios no pudieron encontrarlo. A pesar de haber buscado con meticulosidad, no habían encontrado a nadie que fuese completamente feliz. Uno era rico, pero a menudo estaba enfermo. Otro, rico y saludable, tenía una mala esposa o malos hijos. No hubo ni uno que no se quejara de alguna miseria. 

Pero un día, el príncipe, al pasar junto a una cabaña, escuchó estas palabras:

- ¡Bendito sea el cielo! Hoy he trabajado bien, he tenido suficiente para comer y me voy a dormir. ¿Qué más necesito? 

El príncipe ordenó que le comprasen a aquel hombre su camisa por el dinero que pidiera. Pero el hombre feliz era tan pobre que no tenía camisa.

Leon Tolstoi. 


sábado, 23 de mayo de 2020

Érase que se era

Cuando me pongo a escribir un libro necesito correr. Y corro cuanto puedo. Quiero tener lo antes posible el esbozo, a veces confuso y enredado, de mis ideas, ante mí, negro sobre blanco, para poder pensarlas. Es decir, no escribo siguiendo el dictado de mis pensamientos, sino el de mi escritura. He reconocido muchas veces que no sé pensar. Quiero decir con esto que soy incapaz de aislarme en el silencio concentrado de la meditación para ir ensartando con orden mis razonamientos. A veces lo he intentado y después cuando me pongo escribir lo que he pensado, he olvidado la mitad. Por eso llevo siempre papel y lápiz en los bolsillos. Así que para pensar necesito discutir mis propios pensamientos objetivados en la escritura. Pero necesito también dos cosas más. Una, hallar el título provisional que me ayude a centrarme. Después ya se verá cuál es el definitivo, pues el propio proceso de la escritura lo irá perfilando. La otra, comenzar con una cita. El título de lo que tengo entre manos es "El poshumano en tiempos de pandemia" y la cita, de Sancho, ese hombre prudente que acompaña eternamente a don Quijote, es la siguiente: "Érase que se era, el bien que viniera para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar". Amén.

Ayer no salí a pasear. Di una conferencia por zoon. Me fui a la cama con la sensación de que me faltaba un plus de cansancio para completar satisfactoriamente el día y disfrutar plenamente del sueño.

viernes, 22 de mayo de 2020

La plácida luz de la tarde

Se ha dicho alguna vez que la filosofía de Platón es una filosofía de la mirada. Algo de esto hay, efectivamente, pero es más justo decir que es un filosofía de la luz. Es una filosofía que nace de la admiración de que las cosas no nos sean indiferentes, de que podamos conocer, aunque sea parcial y precariamente el mundo gracias a la luz. La luz es el lazo de unión entre el objeto y el sujeto al mismo tiempo que los crea a ambos.

Los egipcios tenían una gran diosa, Maat, que fue la creadora, a la vez, de la luz y de los perfiles de los objetos, de los límites de las cosas. Antes de la luz había una oscuridad indefinida, donde nada tenía ni comienzo, ni fin, ni límite alguno.

Para Heideegger, el gran acontecimiento, el fenómeno que debe llenarnos de admiración, es la aparición de un ser, el hombre, que al mismo tiempo ve y delimita, es decir, hace metafísica. 

La actividad de delimitar -la actividad metafísica inherente al hombre- lleva implícita la gran pregunta por el horizonte que hace posible toda delimitación. Si delimitamos, siempre hay algo en el interior de lo cual delimitamos. Por lo tanto, podemos preguntarnos por aquello que es la condición de posibilidad de toda delimitación, por el horizonte de todos los horizontes posibles.


Y en esa pregunta nos acecha, agazapado, lo que, con Santo Tomás, podemos expresar de esta manera: "Et hoc dicimus Deum".

Ayer nos pusimos a andar cuando faltaban quince minutos para las 8 de la tarde, y, yendo de horizonte en horizonte, ya sabéis, "un poco más allá, hasta aquel recodo", subimos a Sant Mateu, desde donde disfrutamos, iluminada por la placida luz de la tarde, que caía en diagonal, la declinación del mundo. Allá a lo lejos, Barcelona, y, más allá, tras las montañas, el perfil difuso de Montserrat (penúltima imagen). 13 kilómetros de paz que nos regalaron ese sueño profundo en el que te dejas caer desmoronándote en la indefinición como un castillo de naipes.

jueves, 21 de mayo de 2020

Héroes y villanos circunstanciales



Se lamentaba Karl Kraus en La antorcha de que se habían clausurado los tiempos heroicos. En nuestros días parece no haber oportunidad para la epopeya. Eso sí, a cambio disponemos de informaciones periodísticas que pueden hacer de cualquier hombre un héroe en veinticuatro horas, aunque, claro está, será héroe por un día. 

Ocurre lo mismo -esto lo digo yo- con el villano. Aquí nadie es villano dos días seguidos. Sea cual sea su villanía, el alud de nuevas informaciones periodísticas, el ascenso cotidiano de héroes efímeros, nos ayudará a olvidarla rápidamente.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Cosas que pasan...

... entre las hojas de acanto:

La primera:

La segunda:
Ayer recogía la prensa catalana una noticia que para mi ha tenido un significado muy especial: que el Teatre Nacional de Cataluña (TNC) abrirá la próxima temporada con un espectáculo en torno al Decamerón de Pasolini que consistirá en diez monólogos que están "ya escribiendo una serie de autores del país y extranjeros entre los que se cuentan Valère Novarina, Najat el Hachmi, Narcís Comadira, Cristina Morales, Perejaume, Marta Marin-Dòmine o Gregorio Luri". Este encargo suñpuso para mí una fomidable sorpresa que me permitió volver a afirmarme en mi convicción de que siempre hay que decir que sí  lo inesperado, porque es el azar amigo llamando a tu puerta.

La tercera: esta pobre barca varada en el abandono con la que me encontré ayer en mi paseo vespertino:



Dos entrevistas más

  Este último hijo mío vino a nacer en el peor momento. Llegó a las librerías justo cuando la pandemia las cerró a todas. Pensé, pues...