La mujer de la limpieza -una portuguesa de 40 años- ha roto en carcajadas cuando le he asegurado que estoy a punto de cumplir 50 años de matrimonio. Le ha costado creérselo. Cuando, finalmente, la he convencido, me ha mirado con pena, pero no por mí, sino por mi mujer. No se cree que una mujer en sus cabales viva tanto tiempo con el mismo hombre. Le parece aburrido, monótono y antiguo. ¡Con la de hombres que hay por el mundo para ir probando! Creo que, además, sospecha que si estamos juntos es por falta de valentía para separarnos. Su risa era tan evidentemente sincera que no he intentado convencerla de nada. Me he limitado a esconder la cabeza tras la pantalla del ordenador y escribir este descargo.
miércoles, 6 de mayo de 2026
Mirando hacia atrás con sorpresa
Cuando miro hacia atrás siento el vértigo del azar. Todo lo importante que me ha sucedido parece azaroso. Si no hubiese estado allí aquella vez, si en vez de girar a la izquierda hubiese seguido para adelante, si me hubiese matriculado en aquello, si hubiese permanecido callado en vez de hablar... y, sin embargo, siento que soy el autor de mi biografía. Es cierto que me ha gustado arriesgarme, que siempre que me han ofrecido algo que hasta aquel momento me parecía remoto e inaccesible, he dicho que sí, es decir, que me ha gustado elegir lo improbable por los caminos inexplorados que abre, pero es muy extraño ese «mi» que utilizamos espontáneamente cuando decimos «esta es mi vida», «este es mi pensamiento» o, incluso, «mi cuerpo es mío». Sin embargo lo que en la vida pensada parece extraño y opaco, en la vida vivida discurre con normalidad, sin aspavientos. Por eso estoy cada vez más de acuerdo con Rousseau en que somos animales enfermos. Lo que pasa es que esa enfermedad, real, es la cura de nuestra animalidad.
lunes, 4 de mayo de 2026
Dolorcillos
domingo, 3 de mayo de 2026
El alma enferma
Siempre me ha dado que pensar el exabrupto que Bernardo de Claraval lanzó contra Pedro Abelardo (el de Eloísa): «Eres -le dijo- un hombre disímil de sí mismo». Bernardo, sin duda, creía estar afeando la conducta de Abelardo. Inicialmente yo me lo tomé así. Después, al crecer, a medida que fui aprendiendo a leer la superficie de las cosas, comprendí que, lejos de insultar a Bernardo estaba, voluntaria o involuntariamente, definiéndonos a todos, pues es propio de hombre ir deshaciéndose y rehaciéndose. En algunos casos (véase del macho hispánico cuando está de Rodríguez), más que disímil de sí mismo, está amputado de sí mismo. Y gracias a Bernardo de Claraval comprendí por qué dice Sócrates que no existe el alma en armonía. El alma siempre está enferma.
sábado, 2 de mayo de 2026
El sesentayochismo pedagógico
La pedagogía que podemos llamar "oficial" es, claramente, una pedagogía sesentayochista. Es decir, es una pedagogía que podría tener su sentido en 1968 y que no acaba de enterarse de que vivimos en el 2026. Por eso, cuando habla del futuro utiliza una retórica vieja. Sin embargo no se puede decir que esta pedagogía haya fracasado completamente. Se ha mostrado muy eficaz creando la cultura woke. Si no me creen, observen lo que pasa en la educación catalana.
viernes, 1 de mayo de 2026
Buenas gentes pesadísimas
Ya sé que hay que ser comprensivo y callar y escuchar, pero a veces me lo ponen muy difícil. Me refiero a las buenas gentes que, al verme con muletas, se me acercan y me preguntan qué me pasa para, en cuanto pueden meter baza, interrumpirme para comenzar a desgranarme el rosario interminable de sus males que, por supuesto, son mucho más graves que los míos. Es especialmente detallista y prolija la gente que ha sufrido operaciones que les han dejado alguna secuela. Parecen estar dominadas por un impulso irrefrenable a contarte sus minucias como si no hubiera nada más importante en el mundo. Yo escucho, callo, incluso asiento despistadamente. Y eso es lo peor, porque entonces interpretan tu amabilidad como una carta blanca para exponer sus desgracias e incrementan la crudeza de su puntillismo.
jueves, 30 de abril de 2026
La cultura del esfuerzo
Me pregunta un periodista sobre el fin de la cultura del esfuerzo. Le digo que de fin, nada, Tenemos a miles y miles de españoles esforzándose sobre manera, sudando la gota gorda, y no solo no cobran por ello, sino que pagan: Véase la proliferación de centros de pilates, crossfit, fitness, los training clubs, las fit houses... si no puedes caminar por el monte sin que te asalte la bestia más feroz de nuestra naturaleza: el ciclista de montaña. Lo que ocurre es que el esfuerzo se ha exiliado de los centros educativos y se ha refugiado en estos templos del culto al cuerpo. Termino diciéndole que los grandes hombres, los verdaderamente grandes, comparten algo en común un poco decepcionante: se esfuerzan mucho.
martes, 28 de abril de 2026
Correcciones
Hablaba aquí hace unos días del coraje y lo hacía sin nombrar el rasgo más asombroso de esta virtud -porque el coraje es una virtud-: que se contagia, como lo han sabido siempre los grandes militares o los grandes entrenadores de fútbol. El problema es que también se contagia la apatía, la pereza, la flojera... Por eso hay que caminar al lado de personas corajudas. También escribí, hace más tiempo, por aquí algo que solía repetir Cánovas: que en política todo lo imposible es inmoral. Pero no dije que el arte de la política consiste en crear lo posible. He leído un aforismo de Oakeshott. que formula perfectamente una idea que se encuentra en cada página de La dignidad del mediocre: que la vida mortal tiene placeres que la inmortal está condenada a desconocer. Por eso Jesús se hizo hombre mortal, aunque no solo por eso (esto de Jesús lo añado yo)..
Lo imprevisto
Tengo previsto lo que quiero escribir de aquí hasta que no pueda seguir escribiendo, pero siepre se inmiscuye algún nuevo proyecto en mis intenciones y acabo dejándome arrastrar por su corriente y postergando los planes. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que la mayoría de los libros que he escrito no tienen nada que ver con un plan de trabajo. Los he escrito porque una parte del material que tengo acumulado para los proyectos del futuro ha encontrado una salida insospechada y sugerente. Me parece bien. De hecho me gusta este juego entre lo planificado y lo imprevisto. Es lo que me pasa ahora. Trabajando en lo previsto he acabado dejándome vencer por lo imprevisto. Y en ello estoy.
lunes, 27 de abril de 2026
Va de redaños
¿Puede ser buena una persona sin coraje? Esta pregunta se la hizo Jung y la recoge hoy Jordan Peterson. Su respuesta, clara y rotunda, es que no. El hombre blandengue -que diría El Fary- no tiene lo que hay que tener para ser moral: energía. La moralidad no es, en el fondo, otra cosa, que la canalización del coraje. Y si no hay nada que canalizar, podemos encontrarnos con una persona con una felicidad bobalicona y gallinacea, pero incapaz de proponerse metas ambiciosas, de tomar decisiones claras, de combatir contra tentaciones fuertes... o con una persona mezquina que busca su valor en sus heridas. La moral, y creo que tienen razón Jung y Petersen- tiene que ver con la manera de vivir en la intemperie. Pero, y aquí viene lo que importa, en nuestros días la defensa del coraje o la virilidad o la capacidad de echar los redaños, es vista con reticencias.
domingo, 26 de abril de 2026
Cuestas arriba
Hoy celebramos el cumpleaños del segundo nieto, que ha llegado a los 12 en un suspiro. ¡Dios mío, a qué velocidad de vértigo crecen los nietos! Los hijos creo recordar que crecían a una velocidad humana, pero es que los nietos andan devorando el tiempo. Para celebrarlo, comemos juntos toda la familia. Me pidió que le hiciera sus comidas favoritas. Y, por supuesto, las tendrá: berberechos, gambas al ajillo, tortilla de patatas (abuelo style) y albóndigas en salsa verde. Para estas últimas he empleado por primera vez carne de carrillera de cerdo, que es la más melosa. Las hice ayer por la noche y creo que mi nieto segundo se chupará los dedos.
