jueves, 27 de septiembre de 2007

Cons y Neocons

Hace meses Ramón Alcoberro me advirtió de que iba a salir un libro sobre el neoconservadurismo que me cabrearía mucho. Pues no, Ramon. En realidad me parece una meridiana muestra de lo que se hace en nuestras universidades públicas con la financiación de los proyectos de investigación ministeriales. En ese sentido, se corresponde perfectamente con lo que más que esperar, temía.

¿Y qué temía? Pues que este libro, que se titula rumberamente "Cons i neocons: el rerefons filosòfic", se dedicase a tocar palmas sin rozar las cuestiones política y filosóficamente más relevantes de ese "rerefons" (trasfondo).

Políticamente ignora completamente que las mayores críticas al neoconservadurismo norteamericano han provenido de la derecha republicana tradicional, y que, curiosamente, han coincidido frecuentemente con las que surgían desde las filas europeas de la izquierda. Parece no considerar importante el hecho, incuestionable, de que el Partido Republicano es hoy un partido completamente diferente del que era en los años sesenta y setenta. Algo habrá tenido que ver en este cambio el neoconservadurismo. Pero sobre todo el libro es completamente ciego ante el fenómeno más sorprendente, por inesperado, de la herencia neoconservadora: el singular aggiornamento al que se ha visto obligado a someterse el Partido Demócrata para adaptarse a un país sociológicamente distinto al de hace treinta años, que hoy comparte, por encima de cualquier diferencia, una religión común: el patriotismo. No hay hoy Janes Fondas que vayan a cantarles sus bondades a los muchachos de Bin Laden. Lo que sí que hay es políticos europeos, como Merkel o Sarkozy, que no han sido sordos a la influencia del neoconservadurismo.

Filosóficamente la ignorancia me parece más grave, visto el título. Si se pretendía poner al descubierto el trasfondo del neoconservadurismo se debería:

1. Definir con claridad quiénes son exactamente los neoconservadores, cuáles son sus bases filosóficas comunes y, sobre todo, sus estrategas políticos de referencia. Si Daniel Bell, Samuel Hungtinton, un Donal Rumsfeld… son neoconservadores, habrá que explicar qué tienen en común con un Kristol o un Wolfowitz. ¿Es Daniel Bell más neoconservador que George Orwell?

2. Establecer con claridad los límites entre neoconservadurismo y neoliberalismo. Continuamente se sugieren afinidades. Yo no las veo por ninguna parte. Más bien veo lo contrario.

3. Marcar con claridad las relaciones que el neoconservadurismo establece entre filosofía, política y poesía.

4. Poner de manifiesto la posición del neoconservadurismo durante la guerra fría y sus diferencias y similitudes con la que manifiesta tras la caída del muro de Berlín y, en concreto, frente a la postmodernidad.

5. Esclarecer la que posiblemente es la cuestión más relevante: La fundamentación política de la ética. La “claridad moral” es, ciertamente, una expresión central en el neoconservadurismo. Pero habría que explicar qué significa eso. ¿Cómo hay que entender, por ejemplo, desde un punto de vista filosófico el uso que hacía Reagan de esta expresión?

Respecto a Strauss, sostiene Ruiz Simón (en palabras de Joan Vergés, que tiene más motivos que yo para estar al tanto de su pensamiento) que “al menos en el año 1933 era antiliberal y estaba muy cerca de posiciones fascistas.” Lástima que se olvide de añadir que como la mayoría de los jóvenes universitarios judíos de su generación. Menos mal que el propio Vergés reconoce que en el caso de que Strauss fuera antiliberal en los años 30, de ahí no se deduce que el neoconservadurismo sea, sin matices, "straussianismo”. Tampoco se deduce (aunque esto Vergés no lo dice) que Strauss fuera antiliberal cuando escribía a favor de la educación liberal en los Estados Unidos.

Ciertamente, el neoconservadurismo no se reduce a straussianismo. ¡Lástima que no se explique esto bien! Herrero de Miñón (este curioso conservador de quien todas las izquierdas hablan maravillas) apunta, si lo he entendido bien, a una triple influencia de Milton Friedman, Voegelin y Strauss en el neoconservadurismo. No creo que haya ni un solo neoconservador que se reconozca heredero de todas estas tradiciones. Pero si lo dice Herrero de Miñón...

Respecto al texto de Jose M. Ruiz Simon, “Leo Strauss y la superació de l’Horitzó liberal (1932-1936)”, me limitaré a alguna puntualización, aunque creo que ninguna de ellas es menor:

1. Hace de Strauss un alumno de Heidegger. Hay que decir claramente que Strauss nunca fue alumno de Heidegger. Asistió, como mucho, a un par de clases suyas. Y como él mismo reconoce, sin entender nada de ellas. En Alemania Strauss fue, ante todo, un joven sionista preocupado, especialmente, por las discusiones relativas a la relación entre teología, filosofía y política.

