sábado, 23 de junio de 2007

Postales filosóficas: Diógenes el Cínico

Diógenes divisó un día a una mujer prosternada ante los dioses de una manera inconveniente. Queriendo arrancarla a la superstición, se acercó a ella y le dijo: "¿No temes, hija mía, que un dios venga a colocarse por azar detrás de ti –pues todo está lleno con su presencia-, en cuyo caso tu postura será inadecuada?"

Durante un banquete, algunos comensales le echaron huesos como si fuera un perro: él resolvió la situación yendo a orinar sobre ellos como un perro.

En verano se revolcaba en la arena ardiente y en invierno se abrazaba a las estatuas cubiertas de nieve, ejercitándose ante todo tipo de adversidades.


John William Waterhouse, Diógenes

Habiéndole uno invitado a entrar en su lujosa mansión, le advirtió que no escupiese en ella, tras lo cual Diógenes arrancó una buena flema y la escupió a la cara del dueño, para decirle después que no le había sido posible hallar lugar más inmundo en toda la casa.

Observando cierta vez a un niño que bebía con las manos, arrojó al suelo el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: “Un niño me superó en sencillez”. Asimismo se deshizo de su escudilla cuando vio que otro niño, al que se le había roto el plato, recogía sus lentejas en la cavidad de un pedazo de pan.

Platón había definido al hombre como animal bípedo implume, y su definición obtuvo gran fama. Diógenes desplumó un gallo y lo introdujo en la escuela, diciendo: “Este es el hombre de Platón”. A consecuencia de ello, se añadió a la definición: “Con uñas anchas”.


Diógenes, en la Capilla Sixtina -¿leyendo, quizás, un diálogo de Platón?

Proclamaba que los dioses habían otorgado a los hombres una vida fácil, pero que estos lo habían olvidado en su búsqueda de exquisiteces. Por eso, a uno que estaba siendo calzado por su criado, le dijo: “No serás enteramente feliz hasta que tu criado te suene también las narices, lo que ocurrirá cuando hayas olvidado el uso de tus manos”.

Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: “Me ejercito en fracasar”.

A quien le dijo: “Muchos se ríen de ti”, le contestó: “Pero yo me tomo en serio”.

Preguntándole uno de dónde era, respondió: “Ciudadano del mundo”.

A uno que le reprocho: “Te dedicas a la filosofía y nada sabes”, le respondió: “Aspiro al saber, y eso es justamente la filosofía”.

"Diogenes", Jean-Léon Gérôme, 1860, Walters Art Museum, USA

Solía hacerlo todo en público, las obras de Deméter y las de Afrodita. Y lo justificaba argumentando que, si comer no es un absurdo, no es absurdo hacerlo en la plaza pública; y como resulta que comer es natural, también lo es hacerlo en la plaza pública. Se masturbaba en público y lamentaba que no fuera tan sencillo verse libre de la otra comezón del hambre frotándose las tripas.

Ridiculizaba la nobleza de cuna, la fama y distinciones similares. La verdadera ciudad es el universo. No reconocía el matrimonio, sino la unión libremente consentida entre hombre y mujer.

Se dice que estaba cercano a los noventa años en el momento de su muerte. Respecto a la misma, corren diversas versiones. Según una, le sobrevino un cólico a consecuencia de la ingestión de un pulpo crudo, hallando así la muerte. Según otra, acabó con su vida voluntariamente, mediante la contención de la respiración. Esta versión es la seguida por Cércidas de Megalópolis que escribió:

El en otro tiempo ciudadano de Sínope,
el hombre insigne que usó bastón, dobló su manto y vivió al aire libre, ya no existe.
Marchó, contra los dientes apretando los labios,
conteniendo así el aliento. Eras, Diógenes, verdadero vástago de
Zeus, celeste perro.

Aún otra versión asegura que, mientras echaba un pulpo a los perros, uno de éstos le mordió en el tendón del pie, y esta mordedura le causó la muerte. Sus amigos, sin embargo, creían que había muerto por retención del aliento.