Me gustó mucho algo que leí ayer de Jordan Peterson y que expresa bien mi concepción del mediocre: «¿Para qué estamos hechos? Para caminar cuesta arroba. Cuando llegas a la cima, quieres detenerte y apreciar la vista. Pero lo siguiente que quieres es una colina más alta a lo lejos. Es de la cuesta arriba de donde derivamos nuestro valor».
sábado, 25 de abril de 2026
Un Sant Jordi ventoso
Sant Jordi es una fiesta tan hermosa, que es la fiesta de todos. Pero es la fiesta del libro, no necesariamente de la lectura. Para una editorial pequeña, como Rosamerón, es un día festivo y agotador. Llegué a la parada cojeando y asistí, contemplativo y sedente, al discurrir del ajetreo transeúnte. El día fue ventoso, con ráfagas fuertes que sacudían las ramas de los plátanos y empapaban el aire de un polen insidioso que nos tuvo todo el día llorando, estornudando y con el pañuelo en las narices. Es una fiesta al aire libre y, por lo tanto, sujeta a las circunstancias. Había mucha gente, pero me pareció que menos que otros años; se vendieron muchos libros, pero, desde mi perspectiva, menos de los que la gente hubiese querido comprar. Llegaban, miraban, preguntaban, hojeaban, comentaban, volvían a preguntar y, finalmente, cuando les decías el precio, se asustaban un poco. Sin embargo, eran precios muy, muy ajustados. Los gastos de producción se han disparado y el papel está por las nubes, mientras que al lector su sueldo no le da para alegrías, Este año hemos asistido al triunfo espero que coyuntural, de un Sant Jordi woke. El dragón es un tipo estupendo que si tiene una conducta disruptiva es porque la vida lo ha tratado mal, obligándolo a escupir el fuego de su frustración. No necesita un caballero, sino un terapeuta, un amigo empático que lo abrace, mientras la Princesa, empoderada, se ocupa de dar visibilidad las pobres dragonas, que el patriarcado mantiene en la oscuridad. En Sant Jordi participan todos en una fiesta fluida, inclusiva y vegana repleta de abrazos. Esta frivolidad es peligrosa, porque olvida que, nos guste o no, hay dragones muy malos que se alimentan de carne humana y hay personas débiles que por sí mismas carecen de fuerzas para enfrentarse al mal y por eso necesita la ayuda de un caballero dispuesto a arriesgar su vida para ayudarlas.
viernes, 24 de abril de 2026
Los solitarios
La víspera de Sant Jordi, un diario de Barcelona, La Vanguardia, organiza una fiesta en un hotel céntrico que este año ha reunido a 500 personas relacionadas con el mundo del libro. Por supuesto, todos queremos ser invitados, porque es una fiesta en la que hay que estar y La Vanguardia nos trata bien, y si es cierto que moverse por allí es un acto heroico, hay bebida y comida abundante y los discursos son muy cortos. Con los años he ido creando una tipología. Este año he acabado la del solitario.
Hay diversas maneras de llevar la soledad en una fiesta sobreabundante en abrazos, besos, golpes en la espalda e intercambios de direcciones de correos.
En primer lugar nos encontramos con el solitario que se apalanca cerca de las bebidas y pasa el tiempo bebiendo despreocupadamente. Le importa un pito lo que pase más allá de su copa. Es pacífico, inabordable y casi transparente. Apenas ocupa espacio.
En segundo lugar tenemos al solitario olímpico. Va solo y permanece solo. Sale de vez en cuando de sí para intercambiar un par de frases protocolarias con alguien que le ha saludado y vuelve inmediatamente al refugio de su altivez. Da la sensación de que está por encima de todos nosotros y que si bien se ha dignado a estar allí, no está mejor aquí que en cualquier otro sitio. Se manifiesta a los mortales sin necesitarlos. Suele tener empaque y estilo en el vestir.
En tercer lugar está el solitario que detesta serlo y en cuanto te ve corre hacia ti y te saluda como si fuerais amigos íntimos toda la vida. Hay dos subtipos. El primero es el cuellilargo que estando contigo pasa de ti y de tu conversación porque está oteando el horizonte a ver si hay alguien más importante que tú para abandonarte y acudir a su luz, ascendiendo de luz vicaria a luz vicaria en busca, me imagino, de la fuente de toda luz. El otro subtipo es el solitario que se aferra a ti como a un salvavidas y no te soltará en toda la noche.
sábado, 18 de abril de 2026
Aventuras de un lisiado
Sí, ya sé que últimamente vengo poco por aquí. Intentaré remediarlo, porque este es un ejercicio disciplinario interesante. Estos últimos días he estado viajando con mis inseparables muletas. Unos viajan con mascotas y yo viajo con muletas (que no dan mucha menos guerra). He descubierto algo que, entre sorprendido y divertido, me llama la atención. Cuando subo a un tren abarrotado de pasajeros, me gusta dirigirme a los asientos reservados para ancianos, lisiados y embarazadas, que suelen estar ocupados por personas que, al verme llegar, hunden su mirada en el móvil para aparentar que no me han visto. No le pido a nadie que se levante. Simplemente me paro, de pie, frente a ellos. De vez en cuando alguien me cede el asiento y entonces hay como un contagio de vergüenza y se suscita algo así como una pugna a ver quién es más amable con el impertinente recién llegado. Mi experiencia última: los que se levantan a cederme el asiento -reservado para personas como yo, insisto en ello- suelen ser casi de mi edad, porque me imagino que están viendo en mí su inmediato futuro.
miércoles, 15 de abril de 2026
Sobre a arte de ler
sábado, 11 de abril de 2026
Sant Pol
Ayer por la mañana fisioterapeuta y por la tarde, viaje a Sant Pol. La rodilla parece que mejora, lentamente, pero mejora. Aquellos dolores que no me dejaban dormir porque no había manera de encontrar la postura adecuada, han dejado paso a molestias llevaderas. Pero salgo de casa acompañado de mis muletas que parecen contribuir y no poco a la mejora. La causa de todo es un hematoma óseo al que le cuesta dejarme en paz. A media tarde cogí el tren de la costa y me fui a Sant Pol. Vivo cerca de la estación, y en Sant Pol tenía un acto no lejos de la estación. Hay personas que poseen una sabiduría especial y nada fácil de adquirir: la de hacer que todo sea fácil, cordial, amable y, al mismo tiempo exigente. Son personas que saben sonreír sin pizca de complacencia y saben sacar de ti lo mejor de ti mismo. Te hacen sentir -mejor: te hacen creer-, que tu mejor yo es tu verdadero yo. Pero yo sé que lo que somos no es indiferente a las personas que tenemos a nuestro lado y que son esas personas las que nos salvan de nuestra mediocridad
martes, 7 de abril de 2026
Sócrates, mi contemporáneo:
En el año 2015 publiqué este libro, que tuvo una segunda edición un año después:
Ahora, 11 años después, saco una nueva edición, corregida y aumentada de este libro, que es uno de los que más orgulloso me siento. Como pueden ver ustedes, está modificada la portada y, lo que es más importante, también el título:
lunes, 6 de abril de 2026
Sintaxis sin semántica
viernes, 3 de abril de 2026
¿Un pilar de la democracia?
Mariano Fernández Enguita se pregunta hoy en El País si la escuela ha dejado de ser un pilar de la democracia. La pregunta es, sin duda, bienintencionada, pero parte de un presupuesto equivocado: que alguna vez haya sido eso que Enguita se pregunta si ha dejado de ser. No dudo que haya querido serlo, pero los resultados no han estado a la altura de las intenciones.
Don Gumersindo de Azcárate observaba en 1883 (Resúmenes y juicios críticos) que en Francia la escuela nunca produjo los beneficios políticos que se esperaban de ella. No sirvió para disipar ilusiones populares, ni para asegurar el orden social. Y añade: «Si el pueblo francés ha aprendido moderación, lo debe, no a la enseñanza de la escuela, sino a los desastres de la guerra y a las tristes consecuencias de las derrotas». A continuación se pregunta si la escuela ha sido una panacea para los males sociales en Alemania o en los Estados Unidos. Lo obvio, concluye, es que ha aumentado de manera mu considerable el número de presos en las cárceles con estudios. Aquello de que una escuela que se abre es una cárcel que se cierra no resiste la comparación con la realidad. Recoge don Gumersindo esta opinión de un escritor norteamericano: «nuestros hijos tienen su pobre cerebro lleno de toda especie de cosas (...), pero no hay sitio en él para las verdades más sencillas del honor, del deber, de la moralidad."
Andar con muletas
Parece que, por fin, he dado con un fisioterapeuta que sabe qué hacer con mi rodilla. Además es amable, discreto y con un punto de humor. He tenido una primera sesión y todo parece haber mejorado. Lo primero que ha hecho es enseñarme cómo hay que caminar cuando llevas muletas. Es decir, lo elemental. Existe en pedagogía un fenómeno bien conocido, llamado "la maldición del conocimiento", según el cual los expertos, por serlo, no están siempre en condiciones de percatarse de las dificultades elementales del alumno, pero no hay que dar nada por supuesto en un aprendizaje. Hay que comenzar siempre por lo básico, por muy elemental que parezca. Ayer me di cuenta, con toda claridad, de la importancia de este principio. Después de meses con las muletas alguien me ha explicado cómo llevarlas. Pero si la maldición del conocimiento es importante, aún lo es más la maldición de la ignorancia: cuando no sabes nada no puedes ser consciente de que estás andando mal.
martes, 31 de marzo de 2026
Parte de bajas
Dos entradas en un día, pero tengo que contar lo que me pasa. Mi rodilla va a peor y he tenido que recuperar las muletas. Pero con mis muletas, indiscretas, no hay conocido que no se pare a preguntarme qué me pasa, tras lo cual pasan a contarme que ellos sí que han tenido males, mucho más graves que los míos. Así que estoy pensando en hacerme una camiseta que ponga "Sólo hablo de sexo", para no convertir cada salida de casa en un parte de bajas.
