martes, 13 de noviembre de 2007

Futesas de los antiguos

Eunapio, en su “Vida de Porfirio” dice del maestro de éste, Longino, “que era una biblioteca viva y un museo ambulante” (bibliothêkê ên émpsykhos kaì peripatoûn mouseîon). Claro que tales cosas eran posibles en aquellos tiempos gracias a que aún no se había inventado internet. Hoy parece inconcebible que alguien tenga una biblioteca impresa en el alma (así se puede traducir la palabra griega “émpsykhos”). Gracias a Internet podemos tener acceso a más libros de los que podríamos leer si viviéramos 1.000 años. Sobre lo de “museo ambulante”, hoy igual nos partían la cara si le dijéramos a alguien que parece tal cosa. ¿Qué niño querría ser de mayor un museo ambulante? ¡Si para empezar ya no sabemos ni qué es exactamente un museo!

Respecto a la formación de Porfirio, Eunapio cuenta algo que me ha parecido muy hermoso: “probó el fármaco de la claridad”. Esto sí que no se ha pasado de moda. Este fármaco debería administrarse como materia troncal en las facultades de filosofía.

22 comentarios:

  1. fármacos?
    pero Luri, no se estaba usted quitando
    no se vale empezar a hacer excepciones...

    ResponderEliminar
  2. Que no, Celia, que ese fármaco ya no es para mí, que tengo el estilo muy viciado, sino para enderezarles el criterio a los jóvenes.
    Yo estoy muy agradecido a mi escuela: dura, fría, rígida.... pero que me exigió durante años una redacción escolar semanal que siempre me devolvían corregida. Además se leían cada semana las dos o tres mejores de la clase, para proporcionar ejemplos prácticos a los que siempre están necesitados de ideas.
    ¿Tiene usted idea de cuantas redacciones habré hecho yo desde mi examen de ingreso (a los 10 años) que, por cierto, no podía superarse con más de tres faltas de ortografía, hasta mis 14 años?

    Hace unos años le dije a una profesora de lengua de bachillerato que se quejaba de lo mal que escriben los alumnos, que recuperase la redacción semanal. ¿Y quién se va a leer todo eso?, me preguntó. A semejante profesora clarividente la ascendieron pronto. Ahora tiene un puesto de coordinación.

    ResponderEliminar
  3. A mi con 12 años me ponían los viernes un dictado semanal que luego se corregía y puntuaba. Y con esa edad leí cerca de 30 libros en el curso, ya que cada libro leído y examinado me daba un punto en Lengua.
    Al ver como escriben ahora, pienso que el sistema carca era carca y duro, pero funcionaba.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. UI, que eso de fármaco de la claridad seguro que lo interpretan de forma equívoca...

    Redacciones, dictados, correcciones completas y exhaustivas, problemas... qué cosas más antiguas rememoran ustedes... Además, yo, que hice comercio antes de bachillerato, llene a tinta y a redondilla todos los libros de contabilidad entre los diez y los doce añitos. Si es que ya no hay niños ni niñas como los de antes, eso es el cambio climático.

    ResponderEliminar
  5. frPharmakón,palabra circulante y paradójica que se escapa a los dos sentidos opuestos: tanto puede ser veneno como remedio o vacuna.
    ¡Derrida, cuanta razón tienes!
    Sobre el plan de estudios, creo que si solo se enseñara a leer durante los tres primeros años (de 3-4-5 años) Solo es: "solo leer". Cada día,durante los tres primeros años.(qué konio hacen durante los tres años?:pasar una jornada laboral de adulto quemando las horas en el colegio...con tres horas al día sería suficiente) Otro gallo cantaría. Luego...ya aprenderían más rápido a escribir y a comprender las lecciones.

    ResponderEliminar
  6. Sobre la tan venerada ortografía. Esa ortografía de escritor de salón, aburguesado entre academias y círculos estilísticos.
    Qué sería de la historia y sus migraciones y sus mezcolanzas entre pueblos, culturas y mitos, sino fuera por los malllamados errores ortográficos.
    ¡Doy gracias a tí Dios de la falta ortográfica.!

    ResponderEliminar
  7. A propósito de lo dicho por enrri.
    Me han dicho, que lo que en mi época llamábamos 'lectura' (leer por turnos un texto en voz alta) no sólo no se utiliza sino que ha sido explícitamente prohibido.

