viernes, 3 de abril de 2020

Días de coronavirus. 36. Caverna

Me pregunta pello@ugleskola.org cuál sería la lectura correcta de Platón con respecto a la salida de las caverna.

No tengo hilo directo con Platón. Pero tampoco parecían tenerlo sus sucesores en las Academia, ya que pronto se observó en la misma una clara deriva escéptica. Las interpretación del platonismo en clave escéptica tuvo una larguísima historia. Por poner dos ejemplos, ahí están los Prolegómenos a la filosofía de Platón, escritos por un maestro de una escuela platónica posterior a Proclo o los platonistas ingleses del entorno de Grote que dieron forma a la filosofía utilitarista a partir de una minuciosa lectura del vocabulario de la utilidad en Platón, preferentemente en el Protágoras.

Pero sin tener hilo directo con Platón, de una lectura minuciosa de la República es fácil deducir que se trata éste de un diálogo que pretende más curar al lector de toda tentación de idealismo político, que animarlo a creer en la ciudad ideal. En la República se construye una ciudad en el logos que, como se admite al final del diálogo, no resistirá los embates del tiempo y que, además, está edificada, toda ella, sobre una "noble mentira". Por si fuera poco, la tantas veces analizada analogía entre las partes del alma y las de las ciudad, se hunde estrepitosamente cuando Platón considera que hay otra parte más en el alma que es potencialmente letal para cualquier polis que pretenda organizarse racionalmente. Le da el nombre de τ γανακτητικόν, que podemos traducir por "parte emotiva" o "parte variable" o, incluso "extravagante".

Para Platón no hay una vida política más allá de la caverna por la sencilla razón de que la ciudad es la caverna. Y no hay salida. Cuando al final del diálogo habla de la vieja querella entre la filosofía y la poesía está resaltando este hecho. Platón no ha venido a liquidar esta querella sino a mostrar la sustancial reticencia de la política a la racionalidad. Por algo sacó a la filosofía de las calles de Atenas y la refugió en el jardín de Academo. 

Sócrates, que tan escandalosamente fracasa educando a Alcibíades, nada tiene, evidentemente, de filósofo-rey. Si algo nos muestra su figura son los límites de la persuasión filosófica.

La ley no es algo que subyazga al caos de lo contingente y que, por lo tanto, se pueda rescatar para domeñar el caos y la contingencia. Es el caos el que se acaba imponiendo como ley, porque suya (llamemos al caos naturaleza, si se prefiere) es siempre la última palabra. Esto es lo que nos muestra el diálogo que pone a la ciudad en el tiempo, el Critias, y nos revelan también estos días en los que la Generalitat de Catalunya les dice a los ancianos que "morirse en casa es la mejor opción".

4 comentarios:

  1. Lo de Alcibíades tiene relación con el que creo que es el gran problema actual de la educación, al menos de la de los niveles superiores, donde el alumno no es un niño: suele intentarse actuar casi exclusivamente sobre el docente. Sin embargo, quien no quiere aprender no aprende.

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    1. Querido don Rogerio,
      Sus 6 ultimas palabras le costarian sangre, sudor y lagrimas si le evalua un equipo inspector de educacion primaria.
      Y si les espeta que la atencion a la diversidad es una forma de ahorrar dinero, le espera un expediente disciplinario.
      Con cariño y admiracion.
      Javier Usero, maestro de primaria

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  2. Año 2013; nos escandalizó a todos:
    https://www.lavanguardia.com/internacional/20130122/54362240617/ministro-finanzas-japones-ancianos-darse-prisa-morir.html

    Se nos sugiere que tras lo más gordo deberemos aprender a relacionarnos "a la japonesa"

    pero en Japón alguno por menos se haría harakiri

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  3. A Isabel Allende se le escapo algo parecido en una entrevista.
    No se sabe si la señora se ha aplicado el parche (la viejita ya no cumple 70).
    El mismo pesado del comentario previo.

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