martes, 4 de septiembre de 2007

De la serenidad de los clásicos y del divino celo

¡Cuántas veces le había oído exclamar a Jordi Sales en sus clases que la serenidad de los clásicos consiste en no leerlos! Citaba siempre como autor de esta frase a otro Sales del que yo no había oído hablar, un tan Joan. Me costó convencerme de que los sales en esto tienen razón. Uno se ha educado con el mito del clasicismo, de la armonía griega, de los cánones universales, del “nada en exceso” y del justo medio y se lo acaba creyendo. Pero a medida que iba frecuentando el mundo griego me iba dando cuenta de que en ese mundo, como en cualquier otro, aquello de lo que se presume es, con frecuencia, de lo que se carece. ¡Pues no eran bestias ni nada los griegos! El clasicismo griego, el del siglo de Pericles, estuvo lleno de guerras intestinas. ¿cuántos años seguidos pudo disfrutar de paz Atenas a lo largo de todo el siglo V? Cuesta creer hasta qué punto los atenienses podían ser crueles con sus enemigos e incluso con las ciudades que, simplemente, aspiraban a permanecer neutrales en medio de la guerra del Peloponeso. Conviene recordar también la degradación de la vida democrática tras la muerte de Pericles y la votación democrática del fin de la democracia ateniense para dar paso a un gobierno tiránico en el 411.

Digo todo esto porque es en "Incerta glòria" donde Soleràs dice lo de que “¡la serenidad de los clásicos consiste en no leerlos!."

Y así, poco a poco, he llegado al final de “Incerta glòria”. Al principio me he sentido incluso un poco liberado. He cerrado el libro y he respirado hondo. Ha sido esta mañana en El Petit Café de la Plaza de Ocata. Pero esta tarde, a eso de las siete, me ha entrado el mono. Me he dado cuenta que necesitaba seguir ejerciendo mi fe salesiana y he salido, deprisa, a comprar las “Cartes a Màrius Torres” de Joan Sales, que al ir seguidas de “Viatge d’un moribund” forman una obra de 680 páginas. Iba tan decidido que al pasar por la Plaza de Ocata alguien me ha saludado desde una mesa del Petit Café. He respondido al saludo pero he sido incapaz de reconocer a quien me saludaba. No ha sido por las prisas, sino por la miopía, pero esta es otra cuestión que tiene que ver con mi resistencia a llevar gafas por la calle. Resistencia, por cierto, que cada vez es más difícil de mantener con dignidad.

Así pues, tras las 764 páginas de “Incerta glòria” estoy a punto de de tragarme las 680 de las “Cartes”. Espero que tanto celo salesiano no acabe produciendo una saturación de la salesanianina en mi sangre.

Por cierto, hablando de celo, os voy a hacer una pregunta doble:

1) ¿Sabíais que existe una congregación de monjas que lleva el ambiguo y almodovariano nombre de “Hijas del Divino Celo”?

2) ¿A qué no sabéis en qué calle de Barcelona se encuentra la sede de estas “Hijas del Divino Celo”?

12 comentarios:

  1. en la calle de la inmaculada?

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  2. Ese nombre se presta a chistes fáciles... jeje.

    Creo que tienen varios centros.

    Por cierto, el otro día te iba a poner un comentario sobre eso de seguir con las 'cartes a Màrius Torres', pero veo que ya no hace falta.

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  3. antes he visto que jugabais a la cabala con la novela de sales.
    pues a mi el nombre de soleras me recuerda a de sorel, personaje stendhaliano de rojo y negro, tambien de incierta gloria.

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  4. Anónimo, efectivamente. Y ese es en todo caso el chiste completo, Júlia. Obviaré comentarios sobre la realidad y el arte.

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  5. Anónimo: ¿Soleràs: Sorel? Mo está mal visto. Yo me quedo, sin embargo, con "Soleràs: Soledat". La soledad de la inteligencia ante el desquicio colectivo.

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  6. ¡Bueno! ¡Ya está bien, cáspitas! ¡Iré esta tarde a buscarla!

    ¡ESTAS PRESIONES SON INSOPORTABLES!

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  7. perdón, ¿y a quién celan? ¿a quién le hacen el cele?

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  8. Tumbaíto: ¡Cuánto me gustaría conocer su opinión!

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  9. Malvisto: No llega mi saber a tanto, tan solo me espanto del celo divino. Pienso en Ío, en Leda... y en tantas otras que no pudieron escapar del celo divino y siento una tierna piedad por estas monjas que viven en la Calle Inmaculada.

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  10. No sé si será que la iglesia es muy perversa o que tengo la mente sucia, pero siempre que paso por delante de las Hermanas Esclavas de Jesús, me las imagino vestidas de cuero, esposadas y encadenadas a unas enormes argollas en la pared.

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  11. Querido amigo, yo volvía de las vacaciones dispuesta a imbuirme de la serenidad (de los clásicos o de cualquiera que pudiese proporcionarla) y he perdido los nervios en cuanto he visto que, en mi ausencia, has colgado ¡ 64! posts nuevos. Así no se puede, don Gregorio, no se puede. Le ruego que aumente más todavía su celo salesiano y se me entretenga más leyendo que escribiendo... Un beso enorme (y algo alterado, la verdad).

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