jueves, 14 de diciembre de 2006

Raimundo Lulio II

Abandonamos a Raimundo Lulio (que no nació con este nombre, sino con el de Ramón Lull) tras haber repartido su herencia entre los pobres y dejando, se supone, a su familia a dos velas. Pero no conviene tomarse a pie de la letra todo lo que se dice de Lull. De haber repartido todo no le hubiese quedado dinero para comprar un esclavo musulmán con cuyo trato pudiera aprender el árabe. Algunos dicen que era un esclavo africano, pero es más probable que se tratase de alguno de los musulmanes de las islas que habían sido conquistados hacía pocos años. En cualquier caso, ya tenía decidido dedicar su vida a la conversión de la morería. Para ello además de aprender árabe se propuso refutar de manera definitiva la filosofía de Averroes.

Su trato con los musulmanes no iba a ser nada fácil. El primer aviso lo recibió con este esclavo, que en cuanto se enteró de los propósitos de su amo decidió matarlo, clavándole un cuchillo en el vientre. Ya se sabe que los partidarios de las diferentes verdaderas religiones suelen ser muy celosos de sus verdades. No consiguió su criminal propósito porque a los gritos de Lull acudieron inmediatamente unos cuantos vecinos que pudieron poner remedio a la fechoría. Este hecho tuvo lugar en 1271. Al reponer se de su herida, Lull se retiró a Randa, un lugar montañoso cerca de Palma, donde -según algún cronista- habitaba en una cueva angosta y resquebrajada, entre cardos espinosos y bandadas de jilgueros.

Un día se presentó en la cueva un joven pastor que inmediatamente trabó conversación con el eremita sobre las bondades de Dios y las sublimidades del cielo. Como sabía mucho para ser un simple pastor, Lull no tardó en descubrir que se trataba de un ángel del Señor. Al ser reconocido, bendijo a Lull profetizándole que con su apostolado haría gran bien al mundo. Y desapareció. Pero el eremita se quedó con su luz, que había iluminado su inteligencia, y gracias a ella pudo escribir, en el año 1275, su Ars major sive generalis. Inmediatamente después dio comienzo a sus viajes.

Continuará.

7 comentarios:

  1. Mola lo de la cueva. Me encantan mis arcanos número nueve. Incluiré a este Ramón entre ellos. Siga, siga Don Gregorio... qué gusto :)

    Besos

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  2. Lo que yo me pregunto es: ¿el esclavo infiel le devolvió a su amo el dinero de la compra de su libertad tras la deslealtad? ¿O no llevaba garantía?

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  3. De la cueva al barco...Lo que más me apena que no queden ahora ángeles de luz. Besos.

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  4. Kasandra, seguiremos. No sabía yo que le interesasen las cuevas. ¿Conoce usted "El antro de las ninfas", de Porfirio? ¿Y la historia del médico tracio Zalmoxis?

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  5. Isabel: Quienes disfrutamos de la teoría, una de cuyas manifestaciones más sublimes consiste en la contemplación de la belleza transeunte, hemos visto a más de un ángel de luz. Pero, desgraciadamente, inasible.

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  6. No, Don Gregorio. Pero a ver si le pongo algún remedio. Y sí, las cuevas me flipan. Una manía de los últimos años :)

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Reseña en Libros de Cíbola