Abro un libro que me han recomendado encarecidamente y a las pocas páginas se me cae de las manos. Ni me interesa lo que dice ni me llama la atención cómo lo dice. Miro la foto del autor y lo primero que pienso -con un pelín de sadismo- es algo que es educado callar. Miro también de reojo la torre de Pisa que tengo aquí, a mi lado, de libros por leer y abandono el que me estaba okupando la atención en el montón de los libros que nunca leeré. Menos mal que de vez en cuando hago limpieza y tiro los libros de este montón al contenedor del papel, porque si los guardase, hace tiempo que no cabría en mi propia casa. Elijo Las memorias íntimas del coronel Fernando Fernández de Córdova, marqués de Mendigorría, e inmediatamente me siento en casa. Ya tengo edad para proteger, con uñas y dientes, mi espacio de bienestar literario contra cualquier tipo de intruso, por muy d emoda que esté.
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