martes, 26 de octubre de 2010

Intento de respuesta maquiavélica a MLL

I
La pervivencia tanto de una secta como de una república depende, según Maquiavelo- de su capacidad para transformar su origen en un mito fundacional que explique de manera gloriosa la instauración de una nueva legitimidad. La legitimidad la proporciona el narcisismo colectivo que es capaz de  provocar el origen (y pocos orígenes hay legítimos).

II
La fundación es en su origen una sustitución o, con más precisión, una usurpación de un terrreno con pobladores más antiguos a los que se expulsa o somete y/o una imposición de una nueva soberanía. Los perdedores nunca han tenido razón... excepto en el caso (véase lo ocurrido con  Grecia y Roma) de que se hayan impuesto culturalmente a sus vencedores.

III
Para que la usurpación sustente legítimamente la nueva soberanía, el nuevo gobernante debe hacerlo todo nuevo y debe garantizar que todo lo nuevo sea respetado, . Para ello ha de instaurar nuevas autoridades con nuevos nombres y títulos y, sobre todo, ha de implantar un nuevo orden social, haciendo pobre al rico y rico al pobre. Maquiavelo encuentra un modelo bíblico: el del rey David, que al coronarse, “esurientes implevit bonis, et divites dimisit inanes” (a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos los despidió, dejándolos en la miseria). En suma el creador de un nuevo régimen no debe dejar títere con cabeza, sin  dejarse arrastrar por la tentación de las vías medias (al vencido deberá negarle completamente la voz). Al principio de todo régimen lo que se encuentra es, pues, el terror, no la armonía o el amor.

III
La referencia al rey David se encuentra en Discursos I, 26... pero también en el Magnificat.

IV
Le cedo la palabra a Leo Strauss: “El rey David fue entonces un tirano. Siendo un tirano actuó como actúa Dios de acuerdo con el Magnificat. Es repugnante para mí explicar completamente la blasfemia que Maquiavelo fuerza a sus lectores a pensar”.

V
El capítulo VI del Príncipe está dedicado a los príncipes que han conquistado su posición por sus propias armas y virtud. Maquiavelo aduce los ejemplos de Moisés, Ciro, Rómulo y Teseo. La virtud del príncipe se mide por sus éxitos sobre la fortuna.

VI
Obviamente Strauss nos está pidiendo en IV que no pensemos en un elefante.

VII
No hay régimen que se sustente si no es capaz de apoyarse en una estética. Ergo cada régimen prohíbe  algunas formas de representación (no hace falta que lo haga con leyes explícitas... basta con que dejen de  estar de moda: pienso en la estética carlista de las primeras décadas del siglo XX, pero si algo abundan son los ejemplos: en toda guerra -véase la Fría- hay inevitablemente un frente estético).

3 comentarios:

  1. Déjeme que piense... MLL

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  2. Salmo 137:
    A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión; en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras.
    Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!»
    ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña?
    ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!
    ¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!
    Acuérdate, Yahveh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!
    ¡Hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste,
    feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!

    Vía

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  3. Alberto: ¿Cuántos intentos modernos han intentado rebajar el dramatismo del v.9! Pero la imprecación está ahí, al final de un poema bellísimo en el que la fértiles aguas de un río extranjero despiertan en la añoranza de las sequedades de las tierras propias.
    Gracias.

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