Un momento surrealista
No me gustan los taxistas dicharacheros que hablan por los codos, pero no hay manera de evitarlos. Cuando te toca uno, no puedes salir del taxi en marcha... aunque lo que me pasó el jueves pasado en Pamplona casi me empuja a bajarme en medio de la carrera. No lo hice porque iba con retraso a una reunión. El hombre estaba, posiblemente, bajo los efectos de algún tipo de excitante. Comenzó contándome que había llevado un travesti a una dirección y que a media carrera recibió una llamada de una voz masculina que le hablaba al travesti con obvia familiaridad. Le dijo que en la puerta de casa estaba su mujer esperándolo y que subirían las dos en el ascensor. No me ahorró detalles del físico de la travesti y de la mujer, quien, efectivamente, esperaba en el lugar de destino. Escuché en silencio y con cara seria, sin dar ninguna señal de complicidad. Quizás confundió mi perpleja mudez con interés y me añadió otra historia en un caserío de las proximidades de Pamplona, una orgía de la que no me ahorró detalles, por 150€ de nada. No me ocultó ni tan siquiera lo que tuvo que contarle a su mujer para justificarle que llegaba a casa a altas horas de la madrugada. Yo seguía en silencio con la sensación de estar viviendo un momento surrealista. Al llegar a mi destino le pagué y salí. Entonces él se bajó del coche, corrió hacia mí y poniéndome la mano en el hombro me dijo: «Pues no te vas a creer lo que me paso con una de Tafalla». En este caso ya no le escuche. Le dije que tenía prisa y entré en el hotel sin mirar atrás.
domingo, 29 de marzo de 2026
Primum non nocere
A veces las osas hay que plantearlas con toda su crudeza, sin adornos retóricos, sin subterfugios, sin medias tintas. Es lo que ha hecho Brendan O'Neill en este artículo de The Spectator:
«Esta semana, en España, una víctima de violación ha sido asesinada por el Estado. A una joven que padecía dolor y desesperación no se le ofreció amor ni justicia, sino la muerte.
viernes, 27 de marzo de 2026
Vivir es relatarnos
El pasado martes 24 di una charla en defensa de la lectoescritura en el colegio mayor Belagua, de Pamplona. Mi tesis fue que la lectoescritura es la principal competencia del futuro porque siempre estamos haciendo literatura y, en consecuencia, y ya que estamos en ello, ¿por qué no hacer buena literatura? El que hace una pintada en una pared y el que envía un mensaje por el movil está "literaturizando". Cuando un amigo nos pregunta cómo nos va, inmediatamente nos ponemos en modo literario y comenzamos a modelar literariamente nuestros recuerdos. Explicar lo que nos pasa es dar a lo que nos pasa la estructura de un relato, de una historia. ¿Y acaso no nos pasamos buena parte del día contando historias que suponemos interesantes sobre nosotros mismos? Vivir es imponerle relatos a nuestra vida. Pero si esto es así, conviene tener presente que la comprensión que tenemos de nosotros mismos no puede ser mayor que el rigor de las palabras que utilizamos para explicarnos.
lunes, 23 de marzo de 2026
domingo, 22 de marzo de 2026
Rodillas
Una satisfacción menuda, pero muy rica y jugosa es la que me ha llegado esta tarde por mail. Un padre me ha enviado una foto con las rodillas heridas de su hijo y lo ha hecho, por supuesto, con el mayor orgullo, que he compartido, porque hace mucho tiempo que vengo alarmando contra el síndrome de las rodillas impolutas de los niños. No tengo dudas: cada herida en las rodillas de su hijo es una sesión menos con el terapeuta.
La luz
Una de las consecuencias de la edad -sospecho que es ella la responsable- es que tengo que cenar poco. Si ceno como cenaba, me espera una mala noche en la que me arrepiento por ese extra que la voracidad me ha llevado a la boca. La edad, pues, es una forma de ascetismo. La lista de cosas que se van esquematizando como se esquematiza una cena es cada vez más larga. Sin embargo hay una que no solo mantiene incólume su vigencia sino que se ha afinado y crecido en su provocación. Es la mirada. La mirada a la belleza transeúnte, claro, pero también al gozo que la mirada encuentra en las mil manifestaciones de la luz: a los juegos de luces y sombras que las jacarandás de mi calle proyectan sobre las paredes de las casas, a la luz del alba y del atardecer, a la luz filtrada y a la luz desnuda, a la luz del cielo nítidamente azul y a la luz que enturbian las nubes bajas con sus grises, etc. La edad va como subrayando la relevancia de este don gratuito y espléndido que es la luz. Sin la luz, ¿qué sería de las bellezas de este mundo?
sábado, 21 de marzo de 2026
La vida vivida
Son las 5:50 cuando comienzo a escribir esto. Acabo de llegar a casa después de haber ido a buscar a mi nieto y a dos amigos suyos a una discoteca a Mataró. Hay cosas que debemos hacer los abuelos. El espectáculo de cientos de jóvenes saliendo de una discoteca a las 5 de la mañana es digno de tenerse en cuenta porque es el espectáculo de la vida vivida que no cabe en ningún esquema de la vida diseñada. Esto es la teoría: la capacidad de ver. En mi caso no podía dejar de constatar lo lejos que estaba todo lo que estaba viendo de determinados discursos oficiales sobre lo correcto. Merece la pena tomar esta lección de contemporaneidad.
jueves, 19 de marzo de 2026
Malgrat de Mar
Hoy es El Confidencial el que recoge mi comentario sobre Torrente. Me imagino que estos días, a pesar de que el mundo está patas arriba, debe quedar mucho espacio libre en los periódicos y hay que llenarlo de cualquier manera. Esta tarde he estado en la biblioteca de Malgrat de Mar hablando de cosas de educación con un grupo magnífico de gente del pueblo. El tiempo ha pasado volando. Tenía previsto hablar una hora, han sido dos y se ha quedado corta la cosa. Tengo 70 años y justo ahora estoy comenzando a aprender a mirar con serenidad: las estaciones de tren (una pareja de jóvenes riñendo), los parques (adolescentes en un banco, pasando frío), las calles (casi desiertas), las fachadas modernistas (tan previsibles), el movimiento de los atardeceres (en los bares), los escaparates de las tiendas (mostrando lo que en cada lugar es de valor)... He subido al tren cojeando y apoyado en mi bastón y un marroquí un poco más joven que yo me ha cedido el asiento. Los demás pasajeros han hecho lo que suelen hacer, aparentar que no me ven. Él se ha levantado y no ha admitido mis pegas. Con su media lengua me ha asegurado que es bonito ayudar, que si ayudásemos más habría menos guerras y que la vida es buena si ayudas.
La realidad es una torrentera
lunes, 16 de marzo de 2026
Torrente
Nos hemos dejado aconsejar por nuestro nieto y hemos ido mi mujer y yo esta tarde al cine, a ver Torrente Presidente. Estaba a rebosar, especialmente de personas de la tercera edad. Los jóvenes han ido a verla durante el fin de semana y nosotros nos hemos reservado para hoy, porque los lunes es más barato. Esperaba ver una película más de este personaje impresentable, cutre, egoísta, vulgar, zafio... que es Torrente, un pícaro grosero de nuestro tiempo. Pero en esta ocasión es algo más. Es más pícaro que nunca y por eso su figura trasciende las imágenes grasientas habituales. Hay aquí algo de retrato hiperbólico de una realidad que, aun llevada hasta la astracanada, resulta reconocible. Y eso duele. Es difícil gustarse siendo así. En esta película no hay nada sagrado, nada que merezca respeto. Este nihilismo blando duele porque apunta a una verdad que tiene poco de blanda y por eso mismo la risa que provoca es como el eco de nuestro llanto.
domingo, 15 de marzo de 2026
Domingo de gloria
Domingo de cerveza en la plaza, pereza, siesta, misa y sol. ¿Qué más se puede pedir? Quizás el mundo se vaya cayendo a trozos por ahí lejos, pero cuando estás estirado en una silla en la plaza de Ocata con una cerveza en la mano y empañado del calor de este sol primaveral, todo lo malo queda remoto e improbable. En estas ocasiones es fácil entender a Diógenes, el cínico. Si cuando estás así viniera alguien a ofrecerte el gobierno de la Ínsula Barataria, te haría la puñeta porque, obviamente es una oferta que no se puede rechazar pero que te gustaría que te la hicieran una hora más tarde. Ya sabemos que la felicidad es puntual y está sometida al capricho soberano del tiempo. Pero cuando das con ella, lo que toca es dejarte caer en su regazo.
jueves, 12 de marzo de 2026
Hay personas que quieren ser felices
Me rompieron el sábado una ventanilla del coche, con intención de entrar y robar lo que hubiera de valor. Se llevaron una linterna. Esto, obviamente, no es noticia, al menos en Barcelona. Pero sí es noticia, y grande, encontrarme ayer, mientras estaba dando los datos del siniestro al seguro, con una persona dispuesta a ayudarme con una amabilidad eficiente y sin premuras. Ayer hice la primera de las diez sesiones de rehabilitación que me ha aconsejado el traumatólogo para ver si le damos algo de vida a mis rodillas. Me encontré con una persona cordial, segura de sí misma y atenta, que me explica con respeto y una pizca de humor por qué tengo que hacer este y este ejercicio. Se lo agradecí muy sinceramente. Entiendo que, con la mejor intención, hay personal sanitario que te ve viejo y achacoso y vierte sobre uno un chorreo de ternura infantiloide que incomoda. Ayer presentaba Jordi Amat su último libro sobre su amada Barcelona, en El Masnou y allí estábamos en primera fila Lola y yo. Después nos fuimos los tres a un bar próximo y constatamos de nuevo el calorcillo tonificante de la amistad que, en este caso concreto, nos arrancó más de una carcajada explosiva. Ayer envié un artículo de 8500 palabras al diario ARA sobre la felicidad que termina con estas palabras: "Hay personas que quieren ser felices y hay personas que saben lo que quieren."
