Cuando miro hacia atrás siento el vértigo del azar. Todo lo importante que me ha sucedido parece azaroso. Si no hubiese estado allí aquella vez, si en vez de girar a la izquierda hubiese seguido para adelante, si me hubiese matriculado en aquello, si hubiese permanecido callado en vez de hablar... y, sin embargo, siento que soy el autor de mi biografía. Es cierto que me ha gustado arriesgarme, que siempre que me han ofrecido algo que hasta aquel momento me parecía remoto e inaccesible, he dicho que sí, es decir, que me ha gustado elegir lo improbable por los caminos inexplorados que abre, pero es muy extraño ese «mi» que utilizamos espontáneamente cuando decimos «esta es mi vida», «este es mi pensamiento» o, incluso, «mi cuerpo es mío». Sin embargo lo que en la vida pensada parece extraño y opaco, en la vida vivida discurre con normalidad, sin aspavientos. Por eso estoy cada vez más de acuerdo con Rousseau en que somos animales enfermos. Lo que pasa es que esa enfermedad, real, es la cura de nuestra animalidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.