miércoles, 13 de mayo de 2026

Una cerveza y unas chips

Ayer, haciendo caso a consejos insistentes de personas que me aprecian, fui a otro traumatólogo, a enseñarle mi maltrecha rodilla izquierda. Lo primero que me dijo es que la derecha tampoco la tenía muy bien, cosa que ya intuía yo. Pero la bomba vino después. «Usted no tendría que haber sido operado», me dijo con cara muy seria, y me explicó por qué en mi caso la operación era la peor de las opciones. Me sentí, de repente, pequeño, ridículo y confundido. Y la cosa fue a peor cuando me dibujó las opciones que tenía delante. Al salir de la consulta llovía. Y me sentía mal. Creo que por primera vez entendí a qué se refería Rousseau cuando decía que la felicidad consiste en no sentir vacíos en el alma. Entré a un bar, pedí en la barra «una cerveza y unas chips» y me senté a recomponer mis ideas. El camarero me puso sobre la mesa dos botellas de cerveza, una de ellas sin alcohol. Ante mi extrañeza, me aseguró que eso era lo que había pedido, «una cerveza y otra sin». Definitivamente, ayer no fue el mejor día de mi vida.

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