miércoles, 11 de marzo de 2026
Huevos rotos
Ando con el agua al cuello, o sea, todo genial. Me gusta, desde luego, mantenerme activo, pero si cruzo la frontera de la hiperactividad (a lo cual soy muy propenso), después tengo que pagar un precio: un par de días tumbado en el sofá, como envuelto en un sarcófago de cansancio, esperando que echen algo entretenido en la tele que me haga sobrellevar la mala conciencia de no estar haciendo nada. Las rodillas las tengo en plena sublevación, especialmente la izquierda, fiel a su posición en el parlamento de mi cuerpo. Pero en medio de la marabunta, hay también sus claros del bosque, por ejemplo, el gratísimo de ayer en La Salle, acompañando a Jordi Feixas en la presentación de su libro, Aprender leyendo, junto al muy admirable, Armando Pego. Este hombre no es una persona, es un mundo y hablar con él -es lo que hicimos paseando por Barcelona- es como atravesar mil paisajes fascinantes. No conozco a nadie más inactual que él, menos contemporáneo de sus coetáneos, y eso es lo que lo hace fascinante y tan admirable.
Lo canta Homero Aridjis:
"Buenos días a los seres
que son como un país,
y ya verlos es viajar a otra parte".
Al dejar a Armando bajé por Balmes en busca de un sitio decente para cenar, porque a las 22:00 tenía que estar a Catalunya Radio. Encontré un restaurante que me pareció digno de su nombre y pedí unos huevos rotos con jamón y patatas. Parece un plato sencillo, pero en qué pocos sitios lo hacen bien! El de ayer no fue uno de ellos, así que frustrado y cojeando me fui a la emisora.
sábado, 7 de marzo de 2026
Encuentro accidental con un ángel
Me ocurrió al bajar las escaleras de Siena Educación, en la calle José Abascal de Madrid. Acababa de grabar un podcast para Magisterio. Son una docena de peldaños, anchos y cómodos que dan a la puerta de la calle. Pero yo iba con mi bastón y posiblemente tenía aspecto de tullido cansado, porque me había despertado temprano. Al comenzar a bajar oí una voz a mis espaldas que me ofrecía ayuda. Me volví y vi una niña de unos quince años con síndrome de Down que me sonreía y me volvía a ofrecer su ayuda. Se la rechacé amablemente y seguí bajando. Pero ella no se daba por vencida y me recalcó que le gustaba ayudar. Finalmente accedí y los dos o tres últimos peldaños los hice sujetándome en su brazo. Ya en el rellano le di las gracias y ella me devolvió una sonrisa tan amplia y generosa que no pude menos de pedirle que me dijera una verdad sobre sí misma: «¿Qué era en realidad, una niña o un ángel?» Se rió y me aseguró que solo era una niña, pero yo le pedí que me enseñara las alas, que seguro que las llevaba escondidas. Se partía de risa mientras me miraba como diciendo, «¡este tipo está majareta!» Le pregunté si le importaba que nos diéramos un abrazo y accedió encantada y así nos despedimos. Sigo creyendo que era un ángel. El día prometía ser venturoso. Y lo fue. Poco después me comunicaron que Jesús Manso acababa de ser nombrado Director General de Secundaria en la Comunidad de Madrid.
jueves, 5 de marzo de 2026
Conviviendo con buenos cristianos
Estoy estos días rodeado de buenos cristianos. Que quede claro que yo no llego a tanto. Yo soy un cristianillo muy mediocre que se siente bastante cómodo siéndolo. Y no sé si por ello o a pesar de ello me fascinan los buenos cristianos. Son todo un fenómeno antropológico, gentes tocadas por un punto de locura que da a todo lo que hacen un punto de entusiasmo que a veces puede parecer ingenuo, pero no tardas en comprender conviviendo con ellos la sabiduría grande de la ingenuidad. Diría que la fe los mantiene permanentemente boquiabiertos ante todo lo que les pasa. En definitiva, tratar con buenos cristianos es una especie de expedición etnológica a los confines de nuestro mundo para vivir con una tribu con la que merece la pena pasar unos días separado de la realidad oficial.
martes, 3 de marzo de 2026
Los cristianos somos rarillos, es cierto, Silvia Abril
No logro ver nada especialmente criticable en el hecho de que una actriz dedicada a la comedia, Silvia Abril, no comprenda la religión cristiana y se admire de que algunos nos sintamos tan bien afirmando nuestra de. Lo que debiera preocuparnos a los cristianos -especialmente a los suspicaces- debiera ser el silencio, el peligro de diluirnos en la transparencia hasta alcanzar la invisibilidad y acabar siendo ceros a la izquierda (¡qué gran expresión política, por cierto!). Que los tataranietos de Voltaire se sorprendan de lo raros que somos no es ninguna novedad. ¿Es que hemos olvidado el «Credo quia absurdum» de Tertuliano? Somos raritos, señores, y es importante perseverar en la rareza. Por otra parte defiendo el derecho de cualquiera a reconocer esta rareza nuestra con mayor o menos conocimiento de causa. Incluso me halaga un poco que haya alguien que sienta pena por mí.
lunes, 2 de marzo de 2026
Un buen día
Día curioso y entrañable. Hemos despedido a Carlos Losada, que se nos va a la jubilación, en un hotel de Barcelona. Y allí nos hemos encontrado un buen número de viejas glorias. Entre ellas el President Montilla ("te leo", me ha dicho) y el Cardenal Omella ("Voy por la tercera página de tu libro", me ha asegurado). Omella ha contado un chiste que ha arrancado una carcajada unánime sobre alguien que "tiene pocas ideas, pero palabras no le faltan" y Juan Carlos Valero, que por pocas se nos muere, atragantado, mientras hablaba Omella. ELe debe la vida a Juan Pablo Sanz, que veía de dar una clase sobre derecho romano. Estaban también el entrañable Daniel Arasa, Alejandro Fernández y el senador -el más elegante- Milián Querol, más otros queridos amigos, como Manel Manchón ("tenemos que hablar"). Lo importante: he aprovechado el encuentro con Omella para pedirle que el Papa haga una visita a Ocata en su próxima visita a Cataluña. Por la cara que me ha puesto, deduzco que tenemos que trabajar un poco más la propuesta.
sábado, 28 de febrero de 2026
Ignorancia e imprudencia
Andan muchos tertulianos perplejos porque, según reconocen abiertamente, no entienden las posturas que están tomando los jóvenes, principalmente las de los chicos. Creo que debieran ser más coherentes con este reconocimiento. Si admiten que no entienden por qué suceden las cosas, debieran ser muy prudentes a la hora de exigir que cambien radicalmente. Hay riesgos evidentes en intentar cambiar lo que no se comprende. El principal: que no puedes conocer sus consecuencias. Es decir: su ignorancia es hija de su imprudencia.
jueves, 26 de febrero de 2026
Dos mujeres
A veces en las pequeñas historias están las grandes verdades. Lo he vuelto a comprobar estos días. De todo lo que hemos estado conociendo sobre el 23F, no tengo duda alguna: lo más notable fue la reacción de la mujer de Tejero, primero pidiéndole que no hubiera sangre, después tratándolo de gilipollas por asumir él solo toda la responsabilidad de unos hechos que, evidentemente, lo superaban. Esta mujer le ha robado el protagonismo a la primera mujer, que era la reina Sofía, a la que yo imagino pidiéndole a su marido cordura y tiento y recordara lo que había pasado con su hermano en Grecia, que por apoyar el régimen de los coroneles, perdió la corona. En estas dos mujeres veo yo lo realmente importante de aquel día, porque es lo de cualquier día: Lo que permanece. Las permanencias antropológicas, vaya. Tengo claro que sin mi mujer yo sería como un globo de helio. Ella es mi principio de la realidad. La figura de la mujer es la relevante, Freud; mucho más relevante que la del padre, que antes y más que padre, es un marido. Todo lo demás, los hechos que llenaron las portadas de los diarios, era solo historia.
