lunes, 25 de octubre de 2010

La tiranía de las buenas intenciones


Con frecuencia al participar directamente en un debate educativo tengo la sensación de estar siendo un cobarde por no arremeter con más firmeza contra la tremenda tiranía de las buenas intenciones.

Nuestra pedagogía está prisionera de unas intenciones tan grandes, tan nobles, tan honestas, tan filantrópicas, que nos impiden ver, como los árboles del dicho, la realidad. 

No es que no se vean las enormes reticencias que presenta la realidad a la hora de responder a nuestras nobles exigencias, es que la cosa más fácil del mundo es echarle la culpa de estas retiencias a los otros. En los últimos años me parece evidente que estos otros que están pagando el pato de la terquedad de la realidad son los docentes y, muy especialmente, los directores.

¿Cuántas veces he oído decir últimamente que lo que nos hace falta es un maestro con otra formación? Lo peor es que esto suelen decirlo los que forman en las facultades a las nuevas hornadas de docentes, que, entre vosotros y yo, tampoco son nada del  otro mundo.

¿Cuántas veces he oído también decir que lo que nos faltan son directores que estén dispuestos a  echarse sobre los hombros la gestión del centro? En realidad lo que nos faltan son directores, tout court, y, al menos en Cataluña, los que hay no sobresalen por su optimismo.

Medidos desde la altura de la hipérbole lo que vemos es la obviedad de que los docentes van menguando a medida que nuestras exigencias aumentan.Nada fuera de lo normal. Pasaría lo mismo con los médicos, los abogados, los basureros, las panaderas... y los padres.

Cuanta menos relevancia concedamos en el aula al programa (al curriculum) y cuanto más insistamos en atender a las demandas inmaculadas de las grandes intenciones,  más relevancia va adquiriendo la personalidad del maestro. Si el centro de la clase es el programa, la misma objetivación diáfana de la tarea hace muy fácil la selección de buenos maestros, pero si el centro es  la personalidad de un maestro multitareas, infatigable, siempre optimista, siempre atento a cada una de las necesidades de individuos cada vez más diversos, siempre dispuesto a dedicar un poco más de tiempo a  su trabajo, siempre receptivo a las innovaciones introducidas por la legislación de turno, siempre colaborador con los equipos docentes, etc, etc., entonces es que nos hemos dormido a las puertas de la escuela con un ideario entre las manos.

Evidentemente tienen toda la razón del mundo los críticos de los docentes: Si tuviéramos unos maestros excelentes, todo sería más fácil. Pero la pierden cuando se olvidan de generalizar esta máxzima y aplicarla a todos los órdenes sociales y aún naturales.


6 comentarios:

  1. He pensat que aquest article et podria interessar:

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  2. I tant que m'interessa.... encara que no sigui per la seva capacitat per a suscitar el meu acord.
    Gràcies.

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  3. Don Gregorio

    Tremendo deja vu que he tenido en estos instantes...

    Y bueno el resultado de tanta buena intención es un mayordomo que ha abandonado todo poder real de formar (es mas un perseguidor) o del educando que pasa a ser una especie de cliente que siempre tiene la ...episteme.

    Nos fuimos al otro lado del pendulo

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  4. Esas "buenas intenciones" nunca me han parecido ni inocuas ni desinteresadas, y han ido anulando el espacio del profesor, su papel de transmisor de conocimientos, convirtiéndolo en una especie de guía del aprendizaje del alumno (constructivismo logsiano), en un burócrata generador de papeles, y en un guardián de urinarios.
    Saludos.

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  5. Este año estoy en primero de ESO, "bona canalla", que diríamos en catalán, pero es como si llegasen medio "asalvajados", hábitos aprendidos a medias, un porcentaje muy elevado de alumnos con dificultades de comprensión y atención, gritan más que hablan, otro tanto con muy poca capacidad de automotivarse... Algunos compañeros me dicen que es normal, que antes también éramos así pero no nos acordamos... No pretendo culpar a nadie, pero conllevar esto junto al 1x1, los planes individuales, la programación por competencias básicas, etc. es tarea que en el día a día mina la capacidad del profesor que se propone tomarse en serio su trabajo.
    Por otro lado, don Gregorio, a veces pienso que usted debe de granjearse alguna que otra "enemistad" entre las mentes pensantes de nuestra pedagogía...

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  6. La gran mayoría de los que forman a los docentes no tienen ninguna experiencia práctica, única carrera 'práctica' en la que sucede tal cosa. Por otro lado, totalmente de acuerdo con José Miguel y me callo que ya estoy jubilada.

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