jueves, 21 de febrero de 2008

La gran conversación

En un comentario al post anterior Pseudópodo recordaba la idea de “La gran conversación”. Y como una cosa lleva a la otra...

Los textos de Strauss de finales de los años cincuenta presentan la educación liberal como el acceso a la gran conversación que mantienen entre sí los grandes autores del canon occidental. “La educación liberal consiste en escuchar la conversación entre las mentes más grandes”. Aunque algunos han presentado a Strauss como autor de esta idea y han escrito sesudos ensayos sobre su originalidad filosófica, en realidad la idea es de Robert Hutchins que la había popularizado mucho antes de que Strauss la utilizara.

Hutchins dirigió la edición de las grandes obras del canon occidental publicada por la Enciclopedia Británica en 1952 con el título genérico de “The Great Books of the Western World”, un proyecto incubado en la Universidad de Chicago a finales de los años 50. En el volumen introductorio, titulado “The Great conversation”, Hutchins sostenía que la tradición occidental es inseparable de la gran conversación entre los grandes autores del canon que se inició en la aurora de la historia y que continúa en el presente. La participación en “la gran conversación” era también para él la sustancia de la educación liberal porque nos permite acceder a la gran república del saber. Creía firmemente en el poder educador de los grandes libros y en su capacidad para contrarrestar la influencia de los aspectos más preocupantes de la civilización occidental, como el materialismo, la rapacidad, el orgulloso etnocentrismo, etc. ¿Hizo Strauss suya la concepción de Hutchins sobre la educación liberal?

Cuando Strauss se convierte en portavoz de “la gran conversaciónla Enciclopedia Británica estaba vendiendo el lote completo de libros del canon occidental puerta a puerta por las casas de Los Estados Unidos con un éxito considerable de ventas. Hay que reconocer que los volúmenes estaban muy bien editados y sus lomos resultaban muy vistosos y elegantes.

La defensa straussiana de “la gran conversación” no tiene absolutamente nada que ver con esta operación de marketing.

Sin duda animó a estudiar los grandes libros y a participar en la “gran conversación” y creía también que esta participación era esencial para la educación liberal. Pero la educación liberal, por muy importante que sea, es una educación política, no filosófica. Para Hutchins la educación liberal es un fin en sí misma; para Strauss esto sólo es cierto para los que no son filósofos. El arte de la lectura que propugna Strauss persigue un más allá de la educación liberal (y por lo tanto de la política) respecto al cual el liberal Hutchins era completamente ciego.

23 comentarios:

  1. Juan Diego González11:37 a. m., febrero 21, 2008

    Leyendo "Del culto a la cultura" de Jacob Taubes también se me aparecía como luminosa la metafora de la conversación. ¿Quizás anden de acuerdo Strauss y Taubes (por otra parte tan distintos) en introducir en la conversación a los autores bíblicos y rabínicos, que no están tan claramente dentro del canon occidental?¿Puede estar en el trasfondo teológico la diferencia con Hutchins?

    Gracias por el blog Sr. Luri y habituales.

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  2. Leyéndole, a veces tengo la impresión de que todos los avances ideológicos forman ya parte del pasado. Como si en la actualidad estuviéramos asistiendo a la Noche de las ideas.

    Buenos días :)
    KSNDR

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  3. ¿Hay avances ideológicos?
    ¿O siempre hemos estado allí mismo?
    Anselm Caratena

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  4. Juan Diego: Strauss y Taubes se detestaban profundamente. Pero los dos tuvieron tratos con Hutchins.

    Cuando Hutchins habla de "la gran conversación" está pensando en las referencias que los autores de Occidente han ido haciendo a sus antecesores. Podríamos decir que hay una voluntad de enraizar en una tradición. Pero claro en esa tradición es imposible no situar a Averroes y Maimónides, por poner sólo dos ejemplos.

    Strauss piensa que en realidad lo propio de Occidente no es un canon sino una tensión entre Atenas y Jerusalén.

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  5. Kasandra: Leyéndome tengo con frecuencia la misma impresión que usted.

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  6. Ansel: Al menos hay un progresivo aumento de la complejidad (otra cosa es si eso es bueno o malo).

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  7. Nada más imaginando la existencia de tan mastodóntica colección de libros se me quitaron las ganas de leer ninguno.

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  8. Ostas!Ya no te sirvo yo el cafe de ocata, como en los vijos tiempos, ni vivo con tu hijo!jaja!ni me dedico a leer libros de "autoayuda" ke decias...solo creo en energia e informacion y asi lo siento te lo digo!y los alcoholicos y con cara de niña nunca mienten!ya sabes!Un beso y un abrazo!Ns veiem,sino ya t'anire visitant per aki!Salú2!*

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  9. Querida Marta

    Me alegra mucho que te hayas librado de esa infecta adicción a los libros de autoayuda, aunque veo que andas dependiente ahora de adicciones no menos raras, como la "energía y la información". Pero en fin, un progreso es un progreso.