Días de radio
Días de radio. Ayer con mi querido Toni Marín y mi dilecto Ignasi Rigau y hoy con Franz Mescua. Y tengo tres visitas más pendientes en los próximos días. Cuando publiqué La dignidad del mediocre sabía que tendría un recorrido largo, con ventas pequeñas, pero constantes. No sé yo escribir bestsellers. Y no digo que no me gustase. Bien podría escribir un Los cuernos de Sócrates o un Aristóteles y las jovencitas o, incluso, una historia de filósofos casados. Es decir, bien pudiera escribirlos si supiese. Me doy, eso sí, como premio de consolación el publicar en Italia y saber que en Portugal están interesados por mi librito sobre la lectura. Me preguntan con frecuencia de dónde saco tiempo. La respuesta para mí es fácil. En casa tengo cuanto quiero. Veo poca, muy poca televisión; no leo prensa, y con 5 horas que duerma tengo suficiente. Así que leo y escribo. Esta mañana he comenzado un prólogo para un libro de Fra Valentí Serra de Manresa. Hacer lo que te apetece hacer es una manera excelente de vivir y, aunque no hagas nada excelente, te ayuda a sobrellevar los aullidos de las rodillas, por ejemplo. Me escribió el lunes un profesor que quería que le diese una lista de lectura. Me negué. Le pedí que se construyera él mismo, autónomamente, su propia trayectoria lectora y que no tuviese miedo a leer lo que casi nadie lee, porque si lees lo que todo el mundo, tienes las ideas que circulan por la plaza; si lees lo que no se lee, estarás en condición de entenderlas.
miércoles, 25 de febrero de 2026
martes, 24 de febrero de 2026
La privatización de la moral
Quizás sea la privatización de la moral el fenómeno más importante de nuestro tiempo. Si es así, se entiende por qué, como decía Nietzsche, la tolerancia es nuestra última virtud. Es el criterio que nos permite medirnos los unos a los otros sin convicciones firmes. Podríamos haber esperado que, tras privatizar la moral, asumiéramos el reto de convertir la tolerancia en el fundamento de un nuevo sistema moral, pero, simplemente, no estamos a la altura del mismo. Nos hemos conformado con una moral de bolsillo basada en estos principios (dados pero no justificados): 1) Todos tenemos igual derecho a ser diferentes; 2) No seas solo tolerante con mi diferencia, tengo derecho a tu complicidad, es decir, no me basta que me aceptes, quiero que acojas mi diferencia como un valor; 3) Mi diferencia no es una patología, sino una identidad que es la forma que adquiere mi deseo; 3) Mi principal deseo es que tú me trates como deseo ser tratado al manifestar mi deseo de ser diferente; es decir, a ser quien me apetece ser. En resumen: la antigua bondad hoy se ha metamorfoseado en diferencia.
Un cafetero me advierte de que me he saltado un pretérito perfecto y yo se lo agradezco porque, como aprendí recientmente en Valladolid, lo recto es siempre lo co-rrecto.
lunes, 23 de febrero de 2026
Pies de cerdo
No suelo hablar de la felicidad. No suelo ni nombrarla, por la sencilla razón de que hemos inflado tanto este concepto que, por una parte, se llama felicidad a cualquier cosa y, por otra, como aun esa cualquier cosa se nos hace con frecuencia inalcanzable, la felicidad ausente nos deja profundamente insatisfechos. El mundo se nos ha llenado así de gentes que venden felicidad en cómodos cursillos y de un alud de estañadores que se dedican a poner tiritas en los cosques de las almas dañadas por la conciencia de su impotencia para domesticar la felicidad y guardarla en una jaula en casa. Sin embargo, he de reconocer que a veces toco la felicidad con las yemas de los dedos. Por ejemplo, cuando me pongo a guisar unos pies de cerdo y lo hago con tanto esmero que el resultado alcanza la perfección: una excelencia redonda de la que disfruto con mi mujer en una comida de domingo mientras el mundo se retira para cedernos la clausura de su centro y vas untando el pan en la salsa espesa y volviendo a llenar el vaso de vino y saborear huesos y a pringarte los dedos cosa que no está al alcance ni de la reina de Inglaterra.
domingo, 22 de febrero de 2026
Un guiñapo
Me encontré a un hombre joven, semidesnudo, en un parking de un centro comercial de Masnou. Estaba tirado en el suelo, entre dos coches, hecho un guiñapo. Tenía los pantalones a la altura de las rodillas. Me acerqué a él y me encontré con una mirada perdida y una especie de sonrisa flácida y triste. «¿Te encuentras bien?», le pregunté. Se giró hacia mí, amplió su sonrisa, que era como un mero gesto elástico, sin significado, y me contestó; «¡De puta madre!» Cerró los ojos y ya no pude cruzar con él ni una palabra más. Tres o cuatro personas pasaron a mi lado, me preguntaron qué pasaba y siguieron su camino. Yo no tenía valor para dejar al hombre así y llamé a la policía. Tardó más de media hora en llegar. Por la manera como lo trataban, sospeché que aquel joven debía ser un viejo conocido para la policía. A mi edad, cuando me encuentro con alguien así, no puedo dejar de pensar que tiene, seguramente, padre y madre. Es decir, me encuentro con un hijo.
sábado, 21 de febrero de 2026
Puer robustus
La privatización en curso de la moral está teniendo consecuencias tragicómicas al dejarnos sin criterios comunes para evaluar lo bueno y lo malo. La última es la de esas pobres gentes que salen al espacio público a decir que son animales y a comportarse como tales. El hombre es, ciertamente, el único animal que puede degradarse y hacer de su degradación un estandarte de su identidad. Esta gente nos pide que no los reconozcamos como nuestros semejantes para que puedan ser estentóreamente semejantes a sí mismos, pero no son sino la manifestación del progreso social del "puer robustus". La perturbación del orden nos la quieren hacer pasar como el nuevo orden. A veces, en esos días en los que el pesimismo me tiene preso, tengo la sospecha de que vivimos en los últimos días de la República de Weimar. Sin embargo, cuando me siento optimista, me parece evidente que la pulsión de la diferencia acabará siendo vencida por el predominio mismo de la diferencia.
viernes, 20 de febrero de 2026
La adolescencia senil
He decidido llevarme bien con mis manías: mimarlas, cuidarlas y respetarlas. Me parece que a partir de los 70 años tienes derecho a decidir con quién te llevas bien. ¿Era Boris Vian el que decía que a partir de los 40 años eres responsable hasta de la cara que tienes? ¡Pues imagínense a partir de los 70! Ya he dado dos contundentes muestras de mi nuevo estado sentimental conmigo mismo. La primera, rechazar una invitación de una universidad catalana porque me pedían una conferencia telemática. Les he dicho que o cara a cara, o nada. Ha sido nada. La segunda es, también, un rechazo a una institución de cierto renombre que me pedía una charla sobre neurodidáctica y lectura. Les he dicho que a mi no me mezclen con los neuro-algo, que yo no sé qué demonios hace mi cerebro cuando leo, pero sí sé lo que hago yo y que yo no soy mi cerebro. Me he quedado en los dos casos tan satisfecho. ¿Habré entrado en una especie de adolescencia senil!
jueves, 19 de febrero de 2026
miércoles, 18 de febrero de 2026
La pecera
La semana gallega valió, sin duda, la pena. Pero como tuve el correo abandonado, al llegar a casa me esperaba un alud de urgencias (porque en este presente nuestro lo que no es urgente parece no existir) que me están teniendo muy atareado. ¡Qué tiempos aquellos en que recibías una carta, la leías y releías, la guardabas en un sitio específico, la respondías con calma y todo iba al ritmo del cartero, el vecino sin prisas del pueblo. Ahora todo ha de ser para ahora mismo. Y eso harta, pero nos sometemos a esa hartura de manera incondicional, aceptándola somo aceptan el agua los peces de la pecera.
martes, 17 de febrero de 2026
Galicia
Me ha llegado un enorme e inesperado paquete de Galicia con botellas de un orujo blanco excelente, vino blanco del que sale de la uva ya consagrado, y otros licores y de repente he sentido que el Mediterráneo era una costa más de Galicia. De nuevo resulta ser cierto: Cuando vayas al mercado no te olvides de volver con un amigo. Podríamos decir lo mismo de esta otra manera: si no sales de casa dispuesto a amar, no te detengas en ningún sitio. Para ser un viajero insustancial, mejor no ponerse en camino. Hay que volver a casa más cansado y, sobre todo, más rico de lo que se ha salido. Para volver más pobre no hacen falta alforjas. Aquí llevamos dos días seguidos de sol. Hay lugares en Galicia en el que no han visto el sol cara a cara en todo lo que llevamos de año. Pero eso es lo que celebran las piedras cubiertas de musgo y líquenes; piedras que parecen indemnes al óxido del tiempo, esas piedras de las casas gallegas que parecen cinceladas por la lluvia.
lunes, 16 de febrero de 2026
Por qué puede extinguirse la izquierda
domingo, 15 de febrero de 2026
Trapiello, Rubio, Sánchez
La frase de ayer la escribió Trapiello a propósito de lo ocurrido con cierta incontinencia verbal de Rosa Belmonte:"No se puede hablar a tontas y a locas". El discurso de ayer y, muy posiblemente, el discurso que recordaremos en el futuro, es el de Marco Rubio en Munich. Es un discurso aparentemente de guante blanco, pero que sitúa a Europa, crudamente, ante su destino, porque "We in America have no interest in being polite and orderly caretakers of the West's managed decline." La inconsistencia buenista, demagógica y flácida de ayer fue la del primer ministro español, que, haciendo un alarde de política-ficción, decidió ignorar la realidad para dirigirse a sus tertulianos afines con esta extravagancia a tontas y a locas: "Experts estimate that the US alone will invest $946 billion in nukes over the next decade — enough to eradicate extreme global poverty".
sábado, 14 de febrero de 2026
Mejorando el nivel general
Hace ya algunos años asistí a un congreso de filosofía griega del que salimos todos muy satisfechos. Como nos repetíamos unos a otros, fue tan excepcional que no se oyó ninguna tontería. En el acto de clausura, el organizador, recogiendo el sentir general, dio las gracias a los que, habiendo sido invitados, habían rechazado la invitación: «Con ellos -dijo- no lo hubiéramos conseguido».
