domingo, 4 de noviembre de 2007

La incierta verdad del fragmento. Tres ejemplos

¡Cómo me gusta este juego de las analogías casuales, que tiene algo de paranoia crítica! Lo que comenzó ayer por la noche como una broma zoosófica, deriva hacia una doble reflexión filológica y filosófica.

Que conste que manifiesto todo mi respeto por el fragmento en lo que tiene de lamento romántico del tiempo (como dios escultor, sí, pero ciego) que ve el mundo como el cuerpo troceado del niño-dios Dioniso a punto de ser devorado por los gigantes. Pero la imaginación, tan grande ella, es "la loca de la casa." Cuando se pretende hacer ciencia, conviene mantenerla embridada. Tres ejemplos:

1. En el libro VI de la República (509 d) Platón compara, como la mayoría de los estudiantes de bachillerato sabe, la relación existente entre lo sensible y lo inteligible con las partes de una línea. Pero la interpretación precisa de sus palabras presenta dificultades que, hoy por hoy, son filológicamente insalvables. El texto parece decir en la versión más conocida: “si se toma una línea dividida en dos secciones desiguales…” (grammên díkha tetmêménên labôn ánisa thêmata). La dificultad recae sobre las palabras “tetmêménên labôn ánisa”. “Ánisa” es el acusativo plural neutro de “ánisos” (desigual) y depende (en mi opinión, no en la de Tomás Calvo) de “tetmêménên” (el verbo “témnô” significa cortar o dividir). El mejor manuscrito (A= Parisinus 1807) lleva “ánisa”, mientras que un excelente manuscrito (F= Vindobonensis 55) lleva “an ísa” (de “isos”: igual). Si se acepta "anisa", las secciones de la línea son desiguales; si se admite "an isa" son iguales. La interpretación de la ontología y de la epistemología platónica puede depender del manuscrito que elijamos, pero, a su vez, la elección depende de nuestra previa interpretación del platonismo. Lo más singular del caso es que el problema es filológicamente insoluble, porque en el texto griego lo que se encontraba era “LABONANISA”, ya que los griegos escribían con mayúsculas y sin separar las palabras. Por lo tanto, tan legítimo es separar esta expresión en tres partes “LABON AN ISA” como en dos "LABON ANISA”.

2. En la línea 29 del fragmento 1 de su Poema, Parménides confronta el corazón de la verdad con las opiniones de los mortales. Las opiniones son inestables, mientras que la Verdad es firme, rotunda. Pero es esta rotundidad la que nos resulta problemático traducir. Cuatro autores que escribieron entre el siglo I y el III de nuestra era (Plutarco, Sexto Empírico, Clemente de Alejandría y Diógenes Laercio) son unánimes: para ellos Parménides se habría referido a la verdad con el calificativo de “persuasiva” (“Alêtheíês eupeithéos”). Sin embargo para Proclo (410?-485) el calificativo que habría utilizado sería el de “bien iluminada” (euphéngeos) y para Simplicio (s. VI) “bien redondeada” (eukykleos). Por si fuera poco, Plutarco y Proclo sostienen que para Parménides el Ser es “entero en sus miembros” (oulomelés), mientras que Simplicio, Clemente de Alejandría, Eusebio, Teodoro y Filopón dicen que es ‘único en su género’ (mounogenês). Seguro que hay quien diga que estas son variaciones semánticas menores, pero no os podéis ni imaginar la de interpretaciones que han dado de sí cada una de estas alternativas cuando se la toma como canónica.

3. Un último ejemplo (de los muchísimos posibles): la relación “soma” = “sema” que utiliza Platón en Gorgias 493 a. Con "soma" no hay problema, significa "cuerpo". Las cosas están más complicadas con "sema". Podemos traducir este segundo término como “tumba” o como “signo” (o “símbolo”). Platón parece querer decirnos que el cuerpo es tumba en tanto que símbolo expresivo del alma, ya que ésta sólo puede manifestarse a través de él. En este, como en otros muchos casos, la filología nos cede la palabra justo cuando la cuestión del sentido es la determinante. Pero no es lo mismo afirmar “el cuerpo es la tumba del alma” que “el cuerpo es el lenguaje del alma”. Por cierto, yo me quedo con esta segunda posibilidad.

5 comentarios:

  1. Tienes que reconocer que con "El cuerpo, lenguaje del alma", la imaginación se desborda. A mí, me lleva hasta Freud, pasando por Óscar Wilde, y la bloqueo justo a la entrada de mi cuarto de baño, antes del espejo.
    Sí, ya entiendo, que, en una u otra versión, nos jugamos toda una ontología.

    Recibido el correo. gracias. Me pongo a leerlo esta tarde; justo ayer había acabado una novela que recomiendo vivamente... No, mortalmente, más bien. No apta para deprimidos: "La carretera", de Cormac McCarthy. Un largo poema terrible. Un husmear en "el no-ser es" prohibido.

    Lola

    ResponderEliminar
  2. Entender el cuerpo como lenguaje del alma permite, además, establecer analogías sorprendentes entre Platón y la ontología de la carne de Merleau Ponty... O, dicho de otra manera, permite profundizar en la imagen fenomenológica de Platón.

    ResponderEliminar
  3. Hola Gregorio soy un aprendiz tuyo, me diste clases de "aprender a pensar" en ESDi, hoy viendo un video de mi mentor Angel Gabilondo en internet, me he vuelto a sentir (como decia Parménides) persuadido por la verdad. Te aconsejo que leas los 2 libros que tiene publicado ese Platon vivo.
    Te acuerdas de mi, soy el que salio a la pizarra un dia que tu nos explicabas la teorias de Kant sobre la moral y yo sali a la pizarra a escribir el poema de Machado:

    ¿Tu verdad?
    No, la verdad
    y ven conmigo a buscarla
    la tuya guardatela.

    ResponderEliminar
  4. pfff, vidilla señor Luri vidilla
    Un Abrazo

    ResponderEliminar
  5. Don Anónimo, me acuerdo tan perfectamente que incluso recuerdo su nombre.

    ResponderEliminar

Una pedagogía sacramental

Me atreví, tras vencer no pocas dudas, a escribir el prólogo de este libro que viene a defender lo que podríamos llamar una pedagogía sa...