    Serás bien recibida aquí siempre que no me ataques con ese "Ns" o ese "aki" o ese "Salú2". Los que ya lucimos canas merecemos que se respeten si no nuestras convicciones, sí nuestras manías.

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  10. Espero no hablar fuera de momento, pero no he resistido la tentación de incluir uno de los fragmentos favoritos de uno de mis autores favoritos:

    "En una conversación, los participantes no están comprometidos en una investigación ni en un debate; no hay 'verdad' que descubrir, proposición que demostrar ni conclusión que perseguir. No están preocupados por informar, persuadir ni refutarse el uno al otro, y por ello, el rigor de sus afirmaciones no depende de que hablen todos el mismo idioma; pueden diferir sin discrepar. Naturalmente, en una conversación puede haber momentos de discusión y al que habla no le está prohibido el ser expresivo; pero el razonamiento no es soberano ni único y la conversación en sí no compone un argumento...En conversación, los 'hechos' aparecen únicamente para disolverse una vez más en las posibilidades en que se formaron, las 'certezas' demuestran ser combustibles, no por ser puestas en contacto con otras 'certezas' o dudas, sino por ser encendidas por la presencia de ideas de otro orden; aparecen aproximaciones entre nociones habitualmente lejanas una de la otra. Pensamientos de diferente especie toman vuelo y juegan juntos, respondiendo a los movimientos de cada uno y provocándose mutuamente nuevos esfuerzos. Nadie les pregunta de donde han venido o con qué autoridad están presentes; nadie se preocupa de qué ocurrirá con ellos una vez hayan desempeñado su papel. No hay maestro de ceremonias ni árbrito, ni tan sólo un portero que examine las credenciales. Cada participante es aceptado por su propio valor y todo lo que pueda formar parte del flujo de especulación es permitido. Y las voces que hablan en una conversación no componen una jerarquía. La conversación no es una empresa destinada a la obtención de un beneficio, una competición en la que el ganador obtiene un premio, tampoco una actividad de exégesis; es una aventura intelectual improvisada. En la conversación, lo mismo que en el juego, la importancia no radica en ganar o perder, sino en la apuesta. Hablando propiamente, es imposible en ausencia de una diversidad de voces: en ella diferentes universos de discurso se encuentran, se reconocen uno a otro y establecen una relacion oblicua, que no requiere ni presupone el que uno se asimile a otro.
    Esta es, creo, la imagen apropiada de la interacción humana, apropiada porque reconoce las cualidades, diversidades y adecuadas relaciones de las exclamaciones humanas. Como seres humanos civilizados, somos los herederos, no de una investigación sobre nosotros mismos o sobre el mundo, no de una acumulación de información, sino de una conversación, iniciada en los bosques primitivos y extendiada y articulada a lo largo de los siglos. Es una conversación que discurre tanto en público como en el interior de nosotros mismos. Desde luego que hay investigación, discusión e información, pero lo que de provechoso tengas éstas ha de ser reconocido en los pasajes de la conversación y quizás no sean esos los pasajes más atractivos. Es la habilidad para participar en la conversación y no la de razonar convincentemente, la de hacer descubrimientos acerca del mundo o la de conseguir un mundo mejor, la que distingue al ser humano del animal y al civilizado del bárbaro. Precisamente, no parece improbable que fuera el compromiso en esta conversación (donde la charla no tiene fin) la que nos diera nuestra apariencia actual, siendo el hombre el descendiente de una raza de monos que se sentaron a charlar por tanto tiempo que perdieron la cola. La educación, hablando propiamente, es una iniciación a la habilidad y pertenencia a esta conversación en la que aprendemos a reconocer las voces, a distinguir las ocasiones adecuadas para hablar y en la que adquirimos los hábitos intelectuales y morales apropiados para conversar. Y es esta conversación la que, en definitiva, da lugar y carácter a cada expresión y actividad humanas.
    ('La voz de la poesía en la conversación de la humanidad', Michael Oakeshott)

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  11. Sr. Luri, compañero de Siracusa,

    Le imagino al tanto de la guerra ideológica desatada contra el canon occidental (que llega al ataque personal contra aquellos que promueven tal cosa; por ejemplo Harold Bloom) por numerosos grupos (en general en los campos de los estudios culturales, literarios, psicoanalíticos y de género) del stablishment académico... occidental (!), justo los que debieran custodiarlo, reflexionar sobre él, obtener frutos del mismo, etc.

    El tema da para escribir varias enciclopedias pero, ¿cuál es su opinión al respecto?

    Saludos,

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  12. Paco:
    Lo queramos o no tenemos un pasado cultural complejo a nuestras espaldas y somos inevitablemente descendientes de ese pasado. Pero una cosa es ser descendiente y otra muy distinta ser heredero. Para ser heredero de una herencia hay que reclamarla y estar dispuesto, si hace falta, a litigar por ella.
    Es indudable que a lo largo de las grandes obras de la cultura occidental te encuentras referencias continuas a la sobras antecedentes. Las grandes obras son, conscientemente herederas. Pensemos en cualquiera de las grandes, desde el Quijote hasta el caso obvio del Ulises de Joyce.
    Para mi esa herencia común está por encima de las literaturas particulares.
    Y por eso hay que reivindicarla. NO importa que la reivindicación sea polémica. Hay que reivindicarla.

