¿Puede ser buena una persona sin coraje? Esta pregunta se la hizo Jung y la recoge hoy Jordan Peterson. Su respuesta, clara y rotunda, es que no. El hombre blandengue -que diría El Fary- no tiene lo que hay que tener para ser moral: energía. La moralidad no es, en el fondo, otra cosa, que la canalización del coraje. Y si no hay nada que canalizar, podemos encontrarnos con una persona con una felicidad bobalicona y gallinacea, pero incapaz de proponerse metas ambiciosas, de tomar decisiones claras, de combatir contra tentaciones fuertes... o con una persona mezquina que busca su valor en sus heridas. La moral, y creo que tienen razón Jung y Petersen- tiene que ver con la manera de vivir en la intemperie. Pero, y aquí viene lo que importa, en nuestros días la defensa del coraje o la virilidad o la capacidad de echar los redaños, es vista con reticencias.
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