El filósofo John Searle insistía en esta verdad de Perogrullo: los ordenadores tienen sintaxis, pero no semántica. Es decir, saben cuál debe ser el orden de los elementos de una oración, pero ignoran completamente el significado de la oración. Juegan con símbolos de la misma manera que un ciego puede jugar con colores. Si esto es así, entonces lo que tenemos que fortalecer en nuestros alumnos es la semántica. Sobre esto escribí un artículo recientemente. Para un hablante cualquiera el significado de una palabra es la extensión de su uso. La palabra "mamá" significa todo aquello a lo que puede llamar "mamá". Lo que caracteriza el lenguaje del niño es la limitación de la extensión del uso de su vocabulario. "Mamá" significa su propia madre y nadie más. Para que adquiera el concepto de "mamá" debe conocer sus usos posibles. Solo cuando el concepto está bien asentado es posible la transferencia de conocimientos relativos a las "mamás" y ver la diferencia entre la expresión "madre no hay más que una" "madre, no hay más que una (sartén limpia)". Pues bien, el papel de la escuela es ayudar al alumno a pasar del uso connotativo del lengua (madre = mi experiencia de a quién se puede llamar madre) al denotativo (madre = la definición de madre). Cuando planteo esto ante los maestros, enseguida se soliviantan y me dicen que la escuela está también para trabajar la socialización, las emociones, el pensamiento crítico o la creatividad. ¿Pero es que lel lenguaje de la socialización, las emociones, el pensamiento crítico o la creatividad tiene sintaxis pero no semántica?
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