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  13. La visión de Hutchins, como la de Oakeshott, y frente a la de Strauss, puede evacuar la verdad, desconectar tradición y verdad, porque sus intereses son otros; en la idea de la gran conversación late el pálpito de una unidad de fondo, unidad si se quiere en la disparidad de opiniones, que es oportuna desde un punto de vista externo, digamos, teórico-literario.
    Strauss le hinca el diente internamente (filosóficamente) a la tal conversación, y desvía la trayectoria introduciendo la dialéctica (pongan otro vocablo si este les resulta ofensivo) Atenas-Jerusalén. Es decir, que reconoce la unidad, a condición de que sea la de los luchadores agónicos, la de los dioscuros.
    Un saludo.

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  14. Gregorio,

    Es evidente que hay que reivindicar la herencia común, y además, como dices, como algo superior a lo particular. ¿Es evidente? A los grupos a los que me he referido con anterioridad no se lo parece, y no estamos hablando de individuos de importancia marginal. En la actualidad, la gran mayoría de los departamentos de estudios culturales de todo el mundo boicotea todo intento de valorar el canon al que hago referencia, atribuyendo a las obras que lo forman (es decir, a la cultura occidental) todo tipo de males (racismo, homofobia, machismo, colonialismo...). Por ahí iba mi pregunta. ¿Por qué se da este sabotaje a manos de los hijos de esa cultura? Es muy apropiada tu distinción entre descendientes y herederos, así que podemos reformular la pregunta. ¿Por qué ciertos descendientes de la cultura occidental -el postmodernismo, origen inmediato del odio al canon, aunque aún podemos retrotraernos mucho más, es hijo de la modernidad- no sólo no aceptan su herencia sino que quieren impedir su disfrute al resto?

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  15. Paco: Al Canon se le pueden achacar esas cosas... exclusivamente si no se ha leído nada de él.
    Europa ha perdido confianza en sí misma. Las palabras de Ortega al final de La rebelión de las masas siguen siendo de actualidad. LO que pasa es que a Ortega sólo se lo estudia de verdad actualmente en las UNiversidades norteamericanas.

    Hemos convertido los síntomas de nuestra decadencia (si la decadencia consiste en perder la confianza en uno mismo) en fenómenos de cultura. Cualquier excentricidad de un grupo minoritario se convierte en motivo de estudio y lo común en motivo de escarnio.
    Sin embargo me parece que las cosas están comenzando a cambiar. Creo que hay síntomas abundantes que indican que el discurso sobre "el Otro" y sobre "la diferencia" se está agotando.

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  16. Gregorio,

    Estoy de acuerdo en todo excepto, tristemente, en lo último: aún tenemos discurso postmoderno para rato, y de forma mucho más intensa, dado que sus sub-productos (la corrección política, el multiculturalismo, el relativismo cultural, etc.) se están extendiendo como una mancha de aceite.

    Mi esperanza es que la decadencia no llegue a ser irreversible. ¿De dónde sacas que la tendencia está cambiando?

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  17. Paco: Es cierto que vivimos en el país más posmoderno del mundo pero es bueno saber que no somos la norma, sino la excepción. Hemos pasado de premodernos a posmodernos de un saltos y como nunca fuimos modernos lo que estamos, simple y llanamente, es desorientados. Pero lo evidente es que los sesentayochistas están de retirada en toda Europa. Hoy existe contestación al pensamiento débil. Otra cosa es que la UNED traiga a Vattimo cada año a hacerle un homenaje.
    Vasta pasarse con una librería para ver que el discurso es más plural y que algunos se encuentran a la defensiva.

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  18. Gregorio, te ruego que elimines el acceso a mi blog en tu sidebar. No me gusta, de hecho me avergüenza, aparecer en cualquier esquina de este café. Gracias.

    Jesús Miramón

    (Un individuo de importancia marginal, como diría el tal Paco Beltrán)

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  19. Leo la Gran pregunta final del señor Paco,"¿Por qué se da este sabotaje a manos de los hijos de esa cultura?".

    Y mi respuesta es:
    1.-porque con la ideología de la posmodernidad el inconsciente social es refinadamente e invisiblemente más controlable y manipulable,
    2.-porque el capitalismo de masas globalizado,solo puede imponerse con este incosnciente social.

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  20. Recuerdo una frase que Ingmar Bergman pone en boca del escudero, en El Séptimo Sello: "Por más vueltas que demos, el culo siempre está detrás".

    Yo tengo la misma impresión que Anónimo/a y que tu mismo. Todo está escrito, todo está dicho, por eso conviene siempre volver al principio. Claro que esto es una simplificaciónb grosera, pero no puedo por menos que pensar que es así.

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