Me agarré a este mismo argumento ayer por la mañana al recibir una invitación para participar en un congreso que se propone tratar de cuestiones que presumo muy interesantes, pero de las que no tengo ni idea. Así que contesté que no podía permitirme la asistencia a tan magnífico evento porque estaba seguro de que mi ausencia mejoraría el nivel general.
viernes, 13 de febrero de 2026
Medio quilo al día
He andado unos días recorriendo carreteras españolas. En realidad, hemos andado, porque este viaje o lo hacía en compañía o no lo hacía. Las fuerzas van menguando y, sobre todo, la recuperación cada vez es más lenta. Así que le pedí a mi hijo que me hiciera de chófer y nos hemos lanzado los dos a la carretera. Ha sido un gran viaje por tierras empapadas de agua: Barcelona - Zaragoza (los Monegros reverdecidos) - El Burgo de Osma - Valladolid - Urueña (¡qué frío)- Tordesillas - Valladolid (de nuevo) - Ourense - O Barco de Valdeorras - Saldaña - Santander - Azagra - Barcelona. Hemos comido mucho (sitúen en un extremo el lechazo al horno y en el otro el pulpo a feira, y casi hemos dado con todo lo que hay en medio. Hemos bebido aún más. Esos blancos de la Ribeira Sacra no necesitan bendiciones porque salen de la tierra bendecidos.Y hemos ido de padre e hijo. Esta mañana me he pesado. He engordado 4 quilos. Medio quilo por día.
viernes, 6 de febrero de 2026
Ganas de saber
Larga conversación con un joven con ganas de saber. Un lujo, claro. Vamos un poco de aquí para allá, por donde la razón, sometida a este generoso sol de febrero y al aroma, gozoso, de un buen café, nos lleva. Es universitario y me pregunta por qué la clase magistral recibe tantas críticas. "Porque es la metodología más difícil y una manera de librarse de ella es despreciándola". Lo de la zorra y las uvas, siempre tan actual. Me doy cuenta de que, aunque es discreto, tiene a sus profesores bien calados. Sabe las palabras que tiene que utilizar con cada uno, según su grado de wokismo. Lo entiendo. Hay situaciones en las que lo importante es sobrevivir. ¿No fue Talleyrand el que respondió, cuando le preguntaron qué había hecho durante la Revolución francesa, "¡Sobrevivir!"? Ayer después de una larga charla sobre el ensayo español con un editor serio, les hablé sobre Frankenstein a un grupo selecto de universitarios en un colegio mayor de Barcelona. Había estudiantes de arqueología, filología, ingeniería, dirección de orquesta, ADE, etc. Pagaría por tener más charlas así. No hay nada más atractivo que un joven con ganas de saber. Esas ganas son contagiosas.
jueves, 5 de febrero de 2026
San Blas y yo
Cada año me pasa lo mismo: acabo tropezando en la misma piedra. Me prometo a mí mismo que este año sí que esponjaré mi agenda, que no estiraré más el brazo que la manga, que tomaré las cosas con calma, que mi prioridad es la Plaza de Ocata y el Petit Café. Pero a la hora de la verdad, para cuando quiero darme cuenta, ya estoy envuelto en una tupida red de compromisos. Sería hipócrita que me quejase, porque me gustan. Pero cada año el cansancio de fondo, ese que se va solidificando poco a poco como un lastre, es más difícil de controlar. Me cuesta recuperar, eso es indudable. Aún me queda una manera infalible de recargar las pilas, pero necesito la complicidad de mi familia. Se trata de trastear en la cocina. Así que aprovechando el día de San Blas, he saturado a mi mujer, hijos y nietos de roscos y rosquillas, hasta que me han dicho que basta, que ya tenían acumuladas suficientes calorías para pasar lo que queda del invierno. Y yo he vuelto a mi red de premuras.
martes, 3 de febrero de 2026
Libros y caprichos
Abro un libro que me han recomendado encarecidamente y a las pocas páginas se me cae de las manos. Ni me interesa lo que dice ni me llama la atención cómo lo dice. Miro la foto del autor y lo primero que pienso -con un pelín de sadismo- es algo que es educado callar. Miro también de reojo la torre de Pisa que tengo aquí, a mi lado, de libros por leer y abandono el que me estaba okupando la atención en el montón de los libros que nunca leeré. Menos mal que de vez en cuando hago limpieza y tiro los libros de este montón al contenedor del papel, porque si los guardase, hace tiempo que no cabría en mi propia casa. Elijo Las memorias íntimas del coronel Fernando Fernández de Córdova, marqués de Mendigorría, e inmediatamente me siento en casa. Ya tengo edad para proteger, con uñas y dientes, mi espacio de bienestar literario contra cualquier tipo de intruso, por muy d emoda que esté.
lunes, 2 de febrero de 2026
TACET
Cierro las Memorias del subsuelo y me doy cuenta de que necesitaría ser un Dostoyevski para poder desgranar coherentemente el torbellino de ideas que me tiene revuelta la mente. En cualquier caso, resalto una: la libertad. Hay que ser un espíritu muy libre para poder escribir así. Y si esto es cierto, entonces solo los creadores audaces pueden aspirar, de verdad, a una libertad que merezca su nombre. La libertad sería la posibilidad del genio. Por algún sitio dice Berdiaev que hay que reconocer, con pesar -puntualiza-, que la libertad solo es apreciada en toda su intensidad por los que piensan creativamente y que apenas es necesaria para quienes no valoran el pensamiento. Entonces podríamos concluir que la creatividad es la manifestación más pura de un espíritu libre, porque solo él podría elegir el silencio. Ese era el sentido del lema de Spinoza: Tacet... La libertad de una persona no se mide por su libertad de palabra, sino por su libertad de pensamiento.
domingo, 1 de febrero de 2026
Un lento descenso hacia la barbarie
David Brooks sostiene hoy en un muy contundente artículo en el NYT que la herida cultural más grave de nuestros días ha sido la pérdida de un orden moral compartido y de ella nosotros mismos somos culpables porque llevamos décadas diciendo a los jóvenes que sean autónomos, que creen sus propios valores individuales y que elijan su forma de vida de acuerdo con sus deseos. En definitiva, le hemos propuesto la privatización de la moralidad y el resultado ha sido la desarticulación moral de la sociedad. Hemos tirado por la borda los consensos sobre lo bueno, lo bello, lo justo, lo verdadero... y hemos convertido el constructivismo en la religión laica del presente. De esta manera erosionamos la cohesión social y la confianza, que es el principal capital social de una comunidad. No compartimos la admiración por unos héroes comunes, unas referencias culturales comunes, unos ejemplos morales comunes «y cuando eso desaparece, la ansiedad, la atomización y un lento descenso hacia la barbarie son los resultados naturales».
sábado, 31 de enero de 2026
It's time to think
Tras comer con Carlos Losada en el Gran Marina, enfilé hacia Gerona. Como oscurece pronto, la ciudad me recibió en esa hora triste en que se vuelve del trabajo y de la escuela con pintas de derrotado por la reiterada mecánica vital, pero la impresión se desvaneció en cuanto volví a las calles de la ciudad antigua. Es admirable cómo resiste lo viejo y qué anodinos son los barrios nuevos. Pueden ser cómodos y funcionales, pero carecen de personalidad. Son los mismos en todas las ciudades. Lo más sorprendente es que los barrios viejos soportan muy bien la renovación constante, mientras que el futuro colectivo de los nuevos es el escombro. Me gusta pasear solo y sin rumbo claro, atendiendo a los mil detalles y destellos de las cosas humanas. A las 20:30 tenía una cita con la magnífica gente de It's time to think, para un Thinkglao en Stephouse Girona. Con estos jóvenes hay que colaborar. Sí o sí. Sus ganar de hacer cosas interesantes y su decisión valiente de llevarlas a la práctica con un rigor alegre es admirable. Les hablé de la lectura como medio de refutar el constructivismo. Si se nos dice que todo, desde el clima hasta el género, es una construcción social, leamos y comprobaremos nuestras afinidades con los grandes hombres del pasado. Si existen, es decir, si encontramos en las páginas de un autor antiguo palabras que nombran con precisión lo que nos pasa, entonces ese autor nos conoce bien. Puede ser, incluso que sepa de nosotros cosas que nuestro tiempo tiende a ocultarnos. Entonces nos conocería mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Si Platón o San Agustín nos informan bien de lo que somos, entonces es que hay permanencias antropológicas. Leí versos de Lope y sonetos de Quevedo y hablamos de Heidegger, Dostojevski y el Quijote. Creo que cumplí con mi papel. Salí de Gerona rápidamente porque mi mujer volvía de Pamplona en tren. Llegué a la estación de Sants con la lengua afuera, pero puntual.
