Decía Clarín que los amigos son las partes de nuestra alma que tenemos repartidas por el mundo. Así es. Por eso la desaparición de un amigo significa la pérdida de una embajada sentimental en una parte del mundo que cae, de repente en la oscuridad. Ya no te llegarán más mensajes de allí. Nadie te dirá a ti, y solo a ti, qué tiempo hace por allí, cómo van creciendo los nietos, qué libros recientes te han impresionado. Nadie te revivirá recuerdos en común que tienen como marco los lugares de nuestra amistad. De aquí en adelante la memoria está condenada al monólogo silencioso. Hemos perdido una parte de nuestra alma que no tiene reemplazo.
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