viernes, 22 de junio de 2007

De amigos y enemigos

Ha levantado considerable revuelo entre los bienpensantes el reciente trato dado al déspota saudí por nuestras máximas autoridades. De hecho regresa a sus arenas de oro y sangre con un Toisón de Oro que le ha impuesto nuestro rey. No es un regalo cualquiera. Se lleva la condecoración mayor de la monarquía.

Que quede claro que no soy para nada simpatizante de ese país de cimitarras sangrantes y justicias incomprensibles. En cuestiones de la política exterior, ustedes me perdonarán, soy cada día un poco más hobbesiano. Los años no ayudan a mantener intactas las utopías. Tiendo, incluso, a desconfiar de quienes se jactan de querer hacer política exterior a base de armamentos morales y exportaciones masivas de códigos éticos. Fíjense ustedes si soy simple en estas cuestiones, que considero que son mis amigos aquellos países en los que no me importaría ir a vivir y enemigos aquellos otros en los que no se me ocurre ni ir a hacer turismo. He generado así una relación de filias y fobias que a mi me sirve para ir tirando. Por ejemplo: antes vivir en Tel Aviv que en Riad y, desde luego, mi hija me daría un tremendo disgusto si me dice que se casa con un talibán o un chico de Hamás, mientras podría hacerme hasta ilusión que se casara con uno de Nueva York, fuera republicano o demócrata. ¡Ya veis qué simpleza!

Pero si como ciudadano puedo permitirme tener preferencias y decidir quiénes son o no los míos; los países prudentes tienen la obligación de actuar de otra manera. Los países serios no tienen amigos, sino intereses. Y estos intereses se definen de acuerdo con relaciones de fuerzas, no por afinidades éticas. Yo ya sé que otro mundo es posible. Y eso me da bastante miedo.

Claro que sé que no todo el mundo está de acuerdo conmigo. Son, por lo que parece, muchos los que consideran que la ética debe ser el criterio primero de la política exlas 12:00terior y parecen convencidos de la posibilidad de crear un gobierno universal de las buenas voluntades. Lo suelen poner de manifiesto ruidosamente cuando nos visita algún presidente norteamericano. Lo que me sorprende es que no sean coherentes y se lancen a la calle cuando nos visita el monarca saudí.

Añadido:

A las 12:00 vuelvo a leer este post y me doy cuenta de que peca de ingenuidad. Para decir las cosas como son hay que añadir algo más, algo que, precisamente, es lo sustancial: Sólo los países grandes pueden permitirse tener intereses ideológicos en su política exterior. Los países pequeños no puedes sufragarse estos lujos. Bastante tienen con gestionar con criterios empresariales sus intereses económicos.

11 comentarios:

  1. Suscribo el post de la A al sarcasmo.
    De todos modos, en la bipolarización actual, me pregunto, a veces, por dónde anda Arabia. Y me dá que, de momento, a nosotros nos interesa que ande - o mejor que se quede quieta- exactamente por dónde sea que ande. No vayamos a empeorarlo. Es decir, ahora mismo una caída de los Saud no parece que sea como para celebrar.

    Lola

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  2. De acuerdo con el Post y Lola. Añado que no estoy muy seguro de que aquel país esté como loco por convertirse a una democracia. El problema de las monarquias absolutas, que son dictaduras a fin de cuentas, sería establecer la cantidad de daño que producen en relación con su equiparable democrático. Mientras tengan petroleo las prefiero estables, y cuando no tengan petroleo me va a acabar dando igual. Y si no es así, valdría la pena mirar a los nuevos administradores del petroleo venezolano o del gas boliviano.
    En esto, acabo aceptando que la ética debiera ser un valor absoluto y yo prefiero no ser demasiado absoluto.
    Resumo: Arabía sería moralmente mejor en una democracia, pero el conjunto de religión oficial, propiedad de los ingresos del petroleo mismo, población emigrante que actúa como proletariado y vecinos belicosos, no se yo que mix harían.
    Madrecita, madrecita, que nos quedemos como estamos.

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  3. ¿Qué interés, Sr. Gregorio, no le satisface el régimen saudí?

    ¿Su religiosidad católica?
    ¿Su feminidad?
    ¿Sus intereses económicos en las empresas de energías "límpias"?

    Poner en primer lugar los intereses en muy muchísimo peligroso. Básicamente, porque, por ejemplo, para justificar algo que es tan insignificante como coger un papel, meterlo en un sobre e introducirlo en una urna lo va a tener que realzar tirando del subjetivismo.

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  4. Tumbaíto, efectivamente: yo no me puedo aislar de mi subjetivismo. Por eso el país tampoco debe aislarse del suyo. Y no hay ninguna garantía de que ambos subjetivismos coincidan.

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  5. No hay que ser un lince para ver el problema. La carencia de España de petróleo y la abudancia del misma en Arabia Saudí.
    Dada la composición del mundo, hoy, como ayer, no se puede hacer política exterior con un libro de ética en la mano. Sería el hundimiento del país.
    Ahora bien, el libro de ética hay que tenerlo bien presente en lo que toca a los ciudadanos de tu pais. Y el fanatismo islámico tiene todas las papeletas para ser el gran problema del futuro. Los saudíes son de los que más hacen para que sea así. España, como dije en mi post sobre el tema, ha sido sembrada con mezquitas financiadas por dinero de allí. Son el matraz donde fermenta todo el fanatismo islámico.
    Quizás este gesto esté destinado al apaciguamiento. Que no nos toque demasiado cuando explote. Que vean que somos amigos de los musulmanes, al fin y al cabo hemos prpuesto la Gran Alianza. De ser cierto, sería sonrojante.

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  6. Siempre he creído que el subjetivismo no es más que aquel conjunto de conocimientos de una persona tal que sólo puede tenerlos esa persona o permanecer ocultos.

    No consigo entender que otra cosa podrían ser. Porque... ¿si la realidad es la respuesta, cuál es la pregunta?

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  7. Joseph: Este post nace a partir de la reflexión que me despertó el tuyo.

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  8. Tumbaíto: la realidad es la respuesta, de acuerdo; pero una realidad heterogénea: noéticamente heterogénea. Por eso respecto a la pregunta dos alternativas:
    1) La cínica: Ya que ante la realidad siempre se está en primera línea, ¿en qué parte de la realidad dónde recibiré menos hostias?
    2) Respuesta irónica (que es la cultural): ¿En qué parte de la realidad encontraré la salud?

    Me temo que no voy a convencerle, pero esto es lo que hay.

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  9. Yo siempre he pensado que en política exterior todo se planea y ejecuta con los principios económicos por encima de todos: Franco se llevaba bién con el comunista Castro, hoy Bush recibe con abrazos al primer ministro de Vietnam, etc. Estoy de acuerdo en que si encima eres un país pequeño... La pregunta. a esto que ha funcionado siempre, ¿puede seguir en mundo tan "uniformado" económicamente?.
    Saludos

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  10. La política exterior de los "paises" es lo mismo que la política exterior de las comunidades de vecinos o de cualquier persona. Y si en aquella no sirve la ética, en todas las demás tampoco. Así es que "la ley de la selva". Desesperante.

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