Me ocurrió al bajar las escaleras de Siena Educación, en la calle José Abascal de Madrid. Acababa de grabar un podcast para Magisterio. Son una docena de peldaños, anchos y cómodos que dan a la puerta de la calle. Pero yo iba con mi bastón y posiblemente tenía aspecto de tullido cansado, porque me había despertado temprano. Al comenzar a bajar oí una voz a mis espaldas que me ofrecía ayuda. Me volví y vi una niña de unos quince años con síndrome de Down que me sonreía y me volvía a ofrecer su ayuda. Se la rechacé amablemente y seguí bajando. Pero ella no se daba por vencida y me recalcó que le gustaba ayudar. Finalmente accedí y los dos o tres últimos peldaños los hice sujetándome en su brazo. Ya en el rellano le di las gracias y ella me devolvió una sonrisa tan amplia y generosa que no pude menos de pedirle que me dijera una verdad sobre sí misma: «¿Qué era en realidad, una niña o un ángel?» Se rió y me aseguró que solo era una niña, pero yo le pedí que me enseñara las alas, que seguro que las llevaba escondidas. Se partía de risa mientras me miraba como diciendo, «¡este tipo está majareta!» Le pregunté si le importaba que nos diéramos un abrazo y accedió encantada y así nos despedimos. Sigo creyendo que era un ángel. El día prometía ser venturoso. Y lo fue. Poco después me comunicaron que Jesús Manso acababa de ser nombrado Director General de Secundaria en la Comunidad de Madrid.
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