2. Hace de Heidegger el promotor del “nuevo pensamiento”, sin tener en cuenta que su auténtico promotor y el verdadero maestro de Strauss fue Franz Rosenzweig. Rosenzweig se sentía muy próximo al pensamiento de Heidegger, pero hay que añadir que entendía esta proximidad se debía a que ambos habían sido influidos por el último Cohen. Es a través de esta vía como Strauss accede al pensamiento de Heidegger.

3. Ignora la profunda dimensión antiliberal del los jóvenes judíos de la generación de Strauss (por ejemplo de sus amigos Benjamin o Scholem). Entre ellos el liberalismo se identificaba con las propuestas integracionistas que habían dominado en la generación precedente y que en filosofía estaban representadas por el neokantismo. La revisión de sus propias posiciones liberales por parte del último Cohen dará pie a esos jóvenes a rechazar la neutralidad vacía del espacio público cosa que, como comenzaban a sospechar, sólo sería pasible en un nuevo país.

4. No matiza la afirmación de Strauss como “admirador de Mussolini”, aunque a pie de página añada que esta admiración tuvo lugar "cuando éste aún no era antisemita”. Movimientos culturales judíos de gran relevancia, como “Die Jüdische Turnzeitung”, o movimientos juveniles judíos como el “Blau-Weiss” tenían como referente a Mussolini. En este caso hay que ver a Strauss como miembro activo del “Blau-Weiss” y destapar la influencia que pudo tener en él Walter Moses. Evidentemente el giro antisemita del fascismo italiano y la propia experiencia de los judíos alemanes pondrá trágicamente al descubierto lo que se escondía debajo de esta ideología. Fuese el que fuese el grado de acuerdo de Strauss con el proyecto político del primer Mussolini, hay que resaltar que muy poco tiene que ver el Strauss que vive en Alemania con el Strauss que es profesor de Chicago. La edición en inglés de su libro sobre Spinoza lleva una introducción cuyo contenido deja bien claras las diferencias para quien quiera verlas. Pero podría consultarse también su correspondencia con sus amigos socialistas.

5. Ignora las múltiples herencias de Carl Schmitt. ¿Hay que dar a la influencia que Strauss recibe de Schmitt más relevancia que a la que recibieron Walter Benjamín, Raymond Aron, el maoísta Joachim Schickel, el ecologista Joschka Fischer o el mismísimo Derrida?

En fin, lo que decía, un producto típico y tópico de nuestra universidad.

9 comentarios:

  1. Leo... seguiré leyendo... a ver si me entero... pero Strauss pudo haber aprovechado muy bien esos dos días, don Gregorio :)
    Es broma... sólo que me encanta su no-cabreo. Porque yo,por el tono, le leo algo cabreado, sí.

    ResponderEliminar
  2. No es banal el desperdicio.
    Consiguen dar rango de autoridad a todo: ¡es doctor! es profesor en la universidad! pero lo unico que han hecho es degradar la institución.

    El esquema siempre es el mismo: se establece una taxonomía en la cual si no hay un punto debil o una flexura donde poder hincar el diente, se tergiversa algun dato para acabar demostrando lo que en principio se quería acabar demostrando.

    Conclusión:
    Ahora cuando monte "los cursos de verano la galaxia" para la seducción de incautas, recepción de becas y premios y tirarse el rollo en general, te haré un pequeño descuento en la matricula.

    ResponderEliminar
  3. Me encanta su forma de repartir mandobles a diestro y siniestro, don Gregorio.

    Lo que he descubierto en este post, entre otras cosas, es que mi creencia que la mediocridad e incompetencia estaba sólo en las carreras técnicas y científicas era errónea. Veo que es algo inherente al medio. Apoltronados y encantados de haberse conocido.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. La nada nadea y, además,escribe libros, sustenta universidades y, además, da para muchas cosas más.

    ResponderEliminar
  6. Me encantaria (pago yo la ronda si hace falta) saber tu opinion sobre que define a los neoconservadores. Estoy de acuerdo que neoconservadurismo, el partido republicano, y la derecha cristiana son cosas diferentes, y si me pones alguien delante te digo a que grupo pertenece; pero no termino de ver el "rerefons" bien...

    Sobre neoliberales, la verdad es que no termino de entender la parte neo. Las posiciones anti-liberales si que son nuevas, pero eso define al neo-liberalismo por oposicion?

    ResponderEliminar
  7. RA: Eso es ir directo al grano. Desde Europa tendemos a ver todos los movimientos políticos como si tuviesen una estructura orgánica, mientras que en los USA las cosas suelen ser mucho más fluidas.

