Andaba yo entreteniéndome desmenuzando -quizás con un poco más de furia de la estrictamente necesaria- la cobertura caramelizada de una crema catalana, porque también hay que comer entre neurólogo y otorrino. Quizás en la punta de mi cuchara veía yo el estoque de mi frustración terapéutica. No sé. El caso es que al llevarme la primera cucharada a la boca descubrí frente a mí un pésimo cuadro mal colgado en la pared. Se trataba de una copa desgraciada del sueño recurrente de jueves, 8 de junio de 2006
Metafísica a la crema (catalana)
Andaba yo entreteniéndome desmenuzando -quizás con un poco más de furia de la estrictamente necesaria- la cobertura caramelizada de una crema catalana, porque también hay que comer entre neurólogo y otorrino. Quizás en la punta de mi cuchara veía yo el estoque de mi frustración terapéutica. No sé. El caso es que al llevarme la primera cucharada a la boca descubrí frente a mí un pésimo cuadro mal colgado en la pared. Se trataba de una copa desgraciada del sueño recurrente de
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El soberano
Ocurre con el derecho internacional lo que con la ley moral kantiana. Va bien en situaciones normales, pero cuando la realidad se pone brava...
Que maravilla como escribes.
ResponderEliminarEdna
Bien,la memoria no miente pero...como dice Angel Gonzalez.
ResponderEliminarCierro los ojos para ver más hondo
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
A veces mejor no tener memoria.