viernes, 30 de enero de 2026
Un andaluz no puede ser nihilista
Estoy releyendo Memorias del subsuelo y tengo que ir a lo ratonil, mordiendo poco a poco y masticando bien para poder ir tragando. Había leído este libro/ensayo, premonitorio del existencialismo hace ya unas cuantas décadas, pero el verano pasado, releyendo también Juan de Mairena, me di cuenta de la deuda enorme que tenía contraída Antonio Machado con Fiódor Dostoievski, y ahora estoy leyendo las Memorias tan de otra manera que es como si las leyera por primera vez. Quizás sea este el signo distintivo de un clásico: que siempre que te enfrentas a él chocas con su novedad. La diferencia entre Mairena y el narrador anónimo de Memorias del subsuelo es la que hay entre un nihilista andaluz y un nihilista ruso. Un andaluz, por mucho que lo intente, no puede ser nihilista. Hay en Andalucía demasiada luz. Podrá creer que lo es, pero su creencia no será más que un ejercicio de la voluntad, un empeñarse en dar la espalda al chisporroteo de la vida. Un nihilista casi no tiene otra manera de serlo que naciendo en Rusia, en los inviernos gélidos y eternos, a 40º bajo cero, donde la vida enmudece bajo el frío. El nihilismo es el exceso de penumbras. Esta referencia a la luz andaluza y a las penumbras rusas es, en realidad, una referencia a dos estados de ánimo opuestos y el existencialismo se toma muy en serio los estados de ánimo como el estar del ser.
jueves, 29 de enero de 2026
Quererse es mejor
Iba ayer por la mañana caminando tan ricamente de la estación de Sants al convento de los capuchinos de Sarrià, mientras por los auriculares sonaba a todo trapo La Gran Vía, del insigne Chueca, y al llegar a la Diagonal recibí un mensaje de un amigo con, entre otras, dos frases terribles: La primera, de Chejov: «Si tienes miedo a soportar la soledad, no te cases»; la segunda, (posiblemente) de mi amigo: «Cuando un matrimonio se grita, no se está gritando lo que parece, sino ¡No eres suficiente para mí!». Y me rebanó de golpe la alegría de la mañana. A partir de ese momento me pasé el día rumiando. Por la noche, mientras sobrellevaba mi reincidente condición de Rodríguez, pensaba que la soledad no depende de las distancias físicas, sino de las afectivas. Es mayor cuanto más sientes que te ignora la persona con la que intimas. No sé si habrá alguien que se sienta solo ante una persona que le resulta indiferente (aunque estos días estoy releyendo Memorias del subsuelo y me siento predispuesto a creer que nada inhumano nos es ajeno). Sí, hay momentos de soledad profunda en la cotidianeidad de un matrimonio y son mayores cuanto más te tomas en serio a ti mismo. La ironía, sin embargo, parece ser un privilegio de la experiencia. Los años de convivencia te van enseñando que la vida en pareja está plagada de saltos emotivos hacia los extremos. ¿No era Jung el que decía que ninguna teoría sobre el alma te sirve cuando te asomas al alma de alguien concreto? Con la edad descubres que la trayectoria importa más que los meandros, por grandes y retorcidos que sean estos. Respecto al «no eres suficiente para mí» que a veces insinúa nuestro narcisismo (que da por supuesto que la otra persona ha de amarte exactamente como tu crees que debieras ser amado), no me parece más doloroso que el "no soy suficiente para ti", con el que a veces nos hiere nuestro sentido de la realidad. Es esta conciencia de la propia insuficiencia la que te lleva, finalmente, a descubrir que comprender al otro es una tarea quimérica, pero que la incomprensión no importa. Quererse es mejor.
miércoles, 28 de enero de 2026
Dos tesis provocadoras
Leía recientemente esta provocadora cita de Jonah Goldberg: «El culto a la juventud representa la peor forma de política identitaria y populista». Si tenemos en cuenta el culto a la juventud promocionado por las grandes tiranías del siglo XX es difícil no darle, al menos, algo de razón. Pero ayer me encontré con una reflexión mucho más provocadora de Helen Andrews que, lo confieso, me atrevo a traer hasta aquí solo porque su autora es una mujer. En esencia, Andrews sostiene que feminización = wokización. Le cedo la palabra: «Todo lo que llamamos "woke" —empatía más que racionalidad, seguridad más que riesgo, cohesión más que competencia, inclusión más que libertad de expresión— es simplemente el resultado natural de la progresiva feminización de las instituciones desde los años 70». Recoge Andrews encuestas que parecen mostrar que «aproximadamente dos tercios de los hombres priorizan la libertad de expresión, y aproximadamente dos tercios de las mujeres priorizan una sociedad inclusiva. Los hombres se inclinan hacia la "ética de la justicia" (reglas/hechos), mientras que las mujeres lo harían hacia la "ética del cuidado" (contexto/relaciones/emociones)». Las mujeres se orientarían por las emociones y los hombres por reglas objetivas.
martes, 27 de enero de 2026
Futurizando
Me siento como un coche atrotinado, cargado de kilómetros, que siempre está pidiendo alguna reparación y cuando lo arreglas por aquí se te rompe por allí. Ayer estuve en Can Ruti, el remoto megahospital de Badalona en el que es imposible aparcar. Tenía que someterme a una epiluminiscencia. ¡Hay que ver qué poca cosa es un hombre de mi edad en calzoncillos siendo examinado milimétricamente por médicos que parecen recién salidos de la adolescencia. Fui en tren hasta Badalona y empalmé con un autobús hasta Can Ruti. Por el camino asistimos a un atropello de una mujer en un paso de cebra por parte del conductor de una furgoneta que quiso darse a la fuga. La atención en el hospital es muy profesional. Gente amable y eficiente. Cuando a mediados de diciembre me operaron del menisco de la pierna izquierda pedí, al salir, el libro de felicitaciones. No tenían. Solo disponían del de reclamaciones. Les dije que quería dejar constancia de mi alegría por haber sido tratado como un adulto. Punto y seguido. Vuelvo a ir a Badalona. Hoy me toca examen neurológico, que es lo que me ha pedido el otorrino que lleva el caos de mi oído interno. El mundo sigue adelante y mi agenda se va llenando de citas médicas. Lo constato. No me quejo. De hecho creo que tengo una enorme suerte por mantenerme activo (a veces hiperactivo) mientras eludo a los del camión escoba. Continuo futurizando.
lunes, 26 de enero de 2026
Hoy toca cantar
«El pensamiento libre proclamo en alta voz y muera el que no piense igual que pienso yo». Manuel Fernandez Caballero, zarzuela «La marsellesa» (1876).
sábado, 24 de enero de 2026
D.V.
De Rodríguez en un día gris, gris, gris. Un día propicio para metamorfosearse en erizo, hacerse un ovillo y quedarte al resguardo del calor de tu ombligo esperando algún rayo de sol furtivo para salir corriendo a pillarlo por las calles. Tenía dos artículos largos pendientes y, por lo que parece, los dos acabarán en libro colectivo. Uno, sobre la función de la universidad y, otro, sobre alegría y virtud. El primero está terminado, rubricado y enviado a su destino. El segundo, D.V., lo terminaré mañana. Me preguntaba ayer un amigo qué significaba eso de «D.V.» ¡Qué lejos ha quedado de nosotros el «Deo Volente»! Leo en un diario digital de cuya existencia, hasta ahora mismo, no tenía noticia, un artículo sobre «La nueva derecha» y veo que han puesto un collage en el que aparezco junto a Jacques Philippe, Juan Manuel de Prada, Jano García, Ana Iris Simón, Antonio de Jiménez y Juan Soto Ibars. Me encanta que me sitúen cerca de Jacques Philippe, sin embargo he de decir que no lo conozco personalmente. De hecho, al único que conozco personalmente es a Soto Ibars, que estuvo una noche cenando en casa, compartiendo mantel con personad de distintas ideologías, y después nos hemos visto un par de veces. Cuando me preguntan por mi posición ideológica suelo decir que me siento un «red tory». Hay quien me entiende y quien no. Y nada hay más normal que eso.
viernes, 23 de enero de 2026
Explorando un mundo nuevo
Si alguna vez me ven quejarme de que tengo mucho trabajo, no me lo crean. Eso, exactamente, es lo que me gusta. Me siento bien con esta sensación de acorralado por las fechas de entrega de artículos, libros, textos de las conferencias, etc. De hecho es cuando voy al borde de la saturación cuando más rindo. Cuando tengo mucho tiempo por delante acabo incumpliendo los compromisos. Tras la publicación de La dignidad del mediocre estoy dando mi voz a un buen número de podcasts. Me llama muchísimo la atención que tengan tanta audiencia. Y me lo llama, sobre todo, porque es un hecho. Los de mi generación tendemos a creer que si no ha aparecido la reseña de tu libro en el suplemento cultural de un diario relevante, no eres nadie; pero resulta que los oyentes de los podcasts son muchísimo más numerosos que los lectores de los suplementos culturales de los medios tradicionales. Y esto nos sitúa ante un fenómeno nuevo. ¿Se está imponiendo el oído al ojo? No lo sé. La vida me ha enseñado que si te pones a hacer de profeta enseguida confundes lo episódico y coyuntural cono lo trascendente y estiuctural. En cualquier caso, ahí ando, sin parar de hablar, explorando un mundo nuevo.