Se originó, según cuentan, una disputa entre sus amigos, respecto a quienes habían de enterrarlo, y hasta llegaron a las manos. Al fin, se presentaron los ancianos y notables de la ciudad y fue enterrado por éstos junto a las Puertas que conducen al Istmo. Sobre su tumba colocaron una columna y, sobre ésta, un perro de mármol de Paros. Más tarde, sus conciudadanos honraron su recuerdo con estatuas de bronce, en las que inscribieron estos versos:

Hasta el bronce envejece con el tiempo.
Pero tu fama, Diógenes, pervivirá eternamente.
Pues tú sólo enseñaste a los mortales la doctrina de la autarquía
y les mostraste la manera más sencilla de vivir.

Algunos aseguran también que, al morir, expresó su deseo de quedar insepulto, para que todos los animales pudieran alimentarse de él; o bien le echaran a una fosa y esparcieran un poco de polvo sobre su cadáver. De acuerdo con otras versiones sus instrucciones fueron que se le arrojara al río lliso para poder así ser útil a sus hermanos (¿?).

Demetrio, en sus "Homónimos", afirma que murió en Corintio el mismo día en que Alejandro moría en Babilonia. Era ya un hombre anciano.

25 comentarios:

  1. Hermosa, docta y melancólica postal
    Comparto algunos síndromes con su psiquiatra (:-)) y me temo que también con Diógenes... el filósofo.

    La capa caída que tengo yo ultimamente sólo se arregla con otro porta´til. Que estoy de copiar y pegar hasta el moño y tal asunto no me deja extenderme nada y me parezco al Diógenes actual ajuntando hardware basura ;)

    besos

    ResponderEliminar
  2. Lo pregunto porque no lo sé: ¿Hay otra civilización que haya asumido como héroe a alguien que se ejercita en fracasar? ¿Alguna, con un Dios mártir?
    Ahí estaría, en todo caso, nuestra grandeza y también el germen de nuestra derrota.
    De Diógenes a los okupas actuales, o la decadencia de Occidente.

    Lola

    ResponderEliminar
  3. Me han encantado las pinceladas de Diógenes, especialmente esta:

    Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: “Me ejercito en fracasar”.

    Genial! Por cierto, apoyo la versión de muerte por contención de respiración. Digna de él...

    ResponderEliminar
  4. Siempre he creído que la historia de occidente es UNA GRAN MENTIRA. Y dentro de esa gran farsa que es esa historia los cínicos huelen a farsa ad nauseam.

    ResponderEliminar
  5. Hay que ver que mal trato le han dado al filósofo con eso del 'síndrome de Diógenes'.

    Lo del fracaso y la estatua siempre me ha gustado, desde la primera vez que lo leí.

    ResponderEliminar
  6. ¿Hay siquiera posibilidad de historia -incluyendo la individual, minúscula biografia- sin alguna que otra gran mentira?
    La lucidez quizá consista en conocerla (o sospecharla) y, a pesar de todo, amarla. Lo cual nos lleva a la ironía. Conocer y amar es necesariamente situarse en la ironía; no conozco un lugar mejor.

    Lola

    ResponderEliminar
  7. Ilustrativo resumen. La duda que me cabe es en dónde acabaría Diógenes si regresara a nuestro tiempo: ¿expulsado de la ciudad con un billete de tren o autobús que le facilitarían los Servicios Sociales?, ¿en un psiquíatrico? ¿o como estrella fulgurante de los programas telebasura? ¿En las tres situaciones, sucesivamente?
    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Lola: Esa es una pregunta importantísima, que yo tampoco estoy en condiciones de contestar. Pero me parece que lo que nos caracteriza, como cultura, es la exaltación del fracaso, hasta del rebelde sacrílego fracasado (Prometeo). Nietzsche dice algo a po0rpósito de esto en algún lugar de El nacimiento de la Tragedia.

    ResponderEliminar
  9. Castadiva: Se dice de varios filósofos que murieron por contención de la respiración. No estoy seguro de que sea posible. Ma si non es vero...

    ResponderEliminar
  10. Tumbaíto: Siempre me sorprende usted. ¿Acaso la cultura, en su conjunto no es una defensa irónica contra el cinismo de la naturaleza?

