martes, 24 de julio de 2007

Postales filosóficas: Maimónides

Moshé ben Maymon o Musa ibn Maymun, también conocido como Maimónides ("hijo de Maimon") o Rambam (el acrónimo de sus iniciales en hebreo), nació en Córdoba en 1135 y murió en El Cairo en 1204. Fue filósofo, teólogo, rabino y médico. No amaba menos este arte que los otros sublimes saberes, en los que sobresalió por encima de sus contemporáneos. Prueba de ello es esta oración que escribió en su condición de médico:

Señor... Llena mi alma de amor por el arte de la medicina y tus criaturas.

No permitas que la sed de lucro y la ansiedad de gloria influyan en el ejercicio de mi profesión, pues como enemigos de la verdad y el amor al prójimo, fácilmente podrían alucinarme y apartarme del noble deber de hacer bien a tus hijos.

Sostén las fuerzas de mi corazón para que siempre se halle presto a servir a ricos y a pobres, a amigos y a enemigos, a buenos y a malvados.

Haz que yo no vea en quien sufre sino el prójimo, que mi espíritu permanezca siempre claro junto al lecho del paciente, sin pensamiento alguno extraño capaz de distraerlo para que recuerde todo cuanto la ciencia y la experiencia me hayan enseñado (…).

Induce a mis enfermos a confiar en mí y en mi profesión, a obedecer mis prescripciones y consejos.

Aleja de ellos la turba de charlatanes, de parientes y de intrusos, cuyas miles de opiniones, inspiradas por la vanidad y por la presunción de saberlo todo, los hacen casta peligrosa que, frecuentemente frustra las mejores intenciones de la medicina y, conduce hacia la muerte de tus criaturas.

Si los ignorantes me critican y se mofan hazme una coraza del amor de la medicina que me conserve invulnerable para perseverar en la verdad a despecho del prestigio, de la edad y de la fama de mis enemigos.

¡Dios Mío! concédeme paciencia e indulgencia ante los enfermos tercos y malcriados.

Hazme siempre moderado, insaciable solamente en el amor a mi ciencia.

Aleja de mí la pretensión de saber y de poderlo todo.

Dame fuerza, voluntad y ocasión para acrecentar incesantemente mis conocimientos y descubrir en mi saber los errores ayer no sospechados.

El caso es que no sé si entregarle una copia a algún médico que conozco y a alguna altiva paciente impaciente.

10 comentarios:

  1. , cuando vayas por la calle, a uno que pasa le dices

    "hijo de Maimon"


    y si puedes lo cuentas aqui, 1que nos reiremos mucho.


    Tengo digitalizados los originales de éstos elementos, Averroes, Erasmo, etc.
    Claro escaneo de originales. es que algunos pues en los ratos perversos etc.

    Sobre todo etc.

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  2. No se autosugestione, Sr. Gregorio, haber ido al médico fue un error.

    Este verano quier escanear el tesoro de Covarrubias y colgar en la red algo parecido a esto: esto

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  3. Don Ignacio: Es usted un baúl repleto de sorpresas. Probaré lo de "hijo de Maimón" cuando me encuentre a alguien con suficientes garantías de salir victorioso (y no por piernas).

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  4. Tumbaito: Tumbaito, quien no se consuela es porque no es suficientemente inteligente para engañarse a sí mismo con verosimilitud.

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  5. Precioso texto Don Gregorio, en la vida hay de todo y en todos los quehaceres tambien, gente honesta, charlatanes etc. Pero le aseguro que este texto, tiene vigencia hoy, y me siento identificada al 100%, al igual que muchos otros compañeros, que a pesar de la sociedad en que vivimos estamos entregados por y para la medicina y los pacientes.Aunque no somos ni Enki's ni muchos otros que podian redibujar sus criaturas.

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  6. Ya me veo yo jurándole esto a alguien :)
    Besos, don Gregorio

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  7. Veo que en aquellos tiempos ya existían los que sabían tanto o más que el médico...

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  8. Glauka: Agradezco tus palabras. Si alguien sabe lo que quiere decir aquí Maimónides, eres tú. Con frecuencia pienso que tiene que ser mucho más difícil lidiar con el enfermo y la corte de entendidos que lo rodea que con su enfermedad.
    ¡Mis respetos!

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  9. Júlia: En estos últimos años en que mis visitas a los médicos menudean mucho mas de lo que me gustaría, me he encontrado más de una vez con el enfermo que acude al médico con su diagnóstico hecho y su prescripción definida. ¡Y pobre del médico como no esté de acuerdo!

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