martes, 31 de marzo de 2026

Un momento surrealista

No me gustan los taxistas dicharacheros que hablan por los codos, pero no hay manera de evitarlos. Cuando te toca uno, no puedes salir del taxi en marcha... aunque lo que me pasó el jueves pasado en Pamplona casi me empuja a bajarme en medio de la carrera. No lo hice porque iba con retraso a una reunión. El hombre estaba, posiblemente, bajo los efectos de algún tipo de excitante. Comenzó contándome que había llevado un travesti a una dirección y que a media carrera recibió una llamada de una voz masculina que le hablaba al travesti con obvia familiaridad. Le dijo que en la puerta de casa estaba su mujer esperándolo y que subirían las dos en el ascensor. No me ahorró detalles del físico de la travesti y de la mujer, quien, efectivamente, esperaba en el lugar de destino. Escuché en silencio y con cara seria, sin dar ninguna señal de complicidad. Quizás confundió mi perpleja mudez con interés y me añadió otra historia en un caserío de las proximidades de Pamplona, una orgía de la que no me ahorró detalles, por 150€ de nada. No me ocultó ni tan siquiera lo que tuvo que contarle a su mujer para justificarle que llegaba a casa a altas horas de la madrugada. Yo seguía en silencio con la sensación de estar viviendo un momento surrealista. Al llegar a mi destino le pagué y salí. Entonces él se bajó del coche, corrió hacia mí y poniéndome la mano en el hombro me dijo: «Pues no te vas a creer lo que me paso con una de Tafalla». En este caso ya no le escuche. Le dije que tenía prisa y entré en el hotel sin mirar atrás.

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