miércoles, 21 de enero de 2026
Competencias del futuro pasado
Me llega un mensaje de un respetado grupo pedagógico que me pregunta por las competencias del futuro. Le respondo que sobre algunas de estas competencias, el futuro guarda sus secretos y se reserva la última palabra; sobre otras sabemos, a ciencia cierta, que no serán muy diferentes de las del pasado. Como quien me interroga padece novolatría no entiende lo que quiero decir. Le cuento mi visita a una empresa de tecnología punta en Valencia (visito muchas escuelas y cada vez más empresas). Allí descubrí que hay competencias esenciales que la escuela simplemente ignora porque son poco sofisticadas. Por ejemplo: la de dejar cada cosa en su sitio. Si los trabajadores no se toman en serio esto, están poniendo el futuro de la empresa en riesgo. Dejar las cosas en su sitio es algo que afecta a la misma lengua: hay que poner cada palabra en su sitio para evitar ambigüedades. Un cirujano no puede pedir "pásame el cacharro", ni un ingeniero debe hablar de "la cosa esa". Otras competencias esenciales que forman los cimientos de todas las demás: La puntualidad, el orden, la limpieza, la capacidad no para trabajar en equipo, sino para dirigir equipos; el compromiso con el bien común (en la empresa de Valencia eso significa, entre otras cosas, que un papel en el suelo es una afrenta colectiva, como lo sería una colilla en el suelo de un quirófano; la ambición y la capacitación para competir internacionalmente, etc. Pero, por encima de todo, esta: la fidelidad a la palabra dada. La empresa que cumple sus compromisos y sus plazos, tiene futuro.
martes, 20 de enero de 2026
Julio
Ese adolescente de 16 años, Julio, que fue uno de los primeros en llegar en Adamuz al lugar del accidente ferroviario, me tiene conmovida el alma. Cuenta, como la cosa más normal del mundo que al ver a una mujer descalza le prestó su calzado. No es un detalle menor. O, quizás mejor, es un gigantesco detalle menor. Mientras en las cátedras de ética sesudos filósofos de todas las universidades del mundo se preguntan qué es el Bien, un adolescente no tiene duda alguna en identificar lo bueno y en actuar en consecuencia. "No tuve miedo de no seguir hacia adelante, porque lo asimilas y continúas haciendo lo que crees que tienes que hacer", le dijo a Chapu Apaolaza. ¡Qué frase! «Continúas haciendo lo que crees que tienes que hacer».Y ante estas palabras, amigos, uno se siente pobre, engolado y fuera de juego y entiende plenamente el sentido de aquellas palabras de Jesús: «Dichosos los humildes».
lunes, 19 de enero de 2026
A la búsqueda del sabor rememorado
La masa me ha dado media hora de tiempo y vengo aquí a contarlo. Estoy haciendo rosquillas de cuaresma y he dejado la masa a descansar durante 30 minutos antes de comenzar a freírlas. Llevo desde noviembre intentando recuperar, con más terquedad que éxito, sabores de mi infancia, manía que, mi familia me soporta compasivamente. Pero yo sigo en mis trece, intentándolo. No sé por qué me ha entrado esta dulce pasión. Hasta ahora me limito a ejercicios culinarios de resurrección de pastas, tartas y dulces y para nada de esto tengo recetas, solo dispongo de la rememoración de un sabor casi perdido que espero reconocer al encontrarlo. A esta faena dedico en mis ratos libres.
domingo, 18 de enero de 2026
The Nomba
Día invernal, lluvioso, desangelado, que invita a comidas calientes de cuchara y a pasar las horas junto a una chimenea inmerso en el misticismo casero del chisporroteo de la leña. Pero hoy, además, es domingo, y, como cada domingo, me llegan puntuales los versos que me envía un capuchino, poeta letraherido y buena gente, Víctor Herrero de Miguel, que me arrancan a mí chispas de alegría íntima. A falta de sol, buenos son los versos.
Ayer los geniales inconscientes de The Nomba montaron un grandioso encuentro de 7 horas en Madrid que reunió a más de 6.000 jóvenes en el Palacio de Vistalegre. The Nomba: The no MBA, son hermanos gemelos de mis muy queridos muchachos de It's Time to Think, con cuyos "thinkglaos" intento colaborar siempre que me llaman. Están impulsando una autentica revolución contracultural que está ayudando a dar forma a corriente de fondo que vienen creciendo entre los jóvenes.
sábado, 17 de enero de 2026
Una amante de fidelidad voluble
La «razón victimológica», cada vez más asentada en nuestras sociedades, pretende dar la mayor visibilidad posible a las propias heridas para utilizarlas como artimaña de control de quien se acerque a compadecerme. Quiere hacer de algo que tengo pero hubiera deseado no tener (mi dolor) el escaparate de mi identidad y así poder eludir toda responsabilidad sobre la propia vida. De esta manera, el pasado se convierte en presente continuo y mi padecimiento es la prueba de que los demás me deben mi bienestar. Es el mundo el que tiene obligaciones conmigo. No tengo, pues, iguales, sino personas que me deben abrazos. Ahora bien, el hecho de que mi vida no haya transcurrido como a mí me hubiera gustado, no me convierte en víctima. Solo afirma mi condición de ser vivo. Para estar, además de vivo, sano, debo habitar el presente y sus complejidades, asumiendo que mi vida real es la única vida que tengo. Por supuesto, está bien el consuelo ajeno, pero nadie está obligado a encadenarse afectivamente a mi dolor. No debería convertir mi herida en un reclinatorio para los que se me acercan con su consuelo. La propia victimización es la renuncia voluntaria a la vida adulta. La madurez es la valentía de decirle sí a la vida aunque esta se nos muestre como una amante de una fidelidad caprichosa.
viernes, 16 de enero de 2026
Vuelta a casa
Vuelves a casa, odiseíllo a cara descubierta, y está tu mujer esperándote en la estación del tren. Pues eso es la vida liviana llamando a las puertas de la felicidad.
jueves, 15 de enero de 2026
Aleteando en Madrid
Comenzó bien el día de ayer, con un largo paseo sin destino concreto por un Madrid que estrenaba la luz del nuevo día, flaneur de despertares. No hacía mucho frío y la ciudad se estaba quitando el sueño de encima. Por la tarde les dije a un grupo numeroso de personas que cuando se sintieran pesimistas sobre nuestro tiempo, madrugasen y salieran a las calles a ver la cantidad de personas que van a trabajar a horas intempestivas para conseguir que sus hijos tengan un plato de comida en la mesa. Esas personas que cumplen sus compromisos con discreción diligente, en silencio, son el sustento cotidiano de todos nosotros. No solemos ser conscientes de ello, pero nos sostienen. Son los maquinistas del mundo de la vida. Tardé en entrar. a una cafetería para desayunar, demorando la vuelta al hotel. A las 10:00 tocaba podcast con la buena gente de Educatio Servanda y a las 12:00 una entrevista con la buena gente de Alfa y Omega. Aquí me encontré, gratísima sorpresa, con Ricardo Ruiz de la Serna, con el que di un paseo por el viejo Madrid. Me propuso comer juntos, pero yo tenía un día peripatético y un poco autista y le dije -la amistad también es decir no- que quería andar sin rumbo por el Madrid de las primeras horas de la tarde. A las 19:00, la presentación de La dignidad del mediocre en la sede de Abante, sobre la Puerta de Alcalá. Descubrí que el día iba de Ricardos. Cuando salí de este último acto me apetecía mucho, de nuevo, estar solo y volver al hotel dando un largo rodeo mientras la ciudad se iba recluyendo en sus casas. Mantuve una larga conversación telefónica con mi mujer, y a la cama. Hay soledades que no son tales porque son, en realidad, la condición imprescindible para sentir el rumor de fondo de la vida cotidiana, sus alegrías, silencios y quehaceres, ese aleteo que nos lleva a todos, sin apenas darnos cuenta, a ponernos en manos de nuestras esperanzas.
miércoles, 14 de enero de 2026
Prejuicios y amarres
Emilio del Río es riojano y para mí eso es un mérito. Me pueden alegar ustedes que esta es una conducta prejuiciosa. Se lo acepto. Pero es que llega un momento en que uno ama a sus prejuicios conscientemente, como si fueran amarres a la realidad. En tiempos de fluideces y fluctuaciones, un buen prejuicio es cosa seria. A lo que iba. Emilio del río, el riojano, me invitó a participar en un podcast que tiene en RNE -Locos por los clásicos- y yo le dije que encantado. Por eso ayer pasé un buen rato en la Casa de la radio hablando del mito de Prometeo y de La dignidad del mediocre. No sé si se creerán lo que les voy a decir pero hubo un momento crítico en la grabación en que a Emilio se le saltó una lágrima y a mí se me formó un nudo en la garganta. Fue cuando, recordando a Argo, el perro de Ulises, casi caemos en la pornografía emocional. No entraban en el guión ni Argo ni nuestra reacción, pero es que la realidad no cabe en un guión y por eso, de repente, una historia mil veces contada te afecta de manera imprevisible y profunda. Por la tarde estuve cenando en Aravaca, con las dos almas de la Librería Ontanilla. ¿Por qué hay personas que nada más verlas te caen bien y sabes, a los dos minutos de contacto, que estás iniciando una relación de amistad, y personas que nada más conocerlas concluyes que hay que mantener con ellas relaciones higiénicas de distancia? Sin duda, la razón es el prejuicio, luego el prejuicio tiene razones que la razón no entiende, pero cuyo valor la memoria constata. También tengo prejuicios favorables con los murcianos, con los bocadillos de calamares y con mis amigos venezolanos.
Pliego de descargo
La mujer de la limpieza -una portuguesa de 40 años- ha roto en carcajadas cuando le he asegurado que estoy a punto de cumplir 50 años de mat...










