miércoles, 2 de mayo de 2007

Sarkozy II

II

El neoconservadurismo galo

Las conexiones del neoconservadurismo americano con intelectuales europeos vienen de lejos. Entre sus predecesores comunes habría que citar de manera destacada a Koestler, Orwell y Raymond Aron. Este último fue el principal responsable de la difusión de las ideas del neoconservadurismo americano en Francia a través de la revista Commentaire, creada a imagen y semajanza del Commentary americano. A través de este medio llegaron a Europa las ideas de Allam Bloom y Fukuyama, por ejemplo. Aron y Strauss eran amigos desde los años en que ambos estudiaban en Berlín y animaron a sus mejores alumnos a cruzar el atlántico para ir a estudiar a Chicago o a París.

Me temo que ninguno de los que voy a señalar a continuación como neoconservadores franceses estará muy de acuerdo conmigo. La palabra, evidentemente, está muy desgastada, pero me parece que Alain Finkielkraut, Bernard Kouchner, André Glucksmann, Pierre Manent o Marcel Gauchet (incluyo también al recientemente fallecido Jean-François Revel) comparten, además de su origen, situado mayoritariamente en las filas de la izquierda, algo más que un aire de familia ideológico. Los une, a mi modo de ver, una común voluntad atlantista, una concepción hobbesiana de la política (al menos de la política exterior) acompañada de un profundo escepticismo sobre la posibilidad de modificar culturalmente la naturaleza humana; un apoyo firme a Israel y una cierta decepción europea. Ven a Europa como un organismo cansado, torpe e indeciso que ha perdido el nervio militar y la claridad moral, aunque no por ello se ha resentido su desmesurada autoestima. Fue Revel quien formuló por primera vez el concepto de "derecho de injerencia" que posteriormente Bernard Kouchner y el profesor de derecho internacional Mario Bettati han reformulado como “deber de injerencia”, en clara oposición a la política exterior de Chirac.

Quien primero se preocupó de analizar el antiamericanismo europeo fue Jean-François Revel , en su libro “La obsesión antiamericana”. Según Revel, los europeos hemos despreciado y con similares fórmulas, a Reagan y a Bush, la intervención miliar estadounidense en el exterior y su aislacionismo. ¿No será la impotencia efectiva Europea lo que alimenta nuestra obsesión por la hiperpotencia americana? Europa no acepta el mal en el mundo como una realidad de la naturaleza humana, así que lo ha desplazado hasta la cultura norteamericana, donde encuentra la causa de todo cuanto detesta. Los americanos han sido transformados por los europeos en el ejemplo de todo aquello que no nos gustaría ser. Desde la perspectiva europea los americanos son los malos de la película precisamente por creer en la existencia del mal en el mundo.

Mañana seguiré con Finkielkraut

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