    ResponderEliminar
  8. Enrri: Yo ya soy tan antiguo que no solamente me gusta la ortografía (y a mí s eme escapa de vez en cuando algún gazapo) como la caligrafía. Tener una letra inteligible no es ninguna tontería cuando uno escribe para que lo entienda otro. El fármaco no es veneno más que en manos de un mal maestro. O dicho de otra manera: El veneno es un mal maestro, y la víctima es el niño.
    No hay ningún motivo, Enrri, para permitir que haya tanto niño extranjero en su propia lengua.

    ResponderEliminar
  9. Claudio: No tengo noticias de ello. Pero ya no me sorprende nada.

    ResponderEliminar
  10. Júlia: Me imagino que tú has visto tanto como yo que el niño por tendencia natural tiende a rendir el 50% de lo que se le exige. Así que cuando bajamos los niveles para evitar el fracaso escolar, lo que conseguimos es que los alumnos bajen también su nivel de autoexigencia.

    ResponderEliminar
  11. Gilgamesh: Insisto en que yo le estoy agradecido a aquel sistema. Me permitió a mi salir de mi pueblo. Y le aseguro que mis profes eran duros. ¡Aún me acuerdo del Padre Pacífico! Pro me permitió también devorar a Salgari con 11 años y descubrir el mundo de la literatura.

    ResponderEliminar
  12. Yo siempre digo, y lo digo en serio, que no hemos salido tan mal por no decir que hemos salido muy bien. Y hacemos pocas faltas de ortoigrafía, no andamos mal de sintaxis y muchas cosas más. Yo me atrevo a decir que a quien más satisface (y que Julia me perdone, que sé que no tengo razón) que a quien más satisface este sistema de hoy es a los maestros. Pero no se porqué.

    Por cierto, que de las redacciones semanales hablo en mi post hoy. Y era de los buenos, yo.

    ResponderEliminar
  13. Que me vas a contar, Gregorio, que yo no sepa! Enseñar en España -y en Catalunya- es llorar, hoy. A Luis: soy una maestra absoltuamente insatisfecha (profesionalmente hablando, alto ahí).

    ResponderEliminar
  14. Julia: Un sistema que deja insatisfechos a los mejores profesionales, debería reflexionar a fondo sobre sus incoherencias. Definitivamente propongo la supresión de las facultades de pedagogia.

    ResponderEliminar
  15. kalós+graphós:El signo Bello, hace una alma bella.Platonismo
    Critica y Clinica: el estilo de un escritor o artista se observa cuando éste habla en su lengua materna como extranjero.Deleuzianismo

    ResponderEliminar
  16. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  17. El Dios teklado anula la kalógraphós y el Dios Pantalla anula el estilo.

    ResponderEliminar
  18. por cierto Doña Julia, sabe lo qué he aprendido después de treinta y pocos años, que cuando el escritor escribe algo con paréntesis, es que no lo tiene del todo claro.
    (No se lo tome a mal)

    ResponderEliminar
  19. Del todo claro, a partir de los cincuenta, sólo se tiene la propia y progresiva miopía, don Enrri.
    Si el estilo es el desarraigo, le dejo a usted disfrutar de ese sabor deleuziano.
    No, yo no lo puedo ver, de ninguna manera, así. Estoy pensando en "Les Déracinés" de Maurice Barrès o en "L'Enracinament" de Simone Weil. El estilo se gana en la plaza del pueblo. [(Vamos -digo yo-)]

    ResponderEliminar
  20. Pues muhcos no han tenido ni plaza en la que jugar, ni pueblo del que añorarse. ¿serán todos ellos los huerfanos de estilo?

    ResponderEliminar
  21. Es Ortega quien escribe que "la esencia del arte es el estilo". Creeo que lleva razón. De lo que no habla es de la ortografía, pero hasta en eso hay un estilo, una estética, un cuidado por lo bien hecho.

    ResponderEliminar
  22. NO hace mucho le decía yo a Manuel Cruz que la voluntad de estilo es un gesto de urbanidad con el lector.

    ResponderEliminar

Una pedagogía sacramental

Me atreví, tras vencer no pocas dudas, a escribir el prólogo de este libro que viene a defender lo que podríamos llamar una pedagogía sa...