    ResponderEliminar
  11. Júlia: La de la estatua es también mi anécdota preferida de Diógenes.

    ResponderEliminar
  12. Lola: Claro. Creo que era Nabokov quien decía que la historia de la literatura comenzó con Pedro y el lobo. Y la de la ciudad, con un fratricidio. Recordemos que la ciudad es un invento de Caín.

    ResponderEliminar
  13. Juan Domingo: Diógenes era muy querido por los atenienses. No sé lo que haría hoy, pero desde luego, sería frecuente noticia den la tele. Ya se encargaría el de eso.

    ResponderEliminar
  14. Pues no. La cultura desde su origen fue una busqueda de ciertas regiones de la realidad; o sea, el vencimiento del erial.

    ResponderEliminar
  15. Tumbaíto: No tengo inconveniente en aceptar su metáfora. Pero es evidente que el erial siempre se reserva la última palabra. Por eso la cultura es la pugna de la ironía contra el cinismo. El cinismo siempre acaba venciendo.

    ResponderEliminar
  16. ¿Verdad que le dedicará un post a la ironía?

    ResponderEliminar
  17. Aunque devótamente seguro que nunca ha dejado ninguno por dedicar.

    ResponderEliminar
  18. Quien estaba postrado a los dioses con el pompis hacia afuera era un muchachO (ojo las traducciones suavizadoras). Dos anécdotas muy muy famosas de él son:
    1) Cuando encontró un farol y en pleno día empezó a caminar con él diciendo "Busco un HOMBRE". El resto le decía "Pero si acá estamos nosotros!" y él respondía "Dije HOMBRE, NO MIERDA".
    2) Tomaba sol junto a su barril y aparece Alejandro, el Magno, el más poderoso soberano del mundo, que -educado en la filosofía- viendo a un sabio en esas condiciones le ofrece que le pida lo que quiera, y él se lo concedería. Diógenes responde "Bueno, entonces quítate del sol, que me haces sombra"...
    El poderoso se fue murmurando "Me gustaría ser Diógenes... si no fuera que soy Alejandro"!

    ResponderEliminar
  19. Seleccionator, bienvenido desde Trapananda y gracias por tu aportación.

    Pero...
    Me imagino que trabajamos con fuentes distintas. Yo me he basado en "Las vidas de los filósofos" de Diógenes Laercio y aquí:

    1. Parece claro que la postrada ante los dioses es una mujer: "gynaîka" (VI, 37).

    2. Respecto a "busco un hombre", creo que mezclas dos anécdotas en una.
    En la primera (VI.32) Diógenes está convocando a gritos a los hombres, y cuando llegan ante él les dice que ha convocado a hombres, no a "kathármata" (yo no traduciría esta palabra por "mierda", pero bueno...).

    La segunda (VI.41) está con un farol a pleno día buscando un hombre y no encuentro la manera de traducir el texto como tú propones.

    En cualquier caso, gracias. Siempre es un placer volver al texto griego en busca de detalles perdidos.

    ResponderEliminar
  20. Conocen a alguna secta o a alguien en la actualidad que sea lo mas parecido a Diogenes?

    ResponderEliminar
  21. DIOGENES ES INMORTAL.REALMENTE VIVIO Y MURIO COMO TODOS ESPERABAN PORQUE FUE ORIGINAL,DE OTRA MANERA HBIESE SIDO COPIA Y NO ERA SU PARADIGMA.LOS HEROES TIENEN SU ESTILO Y LA AUTARQÍA UNIDO AL ARETÉ ES UNA COMBINACION PERFECTA. ARMANDO MONZÓN CORDERO.armandorafael955@hotmail.com

    ResponderEliminar
  22. Os invito a darse una vuelta por mi blog dedicado a la filosofía, y en especial a Diógenes Cínico. elcinosargovirtual.blogspot.com

    ResponderEliminar
  23. El sindrome de Diogenes es injusto, Diogenes fue un sabio en su época y lo sería en la nuestra.

    ResponderEliminar
  24. Mi preferida es aquella respuestas cuando fue expulsado de su ciudad natal: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.»

    ResponderEliminar

Yo quisiera ser vago...

En El Subjetivo