lunes, 4 de junio de 2007

Cabalgando sobre un burro

Advertí en su momento sobre el libro “Leo Strauss y el problema teológico-político”, escrito en alemán por Heinrich Meier. Me sorprendió muy desagradablemente que en la edición española, de Katz, se hubiera esfumado como por arte de magia una parte esencial del texto original: el “Apéndice” conclusivo del libro, que contiene dos conferencias inéditas de Strauss. La primera conferencia, titulada “The Living Issues of German Postwar Philosophy”, de 1940, contiene párrafos tan jugosos como el siguiente referido al pensamiento de Nietzsche:

“If I understand him correctly, his deepest concern was with philosophy, and not with politics (“philosophy and State are incompatible”); and that philosophy, in order to be really philosophy, and not some sort of dogmatism, is the shake of natural men, of men capable and willing to live ‘under the sky’, of men who do not need the shelter of the cave, of any cave.”

Pues bien, esta misma editorial, Katz, editó hace pocos meses “La ciudad y el hombre”, de Leo Strauss y, para redoblar mi sorpresa, me he encontrado con otra pifia, en este caso se trata de un grave error de traducción. En la página 325 puede leerse:

“La comprensión de las cosas universales y sempiternas, que atraviesa las ilusiones de las que depende la ciudad sana, sólo es posible para pensadores que doman leones.”

El texto de Strauss se las trae, ya que está defendiendo que la ciudad sana depende de ciertas ilusiones respecto a las cosas “universales sempiternas”, es decir, respecto a Dios o, lo que en su caso viene a ser lo mismo, la naturaleza. Pero no voy a entrar en esta cuestión sino en el final de la frase: “sólo es posible para pensadores que doman leones”, que debería haberse traducido de esta manera: “sólo es posible para pensadores que cabalgan sobre un tigre.”

No se trata de una mera cuestión estilística, porque la imagen de “cabalgar sobre un tigre” nos remite claramente -¡otra vez!- a Nietzsche, quien en “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, recogiendo un antiguo proverbio hindú ("quien cabalga un tigre, no se apea fácilmente de él") escribe este texto asombroso:

“En realidad, ¿qué sabe el hombre de sí mismo? ¿Sería capaz de percibirse a sí mismo, aunque sólo fuese por una vez, como si estuviese tendido en una vitrina iluminada? ¿Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso su propio cuerpo, de modo que, al margen de las circunvoluciones de sus intestinos, del rápido flujo de su circulación sanguínea, de las complejas vibraciones de sus fibras, quede desterrado y enredado en una conciencia soberbia e ilusa? La naturaleza ha tirado la llave, y ¡Ay de la funesta curiosidad que pudiese mirar fuera a través de una hendidura del cuarto de la conciencia y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia y, por así decirlo, pendiente en sus sueños del lomo de un tigre! ¿De dónde procede en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad?”

Si se omite el straussiano “cabalgar sobre un tigre”, es imposible descifrar las últimas palabras de “La ciudad y el hombre”:

“... la pregunta de una importancia fundamental, coetánea de la filosofía aunque los filósofos no la pronuncien con frecuencia: la pregunta quid sit deus”.

A veces lo de "traduttore tradittore" se cumple al pie de la letra.

4 comentarios:

  1. Don Gregorio, tras ponerlos a bajar de un burro, sólo se me ocurre una solución: Ofrézcase como revisor de traducciones de la infame editorial Katz.

    Porque, ya lo apuntaba ud en palabras de Cioran: "Sólo se pueden traducir los autores sin estilo. De ahí el éxito de los mediocres, que pasan fácilmente a no importa qué lengua".

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  2. Como la letra impresa es la letra impresa, es una verguenza que por mucha "fe de erratas" que haya, si las hay, "Lo que está escrito, escrito queda"
    El texto de Nietzsche magistral
    ¡Cómo se nota que bebió de las fuentes de “Las Upanishad"¡

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  3. A este respecto, y dado que aún no se han suscitado demasiadas opiniones, quería hacer, a quien quiera responder, una pregunta, respecto de la cual yo no tengo una determinación clara: ¿qué es mejor, una mala traducción, o que no exista ninguna traducción?
    Pueden imaginar fácilmente el contexto: un autor relativamente marginal, o desconocido en un idioma dado; aut: una mala traducción; aut: años, lustros, decenios tal vez, de larga espera.
    Un saludo.

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  4. El problema de las malas traducciones se podría solucionar con buenas críticas.Estoy pensando ahora en la lamentable reseña que le dedicó a "La ciudad y el hombre" Enrique Lynch en "Babelia". Si no se entiende nada de un libro sería aconsejable no cometer la imprudencia de comentarlo.

    Respecto a si es mejor una mala traducción que la ausencia de traducciones, hoy, es decir, en 2007, me parece mucho mejor no traducir y recurrir al original a través de Amazon.

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