domingo, 18 de junio de 2006

Misha Gordin

Misha Gordin tiene algo de De Chririco de la fotografía, en el sentido de que se le puede aplicar perfectamente el calificativo de fotógrafo metafísico.

Pero es más intuitivo, porque es también heredero de los grandes pintores barrocos de los mitos que tratan de lo nunca agotado: el nacimiento, la vida y la muerte.

Cuando habla de su evolución Misha Gordin suele decir que ha ido del realismo social al realismo metafísico. Los criticos también con él tienden a aplicar el adjetivo "conceptual" (no me gusta lo de "arte conceptual" porque parece sugerir que existe un arte no conceptual: ¿cuál sería?).

Nació en la Unión Soviética en 1946, en medio de la desolación producida por la Segunda Guerra Mundial. Su formación fue, necesariamente, una impregnación masiva de la épica formalista del realismo socialista. En 1974 emigró a los Estados Unidos, y aquí empezó todo.

Es decir, empezó su esfuerzo por reflejar lo que no explica la épica de la la clase obrera conquistando la historia: aquello que encuentro mucho más cerca, en mi existencia cotidiana, frente a mi espejo y frente a los otros (si es que los otros no son mi espejo al mismo tiempo que el infierno).

El sujeto ya no es la clase, sino, en todo caso, la angustia de ser un miembro anónimo de una clase.

Una angustia que apela a la visión más intuitiva
del observador

La grandeza de Misha Gordin reside, a mi modo de ver, en su capacidad para hacernos creer que ha encontrado un punto de vista exterior a los horizontes del hombre desde el que es capaz de mostrarnos, objetivamente, que no somos más que eso que nos sugieren sus imágenes.

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