    Voy a darle una respuesta demasiado extensa y que, además, no es mía, sino de Irving Kristol, que el 25 de agosto de 2003, publicó en The Weekly Standard un artículo titulado “The Neoconservative Persuasion”, para dar respuesta a Howard Dean, que dos semanas antes había declarado en 'U.S. News & World Report' que "el Presidente Bush es una persona encantadora, pero creo que por alguna razón ha caído en las manos de los neoconservadores que lo rodean." Kristol es lo suficientemente inteligente para darse cuenta inmediatamente de que esta crítica es potencialmente letal para el neoconservadurismo, porque procede de las filas del Partido Republicano y, por lo tanto, puede dar al traste con la síntesis entre las distintas ramas del republicanismo, esencial para alcanzar el gobierno estadounidense, que es, por encima de todo el gran objetivo neoconservador. Pero Kristol niega la mayor, es decir, que exista algo así como una corriente neoconservadora dentro del Partido Republicano. “Desde sus orígenes entre desilusionados intelectuales liberales en los años 70, lo que llamamos neoconservadurismo ha sido una de esas corrientes subterráneas que aparecen en la superficie sólo intermitentemente. No es un "movimiento," como los críticos conspiradores sostienen”, sino, más bien, una "persuasion" cuyo significado sólo se percibe con claridad retrospectivamente. No hay, pues, nada ni remotamente parecido a una conspiración neoconservadora. El neoconservadurismo es simplemente el resultado de un determinado clima intelectual que empujó a una serie de personas a repensar el conservadurismo con la intención de “convertir al Partido Republicano, y al conservadurismo americano en general, en contra de sus respectivos deseos, es un nuevo tipo de proyecto político capaz de gobernar una moderna democracia”. El neoconservadurismo –continúa Kristol- “es la primera variante americana del conservadurismo del siglo pasado”. Desde esta perspectiva Kristol cree haber conquistado la posición adecuada para diferenciar el neoconservadurismo del neoliberalismo y de su obsesión monetarista. El neoconservadurismo no pone todo el énfasis en el crecimiento económico. No es que le guste el déficit fiscal, sino que no lo demoniza; lo considera inherente a la misma naturaleza de la democracia y, en cierta medida, a la naturaleza del hombre. La democracia no puede evitar un cierto grado de demagogia política y, por lo tanto, de imprudencias presupuestarias. El déficit fiscal puede ser el coste temporal del crecimiento económico, pues como los neoconservadores gustan señalar, fue el propio Presidente Reagan el que defendió que “deficits don’t matter”. Y, al mismo tiempo, un crecimiento económico generalizado, al extender la riqueza entre todas las clases, dará lugar a una población de propietarios responsables fiscales que será, con el tiempo, menos vulnerable a las ilusiones igualitaristas y a las llamadas demagógicas relativas a la economía nacional. Dicho sea de paso, me parece intuir aquí alguna de las ideas de Hernando de Soto, no sé que le parecerá a usted. Por último Irving Kristol aduce que, a pesar de la atención que ha despertado entre la prensa, no hay un conjunto definido de principios entre los neoconservadores referentes a la política exterior. Solamente hay un conjunto de referencias históricas que –como ya he presentado otras veces en este Café- pueden resumirse es la siguiente tesis:
    1. El patriotismo es un sentimiento natural y saludable que debe ser animado tanto por las instituciones privadas como por las públicas.
    2. El gobierno mundial es una idea terrible porque puede conducir a una tiranía mundial. Las instituciones internacionales que conducen hacia un gobierno de este tipo deben ser contempladas con la más profunda prevención.
    3. El político debe, ante todo, tener la capacidad de distinguir los amigos de los enemigos. Esto no es tan fácil como parece y las dos guerras mundiales lo demuestran. El número de personas inteligentes que no contaban a la Unión Soviética entre los enemigos era absolutamente asombroso.
    4. Una nación pequeña puede pensar que su interés nacional comienza y acaba en sus fronteras, por eso su política exterior se limitará a una política de defensa. Una gran nación tiene muchos mayores intereses. Tiene también intereses ideológicos. Fuera de eventos extraordinarios, los Estados Unidos se deben sentir siempre obligados a defender, siempre que sea posible, a una nación democrática de los ataques de fuerzas no democráticas. Fue el interés Nacional el que condujo a Estados Unidos a la defensa de Francia o de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. Por eso mismo es necesario defender actualmente a Israel, cuando su supervivencia está amenazada.

    Respecto a lo de "neoliberales", cuando yo utilizo este término estoy pensando en la Escuela de Chicago. No sé si con acierto o no. En esto me fío de lo que me diga usted.

    ResponderEliminar
  8. Apreciado Luri,
    Justamente es un reflejo de del nivel de nuestra univeridad. Me han dicho que Terricabras también escribe ¿Peude ser? Oh, my god!
    No interesan los temas, sólo la superficialidad.
    Me recuerda cuando yo defensaba que Sarkozy era lo que necesitava Francia a dos meses de las elecciones y la respuesta era simple: neoliberal, fascista, racista, etc. Los mismos, ahora, sólo le ven cosas buenas.
    La universidad se ha convertido en la fabrica de la frivolidad

    ResponderEliminar

Creencias peregrinas

"Creer que la única función política es atacar, insultar y calumniar al enemigo, y que éste no va a responder (y más en un país como E...