jueves, 26 de octubre de 2006

Marción de Sínope

Entre los discípulos de Pablo, el más paulista fue Marción de Sínope, un intérprete tan original de su doctrina que acabó excomulgado, pasando a formar parte de la larga lista de herejes cristianos. Pero sea o no verdadera, su doctrina no carece de interés. Basándose en la llamada radical al amor de Pablo, Marción se pregunta cómo el Dios creador puede habernos alejado de sí. ¿Cómo nos ha creado tan necesitados de amor y tan desamparados? ¿Qué clase de Dios es el que crea un hombre tan desvalido? Concluirá que el Dios creador del Antiguo Testamento no puede ser el mismo que el Padre de Jesucristo.

Al Dios Creador no le salieron bien las cosas. Basta contemplar su obra para descubrir sus defectos. Era bastante chapucero. El mundo está lleno de males y, además “¡Qué cantidad de mosquitos!”. Es un Dios al que se le tiene miedo, y con razón, porque, como muestra el Antiguo Testamento, es vengativo, celoso, furioso y cruel.

El Dios Padre de Jesucristo es otro. ¿Pero quién? No lo sabemos, porque se esconde. Es, por su propia condición, ajeno a este mundo creado. No se ha contaminado por los defectos de la creación. A este Dios se lo ama, porque, como muestra el Nuevo Testamento, se ha apiadado de nosotros y nos ha enviado a su hijo para mostrarnos el camino de la redención. Con razón, entonces, la creación no juega ningún papel en el Nuevo Testamento.

Como el Dios Creador es también el del mandato “Creced y multiplicaros”, Marción impuso la castidad a sus seguidores. Creía seguir con fidelidad al Pablo que en la Epístola a los Corintios había escrito: “¡Queda poco tiempo! Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque las cosas de este mundo caducan. Yo os quisiera libres de preocupaciones".

Algunas de las ideas de Marción reaparecerán con el maniqueísmo y bogomilismo búlgaro del siglo X, que está en el origen de los cátaros.

10 comentarios:

  1. Muy Zen el pavo éste.
    Y desde luego la idea de un Dios tímido a la sombra de un Dios tipo primo de zumosol me Encanta.

    Fíjese, es casi lo que necesitaba para soportar estoicamente el haberme quedado sin café esta mañana. En fin... me voy a por una coca cola a ver si no es light e importo algo de cafeína con azucarada consistencia.

    Buenos días, que son un decir en mi caso.

    ResponderEliminar
  2. Entiendo poquito el espanol, pero tu blog me parace muy bonito y interesante.
    Ciao Giulio
    http://www.giulio-stevanato.splinder.com

    ResponderEliminar
  3. Buenos días, Doña Kasandra. Me alegra poder proporcionarle algún estimulante matutino.

    ResponderEliminar
  4. Gracias por tus palaras, Julio. Y bien venido al café!

    ResponderEliminar
  5. Sólo como experiencia personal: Cuando en la facultad leí el librito de Dodds famoso "Los griegos y lo irracional", me quedé helada. Fue como darme cuenta del terrible poder destructor de la mente humana; según qué concepciones del mundo pueden llegar a hacerlo inviable. No puedo evitar ese espanto ante este tipo de herejías en el mundo cristiano.
    En ese caso, ni siquiera es el mundo de sombras que admite maquillaje y, por tanto, estética, y todo lo bello quiere permanecer, al fin y al cabo. En ese caso es el acabose.
    Y ahí encuentro siempre el inquietante final de Freud en El malestar.

    "A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. En este sentido, la época actual quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil exterminarse mútuamente hasta el último hombre. (...) Sólo nos queda esperar que la otra de ambas "potencias celestes", el eterno Eros (a Pablo me encomiendo, añado yo), despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?

    Nota a pie de página: Strachey señala que esta última sentencia fue escrita por Freud en 1931 en momentos que la amenaza de Hitler se hacía presente.

    Lola

    ResponderEliminar
  6. Claudio.


    ¡Queda poco tiempo!, dice Pablo. Debe ser posible explicar una buena parte de la historia y la doctrina de la Iglesia a partir de la constatación por parte de ésta de que el mundo no se iba a acabar ya. Cuando leo acerca de los primeros tiempos (Pedro, Santiago, Pablo, Hechos) siempre me produce la impresión de que por debajo hay un: espera que falta poco. Y ellos querían decir poco. Luego...

    ResponderEliminar
  7. Loa, me uno a tu encomienda. No simpatizo en absoluto con Freud. Ya he escito -creo- alguna vez por aquí que el psicoanálisis es más un síntoma de la enfermedad de nuestra cultura que una terapia. O mejor, la fe en una terapia como el psicoanálisis, es uno de los males de nuestra cultura. Pero "El malestar..." es otra cosa. Al leerlo tuve la impresión de que me encontraba con el testamento de Freud, como si dijese: de todo lo que os he dicho hasta ahora, quedaros con esto. Y en ese "esto" hay mucho de valor.
    Lo de Dodds merece un post.

    ResponderEliminar
  8. Efectivamente, Claudio, así es. El cristianismo actual no es sino una traición a las inminentes esperanzas escatológicas de Pablo.

    ResponderEliminar
  9. Me ha encantado la cita de Pablo... me la apunto, es genial! Y como siempre es un placer aprender de tu mano. Saludos!

    ResponderEliminar

Mañanica de san Juan

Sí, ya sé que tengo casi abandonado este diario, pero, pero yo no tengo la culpa de que el día tenga solo 24 horas. Intentaré recuperar el h...