miércoles, 25 de julio de 2012

Mi nieto pierde el camino

"He perdido el camino", me soltó de sopetón mi nieto de poco más de dos años y medio en plena calle, y me dejó boquiabierto. "¡Dios santo -pensé-, tan pequeño y metafísico!". Resultó, sin embargo, que el camino que había perdido era el de una franja de losas de color oscuro que venía siguiendo por la acera. Respiré aliviado.

Pero era evidente que la criatura se estaba situando ante lo esencial de la filosofía. Caminar es en griego "poreuô", de donde se derivan "aporía" (perder el camino) y euporía (seguir el camino).  Camino es también "hodos", que dio lugar a "met´hodos", método. Las referencias que nos sirven para saber si seguimos o no el camino son los mojones. En griego se llamaban "horoi" (plural de "horos") y en latín "finis" o "términus", o sea que ya hemos dado con "definir" y "determinar". Lo que no tiene "horoi" es lo "aoristo", lo indefinido. El "horos" más amplio es el "hor-rizonte". El tiempo verbal del "horos" es el presente.

Ya pueden imaginarse ustedes de la que se ha salvado mi nieto gracias a tener sólo dos años y medio.

Miedo me doy.

4 comentarios:

  1. Molt bo, senyor avi. Molt bo. I s'agraeix la lliçó.

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  2. No se lo dé, el miedo. A veces tres vocablos bien dichos y dos etimologías, con o sin aoristo, abren una senda y acaban definiendo una vocación. Descubrir, en una tediosa clase bachillera de latín que vano significaba el hueco de una pared me abrió una ventana, a la que aún sigo asomado, y un camino por el que aún me afano reconociendo raíces y frutos. ¡Suerte, la de ese chiquillo!

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  3. Ahí va mi aportación a esta futura compilación de Metafísica infantil:

    La otra noche, mi sobrinica de 3 años y medio andaba afanada cerrando las cortinas, cuando de repente se volvió y nos dijo rotundita:

    "es para que no entre la oscuridad"

    Y así, en este implacable desempeño de su derecho de admisión, fue como Érebos se quedó fuera, para tranquilidad de todos los aglayos inquilinos.

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